jueves, 30 de agosto de 2012

Las personas no cambian


    Es menester constatar la frágil verdad que consume al sufrimiento. Hoy, es tan arbitrario como palabra cuando se dice otro día, habrá que negociar con la realidad humana en perpetuo movimiento. Con un suspiro de sutil conmoción. Lo quise convertir, ahora mismo, en personaje de una épica repentina.

    Un personaje intrigante que crea impresiones fuertes ante la tribuna del desconocido, a saber, compartir empresas de significado cínico en forma de sociedad de aventuras sin retorno, estar perdidos en la revolución silenciosa del dolor humano, tiene interesantes escuelas de aprendizaje significativo; y el otro personaje que tiende a ser un profesional de la medicina.

    Aparecen instantes precisos. La realidad capta rápidamente su labor en el ciclo sin fin. Y adopta una mirada distinta a la que patentó la educación formal, nadie es para siempre, luego todos deben ser consecuentes; hemos envejecido.

    Sin excusas típicas, algún día las diré para que puedan comprender a esas personas que no han cambiado, desde ahí iremos danzando al fragor de confusas verdades hospitalarias, tal vez alguien quiere encadenarse a la observación de un diagnóstico humano. Un soplo de vida aparece sin pedir permisos a la moral oficial de esos enfermos que legitiman su sufrimiento. 

Las personas no cambian


La entrega admirable que proporciona Greg, independiente de la música de fondo que amenizaba cada uno de los capítulos descubiertos, al espectáculo cósmico de la existencia humana a partir de la enfermedad en tanto silencio elocuente que entraña una vida secreta sugiere un triunfo breve pero fundamental.  

    A la raza humana le conviene preservar el carácter dinámico de la estabilidad planetaria, es decir, la tensa calma como cable a tierra para comprender la importancia de llamarse sufrimiento.

Las personas no cambian


    Hasta el infinito quisiera obtener Greg un pasatiempo durante el resto de sus existencia personal, pero eso implica descubrir la secreción fluida del secreto aspecto humano, dar un significado y sentido al sufrimiento, con lo cual, alberga un interesante comentario convertido en veraz ilusión, llorar ante uno mismo con música de fondo, siendo que nadie cambia.

    Reprocharse, por decirlo de alguna manera, las verdades mutiladas esgrimidas por tantos pacientes que agonizaban al fragor de médicos que caminaban sin patentar su voz interior, puesto que, no se atrevían a negociar con le realidad humana en perpetuo movimiento, con ayuda de las ediciones televisivas, debido a que somos ciudadanos pluricelulares de la revolución digital; parecían sacados de un elaborada mutación aleatoria, comían como si fueran omnívoros, lo eran a partir de la primera emisión realizada por el ciclo sin fin.

    Sin fines no hay un asado primaveral como representación cabal de la miseria humana. Por si acaso la conciencia moral a este problema domestico tiene una duración atendible. Es interesante.

Las personas no cambian


Incluso, interesante comentarlo, con este joven médico no existió una complicidad culinaria a medida que transcurrían las temporadas, solo espacios se socialización nihilista que dulcificaban unas cuantas golosinas como ciertas fisonomías gustosas del silencio encarnadas en vasos gigantes cuyo contenido era café de grano con cremas asumidas como tales; también escasa propensión al caos en cuanto a los siete pecados capitales a medida que iba observando a sus lacayos. Parece que nadie quiere ser responsable de lo que se come porque después no tiene sentido razonar hacia donde se dirige. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Las personas no cambian


No cambian y no consideran agradable ser tratados como paradigmas de la estupidez con énfasis, de un instante a otro alguien cumplió años, uno de los tantos acompañantes que apuestan a la vigencia inconmovible de la eterna agonía, por último, para estar encadenados juntos, enamorándose de lo desconocido, el templo ensimismado del sufrimiento, es aquí donde pasan cosas extrañas, un extraño país de las lágrimas asume su papel en la historia de la voluntad humana.

    Para conseguir un espectáculo como este se necesita amar enigmáticamente los derroteros clínicos que aparecen frente a él, no es posible comprimir todo en un instante occidental, en este más acá hemos logrado observar, insistiendo en que las personas experimentan sorpresas sufrientes.

    Y crean a partir de la educación formal, bajo la influencia inquisidora de un capitulo planetario, sin ahorro previo, hubo que seguir diciendo cuentos breves.

    Relatar cuentos breves instala la importancia de considerar la adherencia desquiciante al ciclo sin fin como algo que corresponde a House, en esta historia del diagnostico medico, el silencio y la música inflamados de tanto ocurrir planetario, luego alguien tendrá que ceder.

    Decirlo es un acto transgresor contra lo establecido por el azar. Pero este médico lo intuye de tal manera que viaja hacia los entresijos conductuales que irremediablemente editan los productores de la mencionada serie. Con una serie basta para comprender que nada es para siempre.

Las personas no cambian


Cuando creemos buscar aquello de lo cual convoca a respuestas sin preguntas, eludir el frenesí demencial del querer, pero jugar con ese truco desde dentro de la vida como ciclo sin fin significa darse cuenta, diagnosticar con la mirada puesta en el sufrimiento.
       
    A la supuesta normalidad proyectada por el sufrimiento, a lo largo de miles de segundos transcurridos no hay posibilidad alguna para definir esta maravilla de la espiritualidad planetaria en una sola palabra, si no estamos a la altura del conflicto.  Todo conflicto genera valiosas tonterías.

    Habría que ser humano para saberlo. Lo es. Pero contiene ahora mismo ingentes residuos de la peste de la fe, eso le dice Greg a House, según el tipo de capítulos emitidos por el canal de televisión por cable; una forma majestuosa que constata la batalla silenciosa de las sociedades contemporáneas; que se convierte en antídoto contra el paso del tiempo cronológico.

    El tiempo cronológico invierte la valoración supuesta que verbalizan los humanos por medio de distintas estrategias discursivas hechas poder popular a lo largo de la historia universal: mentiras, verdades, risas repentinas, diagnósticos médicos, divertimentos familiares, negociaciones con la realidad en perpetuo movimiento, adictas observaciones contra la moral establecida y golpes de Estado en función de los ceremoniales ideológicos funcionales a los sagrados cafés de grano intraélite. Con esto, sin duda, no olviden a Greg.

    Eternas esperas que discurren mediante esos instantes que concentran estallidos de sentido, no hay mucho que decir si se institucionaliza la victimización como violencia cultural, porque diagnosticando sin nombres propios puedes comprobar que las personas no cambian.

Las personas no cambian

Alguien extraña a Greg. Algunas mujeres creyeron saber cuál era la mano que utilizaba para comprender a su bastón, y con ello, revelar el tipo de diagnóstico que buscaba descifrar. Enamoradas pero ardientes guionistas de una ilusión persistente

Las personas no cambian


    En pocas palabras, hay una vida que aparece. Es la aparición radical del asombro. De la perplejidad colérica que seduce al ciclo sin fin a través del proceso evolutivo que integran secundarios y principales protagonistas. No suele haber genuina evolución en la especie humana si no es logrando afanes cercenados por el sufrimiento.

    Para buscar incesantemente respuestas inacabadas, muchas de las preguntas previas imponen su propia existencia, unos cuantos profesores perpetuán su realidad prevaleciente, en pocas ocasiones pasaron la lista de asistencia, había que enamorarse de lo extraño que prometió el ciclo sin fin, en lo que cabe a ciertas divagaciones de día feriado.

    No podemos señalar con total certidumbre que ese día sabrá que hacer ante el sufrimiento humano. Una musa de evidencias concluyentes desde su propia realidad. Crea, diseña e implementa una historia de amor.

    Que vida tan oscura cuando hay que expresarla junto a respuestas precisas según lo señalado por la oficialidad establecida en las afueras de ese hospital docente-universitario. Es tan arbitrario decir esto como enfatizar el carácter familiar de cualquier día feriado.

    Ahora tendrá que surgir alguien para conmover al universo a través de la oscuridad incontinente en permanente demostración humana; es menos aburrido con la empresa humana de la risa como antídoto contra el nativo aburrimiento que trasluce a todo instante ciudadano. Permite abrir comentarios hacia el horizonte de posibilidad que genera el lenguaje encarnado en el cuerpo. 

Las personas no cambian


esas penas que cercenan cinismos gregarios pero depuran lo que le queda de honorable dignidad familiar, cada día es mejor para él pues el sufrimiento es el profesor normalista que se le apareció cuando necesitaba buscar aunque estuvo sumido en la más evidente soledad, el relámpago de evidencia al oír la música que interpreta a través de sus manos persuasivas, toda su fuerza mística reside en respetar la selección natural, intrigas tiranizadas por la subjetividad médica no muy carismática en cuanto a saber comunicar, la realidad apesta cuando los humanos creen creer que la vida no es una encerrona, ropas diferentes para distintos estados de ánimo encarnados por tantos profesionales de la salud docente, este hospital universitario que atiende a ciudadanos sin muchos ceros, unos segundos en esta serie televisiva sirve como prologo demencial de lecciones de vida, alguien siempre se comporta como si estuviera a punto de agonizar, la fecha de vencimiento que nadie quiere asumir, persigue esos mundos sutiles y azarosos que soliviantan súbitamente sus demonios internos, sus intuitivas afectaciones visuales, la lógica implacable del suceso televisivo que pervierte toda revolución silenciosa, nunca mencionó si es hijo biológico de la educación pública, cuando de nada conviene mucho rezar, compartir grados de aprendizaje significativo con el diagnóstico médico cuyo empleador es Greg, no dosificar los placeres mundanos cuando alguien se burla de sus pacientes, un ejemplar divertimento que se seduce a ese bastón, apelemos a cierta al caos después del cambio de rutina, divagaciones vivenciales a medida que agoniza aquél paciente que dejo huellas en él, unos mienten para preservar el carácter político del ciclo sin fin, proezas discursivas sin hablar mucho, predominio de los buenos modales antes que la moral, tantas éticas como espectáculos históricos entroncados en consensos no resueltos que derivaron en innumerables guerras civiles, la inefable simplicidad que conmueve a House, los dioses que han creando  los humanos, meras excusas que sazonan el plato de fondo del sufrimiento humano, falsas expectativas para jóvenes pacientes vulnerables ante la realidad confusa del espejo retrovisor que descubrió Greg, una barba de hospital psiquiátrico desfinanciado, algunas risas dispersas por ahí, tórridas consecuencias humanas, esperpentos estéticos después de una tensa calma entre síntomas y dolores en determinados cuerpos humanos, horarios confusos para generar sinapsis y alguien que usa un bastón.

martes, 28 de agosto de 2012

Las personas no cambian


Mi esperada tendencia a la sujeción ética, cuando vives en sociedad un día en la vida será una cuestión de actitud, estar en constante incertidumbre personal en conformidad a decisiones asumidas a partir de diálogos dispersos entre los hablantes, desde luego, existe la fe como siembra en su camino. Los caminos del estar siempre queriendo.

    Desde jóvenes ciudadanos adictos a psicofármacos ritualizados mediante la torpeza emocional cuantas discusiones familiares hasta las imágenes paganas de otros ciudadanos afectados por ciertas enfermedades degenerativas neurológicas, hemos dado palos ciego, a este secular espacio de observación artística. Otra instancia de conversión espiritual con sus propios dioses. Además hay religiones sin dios.

    Con unos cuantos ejemplos en tanto manifestación humana, en el más acá de las enfermedades torrejas, el familiar frenesí de risas y sollozos, ante todo, condimenta la fluida sucesión de impresiones fuertes, tienden a ser personales y singulares, alguien invierte toda su valoración actual para lograr un éxtasis sin evaluaciones estandarizadas.

Las personas no cambian


El día que aparezca ante la totalidad enigmática de Greg, comiendo y creando nuevas ficciones vocacionales, servirá para consolar aquellos instantes de aciaga sensatez en lo que concierne a confirmar las cadenas milenarias que entraña el querer; abierta al ámbito mundano de las relaciones interpersonales. Tiende a doler más sin la capacidad creadora del cambio. Permanece como espectáculo cósmico; el universo aun no se inscrito en los registros electorales para poder cambiar el mundo humano.
                
   Acudir, por ahora, al sufrimiento en cuanto a su prolongada libertad de expresión, eso sí, ésta responde positivamente al conmovedor susurro de un sonido, el truco que provoca quebrantos humanos, sublime es llorar ante la atávica simplicidad de ese momento.  

    Como si viviéramos encapsulados en repeticiones sufrientes. Para esto no es necesario estar resfriado y ser hijo biológico de la educación formal. Pero el ciclo sin fin sabe también de diagnósticos médicos que describen una nueva forma de gobernar, a saber, darse cuenta de la intuitiva misión a partir de ciertos días.

    Pretender que ciertos días pueden consolar las capas geológicas del ocurrir vital de House es sugerir que la escuela es idéntica a educación; es poco estético manifestar decisiones y adoptarlas a medida que agonizan los segundos durante su maratón reflexiva para ocultar nuestros móviles más viscerales.

    El temor sagrado a percibir con suma claridad el sueño del cambio. A él le estremece y aterra diagnosticar el contenido del cambio. Lo aprisiona, a sus nostálgicos decesos faciales, extraer cierta ética que no carece de demonios internos.

Las personas no cambian


Por muy bello que sea un cuerpo humano persisten olores fétidos lo que es un halago para la dimensión reflexiva hecha pregunta repentina desde la mirada de House. Todavía puede pestañear.

    También, en diversas ocasiones laborales, las preguntas y respuestas se complementan, tanto la muerte como el nacer juegan su propio juego ciudadano, lo que le resulta interesante a nuestro doctor.

    Cualquier suceso humano aporta un invaluable progreso hacia nuevas hazañas, ahora bien, imponen una dinámica propia que seduce al problema en cuestión; el torrente de experiencias de ensayos y error que configuran otras inequívocas preguntas que nunca han sido tan originales; para que quede más claro aludo a House como problema, esta seducido. Siendo una ficción me parece sublime identificarlo con este recado que los dioses tienden a regalar.

    Estar aproblemado ante lo que sugiere este personaje de creaciones sempiternas apunta a reconocer el problema de los problemas que afecta a sus singulares pacientes: estar siempre queriendo a medida que agonizan a partir de la vida útil que genera el sistema inmunológico.

    Siempre recorre una bella melodía que surge entre sus memorias pasajeras hacia lo mundano, esto es, comer y leer menos, a lo mejor, aspira a estar en la distancia del dolor pero intuye que lo necesita como modelo a seguir. Como deliberada manera de alcanzar conexión con lo demás, aunque no lo reconoce así.

    Su único consuelo es la música. Es una respuesta desesperada a lo trágico que entraña la evolución humana según su aciaga mirada sobre los asuntos cotidianos vivenciados en este Planeta Tierra; un buen truco trae consigo este experimento llamado vida. 

Las personas no cambian

sensuales logros visuales de Greg en dirección a mujeres sin bocanadas repentinas, ignorantes ignorancias hechas realidad por cada uno de sus ayudantes en cuanto a ser paradigmas de ese experimento llamado vida que él quiere imponer, un delantal que no cumple con el requisito de ser aula magna con énfasis, ciertas barbas frondosas pero también seducidas ante la gerencia del tiempo, palabras buscadas a partir del sufrimiento como gratuidad simbólica encarnado por el historial clínico de sus pacientes, cambios para evolucionar hacia otra realidad cósmica, la corrosiva genialidad que se piensa a través de un organismo pluricelular, las vueltas de la vida con algunos capítulos que invocan valiosas tonterías convertidas en instituciones simbólicas, la violencia cultural del bastón de Greg, un vaso con café de grano cuya misión es envejecer con glamour, la semántica cotidiana de House, la infinita piedad del sistema inmunológico respecto a la apuesta reflexiva que enuncian los expertos como discurso fundacional, unas palabras navideñas, lo imposible para la educación pública, recapitulaciones históricas puestas en discusión por una mujer, las fotografías de su vida, los derroteros mágicos por los cuales la miseria humana de fina selección, milenarios sucesos clínicos que todavía no tienen solución, infusiones de placer ilusorio mientras él almuerza con su propio contrato social, un acto de temeridad repetido sin cesar, esa amistad que trasciende los muros de la moral en on, imposiciones clínicas mimetizadas por medio del lucro ético que implementan personas de carne y hueso, llegará pronto la hora de crear, complicidades ideológicas entre estar siempre queriendo y el claroscuro de significados y significaciones que representa el mundo sempiterno del sufrimiento humano, unas manos que usan cremas humectantes, algunos juegos del lenguaje entregados a la incompetencia del mercado, comedidos trayectos existenciales que asombran al protagonista principal, los arcanos de la consciencia singular que juegan con la incertidumbre humana tras un paso por la educación formal pero éste otro pretende degustar el día del juicio final a diario con la experimentación seductora de las enfermedades, vive indeciblemente para enamorarse de la música como dulce condena hacia dulce tragedia de sentirse un poco vivo

Las personas no cambian

    Miedos a partir de infancias secretas, un pensador sin tribuna, las manías irremediables de algunas personas que quieren estar enfermas, lo ensimismado hecho realidad personal en las enfermeras, pintorescas formas de singularidad gregaria, mucha estupidez con énfasis, algo de estupidez sin énfasis en algunos departamentos médicos, la locura de celebrar cumpleaños que coinciden con alguna enfermedad degenerativa, risas forzadas, silencios disueltos en fragmentos acallados, instantes de inmersión científica en cada una de las enfermedades instituidas, críticas veladas contra lo establecido por el azar, haciendo algo nuevo de un día feriado, diferentes peinados para tratar desconocidas formas de singularidad inmunológica, escasa propensión a la lectura a pesar de ser profesionales de la salud, delirantes comentarios hacia familiares monoparentales, generar sinapsis si observa una golosina, nacimientos y muertes como misterios sin resolver, tantos prejuicios como muchos dispositivos móviles, adictas consideraciones respecto a las calamidades de la existencia humana, el oscilante suceso de la vejez humana como espectáculo universal de la biología de la vida, pequeñas oraciones esgrimidas por jóvenes profesionales, morir sin morir con lo cual se abraza el dolor, ser un holgazán pero un genuino fenómeno de las relaciones interpersonales que seducen al sufrimiento

lunes, 27 de agosto de 2012

Las personas no cambian


    Puede que haya otro dueño. Pertenece a la especie humana. Hay incipientes sucesos planetarios dibujan un estado de cosas abierto al horizonte resiliente del bastón, o sea, la distancia entre el cuerpo humano y un objeto de uso selectivo perpetra consuelos indecibles. Va más allá de sus labios
                

Las personas no cambian


    Del silencio fluyente que afecta a esos humanos que siguen envejeciendo a pequeñas experimentaciones existenciales entre cada paciente que conecta con sus demonios internos; ayuda al origen de la vida, mantener el enigma de los enigmas, algunas impresiones demuestran su seducción ante una pregunta que necesita mucho de querer vivenciado. Por lo menos, mantiene el anhelo delirante de aprender a volar. Lo hizo a través de la música, incluso sonrojó a medida que podía ser el lenguaje de los dioses. Seguiremos investigando esto.

    Indagar las provincias ciudadanas del quehacer pedagógico, que abren cada uno de esos días que actúan como existieran, aun creemos que son una previa sufriente, solo ignoramos quienes somos al pertenecer a la comunidad escolar de la biología de la vida. Unos cuantos millones de años para considerar la posibilidad de ser bípedos de fina selección.

    Decir un número que representa claramente estos millones es tan arbitrario como los prejuicios humanos en el universo que perpetúa su expansión, entre perros grandes se entienden y comprenden, es mejor así. De matemáticas poco a poco iremos hablando para vislumbrar si podemos estremecer a esa realidad. En esto, por ahora, nos ayuda como excusa alguien.

    La fina selección de House estriba en buscar aunque este solo. Su ciclo sin fin lo descubrió a través de idiotismos muy vinculados al carácter alucinatorio que obsequia el sufrimiento. Refleja la inexorable renuncia a pensar como si la razón fuera el dueño del almacén. 

Las personas no cambian



    A esta impresión muy humana, todavía sigo creyendo en su intimidad, a veces basta con una sola mirada para dar testimonio de lo cotidiano, de esta misma manera, irrumpió este personaje con su sentido originario, proporciona soledades repentinas, a cualquier hora del día dirige nuestros estados de ánimo, le sugiere eso, claro está, después somos adictos a ese hospital.

    Para él hubo una razón de ser, cada una de las preguntas que esgrimía configuraba su propia existencia, jamás transó su afinidad con la realidad, era una historia de amor entre irremediables manías conductuales y hábitos domesticados a partir de lo que sufre.

    Sufriendo para condimentar más la violencia cultural progresiva hacia la actividad médica que instaura nuestro protagonista. Hace del sufrimiento una especial maravilla discursiva, unas pocas palabras para describir lo que observa su bastón, pronto habrá noticias al respecto.

    Noticias y más noticias que definen al personaje. Intuye que vivir gregariamente es vivir en permanente crisis. Socializar es demorar a lo que aspiramos a ser.

    A cuanto engrandece el espacio de socialización pública entre lo suscrito por el tiempo y los creaciones narrativas que la fluidez personal del sufrimiento fomenta, no hay instante preciso para saberlo, sin embargo, si de algo ayuda, las personas no cambian. Si esas noticias hablaban a través de un bastón. 

domingo, 26 de agosto de 2012

Las personas no cambian




    Incontables ciudadanos cosmopolitas caen ante el peso de la evidencia, no tolerar el miedo en las situaciones límites que toca enfrentar, por lo tanto, la experiencia humana se convierte en una valiosa tontería. Resulta indispensable para nuestro compañero establecer ciertos criterios de orientación ética: el bastón y el cambio como una religión sin dios.

    Todavía no he recibido un salario en conformidad a lo estipulado con el universo, pero estoy agradecido de la intrigante consideración de los días trascurridos, tanto en mi otoñal ocurrir ciudadano como en las temporadas convertidas en series televisivas que extraen la medula, sin embargo la paciencia es una consejera precisa.

    Siendo ciudadanos en constante agonía inmunológica, por algo estudiaron muchos años bajo el alero de una pizarra de acrílico y un sueño dogmatico, al parecer estar cumpliendo años, pero envejecen y se conmueven ante la extraordinaria ordinariez que encarnan sus pacientes, eso sí, algo les hace falta,

    También un remedio que existe en los paisajes confusos de House, en donde le sirve como didáctica médica el vivir sumidos en el sufrimiento, de modo tal, que puede vislumbrarse como el lenguaje de la emoción por medio de la música. Es acá un momento para enamorarse de tu proyecto existencial.

    Ésta dibuja irreversiblemente un tipo de lenguaje que pone en cuestión la dimensión espuria de los pacientes, llorar siendo la hora del horario valle y sin haber solucionado el acertijo hecho secreción orgullosa en ciertos humanos.

    Establecer un cierto momento, en la aventura religiosa que implica diagnosticar, supone divagar respecto a los derroteros personales que tiende a adoptar el joven Greg tras la reacción sempiterna del dolor humano, observar como experiencia constituyente de la miseria humana de fina selección, integrará lo dramático y cómico, se habla a partir de lo que manifiestan sus pacientes.
    Es una forma de religiosidad sin Dios. Cuando apela a todas las horas que le puede ofrecer un día. Admirable pasión sobre lo que le afecta. Puede ser. Bajo el amparo misterioso del lenguaje.

    Pero la sucesiva letanía de risas y quebrantos que alberga esa institución humana, el hospital, configura un discurso testimonial plagado de afanes cercenados y pesimismos satisfactorios. 

Las personas no cambian




Por amor al arte la vida personal de Greg concede al fenómeno de la vida humana vasto material disponible para indagar en lo que concierne a la apelación sugestiva del dolor como prologo de un silencio elocuente. Y tiende a ser humano sufrir.

    A constatar el espectáculo abisal del sufrimiento humano. Cuando estemos en torno al sufrimiento habrá que observar con sutil adicción. Al principio del origen que implica estar con él, días y más días de guerras milenarias, la vida actúa como si fuéramos meros pasatiempos aleatorios, por lo menos implica una especie de exhortación contra cierta afirmación.

    Una afirmación poderosa que genera huellas insondables en la psiquis individual de nuestra pasajera ficción, no obstante, su letal antídoto contra la incertidumbre: nada es para siempre. Y tiene requisitos para comportarse como capitulo de una obra anónima.

    Anónimas experimentaciones humanas que discurren como pompas de jabón con tal de generar ruido acá abajo en el planeta Tierra. A pesar que, en escasas ocasiones, se alude a la dimensión publica de la biosfera como aspecto sufriente, las personas buscan seguir en la mediocridad. Entonces, a como dé lugar, esperan ser etiquetadas como tal.

    Hay bastante experiencia para crear a partir del sufrimiento. Del cielo confuso de la libertad de expresión al enamoramiento familiar del diagnostico esgrimido por él. Luego incurrirá en creativas maneras de seducción, manipulación y transacción con sus demonios internos.

    Se hace un intento por verbalizar la batalla milenaria que provoca estar sufriendo, por un lado, y la dimensión ciudadana del querer como narrativa visceral, por otro, a lo mejor sería plausible no tomarse demasiado en serio cuando logremos ese propósito de sentido. 

Las personas no cambian





Son inolvidables esos instantes íntimos que buscaban nuevas ansiedades, ante esto, la experiencia oracular del ciclo sin fin diseminó lo que considera correcto, nadar contra la corriente: también existió alguien que imponía su propia existencia religiosa. Para diagnosticar a partir del sufrimiento. Como si fuera una historia de amor entre las palabras y acciones. Seguían siendo protagonistas de una espera eterna.

    La necesidad que perpetúa lo realizado. Cualquier persona lo pudo haber comentado. Espero, cuando haya envejecido sin ataduras escolares, comprender en la distancia. La distancia perpetra diversas formas de autoafirmación humana.

    El estar siempre queriendo como majestuosa intuición a favor del sufrimiento humano. Después sorpresas empíricas al corazón delator de esa serie televisión, decisiones humanas inacabadas junto a sus juegos planetarios.

    Aportamos con el juego familiar de una perplejidad que trae consigo la sociedad a su vez como manifestación plena de una empresa humana en permanente crisis y asombro; pensar y asombrados ante la osadía de la biología de la vida. Importa mucho comprender lo que somos a medida que queremos.

    Aun vivimos en la inextricable esfera de los deseos habituales en los humanos, estar creyendo algo, disponiendo de una dulce condena en torno al tiempo como amistad no hablada. No es necesario hablar para actuar como persona y no cambiar. 

viernes, 24 de agosto de 2012

Las personas no cambian




Con un grado de lucidez reflexiva cuanto permita responder a las dudas, incertidumbres y verdades mutiladas al igual que este capítulo narrado a partir de lo observado por un indecible joven, configura un estado de cosas plausible para dedicarse a crear. Buscar el gran legado del querer humano desde la misión artística del ciclo sin fin.  

    Aun ignoramos la capacidad creadora del ciclo sin fin para responder a preguntas sin señales de ambiciones personales, solo apuntar a la duda que emana de tanto convivir entre Greg y sus demonios internos. Hay que continuar en la  senda de plantear preguntas. Preguntamos para vivir. Y luego con temor hacia lo estremecedor, porque hay respuestas que temen ser descubiertas.

    Solo se descubre la conmovedora agonía de lo ya dicho, tiene sentido formularse preguntas para mitigar el corrosivo y sinuoso transcurrir de la estupidez con énfasis, pero podrás volverte loco. Lo suficiente como para conmemorar cada uno de tus años que cumples.

    Ciertos cumpleaños exorcizan los demonios internos que no pueden decirse desde la boca que pronuncia palabras. Más allá de los labios, el arcoíris de impresiones genuinas, en la distancia siempre con las preguntas. Enamorarse de estas musas sensuales. Este joven adulto que identifican con el nombre de Greg, juega irremediablemente con sus olvidos académicos y asume el riesgo de querer la incertidumbre expuesta en cada enfermedad albergada por sus bípedos pacientes. Es mejor así para él.

Las personas no cambian




Del cielo estrellado a la inagotable capacidad de generar sinapsis, este es House, el nombre que respira el aire intrigante de la relatividad ética. Nadie se atrevió a manifestar esta situación familiar. No existe mejor familia que el autocuestionamiento desde el ensimismamiento repentino de un inefable día feriado.

    Un nacimiento, entre preguntas y respuestas imprecisas, hecho espectacular comentario sobre asuntos humanos ¿Cómo enfrentamos a las enfermedades en su propia experiencia de ensayo y error a medida que la biología de la vida evoluciona inexorablemente hacia el horizonte de posibilidad que entrega el Universo simultáneamente mientras los humanos intentan estructurar todo aquello que tienden a etiquetar como sufrimiento?¿hablar de la dimensión humana del sufrimiento es comprender los caminos inescrutables que entraña la vida como sucesión de preguntas sin respuestas precisas?¿a que alude el uso deliberado del lenguaje para describir las regiones salvajes de la subjetividad humana, el sufrimiento, siendo que éste actúa como prologo de un ritual olvidado?¿ ser adicto a la observación permite entender el fenómeno de la vida humana encarnado en diagnósticos médicos necesarios y suficientes en lo que concierne al paciente en cuanto sorpresa inacabada?¿la historia anónima de nuestro protagonista está hecha de innumerables situaciones límites que se vinculan sin causa alguna con el proceso evolutivo del Universo?¿es menester compartir algún secreto con nuestros imaginarios escolares, hijos biológicos de la educación formal, para constatar que todo el mundo humano miente?¿estar siempre queriendo es una postura indubitable que ejercen los humanos mientras existan como seres pluricelulares y absortos en individualismos gregarios?¿es posible saber lo que vislumbra Greg respecto a este experimento llamado vida?¿la esmera paciencia para lograr la estupidez sin énfasis, en sociedades contemporáneas como las nuestras así como masas ciudadanas aletargadas, es solo patrimonio existencial de la revolución digital y su perspectiva multisistemica?¿cada diagnostico de él es un acto de creación contra lo establecido por las inercias institucionales y las dinámicas burocráticas de la modernidad?¿cuánto habrá que sufrir para ser digno de tu propio antídoto sin esperar nada a cambio?¿si las personas no cambian entonces lograremos ser ricos en perplejidades, no así de certezas?¿es Greg un experimentación sufriente que piensa a partir de los enigmas que obsequia el origen de la vida?¿perdidos o sumidos en la mirada diferente de ese bastón?¿ a través de un bastón podemos inventar intervalos de confianza con lo establecido por alguien que sufre?¿se pregunta o responde a los signos de los tiempos biológicos que encarnan esos pacientes hechos a la medida para buscar ese Algo que seduce al protagonista?¿el protagonista es alguien que esta mutilado vivencialmente a las cadenas del querer humano?¿quién miente?

Las personas no cambian




Una palabra, muy intrincada y prodiga en interpretaciones torrejas, reflejada a diario en los espacios públicos que yacen en ese hospital docente-universitario, no hay vuelta atrás, y con ello, vivir en la idea de los demás implica reconocer el torrente de situaciones límites que genera diagnosticar. Al joven House le resulta conveniente aparecer como algo inequívoco. Tiene curiosidad por saber el significado de la enfermedad.
               
    Mejor será apropiarse de algún instante que comulgue con la visión hegemónica, claro está, recapitulando comentarios históricos sobre la enfermedad, son asuntos humanos que por ahora nadie refuta, vinculada a la experiencia inscrita en fluyente rostro de House, implicar al sufrimiento humano como espectáculo rupturista de un ritual asumido, descubrir nuevos acertijos para ulteriores intuiciones sensibles.

    Somos temporalidad fluyente de momentos sufrientes y a su vez supuestos fundacionales que acarician estos capítulos humanos, en el más acá de lo diagnosticado, tengan presente que solo morir lo cambia todo, la singularidad pasajera de las personas se parecen demasiado a las pocas garantías que entregan los segundos a cualquier moral oficial, y solo nos quedar invocar una pequeña oración.

    El pequeño Greg y una ilusión oración ante el cenáculo de miradas intrigantes, deseosas viajeras hacia un horizonte de actividad predeterminado, dedicarse a la educación formal, las enfermedades poseen su propia realidad, al fin y al cabo, cuya impresión fuerte son buscar culpables necesariamente en el sistema inmunológico. Además, alguien siempre estará negociando con la realidad humana en perpetuo movimiento.

    Conocer para profundizar en nuestras didácticas planetarias. Cuando hemos compartido con la historia de la voluntad de vivir. Él vive como querer encadenado a valiosas tonterías, observa a sus pacientes y percibe lugares comunes entre los cuales aparece un eco de jamás volverá, el instante en que surge la lucidez conceptual para sanar.  

jueves, 23 de agosto de 2012

Las personas no cambian




    Somos temporalidad sufriente y conmovedora locuacidad de un instante transcurrido, la letal agonía del mismo modo lo enigmático, encuentros furtivos entre razón y voluntad, también damos palos de ciego cuando se trata cambiar, por lo que la historia anónima de House reinstaura la reacción contra toda moral prescrita desde dentro del ciclo sin fin.

    Interminables eventos pluricelulares, ellos y nosotros, anidan en el espacio sagrado que cubre nuestro personaje, una adolescencia envalentonada por preguntas limites, de manera tal, que el pensar a partir del ciclo sin fin, derivó a domesticas acuerdos con la miseria humana: una experiencia de calidad y gratuidad vivencial a través de las situaciones límites que afectan a nuestros pacientes.

    Algún día. Al decirlo estaré envejeciendo. Pero él tiene paciencia ante ese callejón sin salida. Ayuda el hecho de ser adicto a la observación. Desde ésta puede dedicarse al caos. Un testimonio de éxtasis sin dios. Y sigue esperando.

    Espera observar con otras categorías conceptuales, todavía no hay un adjetivo para expresarlo, a este fenómeno de la vida humana, lo única certidumbre es que será algún día, sobre todo, a esa hora se improvisa.

    Improvisaciones universitarias, hechos mundanos que creen saberlo todo. Y una apuesta surrealista atesora aquél nombre, de por sí, hay preguntas sin respuestas, el lucido cinismo que se suscribió desde el origen del hombre. Un riesgo avasallador disemina dudosas estrategias de coacción permanente, el querer aplicado a obtener preguntas con respuestas.

    Más respuestas son mejores, dependiendo de qué tan miserables somos, pero siempre siendo honorables e ensimismados en relación a lo que se plantea, la tensa calma que asfixia al protagonista señalado. No está de más decir que diagnosticando se puede cambiar su mundo.

Las personas no cambian




Raras emociones ante la solución final de la enfermedad, dependiendo si es fin de semana o un día feriado, este personaje suele olvidar el nombre y apellido de sus pacientes, sin perjuicio de lo cual, seguirá atendiendo a un paciente por semana con lo cual afecta a cualquier dimensión familiar de la misma bajo la dirección gregaria de nuestro ciclo sin fin, puesto que, habrá perdurables consecuencias hacia ese paréntesis que hemos llegado hace poco, nacer.
                
    Nacemos para suspirar como ángeles caídos; si supiéramos que la educación aprende de sí misma. Incluso tal vez un gran legado de estos engendros ciudadanos convoca a un particular suceso otoñal, somos tan frágiles como un segundo. La bendita asunción del ciclo sin fin como enemigo natural y honorable, según lo que dice la almohada de alguien usa un bastón.

    La circunstancia de hacer jugado, luchado, observado, seducido, planificado, divagado y asimilado en conformidad al romance secreto entre el ciclo sin fin y ese doctor que finalizó su enseñanza universitaria. Aparente complejo de superioridad padece la vida misma como un acto de transgresión.

    Un rival con amplios pergaminos ha tenido con el cual enfrentarse este misántropo personaje, la enfermedad, que tiende a ser patrimonio planetario de los seres humanos, siempre instituye nuevas formas de singularidad viviente, en esto, el proceso evolutivo del ciclo vital se sigue reinventando, para nosotros mismos, es una obra sobrecogedora darse cuenta de las calamidades de la existencia humana.

    Desatando nuestros dioses pequeños, vale decir, los prejuicios como obra creadora para dar sustento ético a nuestro universo identitario, con el inicio conmovedor de algo nuevo en pos de búsqueda misteriosa. Así, la vida humana se convierte en nocturnas inquisiciones escolares, lo establecido por esa ficción permite divertirse sin nativos aburrimientos. 

Las personas no cambian




No reconoce que depende inexorablemente de las personas, a fin de cuentas, éstas le ayudan a mitigar el dolor que le afecta a su pierna y obsequian admirables narrativas que se retrotraen a su peculiar infancia, resulta ser torpe emocionalmente, pero ante todo se configura un discurso hegemónico de mirada refundacional en lo que atañe a la enfermedad como tal.
                 
    Tiene ese don que lo hace ser culpable. Solo él lo sabe. Para buen humor, de esos hipócritas lectores que observan esta serie televisiva, el frenesí reflexivo a partir de la revolución generacional que produce la enfermedad, a saber, conduce a milenarias guerras con uno mismo.

    Recomienda la ingenua sensación de jamás darse por enterado de la causalidad que atañe a estos fenómenos de la vida humana. Incluso nos afecta a nosotros. Buscamos siempre estar queriendo. No lo olviden estimados amigos de la educación formal.

    Un mágico encuentro entre la educación formal y la subjetividad humana, la extraña cesantía de la moral y el lenguaje, aunque hemos intentado imponer distintos y diferentes discursos configuradores de ignorancias estandarizadas, no es trivial a la experimentación cotidiana que ejerce indefectiblemente House.

    Las condiciones de posibilidad de la experiencia cotidiana de Greg, en sus ríos de alocuciones lógicas con ropajes de aprendizaje significativo, por ejemplo, escasas veces a la semana se afeita y en raras ocasiones lava su loza, en otras palabras, participa en ese juego mágico.

    Las confianzas entre melancólico artista y las impresiones fuertes que descarga cada enfermedad en esos pacientes favorecen la intriga que desempeña el tiempo, es decir, la locura de hablar sobre el tiempo genera angustiantes inventos para encontrar un sentido a la educación formal inmersa en la biología de la vida.

Las personas no cambian



Intuía que la intuición es una bella vejez ofrecida por alguien. Concurría ardientemente al campo magnético de las relaciones interpersonales. Usaba un bastón para evitar ser compadecido por el contrato social.

    Bastante estético y ético darse cuenta de lo señalado sin haber ido necesariamente a estudiar a la educación formal, ni pública ni privada, son juegos sensuales que proponen onerosas formas de singularización identitaria, serás estúpido sin énfasis y con inclinaciones a individualismos gregarios, luego decesos corporales.

    Más adelante estaremos cerca de la muerte. Es la cuestión del sentido que no importa mucho al suceso pluricelular. Se evita, acá en occidente, confrontar este asunto hilarante.

    Patenta la importancia de asumir riesgos y actuar como idiota. Genera instantes proclives a pasiones terrenales. No usa ese delantal blanco. Apela, con cierta fruición mística, a la genética humana. Y no le teme al conflicto de representaciones existente entre sus pacientes y su diagnóstico diferencial.

    Hambre de vivir como si fuera algo religiosamente patente para todos los demás, si bien muchos de sus pacientes inician derroteros históricos diferentes y distinto a lo previamente establecidos por otros médicos doctores que intentaron dar una solución a sus prevalencias idiopáticas, el panorama en acción de estos jóvenes personajes de vida celular activa, es que están siendo atendidos por alguien que se burla de  las convenciones sociales, vislumbra una especie de genealogía de moral, sin ser filosofo.


Las personas no cambian

Ciertos ecos domésticos acechan al sufrimiento, intento descubrirlo a través de la aventura temeraria de las palabras como orden profética de alguien observando, en este caso, y hablando de ciertas personas con relámpagos de evidencia, eso me agrada cuando fluyen a partir de lo momentos, esas personas están pérdidas en la infinitud estandarizada de este contrato, no sabemos cómo explicarlo a medida que éstas incomodan al sano entendimiento humano, hecho sinapsis familiar por parte de habituales intelectuales.

    Pero siempre son y serán de matriz pluricelular. Exceptuando a nuestra adulta ficción que interminablemente es vulnerable. Ante nosotros mismos la apariencia de realidad, él algo capta, desde el nacimiento como expresión romántica de lo establecido por el azar que a través de breves comentarios opto por perpetuar la especie hasta la muerte como audaz ironía sin un preciso escenario discursivo proporcionado por el universo, existe el ciclo sin fin para intentar comprender nuestra indecible subjetividad.

    Él y la subjetividad humana. Le permite estar habilitado para actuar como un niño. Exporta con autentica crudeza la inocencia salvaje que contiene su carácter misantrópico. Juega con los ritos estilísticos y rituales acomodaticios que sus pacientes reflejan al estar al borde del abismo corporal. El morir lo cambia todo, según Greg. También es necesario concluir que le resulta divertido y fascinante trascender. 

Trasciende las barreras biológicas que otorga la cronología clínica de los pacientes. Bosteza pero sugiere. Tampoco descarta que toda forma de lucha sea plausible para solucionar al acertijo hecho realidad humana. Maravillosamente perplejo lo deja lo anormal. Reconoce el merito de confrontar, indagar y negociar con la realidad humana en perpetuo movimiento. 

Nunca mencionó el origen escolar de sus estudios básicos. Parece que para él lo indispensable era que la escuela no puede interponerse ni obstaculizar su propia educación.

 Quería elaborar un diseño inteligente sobre asuntos humanos, tanto de selección natural al fragor del decir semántico que proponían sus pacientes como de los condicionamientos que condicionan a considerar que las personas no cambian. 

Las personas no cambian




    Muchas enseñanzas proporciona la mirada entroncada del ocurrir médico, siempre protagonizado por personas, no hay garantías de nada, pues las días y las noches se parecen demasiado, que hemos observado, de algún modo la pasión abismal de estar sufriendo impone su modelo a seguir, pensar sin límites, que le dio luz al abismo vivencial que envolvía al joven adulto.

    Entre soledades repentinas e incomprensiones creadoras, siempre fue la razón de su existir regalar escombros de una fe a partir del lodo. No le desagrada el lodo cuando se vincula con los humanos. Todavía ignoramos si se bañó tras ese crimen ético, para algunos.

    Una rápida lección de vida, sin embargo con la rapidez descarada que impone el modelo de realidad prevaleciente, ser vanguardia en lo que concierne a la agenda de adicciones personales que suministra, después habrá llantos y risas de unas personas suscritas al contrato social, no obstante, la naturaleza no se cansa de procurar épicas geológicas.

martes, 21 de agosto de 2012

Las personas no cambian



    Son sorpresas precipitadas, el recuerdo fresco de estar siempre queriendo afecta, a medida que el desarrollo narrativo y su instauración cínica aporta al debate, que tiende a ser entre humanos, ellos mismos buscan cíclicamente jamás darse por enterado.

    Influjos efímeros que crean vínculos humanos. Los seduce por medio de un diagnóstico que nunca surge de un pie de página. Se detiene el tiempo cronológico en sus ojos claros. Esos ojos verdes que acontecen. Después todos seremos empiristas. Con infinitas decisiones sin nombres propios. Solo fluyen. Al igual que los acertijos. La larga fila de acertijos resueltos como inicio de algo nuevo. Pero sigue cojeando. Entre la ficción y la realidad, el querer lo atrapa como una danza que erotiza su irremediable silencio.

    Vista las enseñanzas escolares que dejó estar embarcados en ese silencio, la bella melodía de una mirada médica no es sino la excusa para dialogar tonterías extrañas, y sus labios emiten abismos vivenciales. No es trivial aludir al lodo, en ciertas ocasiones llovió con glamorosa expresión navideña, como parte de su jadeante alma callejera.





Las personas no cambian






    Importa intuir cosas extrañas, en relación al estado prevaleciente que ofrece la biología de la vida, para seguir perpetuando experimentaciones vanguardistas. Por ejemplo, vivir como si fuera todo ser humano inmune al acertijo que implica enfermarse, solo usando las categorías conceptuales y escenarios discursivos de la coqueta razón occidental.

    Ser coquetos y estar perdidos, espero que haya sido divertido lo que dije, en hospitales docentes sirve para comunicar de mejor manera la estupidez sin énfasis, esa importa más.

    Debido a la sumisión absoluta de los juicios de valor, por parte de los hablantes ciudadanos, contra sus propias existencias domesticadas por el tiempo, estar siempre queriendo es para Greg un antídoto algo oneroso respecto al sentido originario que impone el diagnosticar, mientras tanto, las personas no cambian.

    Viajemos al torrencial influjo de impresiones fuertes que afectan al yo, la libertad vista como la necesidad a cualquier hora del día, en esto, lo que capta Greg es un callejón con pocas salidas hacia algo que estructure cierta ponderación espiritual, el deber como una misión digna de ser narrada y realizada.

    El refugio espiritual e intrincado de las palabras está en la autoafirmación de lo que propone el creador en tanto oportunidad para cambiar su realidad tal como el diagnóstico médico de esos personajes lo exporta sobre esos pacientes anónimos pero pluricelulares.

    Desde la lúcida inmersión que cada uno de los días constituye hasta sus momentos entregados irremediablemente por una serie televisiva, ante todo, ofrece un abanico de alternativas conductuales, siempre y cuando estén actuando seres humanos, que conmemoran de alguna manera el ocaso de las grandes narrativas, de verdad, alguien tiene el as bajo la manga. 

Las personas no cambian





    Si eso es así, conviene enfatizar el carácter familiar del diagnóstico diferenciado que generó, en innumerables ocasiones que ya no recuerdo con tanta claridad otoñal, el ciclo sin fin despertó de su sueño dogmatico, en este sentido, gracias a la locura con método, solo bastaron un par de vasos con café de grano y algunas migajas culinarias. Lo único que sé es que no pago él la cuenta.

    Al mismo tiempo las personas persisten en sus móviles conductuales, es decir, concurrían al quehacer valórico que sus propias enfermedades dialogaban con las formas de entendimiento anónimo, un universo paralelo a favor de los microorganismos que nacieron bajo explosiones provenientes del murmullo cósmico, siendo que siempre hubo una cama de hospital.

    Una existencia singular de un hombre puede dejar huellas, y a su vez, construir un horizonte de actividad para alguien. Dejando pronta inquietud a un próximo colega que, salvo algún imponderable occidental, no estará cojeando.
                                                            
    No hay criterio para saber si alguien tiene vocación respecto a caminar con sumo equilibrio junto a un bastón. Ademas, el éxtasis místico de compartir heroicas complicidades con las salvajes regiones oscuras de la subjetividad humana, que conlleva estar en ese hospital, emerge la fe como secularización de lo intuido, y a veces ríe hacia dentro.

    El éxtasis ético a través de la entrega milenaria del bastón de Greg, habría que recapitular cuanto imponderable surgió tras esa normal anormalidad de uso público, un movimiento tras otro, la vida de los demás se percibe, desde la mirada de este observador, como normal, chata y inexorablemente predecible; de repente hubo llantos. Con la música, la respiración del ser Dios, sin previas filosóficas de por medio, habrá cosas que importan.