sábado, 28 de enero de 2012

Historia de una calle


Cuanto mejor sería protagonizar espectáculos humanos a partir de la cotidianeidad de lo desconocido, a saber, confiar en el sabor que dejan las palabras durante un segundo transcurrido, con sus singulares individualidades cósmicas, y comer unos tomates con cebolla fina para recordar la importancia de una dieta saludable.


Historia de una calle


Solo asumían sus apariencias para decir obvias consideraciones veraniegas, de todas maneras, los hechos humanos desarrollados a partir de cuanta comida señalada, mujeres y hombres generaban desquiciantes conflictos históricos cuando negociaban en una feria libre, o carros con motor o carros con textura de modista, seguían sus juiciosos trayectos de aprendizaje.

Historia de una calle


Ayuda, antes que lo olvide, dichos espectáculos seculares recordando lo frágil que somos al solicitar nuevamente té.





sábado, 14 de enero de 2012

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



 
La biología de la vida conduce por otros caminos que no son los propuestos por el año nuevo, creo que tampoco por este mes, sin embargo fluyen inexorablemente como deliberación narrativa las calamidades de la existencia humana, en un año donde no habrá cambio de mando.

A medida que pasan esos días, el diluvio de las confusiones humanas. Las que resultan, que duda cabe, muy contingentes, estamos perdidos en la civilización del espectáculo, estos humanos para hacerse creer que tienen control respecto a sus vidas, si es que las manejan dudo que haya que esperar a ese día, ya pasó el año nuevo.

Se acabó un día. Para luego invadir otras dimensiones del ocurrir humano. Ahora, si de algo ayuda, no hubo días feriados durantes este mes. Exceptuando al protagonista principal.

Invadiendo aspectos humanos sin mayor importancia, porque agonizamos constantemente a través del ciclo sin fin que observa con adictiva fruición, espero que exista alguien que lo diga. A la vida misma le resulta indistinta la creencia de la libertad de expresión.  

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



 

Alguien debe acudir a enfrentarse a lo establecido por el azar, una de las estaciones de año aparece con total radicalidad, transgrede aquello de lo cual conforta a la vida, sus silencios elocuentes al llegar aquel día, nuevo año para este planeta tierra. .

Hemos llegado al mes de Enero. Y nadie le avisó al fenómeno de la vida, como si fuera necesario hacerlo, lo cual, le pareció muy agradable. De lo agradable a la sacralización de lo impuesto por Occidente.

Con ello, muchas respuestas sin preguntas, es una insensatez atribuirse absolutas verdades sobre las palabras que han creado los humanos, más aun, cuando se trata de buscar algo enigmático tras preguntar, se sigue preguntado después de celebrar el supuesto año nuevo.

Comienza una nueva forma de gobernar, nuevos prejuicios para vivir sin la emoción de enamorarse de respuestas sin preguntas, de manera tal, que este Enero con su actualidad histórica y atmosférica argumenta a favor de la educación publica, un siniestro juego de percepciones fuertes, a la razón le conviene eso.

Ahora bien, durante ese mes la vida continua, digo obviedades y tonterías, pero las tonterías son necesarias en este mundo, sin ellas no pasaría mucho acá abajo, por eso, en ocasiones, seguir un impulso ciego basta para acompañar al ciclo sin fin de la vida, permite tener mayor glamour sobre los móviles más oscuros de la conducta humana.

A veces, se necesita un símbolo de paz entre los hombres, asumir como un pesimismo esperanzador, que las calamidades de nuestra vida, tanto las enfermedades como la vejez y la muerte, describen ese tenue recorrido que buscamos comprender durante perpetuas sorpresas. Sigue siéndolo, aunque parezca irrisorio, estar narrando en Enero.

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.





Alguien, eso espero, alguien nos ayudara. Sea o no este mes de Enero. Buscar nuevas formas de extrañeza existencial, dudar con ahínco ante otro año más, luego habrá consecuencias. Suelen ser humanas, eso deseo.

Deseos siderales abundan en nuestros deseos viajeros, las personas siguen inmóviles ante el paso acogedor del cambio, ni tanto, y ante el ambiente humano desatado de aquellos que lucran con énfasis, en algunas ciudades del país del No se permite al cambio instancias místicas, fuegos artificiales más los 7 pecados capitales. Compartir con los demás es una pequeña oración a favor de la puesta en marcha del ciclo sin fin. 

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Discursos momentáneos y deberes entregados a la educación formal, que ya ven ustedes lo que ha hecho, más allá de la semántica oficial ofrecida por la realidad impuesta y los mitos fundacionales de los grupúsculos intramundanos, ha habido demasiada aula magna y escasa propensión al caos, sabiendo que hay que negociar implacablemente con la realidad,

Durante la vida otoñal del mes de Enero, siempre y cuando, pensemos que el cambio es lo único que permanece, racionalizamos lo que somos en exceso, ignorando la vasta experiencia que tiene el ciclo sin fin. Somos parte de un ritual olvidado y comediantes antojadizos inmersos en años nuevos.

Mencionar a esos amigos atípicos, es decir, a días que sobrevaloran su capacidad de ocasionar situaciones límites, a fin de cuentas, son humanas, pero aun así, poco ortodoxo agotarlo en eso. Es un contingente viaje sin retorno hacia los abismos ancestrales del hoy, intentar cantar la canción nacional tras un minuto transcurrido del nuevo año, millones de hablantes ciudadanos lo hacen, por eso mismo, intentemos buscar la perplejidad de lo asumido por el ciclo sin fin de la vida.

Como un enigmático propósito hacia vivir en función de lo que nos toca. Además, vivir conscientes, acá, implica darse cuenta de la insuperable expresión de superioridad ética del fenómeno de la vida. Lo logran con total sensatez.

Volviendo a lo nuestro, apreciar el paisaje interno de los días que fluyen a través de Enero, cuando muchos de los cuales que gozaron ese primer día, dejaron sus mascaras en el pasado, y la vida continua. No hay nada que podamos hacer.

Pero resulta indispensable observar las fisonomías inconclusas de las personas, a diario con sus adictivas agendas de frustraciones personales, puede que, algún viaje urbano ayude a soportar nuestro viaje sin retorno, tal vez, uno de los tantos vagones del Metro mientras viaja en él, coloreé nuestra experiencia sobre el ciclo sin fin, este Enero es el instrumento de orientación callejera. Nos ayudará.  

jueves, 12 de enero de 2012

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.





La única duda que tenia al respecto es si ha subido la tarifa del Transantiago. Cada minuto que transcurría, después cada palabra hecha divinidad cuestionada, cambiaba de fisonomía urbana de la ciudad, nadie quería aceptarlo, se adoptaba un tono oracular mientras irrumpía la vida y muerte, la ciudad se comportaba como intensa irrealidad con eso que llamamos como lo moralmente neutro.

Días que enseñan, en cambio, otros, no tanto. Un serio problema existe con la semántica de las palabras, más aun, cuando se vincula con la sensibilidad de los humanos. En esto, los días canalizan el entramado de convenciones sociales que perpetran las personas para aparentar estabilidad psíquica y cinismo lucido.

Fueron días predicadores de prejuicios instaurados, por cualquier situación humana se enjuicia a los demás, existe mucho miedo y escaso glamour para hacerlo tolerable, tanto por sus consideraciones sexuales como palabras repentinas, el solo hecho de ser humano basta para darse cuenta.

Darse cuenta de lo bestial que somos al intercambiar realidades anónimas con otros, convertidos en conscientes virus buscadores de codiciosas verdades generacionales, es absurdo creer que viviendo en determinados regímenes políticos será distinto, lo entendió rápidamente el ciclo sin fin de la vida.

Al ciclo sin fin le cansas las tonterías poco glamorosas que asignan los habitantes de esa ciudad, por ahora, aludo a ellos, esa es la cuestión, atribuir verdades otoñales a esos viajes interiores a las calles de Enero. Servirán para jamás tomarnos demasiado en serio, nueva ética descriptiva que regalara el ciclo sin fin. 

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.




Una mirada intimidante debe tener algún habitante de Chile, me imagino, producto de lo establecido, no solo por el azar, sino que también por los rituales sacrificiales que todo año nuevo entraña: subjetividad etílica cuestionada, recuerdos de juventud y miedos primitivos a la incertidumbre que depara el inacabado presente.

Cuando observaba, a pocos pasos del reloj familiar ubicado en el living-comedor, el fenómeno de la vida intima, palabras inexistentes para explicar lo que divisé, en un lugar lejano, pero acogedor estaban muchas de las copas que durante años anteriores se ocuparon para celebrar eso, donde mi hogar se convierto en la subjetividad mutilada, resulta ser la esencia intima de todas las cosas del mundo, impone su divinidad cadenciosa, cuando estamos perdidos. Perdidos en algún lugar del ciclo vital.

Una melodía sin nombres propios, a la dimensión desconocida de Enero, poco a poco, ha ido encontrando su ritmo veraniego, nada es para siempre. Ni siquiera el gobierno, sea dictadura o democracia pluricelular, tiene la facultad creativa para contener el caótico enamoramiento del cambio con las cosas sencillas que ofrece la vida.

Un día en mi vida, es un día en lo insondable del querer estival del presente, hace días que acabó el primer día de Enero, seriamos menos miserables si hiciéramos de las cosas sencillas lo indispensable, sin embargo evidentemente acalladas por expresiones psíquicas que envuelven a ese compañero de viaje sin el cual jamás habría caos, el libre albedrio.  

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Un lugar concreto, cualquier hogar del Chile, o en off o en on, les podrán ofrecer un suave cantar de lo que generan, nostalgias mutiladas junto a consumismos extraños, para observar referentes discursivos atormentados, no era necesario conmemorar ese año con una botella de champagne.  

También supone algo importante llamarse Enero, un desarrollo evolutivo del fenómeno de la vida humana, denominarse como si fuera a terminarse el paréntesis que ofrece la vida, al mismo tiempo, dentro de cada hogar de aquel país hubo historias personales que jamás lograron convencerse del carácter dinámico del sufrimiento, a esas horas suele no hacer frio, algunas zapatillas no saben del ciclo sin fin.

Palabras más y palabras menos, un amigo bastante cercano cuyo apodo clásico es lenguaje, se le ocurrió actuar, una idea muy supersticiosa que tocó las hebras culturales de nuestro país. Según lo averiguado, hubo personas que hablaron ante la totalidad ínfima que se presento ante sus familiares, muchos de los cuales, querían olvidar y cuantificarlo todo a través de los afectos.

Ahora bien, llamarse Enero provoca una legítima excusa para acoger en su seno materno a múltiples tendencias socializantes, jugar a cosas extrañas, celebrar un día que se va, de este modo también, las personas se emborrachan mediante sus demonios internos que ocultan sus confusas verdades así como celebran alegres llenos de sumisión ante otro año que se va, eso dicen.  

Es un continuo de alocuciones valoricas, existe la sensación de que todo está permitido, no hay moral que valga, lo cual, posee un imponente espacio público para el mito, la leyenda y el prejuicio, en el living-comedor o en los patios estatales de algún hospital psiquiátrico, nadie se hará cargo de lo hablado, solo Enero y el ciclo sin fin de la vida comprenden aquellos prejuicios.

 Simples opiniones humanas, las hubo a cualquier segundo, al que quisieras solicitar, crean ahora un mundo evanescente de intencionalidades simbólicas, el sorbo a sorbo de la copa que confronta a la vida misma, sin alcohol no hay manera de tolerar la estupidez con énfasis de celebrar un año más, pero aun hemos recibido con regocijo de celebrar algo.

Ahora, la vida misma de este mes de Enero, adicionado al proceso libertario de las personas que nacen y mueren, y las muertes simbólicas de las cuales se nutren los rituales de Occidente, no hacen sino constatar el costo valórico de vivir en sociedad.

Es coherente empresa de significado compartido, incluso, estando en este mes, con esa democracia tutelar de consensos atmosféricos bajo la tierna mirada de un año más que se va. 


El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Del amanecer consensuado que impone el universo, todavía puede hacerlo, hasta el anochecer expectante de cualquier día que nos entregara este mes, diversos acontecimientos para historias humanas inconclusas, exceptuado al planeta tierra. De la misma manera, unos animales extraños, son habitantes de ese experimento llamado Chile, construyen los senderos diplomáticos de un cambio de época, me parece exagerado. Pero habrá que aceptar lo que quieren dejar.
                             

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos






Inmerso están, los seres humanos, por ahora, aludiremos a esos habitantes de pesares halagüeños, desde el Chile profundo hasta el Chile Kuchen, en una comunidad lingüística de impresiones fuertes, con juergas que legitiman las mentiras sobre lo que somos, no basta con un brindis para ver llover durante el año nuevo.

Además, será cierto, que la vida orgánica del ciclo sin fin, genera y provoca milagros inesperados, las desigualdades sociales se transforman por algunas horas en breves comentarios de cierta modernidad desubicada, hacen de la experiencia profunda de ese país,  una epifanía de la vida misma. Van acorde al ritmo de la vida.

La maravilla imperecedera de los instantes etílicos y lúdicos deliberadamente interpretados por el fenómeno de la vida, no diré ahora mismo a través de quien lo hace, muchas vidas humanas nacen y mueren, y, a su vez, recorren historias anónimas con mensajes sentenciosos por parte del universo. Por lo menos, ahora estamos habitando en la democracia hecha lucidez cínica, tan solo con 3 letras, interesante análisis para que pueda trabajar nuestro nuevo año.

Sin razón para quejarse, sin lógica para culpar otros. Ocurrirá. Es así como debemos pagar el hecho humano de haber nacido sin ser preguntados previamente por esa perpetua sorpresa.

No hay vuelta atrás respecto a eso. Nadie es culpable a medida que el año nuevo se acerca, solo los caminos intrincados de la vida adquieren un estado de observación adictiva, todos lucran y nadie pide a la educación pública, porque este año nuevo jamás permitió que la escuela interfiriera en su educación, captan la enfermedad degenerativa de los humanos que se ve refleja por medio de la vejez.

Así entienden su contenido inmanente, no olvidarse que la vejez es una especie de calamidad excéntrica, aparece sin hacer uso de la civilización del espectáculo, ser el más cuerdo en esto es ser el más delirante, jamás volverán pero llegan su misión última, buscar lo asombroso al cambiar un año. Dicen lo que hacen.

La paciencia admirable de los buenos muchachos pertenecientes al mes de Enero, miles de millones de abrazos humanos, ayudan a cualquier cosa que este encadenada a su querer, despues. Decisiones. Muchas decisiones cambian el destino de las personas. Un gracias a la vida no viene nada mal, seguiremos haciéndolo, por ahora, sigue despertando Enero. 


El ciclo sin fin




El ciclo sin fin impone sus singulares formas de socialización viviente, a pesar que ya han pasado esos años de toques de queda, alguien debe decir eso, ofrecer a ciertos seres una oportunidad, los humanos atomizados, diluidos, atemorizados, siempre estando encadenados al querer anónimo de un cambio de año, ignoran las reformas humanas que se llevaron a cabo por el ciclo sin fin. Es curioso lo que sucede ahí.  

El lenguaje que refleja al ciclo sin fin estuvo y estará, dependiendo de las interpretaciones que esgriman los humanos, un mes de Enero listo para ser sesgado, eso si, desde expresión antropológica de la cual formamos parte, el mundo.

Este mundo humano, dentro del mes de Enero, condimenta una serie infinita de sucesos melancólicos, viscerales, planetarios, gregarios, subterráneos, vivenciales, republicanos, educativos, miserables, espeluznantes, creativos, narrativos, residuales, emocionales, misionales, vivenciales pero personales, republicanos, alucinantes, políticos, fantásticos, delirante ante el transcurrir del calendario adosado a la pared, cuestionables respecto a la moral establecida, democráticos y de juegos lingüísticos con la juerga de ese primer día de aquel mes.  

Este mes de Enero jugando al juego de las interpretaciones personales, esa misma situación humana, padecen todos los otros meses con ese nombre propio, no es trivial una observación como ésta.


lunes, 9 de enero de 2012

El ciclo sin fin

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Es un modo de vérselas con sucesos cotidianos y juicios dispersos cuando exista una nueva forma de gobernar,la narrativa de las calles de Santiago,el ciclo sin fin de la vida debe ser el imperativo categórico por excelencia,ya de por sí,existía en aquel mes que imprimió  sagradas enfermedades,amar la vida antes de la razón.

Intensamente emerge un lenguaje simbólico en los viajes subterráneos hacia esa ciudad, reconozco que la uso como excusa, ante todo, la locura comediante del ciclo sin fin vuelve desquiciante mi ocurrir vital.

Muchas miradas que acontecen después de idas y vueltas, y eso que recién estamos a Enero, se dificulta debido a la tendencia contenida entre los humanos cuando viven en el abismo, espiritualidad y racionalidad combaten, sin embargo, inventar situaciones cómicas sobre el sinsentido de pensar al ciclo sin fin, sublime es imaginarlo.

Eventos estivales durante este mes de baja intensidad erótica vinculados con la escasa tendencia al ritual de jamás mirarse sin piedad a los ojos. Se elude la crítica corrosiva que entraña el fenómeno de la vida hacia los humanos, enigmáticos bípedos con especiales cadenas pluricelulares, todavía sigo siendo optimista.

Un descontento optimista, nadie cede a esos encantos efímeros, hablamos de las celebraciones convenidas por los hablantes ciudadanos de aquél país, no hay nada que decir al respecto, un aprendizaje repentino de intereses compartidos, siendo este mes de Enero una especie de terapia ocupacional.

Cada día de dicho mes era un peregrinaje trivial a la asfixiante subjetividad humana, no había otra, funcionó mientras estuvimos vivos, de vez en cuando las palabras matan, no lo olviden, seguían nutriéndose los minutos de aquellos días, que se diluyeron en fragancias humanas, bañarse como moralmente neutro.

La única duda que tenia al respecto es si ha subido la tarifa del Transantiago. Cada minuto que transcurría, después cada palabra hecha divinidad cuestionada, cambiaba de fisonomía urbana de la ciudad, nadie quería aceptarlo, se adoptaba un tono oracular mientras irrumpía la vida y muerte, la ciudad se comportaba como intensa irrealidad con eso que llamamos como lo moralmente neutro