jueves, 19 de enero de 2017

Simples Recuerdos


Afortunadamente, no es necesario ser majadero, no hay una cafetería Starbucks que fuera un distractor contumaz para pervertir a esos turistas inclinados a degustar e ingerir un vehemente Juan Valdez. Si bien no existía un negocio de caficultores, el azar permitió llegar a un lugar inolvidable porque es un bello mensaje minimalista: la orina y la caca estaban permitidas mediante unos baños heroicos para efectos factuales.

No hay comentarios: