sábado, 27 de febrero de 2016

Confesiones Lacustres


Cierta propensión a una emoción nativa, que implica darse cuenta de los límites sureños de una verdad, a fin de cuentas, buscar corrosivamente un sentido originario a cuanta comida degustada por alguien. Luego, diversos personajes lograron sacar sus equipajes a medida que empezaba  a llover.

Confesiones Lacustres


Una experiencia de calle, de la que lentamente somos protagonistas caminando sin lograr transar, cuando en el bus hay intentos por querer cambiar los misterios del ciclo sin fin, y la verdad continúa riéndose de manera impávida.

Confesiones Lacustres


No hay nada parecido que fluya, en él, al fragor de un viaje muy comentado, entre hablantes ciudadanos hemos entendido, solo que las calamidades de la existencia humana permiten condimentar un silencio. Por esto, no olviden bostezar tras un sorbo de curiosidad de la Provincia de Panguipulli.

Confesiones Lacustres


Desde este diagnóstico, aún no es lacustre, a trayectorias humanas cuyo significado veraniego aporta sucesivas revoluciones silenciosas, de lo que pueden saberse no hay que decirlo. Tan interesante como asombrarse, que el mejor invento de la vida ha sido la muerte, a fin de cuentas, las razones desconocidas del joven adulto fue comer unas alfajores artesanales.  

Confesiones Lacustres


Ante la falsa ilusión de que las personas cambian, observamos de manera acotada, aún no condimentamos el precario equilibrio entre destino y libre albedrío, que permanentemente engañamos nuestras inclinaciones más desquiciantes. De todas maneras, Pucón se asombra por el significado mismo de la existencia, no faltaron las migas del sándwich vegetariano.

Confesiones Lacustres


De repente, la maravilla intratable de la naturaleza sobornó al bus para creer como un niño frente a su juguete, cualquier segundo se convertía en breves comentarios en un bar porteño, por lo que no hizo más que verificar la fragilidad del protagonista ante el ciclo sin fin.