jueves, 31 de enero de 2013

Las personas no cambian

Al infinito y más allá!!
Toy Story




Hay un joven que quería ser mayor. Debe observar esa sensación que se tiene tras perderlo todo, podemos ser empiristas y artífices de un momento duradero, a lo mejor estamos cerca de lograrlo.  

No se trata de cambiar lo vivido, a partir del hablar en tanto manifestación cósmica, sino de cambiar nuestra manera de interpretar esa realidad encarnada en un mundo humano convertido en la lógica implacable que perpetra el joven personaje. 

 Están en juego, según creo, las emociones familiares, el amor como enigma de “fina selección” y sus hechizos indiscretos sobre la racionalidad delirante que plantea, y la sobrevivencia de los equilibrios planetarios cuando inicia un viaje hacia el almuerzo, o bien pagado por su amigo o bien proyectando una gula consistente con su dolor. 



Las personas no cambian

Al infinito y más allá!!
Toy Story




Incluso, así como lo vive el personaje, las personas no cambian. Por lo cual graduales propuestas éticas dadas a generar momentos, él, quiere estar menos encadenado al querer humano y al mismo tiempo angustiado por la enigmática belleza de la incertidumbre.

Un día nublado puede ser digno de un tratado de las pasiones humanas y de remembranzas hacia algún conflicto no resuelto. Después de ese día nadie se atreve a cambiar la mirada, a propósito de educación formal, este día pertenece a la semana, en caso contrario, comienza el diluvio.

Algo de reminiscencia médica resulta crucial para captar las intrigas y sinuosidades impuestas por el cuerpo humano, una preclara excusa que permite seguir con la narrativa visceral del joven adulto, en suma esencia, viene como anillo al dedo respetar su diluvio.

Las personas no cambian

Al infinito y más allá!!
Toy Story





A eso agréguenle, en estos tiempos cronológicos impregnados de credenciales democráticas y sujeciones familiares inacabadas, unas inequívocas tonterías indispensables al fulgor, de un día en la vida, con bastante humor y drama transcurrían los gestos anónimos del sufrimiento cuya adherencia más sublime era nunca tomarse demasiado en serio, dicen que tiene al azar a su favor. 

No hay Dios ni ley que pueda comprender las inescrutables bondades de la condición humana cuando vive intensamente el dolor. Se mitiga a través de la ingesta de psicofármacos o de diagnósticos médicos a cualquier hora del día.


Las personas no cambian



Al infinito y más allá!!
Toy Story





Sumidos en alucinantes estrategias de supervivencia culinaria, histórica, valórica, cultural, volitiva, estética, religiosa, secular, académica, cósmica y todo aquello acontece en un edificio público pero concesionado al mercado, éste tiene muchos hermanos de sangre.

Siendo un observador impertinente y adicto a la realidad del ciclo sin fin, al final de cada capítulo, entre ellos y nosotros,  sugirió que la razón de su existir radicaba en comprender el lenguaje de la energía oscura, mientras tanto los milagros inesperados de la sociedad del espectáculo con los dispositivos de control que promueve la revolución informática hacia muy bien su trabajo.

miércoles, 30 de enero de 2013

Las personas no cambian

Al infinito y más allá!!
Toy Story





No se trata de construir míticas historias personales bajo el influjo de alguien que observa, sino que confrontar el fecundo instante de sanación humana ritualizada en “pequeñas narrativas”. Eso vale mucho, estimados amigos, para nuestro coetáneo.

Ni reforma ni revolución, cuando los días transcurrían las personas acudían, pudo permear nuestro nativo aburrimiento, a lo cual él protege su lugar en la historia, o mueren o nacen sus pacientes, pero siempre le desagradó acudir al punto medio en términos actitudinales, ya que diagnosticar a un ciudadano en aquella ciudad cosmopolita establece el darse cuenta de la ilusoria persistencia del tiempo biológico, a la vez millones reclaman su oportunidad a través del hablar. Así pues, hablando se comienza a vivir.


Las personas no cambian


Al infinito y más allá!!
Toy Story





El jugador de impresiones fuertes y de primeras impresiones intensas, todavía tiene el nombre de algún humano, pero disfruta del hedor ético que propone alguien, por ahora, lo distinguen como enfermedad, una palabra que trae consigo historias ensalzadas por el ciclo sin fin, en este sentido, incurrir en conductas creadoras pudo ser una experiencia emancipadora, pero no sólo para sus compañeros de ruta, esto es lo interesante.

    Las cadenas del querer son audaces vanguardias en permanente revisión intimista, cuando toca a personas resulta ser una tragicomedia, al fragor de indecibles entramados narrativos, las personas y sus perspectivas artísticas sobre el sufrimiento, al parecer sirve diagnósticar, por lo que reconocemos la cruel enseñanza que nos proporcionan sus palabras, no olviden que él comenzó a hablar, en cambio para ellos la vida era una manera burda de habitar “lugares comunes”, con lo cual, enfocan mejor sus prioridades cuando están a punto de morir.

     Y quejidos, en lo insondable del quehacer hermético de Daniel, desgarradores producto de una soledad avasalladora, si es que se puede hablar de soledad a partir del lenguaje construido, desde hace unos milenios atrás, no obstante que personas diligentes quieren agradarle a todo el mundo, lo único que saben es que la muerte es un agobio provisto de valiosas tonterías.