martes, 7 de febrero de 2017

Miserias Patagónicas

Ese día, olvidé el oficial, dejó regalos inesperados en cada palabra dicha y ante todo corporalidad de cada turista de ese pequeño bus. Aquella realidad que asfixia nuestro corazón delator, aunque el enigma del cuerpo humano permite atenuar el secular sufrimiento. Por eso, amó sus ojos para suscribir pactos de no agresión con su colesterol. 

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