viernes, 17 de junio de 2016

Confesiones Lacustres


Ahora bien, una idea como ésta, que tiene sus adversarios y sus seguidores, puede aportar al debate sagrado de las calles de Occidente y sus ecos escolarizados, sin dejar de constatar que las personas son ilusiones persistentes. Para pensar más allá de los fiambres, no es suficiente fiscalizar a la democracia actual que atesora sus propias taras congénitas.

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