sábado, 30 de abril de 2016

Confesiones Lacustres



Según dicen, el mito, uno después de otro, siempre duele, pero hubo una joven mujer que logró ser digna de su propio sufrimiento. No obstante, el viento de la zona austral le recordó su orden subyacente en el caos.

Confesiones Lacustres


Por si acaso hay olor a sur, sin embargo  queremos cambiar con la disposición emocional de ilusos universitarios de primer semestre, desde ahora, siempre aparecerá una señal del destino que configura nuevamente nuestras sesgadas convicciones existenciales y posiciones discursivas respecto a los Alfajores “Entrelagos”.

Confesiones Lacustres


Con especial dedicación, ojalá logren reir, al genuino momento del llanto a partir de la escuela espontánea de la experiencia humana, entonces sufrir para crear será algo muy significativo. Desde ahora, seremos adictos al chocolate amargo. Por favor, déjennos salir.

Confesiones Lacustres


Sufrir y sufrir más. Resulta admirable esa expresión gestual de que las personas al captar que somos esclavos de las cadenas de la conciencia empírica, refiriéndome a los humanos, agréguenle su tendencia incorregible a querer entre inquisidores “demonios internos”. Por lo tanto, todo fluye y nada permanece, agradezcan al viaje por una semana a la ciudad sureña.

Confesiones Lacustres


De repente, un camino hacia la sumisión absoluta, el cambio continúa trabajando afanosamente y siempre bajo perfil, por lo que Heráclito no alcanza a explicar tantas complejidades vivenciales de nuestro amigo. Ya no es interesante señalar el nombre del joven adulto, porque será pronto polvo y un pálido reflejo de un cuento de William Shakespeare.

Confesiones Lacustres


Después esperan que los turistas estén a la altura, volumen y profundidad de su propia miseria. Ahora, sufrir es una palabra dispuesta a dejar cesante al propio lenguaje humano, sigamos sacándole brillo a las nubes del presente.