domingo, 31 de julio de 2016

Confesiones Lacustres


La sugestiva expresión de irrealidad que proyecta darse cuenta del fenómeno de la vida humana, a través del torrente de sorpresas urbanas que implica tocar hebras de esos enigmas. Porque somos frutos prohibidos, de un ritual olvidado, no hay opción para comprar un café Latte más un Croissant añejo.

Confesiones Lacustres


Afectará, de modo alguno, con la virtud anónima de cualquier hijo de vecino, que degustan diversas margarinas como mieles de Villa Alemana, en la medida de lo posible por la biología de la vida, ésta aun persiste en sus enigmas callejeros.

Confesiones Lacustres


Cuando crees saber el origen de una conversación, asumiendo los límites del lenguaje, a la luz de lo mostrado por las confesiones lacustres, según esas historias anónimas sin nombres propios, emerge un vaso con café Juan Valdez para darse cuenta de algo, no es que él sea un adicto a piruetas.

Confesiones Lacustres


Reconozco, sin culpar a otros bípedos, que la cantidad de piruetas es directamente proporcional al grado de desconexión con la realidad, a pesar de todo, logré compartir sentidos comunes con las bombillas de nuestro amigo colombiano. Después, el diluvio vendrá. 

Confesiones Lacustres


La ilimitada capacidad transgresora de la observación hace despertar todo un aspecto relevante de la torta en cuestión, a saber, a partir de ciertos ingredientes perpetúa el vinculo de pertenencia con los recuerdos insumisos que no adhieren al ceremonial de conversar de manera humana.

Confesiones Lacustres


También hemos esperado mucho. Entonces, eso dicen por allá, dejemos a un lado el problema inefable de la soledad para aludir al interesante actuar del joven trabajador respecto a la búsqueda de un proyecto de pensamiento planetario. A partir de todo esto, hubo piruetas gracias al silencio de la torta María Antonieta.