jueves, 23 de noviembre de 2017

MISERIAS PATAGÓNICAS





Una memoria para él. Un algo que coincide con otro algo. Un invierno plagado de demonios internos y ángeles caídos. De esta manera, la crisis de creencias que reviste consecuencias históricas para los habitantes de la ciudad urbana. De manera tal que un almuerzo de mariscal con ensaladas surtidas genera instancias de conversión dialógicas entre ellos y nosotros

MISERIAS PATAGÓNICAS





De lo que logré observar, las hojas de otoño del lago describen delirios anónimos y heroísmos callejeros 4K de la especie humana, el cerebro humano es una musa inescrutable. Eso significa alimentar la incertidumbre de un tercer café campesino. 

MISERIAS PATAGÓNICAS





Esas dominantes dudas de innumerables ropajes estivales a través del lenguaje, una nueva forma de gobernar de los turistas, muy perdidos en la esquina de la calle de verde turquesa, pero dispuestos a silenciar sus incertidumbres existenciales. 

MISERIAS PATAGÓNICAS




Tanto lo cierto, dudoso y falso como la perplejidad de siempre estar siempre agonizando porque el ciclo sin fin baila mejor que Elvis Presley.

MISERIAS PATAGÓNICAS



Un suceso de confusa decisión humana que construye sucesos generacionales provistos de misterios sin resolver, desde un momento de comunión con un almuerzo provocador hasta el dolor de cabeza de un niño que quiere llorar para manipular, porque el laberinto del Lago permite mitigar el ego de algunos turistas. 

MISERIAS PATAGÓNICAS





Las dudas que aparecen para quedarse. De repente, los vientos australes ofrecen el malestar de generaciones enteras, es una belleza nueva para un turista que intuye la autonomía y el individualismo de un proyecto modernizador que corroe las subjetividades de personajes adictos a la realidad y a sus ilusiones persistentes.