domingo, 31 de diciembre de 2017

MISERIAS PATAGÓNICAS



   Resulta difícil captar la sutileza de algún turista respecto a sus miedos e incertezas sobre su condición radical: su inexorable agonía hacia la muerte. Si esto es así, el lenguaje manifestado en el Lago es necesario y estéticamente sugestivo.

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El cielo azulado de un atardecer agonizante como todos. Desde que llegamos allá, innumerables aventuras de la razón e instintos, de alguna manera aflora si no sabemos quiénes somos.  Pero un lenguaje inventado, de diversos adultos y jóvenes, puede ser gran ayuda tras la oscuridad estelar del cielo. 

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Cada historia humana, en las cercanías del Lago, permite vislumbrar un nuevo look entre los turistas. No es necesario aludir al valor de esas obras de arte. Por esto mismo, el momento ensimismado del viento lacustre es un olvido bien hecho. Entonces, hambrientos y alocados, para continuar. 

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El carácter extraordinario del ciclo sin fin es la manera cómo el universo expande su trayecto vital por infinitos lugares de influencia estelar. Por lo tanto, el Lago ayuda porque no olvidamos el café Kuchen y un pan de marraqueta. 

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La luz de la luna resplandeciente establece la presencia del turista mediante pequeños pasos por la vegetación frondosa del Lago, desde diálogos delirantes de los jóvenes para emanciparse de sus papás hasta la conexión mística de sus aplicaciones móviles para olvidar brevemente sus demonios internos, que evoca la ilusión persistente de ser parte de algo extraordinario. 

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De lo que observamos, un popurrí de contradicciones traducidas en selfies muy infiltradas, una propuesta de fe para creer en toda la biodiversidad de la región lacustre y unos llantos auténticos que conmueven a la fisonomía del Lago.

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Agonizamos deliberadamente si buscamos claridad solo en una calle. Hasta límites fronterizos de una región lacustre, cada turista con sus miradas sobre el Lago, pero sin olvidar la maravilla estelar de la incertidumbre.

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Unas preguntan que condimentan el ser íntimo de los turistas, sin tener nada planificado, porque el frenesí de los acontecimientos históricos genera nuevos peinados nuevos. De este  modo, dichas respuestas son inefables a medida que empezamos a juzgar a los demás desde la comodidad de una calle aséptica.

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Actualmente habría que prestar atención al contraste de mundos diversos y distintos tras varios días de vacaciones: lo público y lo privado. Porque cada turista que camina y a la vez protagoniza mitos ¿ Acaso la supuesta musa “posverdad” no es una forma de vida que ralentiza lo real de lo ficticio? O ¿ Un día, en el Lago, es destruir la “posverdad” que millones de “homo sapiens” ejercen de manera Google?

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Tantos turistas que caminan con algo. Por fin lo averigüé, bolsas ecológicas o  de plástico para legitimar la tierra virgen del yo.. Aunque lo más relevante es el contenido: modernización capitalista con cierto desasosiego por sus patologías culturales. Desde luego, no hay algo más estremecedor que comer un sándwich de Barros Luco al lado del Lago junto al llanto silencioso de un recuerdo.

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Una calle que acontece. Después, alguien fenece a través de su mirada. Y continúan esas conversaciones súbitas entre humanos. Todo es incertidumbre. Por lo tanto, estamos cagados dando palos de ciego a la realidad ¿Observando el Lago podemos ser dignos de nuestro destino?

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Cada instante lacustre, en los alrededores de calles antiguas, observan cómo los turistas buscan un sentido de trascendencia para sus decisiones que afectan a otros. Si bien es temerario, también significa que un Lago en la ciudad es una epifanía excelsa, para el ciclo sin fin.

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Sigamos con lo nuestro. Esas valiosas tonterías de turistas, los trabajos informales en las calles urbanas, los miedos indescifrables de los adultos millennials, la audacia de dejarlo todo porque somos nativo aburrimiento, la idiotez de creerse imprescindible para la naturaleza, la soberbia generacional de los intelectuales de café gourmet y ciertas perversidades del mercado durante las tres comidas del día.

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Las concesiones humanas pueden ser significativas si sabemos guiarlas con la humildad intelectual de las hormigas y el sigilo ancestral de la naturaleza, pero el pecado original y las valiosas tonterías de los hablantes ciudadanos legitiman la opción concreta de vivir la vida de los demás. Muy patético y trágico.

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Aparecen, sin los aspavientos de bípedos televisivos, y sus adicciones neoliberales, unas hojas de verano consiguiendo su lugar en el ciclo de la vida, solo que la perplejidad de los turistas  incentiva su manera religiosa de mirarse al espejo para unir los puntos del pasado, es interesante cómo los seres humanos tienden a pensar que los villancicos son la doctrina de la salvación.

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Hacemos como si no existieran esos conflictos sin resolver qué determinan cierto decoro al ingerir whisky. Antes que pueda padecer amnesia, dos vasos con este destilado ancestral al lado del Lago, la muerte sería la epifanía de nuestra fecha de vencimiento, y algunas lágrimas humanas superan la música afro tras la Segunda Guerra Mundial.

MISERIAS PATAGÓNICAS

La expectativa de una mirada siempre está, sobretodo, si todo el viaje interior por los claroscuros del Lago, es un juego de impresiones fuertes provenientes de pasados humanos. Por lo que un alguien necesita la mirada de otro alguien para captar la esencia del pan amasado.

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Esos niños, lo había olvidado, diseminan inocencia salvaje lo cual causa estragos en las civilizaciones patriarcales que cada adulto manifiesta. Al parecer esos seres fantásticos pero delirantes, de carne y hueso, se burlan de todo paseo de fin de año. Porque sabemos que la energía se transforma.

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Crece la vegetación virgen adyacente a una calle del Lago. Solo apunta a darse cuenta de las diversas interpretaciones para juzgar la posición existencial del turista en tanto extranjero en ciernes.  Y un joven adulto aporta al conflicto asignándole una liturgia sagrada de lo desconocido, no hay lenguaje posible si no hay piruetas, que coincide con el advenimiento de un café expresso artesanal.

viernes, 29 de diciembre de 2017

MISERIAS PATAGÓNICAS






Tantos segundos que los hemos olvidado, la emergencia callejera de la disponibilidad moral del Lago, y si bien somos organismos pluricelulares pertenecientes al homo sapiens, no es menos cierto que han transcurrido unos dos millones de años cuando iniciamos una revolución sin precedentes callejeros.

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Hemos sido ilustres protagonistas de miradas súbitas, mirar la hora puede ser transgresor, aunque cada pan lacustre puede ser el héroe anónimo que necesitan los turistas. Como si pudiéramos saber lo que acontecerá dentro de sus silencios elocuentes y miedos primitivos, por eso viajan a cualquier lado.

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Nada es lo que parece. En tiempos históricos recientes, los prejuicios condimentan a otros prejuicios. Por lo tanto, sin prejuicios no hay terapias alternativas para comprender el lenguaje propio del pan amasado. 

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Ese acompañante misterioso pero muy complejo, pan amasado más tostadas frescas, cuando habita la esencia intima del proceder acuciante de los seres humanos, con la interesante de la soledad con algún turista, y dibujan señales enigmáticas porque los vientos sureños son irremediablemente silenciosos.

MISERIAS PATAGÓNICAS





Para penetrar y estimar nuestras propias experiencias lacustres, observa más y menos ojos en blanco. Con la complicidad  de escombros que promueven intrincadas formas de vida pública. De repente, lo más seductor pero al mismo tiempo tormentoso para el ser humano, el libre albedrío. A fin de cuentas, un pan amasado puede cambiar la realidad.

MISERIAS PATAGÓNICAS





Tanta fragilidad ante el problema no resuelto. Porque hay turistas dispuestos a estar habilitados, no obstante las contradicciones para decidir en una amasandería, y continuar hacia la certeza de la incertidumbre.

ADIÓS, DR HOUSE LVIII

Hasta vislumbrar el temblor deliberado de una respuesta precisa, disminuir el umbral de dolor etiquetado y verificar la mentira que af...