martes, 30 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
Somos Novios



Sin perjuicio de decir que dedicarse al caos es suficiente argumento para amar de manera ilógica a la vida. Predice la ordinariez de lo extraordinario con su propio ritmo melódico. Y florecen sagradas expresiones de carne y hueso, o entre ciudadanos y su lenguaje o entre la sensatez de concebirlo todo como un gran chiste, que preservan el carácter salomónico de un pelo de color castaño claro.

Esta descripción esterilizada sobre la belleza humana, no pude ver más allá de lo permitía el país de las pequeñas narrativas, carecen de métodos preventivos y de humor imperecedero, y con ello, hubo que abordar el problema de la vida en un día. 

Pero lo sagrado, si nos abocamos a la génesis civilizatoria del primer capítulo puede horadar genuinas profecías, entonces la incertidumbre humana surgió después del surgimiento del genoma humano. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
Somos Novios



Hemos iniciado un viaje hacia lo desconocido, ojala esto algún día tenga olor a vida, por lo menos, intentar asignarle significado personal a cuanta expedición demencial en dirección al sufrimiento, a saber, como contrapunto necesario paran indagar sobre los años en una enfermedad. Ella adquiere ribetes de caótica seducción contra el orden cultural establecido. 



El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los tiempos?
Somos Novios



La vida genera sus enriquecidas constelaciones de redenciones genéticas  e incertidumbres estéticas porque promueve intensamente el ciclo sin fin.

Una de sus singularidades íntimas es la importancia de asumirse como protagonista de un ritual enternecido, pero la aparición de la incertidumbre que advierte Daniel  como nexo entre lo sublime de no decir nada a modo de que alguien relate una historia de las ilusiones humanas.

Ante todo se refiere a la sempiterna evolución de cualquier habitante que exista en ese país de las narrativas momentáneas, y no tanto, que llegan para quedarse sin más caos que andar celebrando cumpleaños, desde un contexto planetario-comunitario nadie anda celebrando cumpleaños, en honor a cierta incertidumbre que confunde y mutila las verdades oficiales de la burocracia escolar de la educación formal. Ésta plagada de letárgicos prejuicios e inextricables tradiciones milenarias, no puede verbalizar la realidad de lo sagrado. 



lunes, 29 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Referirse al mito fundamental de la sociedad humana, asumiendo el juego del poder que entrega la incertidumbre, como una empresa de significado compartido entre los hablantes ciudadanos dispuestos a tener muchas vidas y muertes, lo que es escudriñar en estilos y formas de vida que configuran, por ejemplo, las enfermedades a través de risas y enigmáticas lágrimas no es menos cierto la bondad súbita de una mirada con visión de libertad, que su conclusión es darse cuenta de los derroteros inescrutables que manifiesta nuestra amiga, la vida fluye sin cesar. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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En la conclusión de la vida en medio de tantas crisis. Lo que está en juego es la posibilidad de las personas en las enfermedades, tal vez aquellas que pronuncian el silencio.

Hay que descubrir en qué consiste esta decisión humana y qué es lo que la hace posible este experimento llamado vida, sin olvidar la secreta elocuencia de un silencio que acontece. Es plausible que está historia conmovedora  constituya para él y para su ritual valórico un autentico punto de partida, sin hacer más comentarios. 

El país de las pequeñas narrativas



¿De qué color son los cerezos?
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Volviendo al origen de la vida de una pasión cadenciosa, este relato personal de nuestro protagonista, entre estudiante y aprendiz del genoma humano, en donde vislumbraba la configuración retrospectiva sobre las enfermedades a medida que las personas no cambian, implicó una reelectura a la luz del orden cultural y volitivo surgido de las crisis de oportunidades. No hubo caso, alguien tuvo que ceder.   

domingo, 28 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Alguien nace y vive al mismo tiempo en permanentes e indubitables crisis de oportunidades. Progresa a través de sus móviles más oscuros obtiene su propio orden cultural, entre sinsentidos y divertimentos, las eras geológicas superan al dolor humano en valiosas tonterías. 


El pais de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Es indispensable perpetuar el ciclo de la vida, desde nuestra óptica escolarizada al momento en que las personas no cambian, acaso será parte de una linda corrupción en ciernes sin derecho a réplica. Para seguir creyendo en él. Solo escuchamos o leemos breves narraciones de lo observado. Es mejor.

De cuando en cuando, irrumpen sorprendentes acontecimientos que fabulan y construyen la realidad del sufrimiento en caos, tanto el día que expande al unísono con los afectos humanos y la noche como el mito que se sigue escribiendo, entonces la incertidumbre mencionada acude a vérselas con la biología de la vida. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Lo maravilloso de ser adictos al ciclo sin fin donde es apremiante en la mitología de la educación formal, al parecer alguien la estudio Esto nos lleva a deducir que la mitología se refiere inexorablemente a la vida personal de ese país, ella posee desmadres narrativos. No juega junto a las taras congénitas de la democracia.

Tras la cantidad inexpresable de sus días transcurridos, tengo que decir alguna afirmación sobre el espectáculo del ciclo sin fin que subyace a nuestra educación, entre reformas y revoluciones familiares, todas esas personas apuestan al conveniente olvido para envejecer, tal vez bañándose se pueda cambiar el estar a solas con ese mundo. 

sábado, 27 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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En cualquier caso, la realidad de la crisis de creencias, en ese país, no solo se  deslizará entre palabras, cautivando siempre por la historia anecdótica de una enfermedad y el cambio que lo explica. Con su mitología indomable, cae insensatamente a los confines callejeros de cualquier Vía Láctea. Continúa la tragedia seductora de la vida misma.

Comparecen ante la historia humana esas extrañas incertidumbres atildadas, ésta muy inclinada a discursos fundacionales los cuales aluden al trato que han tenido unas personas con la realidad. Tras la vida y muerte a la vez de personas es indispensable entender su palabra. 

El pais de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Considerar la incertidumbre creadora como parte de un ritual olvidado, las inercias institucionales de cualquier historia humana adquiere un velo de ignorancia, si es necesario se reirá o llorará con énfasis. Como la tragedia, la comedia, el drama y los mitos condimentan por el país del más acá, pronto habrá noticias al respecto.  


El país de las pequeñas narrativas

¿ De qué color son los cerezos?
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La existencia súbita de las sociedades humanas entroncadas con la tradición milenaria de una constelación ilimitada de experiencias de ensayo y error, es la manera que tienen cuantas personas, con ello, la incertidumbre junto a sus breves comentarios se transforma en institución simbólica, con la fe de una gran explosión que comenzó en ese país.

Contrastándolo a solas con el mundo, se verá verificada como un argumento plausible, dicen que tiene influencia humana. Tras el término de otro día, la incertidumbre, las pequeñas narrativas y el sufrimiento pueden considerarse como personas privilegiadas. 

El pais de las pequeñas narrativas


¿De qué color son los cerezos?
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Al igual que todo cuento de la narración, la incertidumbre va unida a la violencia creadora hecha realidad por su inventor; como si éste fuera fácil conocerlo; es hija de la crisis demencial de un juego sagrado. A fin de cuentas, el joven adulto, encarna un estremecedor juego, lo que está en entredicho es la ternura apremiante sobre cualquier palabra. 

viernes, 26 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Un cuestionable equilibrio, durante hechos humanos que hablar por si solos, seria la condición necesaria para convertir al título del capítulo en cuestión en un emancipador instrumento de narración planetaria, con la apuesta de seguir descubriendo al protagonista de esta experiencia ciudadana.

Ahora, lo realizado ya está consumado como manifestación de lo narrado como catarsis de lo desconocido, por un lado, y, por otro, escudriñar los cimientos inexpresables de la incertidumbre que atesora cada persona, ésta no cambia.

Con lo cual, la vida dicotómica de los demás es culpa de la educación formal, entre los miembros existentes en esa pequeña narración, un tal Daniel, en este caso, juega a no perderse en el abismo pavoroso de la cotidianeidad de alguien llamado Occidente, que depara monstruos que anuncian la llegada de otros dioses, los de la incertidumbre. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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De lo sagrado como la palabra inicial, o sea, plantearse preguntas para ser moldeadas por los labios del mañana, para confrontar las adversidades que imponen vivir en sociedad, junto a la incapacidad de las personas de concebir sus enfermedades como proyectos de pensamiento planetario, por lo que no existe escasa visión integradora respecto a este juego inefable que implica estar conectados con el otro.

Por lo demás, un juego paradójico puede considerarse, de cuando en cuando al fragor de la misma adversidad de él, como la dicotomía entre nosotros y ellos.

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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En resumen, la evolución narrativa del sufrimiento humano, entre los miembros de una colectividad humana en cualquier esquina de inquietudes callejeras, es una fuente inagotable de errantes bellezas abisales, hay que lograr de la crisis de creencias a cualquier hora del día. Pues no hay que dejar de plantearse preguntas. 

jueves, 25 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Irrumpe, en indeterminadas circunstancias otoñales, la rítmica capacidad artística de una canción olvidada, como una clara muestra de lo precariedad destacada por los siglos de los siglos, a modo de ver, seria comprender la subjetividad humana, desde y dentro de una realidad espacio-temporal en ciernes y en busca de la voz prodigiosa.  

Su voz puede reflejar algo. Todavía seguimos descubriendo y reconstruyendo actos civilizatorios a medida que los afectos humanos irrumpen como la ética de un mendigo, una ordinaria épica de las calles del país de las pequeñas narrativas, donde la espiritualidad y la corporalidad juegan su juego paradójico de horrores sagrados. Nadie obtuvo lo necesario en este planeta tierra, pronto acabaría esa canción.

Irrumpe el horror sagrado, tras el término de una letra artística, de perder la acuciante remembranza de impresiones fuertes. También la vida de los demás supo de narrativas breves, ciudadanas y extraños consensos con el enigma estelar de la incertidumbre. 


El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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La crisis de creencias, lo asimiló Alberto a través de sus recuerdos emblemáticos junto a zapatos de marca otoñal, refleja la simetría conflictiva de la biología de la vida con la redención inesperada de un aprendizaje repentino, desde un dolor que habla como si fuera una violencia creadora, como verdad narrativa de ese país entre ciudadanos.  

El ocaso histórico de una época en la que ciudadanos, dispuestos a juzgar a partir de convicciones dicotómicas, preservaban un frágil equilibrio en virtud de la cual permitieron fabular el inolvidable orden existente. Después algunos genuinos idiotismos para creer en los boleros. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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El juego de la incertidumbre creadora o, extendida por simple sentido común destruye las diferencias internas de una ilusión persistente, y este juego nunca ha sido realmente asumido por las personas; o bien perpetua la miseria humana  con énfasis y permanecemos dentro del orden cultural de las grandes narrativas, en cuyas significaciones educativas que deberían ser borradas, o bien ya no hay diferencia para lo cual solo queda estar al borde del abismo para permanecer en el cambio; en cierto país lograremos seducir a nuestros demonios internos a través de una ilusión persistente. 

El pais de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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La incertidumbre de vivir creando sin límites, hambrientos y alocados, de manera todavía más significativa, promueve la fatal dulzura del ritual cadencioso del querer humano, en otras palabras, la vida orgánica y demencial  del joven en cuestión puede ser la excusa perfecta para charlar sobre ciertas narraciones en cierto país. 

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¿De qué color son los cerezos?
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De todas maneras, ocurren momentos como los anteriores, es el momento otoñal de incertidumbre creadora que hay que referir a todas las formas de singularidad humana. Con ello, esa explosión de sentido sufriente actúa como actor protagónico en la implosión de valiosas tonterías.

Ese joven adulto acude a la constatación de momentos personales, recién ahora captó el mensaje del ciclo sin fin.

La conmovedora historia, nadie está libre de esto, que luego relata el sufrimiento, con la carne y huesos de una persona, cuyo hábitat fundacional radica en cumplir el mandato de producir acontecimientos, para provocar complicidades sagradas a favor del silencio elocuente que entraña el ciclo sin fin. 

miércoles, 24 de abril de 2013

El país de las pequeñas narraciones


¿De qué color son los cerezos?
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Bastaría conversar con él, una sola vez a vista y paciencia de cualquier ciudadano, para darse cuenta del acontecimiento fundador que envuelve la trama demencial del persistente y elocuente Alberto. Además, acude al regazo de la fe para seducirse por el néctar psicodélico, de un destello de luna en forma de dialogo sin aspiraciones narcisistas.

Si hay diferencia de interpretaciones, entonces habrá glamoroso conflicto acorde con lo impone la ley del ciclo sin fin, lograr la tensa calma entre jóvenes estudiantes, tanto a la ruin degradación de estandarizar a nuestro amigo de la panadería de barrio como la sublime redención de oír la voz de un café de grano, perdidos en esas calles que no tienen salidas. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Para entonces, perder la identidad es perder la vida y muerte que le corresponde a cada uno de los momentos, que alguna vez intentaron tener una propuesta de proyecto de pensamiento planetario.

No solo reflexionar sino también encontrar una referencia planetaria, no hablando más de la cuenta, que amenice esas creencias humanas establecidas, hace unas horas, por el holocausto del tiempo es lo que percibí tras algunas dudas milenarias.

Son crónicas del protagonista adherido a su diligencia creadora que crea el sufrimiento,  de las dudas íbamos a ser intrigantes incorregibles, asumiendo su condición de comediantes en busca de implosiones éticas distintas y diferentes, así como la perdida de la gran novela que narró sobre este capítulo. Nunca faltaron las palabras.

Allí donde falta enfermedad, crea y seduce el sufrimiento. Se establece una confusión entre los momentos familiares y los momentos planetarios que comienzan a diseminarse cuando alguien ofrece una narrativa. No hay que asombrarse de que las personas encarnen la certidumbre creadora: evocan y parecen anunciar el peligro mayor de todo país mencionado, que las personas sigan siendo personas. 

El país de las pequeñas narrativas


¿De qué color son los cerezos?
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Como ciudadanos espectáculos envueltos en claroscuros conductuales, o sea, bañarse día por medio, no recordó de qué color son sus pantalones, pero actuó como si la vida fuera su novia, de manera tal que existía en una especie de ética del “como si” unido a una serie de abismos de enfrentamientos trágicos.

Esa pérdida de la diferencia, para explicar cómo manifestación cultural el sufrimiento aquello de lo cual entraña extrañezas cómicas, pero siendo cautivo de los caprichos del Universo, pone en cuestión el enigmático camino tras la evaluación del aprendizaje impuesto por cierta calle. 





El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Al igual, cuando una calle llegó para quedarse, las personas no pueden descubrir las lágrimas que yacen en el rostro de la biología de la vida, en suma esencia, descubren el hogar que servirá de extraordinaria ordinariez a eso que llaman sufrir. Vale la pena asumirlo, sin ceremoniales vanguardistas.

La crisis de creencia, durante otras calles que vigorizan a nuestro país, arroja a los hombres a un enfrentamiento perpetuo que les priva de cualquier iniciativa vivencial, lo puedes lograr buscando signos o señales de destinos demenciales. Gracias a este capítulo. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Luego, la belleza inconmensurable del enigma de los enigmas, a la manera de alguien que posee un nombre acá en la Tierra, comparece junto a un patrón cultural indesmentible, la asunción de palabras añejas y la pérdida de la autoridades en el escenario temporal de un hall, al parecer, pertenece al país en ciernes. La incertidumbre habla del tema más candente de todos, esto es, la hidalguía de jamás tomarse demasiado en serio. Por algo será.

El país de las pequeñas narrativas


¿De qué color son los cerezos?
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Ahora bien, la jerarquización de miserias humanas, a veces, granuladas y alegrías persistentes, para ahondar en lo que concierne al fenómeno de la vida, entre la aurora de un día que acontece y el querer humano que camina por la ciudad, conduce al espacio público del ciclo sin fin sin más que su presente  inexpertos, se diluyen las verdades oficiales. Para Daniel pronto sería indispensable decir ¡sin hacer más comentarios!

Cuando se pierde las certezas absolutas con respecto a una narración, al constatar empíricamente la caída de una lágrima, la corte versallesca de las percepciones humanas proporcionan fabulaciones con aquel país, de la misma manera, existe una conmoción profunda a través de un lenguaje  inventado durante alguna era geológica. En ese entonces ya ocurría la crisis de las diferencias de edades, bogamos entre lechos maternos y cremaciones a la orden del día, donde todo puede suceder. 

martes, 23 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas


¿ De qué color son los cerezos?
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Son diferencias culturales, por decirlo de una manera, que nunca volverán a ser lo mismo que una pregunta que sea diferente y genuinamente innovadora, por lo menos, para encontrar un sentido a la educación que subyace al sufrimiento. De esta forma, la perdida de las grandes narrativas es la perdida de la ingenuidad como criterio de orientación repentino. No hay que seguir llorando, esos proyectos planetarios se mimetizan para agradar a alguien.

La tragedia de la incertidumbre creadora es que encarna la destrucción del orden cultural a partir del cual la reciprocidad humana hace de las suyas familiares. De familias a breves comentarios a la luz de lo obsequiado por el país de las pequeñas narrativas. Todavía sigue siendo otoño. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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 La crisis en cuestión debe ser definida como una crisis de redención contra las típicas preguntas, es decir, aportar a la narrativa del ciclo sin fin sin más motivo que diagnosticar bajo la incertidumbre creadora. Así es como somos menos miserables en 3D.  

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Para él cada otoño es una crisis de creencias, otra oportunidad radical para transformar aquello que se transforma en implacable. Es implacable, seguimos buscando a Daniel, cuando nadie descubre sinapsis.

 La crisis de creencias, esto es, la pérdida de la obviedad escolar, es perdida de la diferencia entre valiosas tonterías y genuinos idiotismos, o sea, sin motivo y sin razón, enojarse procurando un segundo más adecuado. Eso dicen, según última elección humana. 

lunes, 22 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Los comentarios esgrimidos tras una adversidad que entronca su educación con la idea de los demás digiriendo el ciclo sin fin, nos muestran unos personajes enfrentados en una catarsis de violencia fundadora cuyo funcionamiento es demasiado inescrutable para dar pie a cualquier utopía de grandes narrativas. Por eso, son de la ilusión persistente. También quiere encadenarse a la caída de una hoja de otoño, le ayudó cierta incertidumbre.

El aparente protagonista de lo observado, desde su ínfima capacidad de recuperación de lo acontecido, consideró el duro peso de las circunstancias históricas, pero obtuvo algo tras ver el color de esa hoja de otoño. 

El país de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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El debate de proyecto planetario es un debate sin solución, diversas alternativas programáticas ofrece la historia romántica de ese país, desde la perspectiva del profesor de educación formal; esta experiencia escolar adquiere ribetes de una pregunta jamás respondida, éste puede evocar el origen de la vida para efectos prácticos de una persona que observa. 

domingo, 21 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas




¿De qué color son los cerezos?
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Los suburbios callejeros de éste solo evocan su crisis de creencias, pero jamás su mediocridad a través de unas figuras legendarias cuyos perfiles están fijados por un proyecto de perplejidad planetaria, están envueltos en momentos. Éstos juegan a su propia agenda de adicción personal.

Ante todo la tradición, insisto en su visión hegemónica para cómo evolucionar desde un inicio demencial que surge en el lecho materno hasta esas enigmáticas perplejidades que construyen supuestos fundacionales sobre él observando hacia allá. Después de vivenciarlo habrá que abrigarse con mayor escrúpulo.

Con los miembros primitivos,  esos raros jugadores que respiran a diario para generar deportes extremos, una crisis de creencias de los instantes planetarios que permanece intacta, que incluso puede cualquier esquina de la calle adyacente a un hogar cuya divinidad mutilada nos dice que las personas no cambian, esto genera incertidumbre creadora a medida que transcurren historias humanas. 

El país de las pequeñas narrativas


¿De qué color son los cerezos?
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La crisis de un país debe definirse como una crisis sufriente. Por esto mismo, la tragedia es equilibrio de una precaria armonía embelesada por ese instante que acabó. Sin miedos, el sufrimiento enrojece. 

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¿De qué color son los cerezos?
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El momento de conmoción en la emoción, donde genética y vida beben hidalgamente riéndose de los programas de TV, parece capaz de esclarecer algunos aspectos de la tragedia humana que demostró sin rodeos culturales. En muy buena parte, lo religioso presta su lenguaje a la tragedia de elegir decisiones; el joven Alberto se considera menos como un observador que como un taciturno aprendiz de vínculos familiares.

Existe una narrativa visceral, cualquier lágrima legitima un estado de cosas a favor de nuestra incertidumbre,  entre el lego Alberto y el dolor de razonar riendo. Esta emblemática  tragedia nos muestra un rostro más lúdico de la condición humana, yo no diría que tan absurdo. Puede colaborar con eso que he relatado religioso para entender el fenómeno de la vida humana y convertirse en un incorregible adicto.

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¿De qué color son los cerezos?
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Por ahora, ocurren valorables descripciones y depuradas caracterizaciones sobre el protagonista que subyace a esté capitulo, aparecen deudas que contraen los ciudadanos al fragor de una religión. En cambio, cuando surge la crisis de creencias sobre el sufrimiento humano se instaura una descomposición religiosa, a saber, un gradual problema existente él y el país, pero sigue funcionando la biología de la vida.  

El funcionamiento correcto del fenómeno humano exige, como hemos visto, una apariencia de continuidad entre las historias adyacentes a una revolución y homínidos bien relatados por una narración ciudadana. Una ciudad puede considerarse una valiosa tontería. 

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¿ De qué color son los cerezos?
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Hay preguntas sin mayores esperanzas de resurrección, descúbranlo a partir del problema anterior del cual él comenzó a hablar, según creo, donde se suministran potenciales de creatividad, genuinas muestras de idiotismos ciudadanos, emergentes bipedismos, como aporte ciudadano a la singularidad viviente de los primitivos compartiendo sus momentos; como estrategia de socialización permanente, la constatación irreal de una vida en expansión.

Podemos agradecer, ocurrió en una lejana panadería de un barrio ubicado en los mentideros de la incertidumbre creadora, sin hacer más comentarios. 

viernes, 19 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas


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 Se vuelve todo irreal al describirlo como algo inefable, enigmático, sugestivo y explicativo en el desarrollo de la subjetividad humana ante cualquier sollozo, compartido y cómplices sobre un asunto humano, de repente las respuestas no han sido dilucidadas, ni tampoco el origen y la identidad humana de la vida ¡ojalá exista bibliografía al respecto, para extraerle la médula ósea a ella!

Todavía existen los primeros protagonistas de la fama que optaron por asombrarse y encadenarse al querer humano, a los segundos después irrumpió la revolución, fue apuntar a esos artificios éticos de nunca acabar ¿hemos descubierto que las personas sean más ambiciosas, en cualquier modelo de realidad prevaleciente, durante todos los días de la semana a medida que se lavan sus dientes?

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¿De qué color son los cerezos?
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Acceder únicamente a este juego de ausencias humanas, la mayor parte de la historia del Planeta Tierra  ha vivido con este secreto, a través de la vigencia del sufrimiento o aspectos simbólicos de un enamoramiento crucial, convertir aquello que se observó como algo digno de ser narrado.

A diferencia de los otros capítulos, tan prodigo siempre en interpretaciones humanas como en poesía, hay conmovedoras datos de la vida personal de una enfermedad, después de acudir a dicho enamoramiento se llega a descubrir la dignidad inextricable del dolor en el espacio público de deliberación y dialogo, que ese país observa con bastante atención.

Esa es la cuestión. Cómo encontrar la realidad misma que alguien creyó comprender, por lo visto, se inicia a diario tras las propuestas ideológicas de cambio radical del país aludido. Para eso trabajan los momentos, son de los nuestros. Hasta la vida tiende a volverse púdica, y se pone ropa. 

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Por ejemplo, nunca avisaron cuando al ciclo sin fin le toco su primera vez, desde hace unos buenos momentos. En algunos lugares públicos le llaman Eras Geológicas, pues así es más divertido alimentarse con augusta adicción silenciosa.

Cualquier impureza humana con respecto al nombre que le corresponde trae consigo el germen de la acuciante peligrosidad contra la instalación repentina de una raza que inventó el sufrimiento, eso esta por verse.

Si acontece esa comedia, sin escrúpulos dialécticos ni verdades de pizarra de acrílico, la singular forma de presentar a la enigmática creencia ejerce con total deliberación narrativa su labor genética, a ciencia cierta, destruir el orden existente en la ciudad, convertir a sus propios rituales en artísticas ausencias para corromper el carácter alucinatorio de lo observado. 

jueves, 18 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas


¿De qué color son los cerezos?
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Los rituales planetarios, su latente propensión a la sinuosa armonía y la incertidumbre creadora provocan un cambio de mirada por parte de los ciudadanos sobre la violencia, mientras tanto. Así pues, escuchando tu voz interior está presente en todas partes donde se pueda temer callar.

También adquiere un valor de verdad, ante innumerables diagnósticos perdidos e inconexos entre sus miembros y sus reflexiones cotidianas con la divinidad, los sacrificios humanos durante el desarrollo de la precisa violencia conmovedora, a saber, como principio de narración a partir del milagro de existir intuyendo a través del sufrimiento. En eso estamos. 


El país de las pequeñas narrativas

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Describe, reinventa y elabora un imaginario colectivo concerniente a la labor narrativa de la miseria humana, puede que sea una labor inútil. El rito de comprender respecto a lo que se sufre tiene la función de purificar la aventura de comprender sin tutelas cronológicas, es decir, para los jóvenes no resulta fácil reconocer sus etimologías familiares.

Acudir a la familia significa convencer a la vida con momentos, una especie de artificio vivencial que, a veces, muestra un rostro amable ante las enfermedades y otras juergas, que afectan a los seres humanos de manera tal sus existencias transformadas en un entramado de imprevistos conductuales, en otras partes del país, muestra su cara escolarizada y sanguinaria a contar del desarrollo narrativo de lo sagrado.

El país de las pequeñas narrativas



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Bajo este título de verdad cuestionada, la secreta elocuencia de una ciudad bajo las claves humanas que enseñan, y con ello, engloba todo un conjunto de fenómenos, excéntricos, y mediterráneos en la perspectiva lúdico-callejera, pero cuya realidad no hay nada que la supere, juega al parecer en torno a la violencia esencial que ofrece la biología de la vida y el fundamento último de todo el coloquio de constataciones éticas. Uno quiere estar habilitado y la revolución cibernética sigue su curso familiar ¿Qué hace el expansivo sufrimiento humano ante los susurros corrosivos de esta revolución?

Es de especial importancia el papel ejercido por ellos, adivinen quién es,  como experiencia viviente respecto a la violencia acontecida entre los primitivas y primeras impresiones de algunas personas, usan ropas y visten siendo adictos a la moda, tras el ocaso del verano. 

miércoles, 17 de abril de 2013

El país de las pequeñas narrativas


¿ De qué color son los cerezos?
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Muy plausible resulta ese ámbito de permanente ritualidad en torno a lo sagrado, que ya observé tras la llegada de las pequeñas narrativas. Dentro lo cual aludir a la violencia esencial, que nadie vislumbra siendo un dócil estudiante, nos recuerda la dimensión desconocida de la existencia humana mediante la cual cualquier enfermedad tendrá su oportunidad, y solemos englobar lo sucedido, no le diré por segunda vez, como tradición histórica.  

martes, 16 de abril de 2013

El pais de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Lo sagrado es todo aquello que domina al ciclo sin fin con tanta mayor facilidad en la medida en que el hombre se cree capaz de dominarlo; la incertidumbre en el país de las pequeñas narrativas constituye el autentico corazón y el alma secreta de lo sagrado.

Podemos considerar la violencia creadora de sus propios pacientes como exaltación de lo sagrado, él advierte el carácter alucinatorio del cuerpo humano y a su vez plantea algo que supera todo pronóstico relativo al capítulo en cuestión. Éste tiene su propia agenda política respecto al ciclo sin fin. Por eso mismo, la vida en ese país se comporta como un azaroso lugar de impresiones fuertes. Y convive con el rostro demencial de lo desconocido.

El pais de las pequeñas narrativas

¿De qué color son los cerezos?
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Hemos observado cómo enferman y sanan seres humanos, personas vitalicias muy escépticas sobre significa vivir, de alguna manera dan inicio a perpetuos propósitos irracionales. Lo familiar de deshumanizarse pero a su vez encontrarse en lo sagrado, a saber ¿si fueran demasiadas coincidencias las vivencias personales que alguien observa creando? 

Una lenta agonía, sin mayores aspavientos con respecto a esas innumerables preguntas comentadas, para eso estudiamos bajo un no sé qué geológico, que irrumpe descaradamente como para darse cuenta de las dinámicas fuerzas inescrutables impresas en el ceremonial milenario de un instante, cuando se confronta con lo sagrado todo esta permitido. Creo que hay artistas, panaderos, calles amplias para consumir lo sagrado, calendarios pegados al aire y ritmos musicales entroncados hacia la redención silenciosa de la incertidumbre.