viernes, 30 de enero de 2015

Historia de una calle


Cuando somos seres temporales, atomizados, intuitivos ante la locura de sugerir la opción de febrero 31, solo las expectativas veraniegas convergen en nostalgias nebulosas, sin alardes urbanos, la posterior ingesta de un té ayudó a preservar más ventosidades acotadas. Íbamos a jugar a ser ilustres comediantes de un drama helénico, eso dice la leyenda, porque cierto olor constituye la experiencia de lo lúdico, donde pasaron muchos bípedos pertenecientes a sus nativas calles. Además, logramos nombrar un parque cuyo pasado es innombrable.

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