jueves, 4 de febrero de 2016

Historias de Persa


Nunca fue un torreja ni un asceta cheeskare, ni se convirtió nunca en el Narcotraficante del Chile posdictadura; tampoco fue casto y ni siquiera el miedo aterrador de las deudas bancarizadas pudo refrenar su lascivia por comer sushi de metro intermodal o engullir “pollos a las brasas” tras una dieta de un día. Hablaba brillantemente de la negación de los anarquistas místicos de “derecha” e “izquierda” en las universidades públicas tradicionales, siempre que no afectase a la propia voluntad. Por el contrario, a ésto supo hacerlo valer de manera autoritaria pero junto a una agua natural Benedictino. Y a pesar de todo, este espíritu tuvo instantes de conciencia mejor observando su propia adicción. Se asomó sobre la barrera de la ambigüedad acuciante de una sordera, pero no pasó de ser un espectador de ese éxtasis de la negación de no aceptar ficciones callejeras. Solo quería enamorarse, tal vez, de la vida.

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