jueves, 31 de diciembre de 2015

Historias de Persa


Saludos escuetos, ofrecen algunos propietarios de comentarios desinteresados, al mes de abril con sus propios afanes, desde los confines intrincados del Chile Profundo y sus cuestionable pastos verdes navegan a través de los destinos inescrutables e inefables de la vida de los habitantes de cualquier calle que pertenezca al negocio del apio-palta, camarón-queso y galletas kuchen.

Historias de Persa


Ahora bien, este mes señalado está intrínsecamente vinculado a algo, a la profana inmediatez de sucesos humanos, estimados bípedos y ciudadanos del Chile Profundo ¿ Cuántas trufas podemos comer si hay enemigos internos en nuestro cuerpo?

Historias de Persa


Resulta ser una epifanía acudir a verdades cuya incertidumbre esta dedicada a degustar trufas sin mayores ambiciones, a decir verdad, al momento preciso de las demostraciones y de las verificaciones empíricas, existen personas desprovistas de prejuicios ideológicamente falsos. Pero se conforman con ser emocionalmente torpes, de todas maneras, el persa asume su verdad callejera.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Historias de Persa


Ciertamente las afectaciones humanas condicionan una educación formal escolarizada para cambiar la mirada actual de una calle concesionada. Ahora bien, cambiar la mirada para dedicarse al caos, no tiene todavía mucha prensa ni trufas de cacao, solo algo de nanomiseria.

Historias de Persa


Un espacio público hace de las suyas familiares, interpreta genuinos comentarios sobre la obesidad en democracia, y vivir como si fuera eternamente, incluso el mes de enero apuntó a eso, durante la llegada abrupta de los camiones recolectores de basura.

Historias de Persa


Quedan días para crear, degustar y vender sándwich. El dueño del carro escuchaba su voz interior mientras vivía en un departamento bajo el auspicio del subsidio estatal. En donde desconocemos la habitualidad de lo inescrutable de unas servilletas A Cuenta. Su única duda sobre las certezas absolutas del colesterol, la intersubjetividad condimenta nuestra percepción espacio-temporal, que cierta calle necesita llorar.