martes, 31 de julio de 2012

Las personas no cambian





Cómo consolar aquello que muere, al Universo no le queda otra que manifestar deliberadamente su libertad de expresión, ante este soplido onírico, sin estridencias mediáticas ni victimizaciones gregarias, solo irrumpe como un acto creador lo inducido por nuestro personaje médico.

    Ve para observar y después nadie se hace responsable, somos burocráticos bípedos ilusorios, pero. Por lo menos, House tiene claro que la experiencia misma que encarnan los hechos humanos ritualizados en conductas, hábitos prevalecientes y móviles civilizatorios, solo poseen valor de verdad, si escapas de la rutina.

    Él escapó de la rutina, y les hizo caso a sus demonios internos. También le convenció la sonrisa de su bastón. También cree en la mirada subversiva del cambio, eso sí, cuando le susurra eso al bastón. Que somos mutaciones aleatorias, su paisaje ético se transformó en prédicas médicas felices llenas de dolor.

    El dolor cuando es más fuerte permite dejar en estructural cesantía a la subjetividad humana, en muchas ocasiones este maestro de la misoginia cognitiva, habla con la indisciplina de un prejuicio en otra galaxia que no sea la Vía Láctea, ante todo, cada uno de sus diagnósticos es una historia con narrativa.

    Es groseramente poco estético una historia sin narrativa, pues, es cómo razonar sobre las valiosas tonterías que proyecta ese prejuicio en la otra galaxia, de manera tal, que nuestra impresión sobre aquél dolor del paciente, emerge el ciclo sin fin para quedarse  incluso para un etapa evolutiva post humana.

    Palabras cansadas para describir el estado de cosas de un proceso evolutivo sin humanos, una considerable conmoción existencial, cuesta digerirlo si estas determinado por la insania de la rutina generacional del sufrimiento humano. Éste solo concebirlo como un medio y no como un fin en sí mismo, suscita decadentes encuentro con la intimidad interna de los días transcurridos, no es así como se ama la vida sin lógica, sin razón.

    Unas cuantas palabras que pueden modificar tu enfermedad, cuando nadie espera nada de él, sin embargo la convicción reverencial que atribuye a la razón humana sugiere  que respeta las razones desconocidas de la biología de la vida, cada enfermedad merece esta oportunidad.





Las personas no cambian








Diagnosticando para sobrevivir. Esa es la cuestión. Con tal que la estupidez sin énfasis logree medalla de oro. Hay olor a sueños olímpicos. Pero sigue investigando, durante las 24 horas días e incluso con sus respectivos segundos, para estar habilitado.

    Porque escudriñamos supuestos fundacionales, a saber, perpetúa el ciclo sin fin de anónimos organismos unicelulares, desde virus a bacterias, que él convoca a través y desde la situación histórica que proyecta, siendo la enfermedad que afecta su paciente, la perfecta excusa, para eso tiene a sus amigos forzados.

    Forzadas experiencias inmunológicas sumado al suave frescor de un quejido humano, a cualquier hora señalada, luego alguien podrá sollozar con suma expresión corporal.  Lo avasallador del lenguaje corporal, siendo humano, que se convierte en rebelde asumido.

    Sin perjuicio de lo cual, que la historia clínica todavía no puede ser comprendida a cabalidad. Con ello, el Dr. House comparte genuinos sucesos humanos unidos a influencias planetarias venidas desde otra vecindad, otra galaxia.

    Las galaxias no necesitan del querer humano, al revés, el querer humano  mediante la finitud biológica que les afecta, perdidos en el secreto taller de la voluntad, también expectante y a su vez convertido en un cuerpo silencioso, permanece en una lenta agonía que subyuga su fuerza vital, después habrá formas de violencia institucionalizada para las cuales los sollozos las risas ayudarán a comentar, de pronto, algunos consuelos.  

Las personas no cambian








La emancipación conductual reside en romper la rutina. Lo que agobia nuestro bestial modo de acceder al circuito de cantos desgarradores, el tiempo cronológico como la narración extraordinaria que refleja nuestra vejez.

    Ésta expresión de vanguardia vitalista, a todos nos pasa, queda legitimado por la biología de la vida, a House le interesa, en principio, estalla en miradas evolutivas hacia su bastón.

    De modo que, la biología de la vida vinculada a ciertas enfermedades, exigidas por House para solucionar el acertijo, permite constatar cierta libertad. Sumidos en soledades que motivan la creación.

    Aparecen creaciones humanas de nunca acabar, es decir, inventar excusar para convertirlo en un verosímil pasatiempo cuya duración coincida con la totalidad de una vida humana, de esta manera, la dosis creativa y alucinatoria que ofrece House, empieza el día menos pensado.

    Ese día menos pensado seduce la esfera de los asuntos misantrópicos, Dr. House, en donde dibuja brillantes estrategias planetarias, saber que sus pacientes son seres condicionados, sin embargo, no siempre devela el tipo de condiciones que lo determinan, esto, lo asume como algo digno de ser pensado por medio de la adictiva observación desde su silencio. Ni siquiera a su bastón se lo menciona.

    Una ponderada sujeción a lo creado por el planeta Tierra. Después hubo mayores decisiones que cambiaron la realidad familiar de 2 palabras: raza humana.

    Un misterio sin resolver, para él, un lugar sagrado desde la matriz reflexiva, claro está, que desempeña nuestra ficción. Es de una gran magnitud totalizante y a su vez glamorosa. Para ello, se abocó en innumerables capítulos a negociar con la realidad humana en perpetuo movimiento.

    Alguien induce a mejorar la especie humana, por ahora, suele ser la visión hegemónica del presente, cada una de las enfermedades aparecidas lo manifiesta, más aun, este aspecto siempre suele atormentar a nuestro diagnosticador.


lunes, 30 de julio de 2012

Las personas no cambian










     Solo la ordinariez de lo extraordinario que crea House, confluyen dinámicas generacionales relativas al holocausto del tiempo que afectan al paciente, elaborando sufrimientos sin nombres propios, por ahora, la antropología de lo cotidiano respecto al acertijo, revela un cambio de mirada.

    Cambiar de mirada para cambiar su mundo. Respecto a eso, nada personal. A él le encanta la desconexión absoluta cuando aparece la intimidad acuciante de ese otro. Si no hay conexión, no hay acción con lo otro en tanto conversación desinteresada.

    Desinteresadas observaciones con tal de mitigar las cadenas del querer humano, su paciente actúa como tal, sin duda alguna, algo hemos aprendido, la vida misma sigue expandiéndose, pero no se puede disociar con aquello de lo cual quebranta nuestra fuerza vital: estar siempre queriendo.

    La constatación letal, luego de tantas reflexiones dispersas, de que siempre estamos solos, una especie de optimismo desesperanzador alberga a la serie en cuestión, de modo que, la singularidad médica que fluye, asume su horizonte de posibilidad, pensar a partir de lo anunciado, las personas no cambian.

    A lo sumo, las personas no pueden escaparse de la estructura subjetiva que entraña cierta boca, un doctor experto en enfermedades infecciosas, y, también un fiscalizador de las miserias neurocognitivas que emanan a partir de cómo mienten las personas.

    Siendo que las mentiras seducen al amplio espectro de asuntos humanos, a la vez, comparten cierta tendencia al caos tras una situación concreta de sufrimiento, en este caso, sus pacientes buscarán ser finitos creadores de un ritual asumido, seguirá doliendo. Duele, como a muchos, por lo menos, seamos consecuentes y coherentes con lo vislumbrado. Permite mayor ensayo y error en tanto expresión de emancipación conductual.



Las persona no cambian





    Aspiremos a dudar. Es urgente hacerlo a través de la experiencia concreta que se traduce, de manera tal, en ensayo y error, cuando tratas con humanos, las enfermedades que emergen. Emergen sin alardes educativos. Algo impregna el ocurrir reflexivo de House, admite que la escuela es menos diagnóstico que su educación, y logra así persistir en lo que duda.

    La escuela de la observación permitida, con esto, el fenómeno de la vida humana se singulariza por medio de lo que esgrime él, de esta manera, la expansión silenciosa de las enfermedades configuran un nuevo estado de cosas, muchos primeros planos irrumpen en este cambio que estremece a sus lacayos.

    Éstos son jóvenes personajes, cosmopolitas e hijos de una modernidad omnipresente, provistos de infinitas posibilidades conductuales, cuando envejecen, envueltos en un campo minado de acepciones éticas, a la vez, estimula el debate de ideas contrastantes cuya inclinación temática denota una decadente resignación sobre las adicciones personales a las cuales convoca una enfermedad.

    Ante todo estar enfermo es encontrar al sistema inmunológico suspendiendo el juicio, debido a la incapacidad para abastecer con alimentación y dialogo la totalidad corporal del organismo humano, si esto acontece así, las personas no cambian. Por esto mismo, sigamos comentando.

    Unos pocos comentarios pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte, por eso, seduce la idea de jamás tomarse demasiado en serio. Lo único serio es la mirada descreída de House sobre su gran donna junto al sugerente vaso con café cortado.

Las personas no cambian






    Al parecer cuando se almuerza con alguien, habrá que esperar nuevos discursos hegemónicos a su vez integradores, la corriente salvaje de los instantes repentinos ejerce su ideología, con música de fondo aporta al diagnóstico médico que perpetran nuestros personajes, ese sonido que conmueve, miradas que acontecen entre amigos, permite modificar la concepción que se tiene sobre las relaciones interpersonales.

    Un espectacular sentido del oportunismo desempeña alguien que intenta seducir a la realidad, desde luego, el milagro inesperado que aterra a los rituales de Occidente, un acto transgresor contra lo establecido por la constante avasalladora de la biología de la vida, ese médico advierte los riesgos de almorzar siendo obsecuente con la verdad oficial, y con ello, ayuda a desentrañar el proceso evolutivo del universo.

    Poder comprender el ciclo evolutivo de lo que somos, a saber, tratar de acceder a lo intimidante que entraña una subjetividad humana perdida en la inmediatez de lo pensado, de vez en cuando, existen ciertos capítulos que instauran el instante para cuestionar la verdad oficial, y House no terminó su almuerzo.

    Un almuerzo que genera valiosas tonterías. Una sucesión de imprevistos cotidianos. Eso le da sabor al diagnóstico médico. Lo valora, engrandece y le permite tener una visión holística respecto a la miseria humana. Ser miserables es una glamorosa excusa que House aprovecha para ese espacio culinario.

    La historia personal que estremece al anónimo lector. Sus heroísmos valóricos quedan en buenas intenciones, cuando estás enfermo, la singularidad inequívoca de lo que te afecta, sugiere que no es suficiente hablar sobre asuntos humanos, sino también de lo bizarro que implica estar comiendo mientras se realiza un diagnóstico diferencial.

    Para esperar la respuesta a lo señalado, es decir, darse cuenta que este experimento llamado vida es una forma de expansión violenta pero también aclaradora respecto a la cual algunos humanos perciben agudamente la cruel dulzura de la enfermedad en tanto existencia histórica. 


domingo, 29 de julio de 2012

Las personas no cambian





Un rayo enigmático de lucidez humana, cuando House intuye que su único consuelo es desenmascarar el acertijo encarnado en la enfermedad que padece su paciente bípedo, se obsequia a la novela teatral hecha realidad concreta por el universo.

   Más de alguno creerá que no fue necesario decir una pequeña oración, pero ante el fenómeno de la vida humana todo aporta para lograr el ciclo sin fin, observar a la persona que sanó y, con ello, consolarse con la magna sucesión de eventos inesperados, vivir es sufrir; una hermosa afirmación que la integran 3 palabras que son hijas biológicas de la educación pública. 

    Hay olvidos que jamás sanaran las heridas que engalanan al sufrimiento humano, cuando no soportas tanta realidad, te asfixia y conmueve, pero si dispones de ese algo, la semántica referida a la educación pública tendrá su pequeña razón; pronto una dosis de locura será un buen pasatiempo para él.

    Lo es a medida que observa, engulle y desacralizada las verdades oficiales, en lo referente, a la enfermedad que afecta a su paciente, por cierto, después será otro, pero ahora confronta a eso que aterra a la mayoría de los humanos; infringir por lo menos algunas huellas de honor contra esos miedos que fundan nuestra subjetividad. No solo de subjetividad viven esos personajes médicos.

    Acaricia el imperceptible sonido del silencio que lo conmueve, le aterra todo cambio que permanece, solo Wilson tuvo los testículos de acero para decírselo en innumerables comidas, constatar que el tiempo cronológico es una ilusión que siempre se va. No celebra su cumpleaños con sus amigos debido a que le parecen que son muy obsecuentes con la verdad oficial. 

Las personas no cambian





Creo, por ahora, que ese doctor no aludió a la educación pública como formal singular de diagnóstico diferencial, quizás, solo optó por trascender el espacio público de las etiquetas cognitivas. Amar a su manera este experimento llamado enfermedad humana.

    Enfrentar con suma conciencia, todavía no sabemos cuál es su origen, la historia personal de las enfermedades permite decir que la obra creadora del pensamiento humano es un síntoma de lo mucho que puede avanzar el enamorarse de la realidad misma de dichas enfermedades. Solo basta actitud, convicción, transgresión y tener ese algo que mueve toda tu fuerza vital e invade tus demonios internos.

    Mención aparte para esos demonios internos, porque son el antídoto que necesita él para experimentar la vanguardia de lo desconocido, jamás tomarse demasiado en serio la tonta solemnidad que tiene un día al despertar, las personas adecuan sus adicciones intimas a las horas que presta ese día; siendo una explicable conmoción contra el irremediable dolor a eso que acaba con nuestra seguridad visceral, considerar a los minutos de cada una de las horas como un horizonte de posibilidad. Puede que quede rezar una pequeña oración. 

    Dije una sola oración. Que la integre palabras y acciones, un sueño ilimitado respecto a lo que somos, para asumir riesgos. Además, asumir riesgos es una vertiente melódica que ejerce él con total docencia normalista. Lo normalista, en ocasiones, tiene mala prensa.

    No obstante lo cual, ese día en que las acciones y palabras confluyen, la historia universal de la estupidez sin énfasis, ni siquiera es necesario que lo siga diciendo el destinador, que las personas no cambian, habrá que brindar junto a la inefable vida. Ella tiende a estallar en elocuentes grados de hilaridad. Es poco estético decirlo, a veces. 

Las personas no cambian





Ser adictos a la observación y, a su vez, con encuentros íntimos con la subjetividad humana en concreto, esos pacientes temen sobre sus mentiras oficiales respecto a cómo explicar su historial médico, en cambio, él asume el riesgo de intentar cambiar sus vidas.

    Estando bajo la presión de múltiples variables estandarizadas, sobretodo, cuando buscas salvar la vida a tu paciente, desde miradas inquisidoras dispuestas por el contrato social a ciertos muros de la moral con énfasis, House acomete sin dudar, claro está, de que la aventura cognitiva le espera.

    La aventura nos espera, diría un amigo imaginario, pero para House es la palabra de honor que ejerce contra diversas enfermedades. Es un atesorable suceso cósmico saber que la vida es una encerrona, lo capta observado a su bastón.

    Un simple bastón que mira sin piedad. Y la experiencia maravillosa de compartir sucesos humanos. Diversas empresas humanas de cinismo compartido. Cuando observas las conductas públicas de los demás, sin embargo, los demás son repeticiones de un azar establecido. Nadie se hace cargo de eso. Solo se hacen cargo las enfermedades señaladas, las que seducen a House, como estereotipo de comportamiento. 

    Habrá diversos móviles que orienten la vida cognitiva, personal y médica de House en lo que concierne al trato intimo que obtiene a través de los pacientes, forzadas conversaciones intrigantes con misteriosas seducciones repentinas, solo es la excusa para recuperar el déficit de querer encadenado que extravío siendo un infante, lo cual hace más interesante su vinculo con las personas.

    Él tampoco cambia. Quiere recuperar el tiempo perdido. Nunca lo reconocerá, en definitiva, en un almuerzo cualquiera con el demócrata Wilson. También asume que las personas son breves comentarios de una revolución no inscrita en los registros electorales de la vía láctea. Lo desconocido de manifestar sencillas afirmaciones que caen tal como lo hizo una hoja de otoño en un lugar llamado educación pública.

Las personas no cambian




Innumerables miserias humanas al servicio del ciclo sin fin, no hay verbalización realizada que pueda describir ese hechizo ético, intentar convencer a determinadas personas que no cambian, una total solución a sus problemas de salud pública.

    De la salud pública, en esta trabaja House con admirable cinismo, a sujeciones valóricas que impone indagar en concreto casas ajenas. Permítanse algo de sentido lúdico con énfasis, a las enfermedades le agrada eso.

    Dispuesto a cambiar el mundo humano, a fin de cuentas, a la luz de los casos tratados, durante una indeterminada cantidad de días lo logra, porque fragiliza las dinámicas burocráticas de los pasillos e inercias instruccionales de los protocolos médicos, por un par de instantes es lo suficientemente convincente y omnipotente, siendo que sigue sufrir.

A pesar de lo cual, que la vida es sufrimiento narrado por alguien, existe esa necesidad de sobrevivencia y autopreservación, ir a las bases misma del conflicto que originó la enfermedad de ese paciente, por lo menos, percibe con agudeza, que la fuerza vital que lo alimenta es su adicción. 

Las personas no cambian





    Ellos quieren estar asumiendo lo que son, seres repentinamente comediantes que están siempre queriendo, o sea, imponen un frenesí de decisiones controversiales, al ciclo confuso que representa nuestra vida gregaria, a partir de eso se intenta criticar y cuestionar la totalidad vivencial de alguna persona que se pasea, en consonancia también con la tragedia que implica eso, creemos saberlo.

    No solo los pacientes viven sumidos en sus propios horizontes cósmicos, la alegría de ser dignos de lo que sufren, lo digo por si lo hubieran olvidado, no es competencia admitida para House, acepta la diversión instituida por la biología de la vida, que habla bastante poco pero es un adicto observador, sino también encontrar esos horizontes de sentido que seduzcan, no hay nada personal entre un capitulo y otro capítulo que cumple su misión narrativa.

    Aspectos humanos, ir todos los días a desayunar con la vía láctea que algunos de sus pacientes asumían con total desinterés, que desembocan en un circulo de impresiones rupturistas, la experiencia desgarradora de la muerte como instrumento de narración ignorada, las personas siguen no cambiando, solo sabiendo quiénes somos, la aceptación mediada de aquél fenómeno de la vida humana será un el horizonte de sentido, que durante instantes él evita verbalizar. 

sábado, 28 de julio de 2012

Las personas no cambian


    Al parecer, la vida personal que posee House, alterna la locuaz asociación manipuladora entre mentiras hegemónicas que surgen de algunos bípedos y la sensibilidad inconclusa de cualquier respuesta solicitada y los grados de fragilidad psicológica tras la solución del caso clínico.

    Cualquier sea el impedimento para solucionar un caso clínico, supone que el aprendizaje significativo encarnado en el equipo multidisciplinario que pertenece a House no hizo lo suficiente, así de simple. No hay excusa alguna que valga para él.

    Sus significados médicos quedan en entredicho debido a la precaria capacidad de análisis y finita tendencia a valorar las conversaciones de esos pacientes, desde luego, también incluye al jefe, en ocasiones, incurre en equívocos médicos que lo convierten en imponderables que contrae la sociedad actual, condicionan los imponderables que embargan a un hospital docente-universitario, viven en medio de una sociedad, muy gregaria y deliberadamente cosmopolita.

    Enfrentados y perdidos, como la mayoría de los humanos,  azotados por el influjo poderoso de estar siempre queriendo, en cualquier estilo de vida compartido con los demás otros, con el agregado incidental que nada es para siempre, habrá que decir esto, que damos palos de ciegos, con el glamour aparente de la razón hecha ilustración repentina.

    Repentinos cambios humanos para quedar igualmente satisfechos, ahora mismo, con la complicidad del tiempo cronológico, escaso  e indigente, pero diagnosticando a una persona en medio del espacio público de ese tiempo, la vida anónima de alguien fomenta otros diálogos dispersos entre ellos. 

Las personas no cambian





    Un bastón puede intimidar a las personas. Desde la actuación del observador, uno que lo pidió a gritos,  jamás usaba su delantal blanco, le parecía poco estético y menos barato, asumía sin rodeos, con el transcurrir de los años, surgió el milagro de la acepción médica, desde su mundo perdido y perplejo, pensar como un riesgo sin retorno hacia nuestro nativo aburrimiento. El aburrimiento es algo pintoresco y ensimismado que no requiere receta médica.

    A medida que las observaciones que House perpetra, lo que refleja el lenguaje  corporal de sus pacientes cuando vuelan hacia el lugar de los sueños sin verdades mutiladas, de súbito el contrato social brinda con una vaso con café de grano, la historia individual de los heroísmos anónimos que tributan esas enfermedades al ciclo sin fin de la vida, está hablando la biología de la vida.

    Nadie consuela a la biología de la vida, salvo sus propios silencios elocuentes, puesto que, la vida íntima de nuestra ficción asume su condición de posibilidad humano, vivencial, usando su bastón y adicto al anonimato del sufrimiento humano, tal vez.

    En una de esas, sus pacientes estarán habilitados para cumplir la mayoría de edad, a saber, en términos inmunológicos y conductuales, al parecer así lo ha podido comprobar Occidente, una idea humana como esta, que tiene sus detractores, pero seguirán viviendo en las letanías acomodaticias respecto al que dirán, sobre todo, cuando uno de los suyos se enferme.

    Es imposible señalar la vasta capacidad que tiene el Dr. House para crear, inventar, construir y valorar al paciente como sujeto enfermo, cuando piensa en términos integrales, se configura un entramado de impresiones fuertes junto a empresas de significado compartido, y su vida personal, en ésta situación concreta, se torna menos miserable.

Las personas no cambian





Capítulos con sabor a diagnósticos atípicos, faltan palabras para describir lo aparecido, solo debemos resignarnos al letal aburrimiento de los instantes hospitalarios, de pronto, opciones ciertas para comprender cualquier indicio de enfermedad, las conversaciones en off enriquecen el debate conceptual acerca de un paciente desahuciado, por lo tanto, será responsabilidad del sano entendimiento humano lograr la misión.

    Esta misión, a lo mejor, carece de sucesos humanos que se definan por su exactitud ética, pero hay un evidente riesgo por dejar huellas. Que sea una voz desgarradora pero a su vez encarnada en espacios sagrados de psiquismo inconcluso, el país de las lagrimas, a House le sucedió eso.

    Con ello la misión evangelizadora de la tradición médica y cerebral, hace meses que tenia ansiedad por manifestarlo de esta manera, aunque es un poco confuso, preservar con cierta dosis de humor al sistema inmunológico, salió al pasear por los lugares comunes de esa historia personal, es decir, presentar un caso clínico.

    Presentando casos, alguien lo hace, con tal que se descubra el ciclo sin fin que trae consigo la enfermedad del paciente, inspira la esperanza desatada a favor de salvar vidas humanas, si bien es cierto que es original el invento trazado por la vida, la muerte, conmueve a todo aquello que significa vivir en sociedad, se muere en el intento.

    Tiene su glamour observar el circulo virtuoso de causas y efectos, más de cien capítulos que constatan la sinergia de lo desconocido, palabras y acciones, que atañen a las enfermedades de los pacientes, son individuos singularizados ante el juez inquisidor, en este entonces, se llama cambio.

    Cuando las personas no cambian, el frenesí cotidiano de la miseria humana, solloza y ríe, de tanto avasallar con evidente pulcritud, siendo dioses pequeños, no captando la cercanía de nuestra agonía. Una agonía que ensalza el valor del riesgo abisal y visceral, solo basta una palabra para decirlo. En ocasiones, el bastón se convertía en esa palabra.

Las personas no cambian





    Entre ficciones se entienden, entre humanos conviven, y luego alguien estará atento para narrarlo, es la necesidad de comunicarnos para salir del anonimato, de esta manera, habrá que pensar diferente, con ciudadanos que lo agradecerá. 

    En sus diálogos desde dentro de lo agradecido, nuestras calamidades anónimas, a saber, buscar solucionar el acertijo, una tensa calma que afecta tanto al educador como a los educandos, no hay fabulas estridentes que puedan explicar el fenómeno médico de un diagnóstico diferencial transformado en narrativa visceral por alguien que observa.

     Así, tal vez esperando que ocurra, la sensatez brutal del ciclo sin fin debido a que la vida humana piensa diferente, eso espero, a partir de lo que proponen, cualquier instante transcurrido, puede que acontezca en algún pasillo clínico repleto de personas caminando sin un horizonte de posibilidad de la misma manera observando la decadencia asumida por esas escaleras que escuchan ecos de una especie cuestionada, pero siguen muriendo personas.

    Mueren personas, y lo cambia todo, cuyo reflejo de realidad es la limpieza ideológica del ciclo sin fin, en cuyo caso, algunos días que se desarrollan con suma precisión cínica, respeta los tiempos biológicos de los afectados.

    La prestancia narrativa de los días aparecidos, según el guion creado, en virtud de lo asumido, diagnosticas para conectarte con los arcanos de la subjetividad humana, aparece una trama de relaciones interpersonales condiciona el estado de cosas existente, respecto al ocurrir intimo que atormenta a ciertas personas, nada sabe para quien trabaja.   

Las personas no cambian






La gracia intimidante del bastón, comparte realidades humanas en permanente singularidad conductual, que todavía sigue esa aventura de conseguir su gran legado, considerando el horizonte de posibilidad entregado por House. Desde una de sus manos, la seriedad médica cambia a una trama de relaciones interpersonales.

    Por ningún motivo tomarse en serio, una grandiosa sugerencia en el ámbito humano de las relaciones interpersonales, encadenadas al desamparo que provoca el tiempo cronológico y la sutileza ilusoria de un remedio que se recomendó, eso sí, independiente que existe o no un olor a clínica docente o universitaria, esa es la cuestión, cuando se trata de poner en cuestión esas verdades oficiales.

    Las verdades oficiales molestan a la ficción House, lo diré así durante algunos segundos, que busca encarecidamente encontrar el punto de equilibrio entre lo señalado por su bastón y la sucesión interminable de proezas anónimas insinuadas por esos diagnósticos diferenciales, de todas maneras, no hubo nada personal que insinuar.

    Nada personal, solo tonterías valiosas ofrecidas al finito enfermo. No había que moralizar deliberadamente respecto al cambio permanente de los enfermos, estar siempre queriendo, una escuela normalista de 3 palabras.

    Ahora bien, con las mencionadas palabras, la biología de la vida que flota y persuade entre nuestros cuerpos, por si no lo saben, ésta, actúa con total inmunidad diplomática, aquí mismo, la diplomacia esboza su comentario matutino, las personas no cambian.

jueves, 26 de julio de 2012

Las personas no cambian








Porque el ciclo sin fin afecta a grandes y a chicos, y todavía estando sumidos en la soledad, la experiencia personal del doctor, consume la mayor parte de los minutos dentro de cada una de las ficciones creadas.

    Nuestras ficciones creadoras mitigan el cruel proceder que debe realizar el reloj biológico. Su sentido del deber es atribuirse las razones conocidas por todas las personas que no cambian, en esto mismo, la genética humana es una poderosa fuente de enigmas inesperados, nadie puede modificar lo creado por la biología de la vida.

    Un especial juego familiar, buscar el sentido a esta obra creadora, a veces, tiende a funcionar dependiendo del estado de ánimo del autor: hay ocasiones en que uno temer revelar aspectos íntimos vinculados al ciclo sin fin, más aún, si cada diagnóstico médico contiene infinitas perspectivas confrontando a un ilustre enemigo, a pesar de todo, nada es para siempre.

    Esta familiar apuesta al riesgo, caos y algo de autorrealización planetaria, puesto que, buscando el gran legado de lo que somos, en este caso, mirar más allá de lo enseñado en la sal de clases, y con ello, resolver el acertijo.

    Si supiéramos cuantos acertijos exigen en la faz de la tierra, a fin de cuentas, lo que no sabes puedes ignorarlo con el honor desatado de la observación con suma adicción. Ser adictos a la observación es mitigar el duro peso de los días, pocas veces, la educación formal ha podido entregar heroísmo anónimo.

    Tiende a ser un valor de verdad que le resulta exitoso al joven House. Y asume la pasajera alegría de jamás tomarse demasiado en serio, pero sabe que las razones desconocidas son intensamente tentadoras y excitantes, en términos médicos y también respecto a las calles en las cuales pasea con su bastón.  

Las personas no cambian






    Desde las palabras que diagnostican surgieron descripciones de un estado de cosas que enseña, indaga y valora el diagnostico médico, en principio, pues también sugiere otros asuntos humanos con influencias planetarias a rasgos que permiten divertirnos con estas ficciones. 

    Distintos rasgos dibujan el ocurrir personal de House a partir de innumerables detalles, que configuran y construyen una manera de ver las cuestiones humanas, por ahora, diremos que no hay nada que se puede etiquetar como tal. Para vivir se necesita de sucesos médicos y extra médicos, luego sufrir es el portavoz d ecierta exclamación conmovedora. 

    Teniendo un cumulo de sucesos apoteósicos sin mencionar, todavía el lenguaje no está capacitado para describirlo, en cambio, si solo buscando una forma de ser, genuina y corrosivamente analítica, lo único que nos queda es construir una breve oración ¡las personas no cambian!

    Es posible que no podamos cambiar el mundo humano, salvo que estuvieras lo inexorablemente loco como para asumirlo y convertirlo en praxis médica, pero, si en otro sentido, argumentar con suma delicadeza, es decir, a partir de una exclamación, aporta al debate de los juicios prejuiciosos y discriminatorios que promueve House.

    La promoción biológica del fenómeno de la vida construye escenarios empíricos, estéticos y discursivos de glamorosa cepa intercultural. Lo intercultural que nace entre House y sus pacientes con olor a lirio.

    El lirio degusta de buen momento vivido, sea tragedia o sea felicidad, con tal de haber encontrado su gran legado, entregar una educación pública de calidad diferenciada al ciclo sin fin. Ante todo, House no victimiza ni sugiere comprensión en on.  

Las personas no cambian





las huellas de nacimiento de infancias cuestionadas y subestimadas, una admirable capacidad de mirar más allá del aula magna que proyectaban sus colegas, asimilar integralmente los aspectos enigmáticos de sus acompañantes, sexualidad unida a la verdad hegemónica de la selección natural, cierta prevalencia genética acerca del habito de las personas, el poco respeto a los consentimientos informados, las palabras y acciones que se intimidan a diario en cualquier diagnóstico diferenciado, su precaria armonía con su bastón, el silencio elocuente e inquisidor de su bastón, secretos ritualizados con el bastón, la lógica implacable de emborracharse con énfasis, búsquedas programadas al bar, sensuales hechos narrativos tras la solución del acertijo, edades geológicas para cada uno de los médicos tratantes, hechos traumáticos de los pacientes, que las personas no cambian, los diálogos pluricelulares de House y Wilson, la esperanza aceptada por las personas cuando mienten, lugares comunes para hallar un remedio, valiosas tonterías hechas por alguien respecto a un historial clínico, muchos cafés de grano degustados y servidos, esas enfermedades degenerativas que justifican un subtítulo que te haga llorar, risas forzadas ante la fuerza oracular de la mentira, unas cuantas donnas que significan algo, la realidad médica con sus especificidades sufrientes, el sufrimiento convertido en un bastón que no quería ser mayor, el universo semántico de las personas que no cambian, el potencial creativo de una pizarra de acrílico en la oficina de la ficción House, un plumón que quiere conversar con alguien, las enseñanzas clínicas, el significado del agnosticismo en clave misantrópica, perfumes de mujer que marcaron al protagonista, alucinaciones adecuadas al estado de ánimo del narrador, adicciones personales que singularizan una nueva forma de gobernar, agradable muisca de fondo para ampliar con mayor vigor las carencias afectivas de cierto acertijo, esa amistad que trasciende los 7 pecados capitales de lo cual hacen una narración extraordinaria, sollozos de fina selección al término de un ritual olvidado, los vagabundeos personales por las calles de la ciudad, unos cuantos diagnósticos diferenciales-heterodoxos y una ficción que quería estar habilitada y a su vez indagar los orígenes de su atípica inocencia salvaje mientras estaba almorzando.  
                                                  

Las personas no cambian



Una palabra que diagnóstica, otra sinapsis que perpetra milagros inesperados, esas edades que sugieren grandeza, una inagotable capacidad creadora para sacar a pasear a los instintos de sus pacientes, muchos mienten sin glamour, graduales sucesos de estupidez con énfasis, distintas horas clínicas para diversas vidas paralelas, alguien siempre los mira, su desgarrador letargo existencial con la mirada puesta en el lenguaje corporal de sus pacientes, sollozos y quebrantos de una misma especie, engaños previstos por algunos pacientes, excusas sin motivos algunos, la edad de los disensos médicos, sufrir es vivir pero con un bastón, el inicio de algo nuevo, los sinsentidos anónimos de usar un delantal blanco para aparentar rigor ético, la barba asimétrica y cuántica de House durante las primeras temporadas, sus zapatillas Nike que hacían su trabajo sin estridencias mediáticas, su torpeza emocional sumado a la lucidez cínica de alguien que le aterra conectarse con otro alguien, decepciones humanas que le permitían legitimarse ante los demás para así trabajar menos en horas clínicas, aquellos inventos ideológicos para eludir y evitar conversar con el paciente, cierto nihilismo místico junto a sus consecuencias médicas, el nacimiento y la muerte como el comienzo de lo diagnosticado, apariciones del significado de un diagnóstico diferenciado, alguien profesa sentido del humor, cierto humor absurdo que asombra e intimida a sus pacientes, la existencia concreta de un hospital clínico alrededor de una ciudad cosmopolita, las calles de esa ciudad, las luces y sombras de 3 jóvenes médicos, usan delantales según los rituales de Occidente, la dinámica planetaria de las relaciones interpersonales, innumerables hombres y mujeres se complementan para ser más miserables, la biología de la vida convertida en acertijos humanos, un acertijo llamado en 3 palabras, la crítica contra los padres por ser ellos, decesos simbólicos de las verdades oficiales de matriz familiar, ciertos cinismos conductuales que amenizan el historial clínico del paciente, besos sedientos que pronuncian sus silencios acallados, la rareza humana encarnada en unos pocos personajes para millones de detalles vivenciales, ojos aclarados por la luz de la observación adictiva, ironiza mientras están almorzando, cierto temor reverencial al lugar que le corresponde al contrato social, empezando a manifestar modelos a seguir, paradigmas estéticos en busca del tiempo médico que se perdió siendo serviles al contrato social, cuerpos femeninos en concordia con las miradas solemnes que ellas mismas sugieren al estar desnudas, delicados y simétricos traseros sumado a esculturales pechos que caminan con total glamour anónimo, los juegos de seducción impuestos por House a cualquier mujer que no sea tonta solemne ni obsecuente a los rituales de alguien, soluciones pasajeras en cuanto a las relaciones interpersonales burlándose ante todo de Wilson, historias anónimas que asombran a nuestro protagonista, hechos eróticos sutilmente manifestados a través de una inquisidora mirada que acontece, 

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Soledades a las cuales estamos acostumbrados, entre el espacio público del siempre estar queriendo y el claroscuro de impresiones fuertes otorgadas por el tiempo cronológico a través de algún diferencial médico, si esto es así, las personas asumen su condición de posibilidad, y con ello, sabrán a qué atenerse al incurrir en diversas y distintas mentiras.

    Las mentiras permiten diseñar y elaborar antecedentes humanos. Antecedentes humanos que interesan al anónimo lector. Si el todo el mundo humano miente, entonces surge la paradoja del mentiroso. Que espero algún día describir con mayor rigurosidad invernal.

    Solo radica en la fuerza incontrarrestable de los argumentos, o en off o en on, que las personas no cambian, en sus distintas, diferentes y diversos estilos y escenarios discursivos, cuando el cambio permanece fluyendo, la mención a la palabra mentira es el modelo a seguir para acudir a la ordinariez de lo extraordinario.

    Únicos son los lugares clínicos y no tan clínicos, al gusto del ciudadano y del consumidor, respecto a los cuales las mentiras son convertidas en institución política de lo desconocido. La dimensión desconocida de la mentira se sabrá cuando alguien toque a la realidad y haga sonrojar al universo. 

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Sin énfasis humanos, no pasaría mucho aquí en el mundo. Se concibe el mundo como una incesante búsqueda de algo aunque estemos solos. De otra manera, emerge una búsqueda insaciable de los momentos. De ellos no podemos eludir la fugaz maravilla de lo indecible, el comienzo de algo nuevo que simultáneamente desaparece para ser mayor, de una enfermedad aparecida a una enfermedad latente, esto, seduce y enamora a House.

    Son esos momentos ensalzados por House, del cielo estrellado que avizoran algunos días con ciertas temperaturas relativas en cuanto a lo que viven sus pacientes a la constante existencial del cambio como lo permanente e inmutable sin derecho a réplica por la boca de las personas, sobre la cual se logra concebir algo que llego a su fin.

    El ser humano puede ser objeto de las más concluyentes aberraciones conductuales y a la vez aceptado como la obra creadora y creativa por excelencia, de vez en cuando, la estructura de la personalidad, cada uno de nosotros es destinador, un legado histórico generado por diversas tácticas de sobrevivencia gregaria, produce sus propios demonios internos: estar siempre queriendo.

    Unos diagnósticos médicos que son tristeza y felicidad al mismo tiempo, a fin de cuentas, el drama inconmensurable de estar siempre queriendo suscita potenciales creativos y evolutivos de asombrosa cepa, la nueva cepa de gobernar a partir de diagnósticos médicos.

    Son extraños peinados expectantes estos diagnósticos médicos enunciados y anunciados por House, intuye que habiendo nada personal, las personas podrán no cambiar pero tendrán una individualidad singular relativamente miserable, eso sí, trae costos laborales y emociones advenedizas pensar en voz alta, decirlo sin rodeos es buscarse el crepuscular sonido de una desgarradora soledad existencial.



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Menos miserable y bendita ignorancia, no así estupidez con énfasis. Nos enseña la educación formal, que resulta ser una adicta vanguardia de lo conservado, cuyas expresiones más evidentes y no por eso menos nocivas, las dimensiones de lo procedimental, evaluativo y administrativo.

    Además, para ser consecuentes con lo tramado por la educación formal, la escuela de medicina, un lugar común para algunos de sus protagonistas, se caracteriza por mantener el statu quo, en lo que concierne, a lo dispuesto por una larga tradición de experiencias de ensayo y error, vastas disquisiciones reflexivas de pie de página con finitas consideraciones cínicas, para la cual el problema del cambio no es trivial, para nuestra ficción televisiva. 

    Las ficciones amenizan instantes humanos, muchos de los cuales no asumen su condición de sorpresas perpetuas, o por qué las personas no entienden como funciona su realidad enfermiza o tal vez nadie quiere constatar su verdad, así, el problema del cambio seduce a House. Puede promover situaciones límites, muchas personas enfermas lo agradecen, siendo meros segundos trascurridos.

    La cantidad de segundos envejecidos que afectan a los días más el diagnostico analítico-heterodoxo del personaje señalado no hace sino también aportar a las intratables singularidades humanas, siendo que nacemos para morir, el mejor invento de esta ficción es asumir los riesgos que sean necesarios.

    Hay una obra creadora en ciernes, sin duda, bajo la influencia ideológica del alto umbral de dolor al que juegan las personas, en este sentido, se hace alusión al juego como el espacio sagrado mediante el cual las enfermedades responden sin preguntar, por eso mismo, la educación formal es cómplice de las instituciones humanas que fomentan la estupidez universal.

    La estupidez con énfasis, claro está, como un proceso de renovación y reconfiguración ideológica, modifica el sentido y significado de la vida humana vista como algo ilusorio, un tema que atormenta y conmueve a House, debido al enigmático proceder que recorren las singularidades biomédicas, vale decir, que las personas no cambian, sumado al exponencial progreso del cinismo de fina selección, no entienden cómo penetrar la ignorancia sin énfasis.

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Bueno, en este caso, con House transcurre su pesar sufriente siendo un artífice de milagros esperados, según el narcisismo intelectual que profesa, trastoca el sinfín de rarezas conductuales e hipócritas hipocresías que surgen a partir de sus pacientes.

    No hay olvido más glamoroso que sentenciar a muerte a un paciente sin la propuesta planetaria de que pueda inventar esperanzas o generar sueños de libertad, cuando en ocasiones, la realidad del ciclo sin fin nos golpea intensamente en las regiones sinuosas de nuestro historial narrativo, pero a House le molesta y le produce un despreciativo silencio.

    Del silencio sugerente a encomiables secreciones existenciales subsidiadas por el fenómeno de la vida que necesita amar ilógicamente. No obstante, hemos constatado que aquello sucede en cualquiera de sus pacientes.

    A medida que un paciente sigue muriendo conforme a las leyes laberínticas y confusas de la biología de la vida, la disposición de ánimo y el carácter alucinatorio de sus prejuicios, se canalizan por medio de encuentros cercanos con miradas, gestos y estilos de vida, que House pondrán al servicio del problema en cuestión, un reto al destino para él.

    No sabemos quiénes somos, tal vez, estamos respondiendo la pregunta equivocada, quien sabe, cualquiera de las propuestas de respuesta tendrán que pasar por un filtro. Por lo menos, este filtro respecto al caso médico, será la explosión de razón inductiva y lógica implacable, con sumo sigilo por parte de House, con la cual, la vida personal del paciente en cuestión aparecerá como menos miserable. 

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Todos ellos conviven con los espasmos ideológicos de los pacientes. Cambian a los pacientes por personas, durante unos segundos, y captan. Y captan la afirmación sugerida por él. También viven la ilusión persistente de instantes exultantes obsequiados por los remedios porque así es la vida de los muros de la moral oficial. Pretenden construir una mirada integral de la miseria humana a través de diálogos entre héroes anónimos o increpar a su jefe haciendo uso del riesgo y la temeridad respecto a lo diagnostican. 

    Esperanzas cercenadas y miradas cuestionadas por la vida misma.  Con esto, a diario los protagonistas de la condición humana, es decir, mucha biología de la vida con confesiones inadecuadas de los diagnósticos diferenciales, la respuesta llega, por tanto, acceden al encuentro cotidiano con el acertijo.

    Lo logran en base al esfuerzo, burdas convicciones sobre ética laboral, cuantiosas desviaciones conductuales, un lúcido cinismo relativo a la condición humana, al sensual admiración al trabajo psíquico que olvidan los pacientes, transgresión de conflictos éticos y una mirada muy amplia del cinismo humano.

    Superado el acertijo aparecen esas 3 palabras ¡vivir es sufrir!; según la visión cortoplacista del universo, sin embargo, tiene otras revoluciones digitales por considerar, estamos describiendo, acá mismo, las primeras impresiones de un desarrollo evolutivo de las relaciones interpersonales, desde el prisma de la medicina gregaria, pero, recuerden amigos míos, nada es para siempre.

    Encantos desatados por ese gran amigo espontaneo, el universo, que observa sin piedad, las motivaciones y móviles creados por los humanos, cómo dije, creados, porque vivir en sociedad es una constelación poética de disensos vivenciales, solo buscando nuestro gran legado, y sin esperar recompensa alguna, podrás esperar los milagros.

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A medida que buscamos hemos olvidado, a que nos referimos con hacer lo correcto, sobretodo, en el mundo humano de las confusiones reveladas, alguien comentó que suele ser muy común en la educación formal, a House, esto mismo, le parecía una soberana trivialidad, luego fue caminar cojeando junto a su bastón.

    Alguien hace lo correcto pero en silencio, sin tramas históricas, de por medio, solo acompaña a su modelo a seguir, aunque intuye que la vida humana es tan frágil como un segundo y bastante predecible en su impredecibilidad cuando quiere.

    El bastón tiene un fuerte sentido misional, en la vida ética del Dr. House, puesto que le permite a ser cómplice en sus arrebatos viscerales así como en sus genialidades generacionales, que se constata a través de lo que genera, una experiencia sufriente.

    La experiencia sufriente que intriga a cualquier persona que lo observe o lo contemple en acción, la vida como constante sufrimiento, en este caso, las calamidades de la existencia humana se transformen en una revolución silenciosa, aparecen y desaparecen, tal como lo desempeñan los prejuicios durante un día feriado, por eso, un diagnóstico médico, para él, es tejer momentos cargados de imponente capacidad creadora.

    Con este joven miserable la vida cronológica de los pacientes se diluye en ilusorias expresiones epidérmicas anunciadas por la intriga histórica que representa su historial médico, y a su vez, la frágil existencia valórica de los llantos y quebrantos conmovedores, la biología de la vida golpea en el día menos pensado, ahora nos queda definir de estrategia y de educación pública hay por medio de la mirada inquisidora de sus acompañantes médicos.