sábado, 31 de diciembre de 2011

Romantico viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



No hablar más allá de la cuenta. Ante esta situación, las breves comentarios que somos, la vida humana, dentro de la realidad futbolística de aquel día, ese mes de Diciembre y su mundo circundante, un entramado de juegos del lenguaje que grandes y chicos pudieron convivir, gracias romántico viajero.

Mucha sencillez y asunción picunche había que descubrir. Cada día tenía su ramificación ideológica, sobretodo cuando la “U” iba ganando sin mayores contratiempos ideológicos, para este mes de Diciembre comprendía saberse espectador de algo fabuloso y profundo, la “U” seguía perpetrando innovadoras realidades informáticas así como generando azares veraniegos.

Era una superstición muy difundida para este mes de Diciembre era darse cuenta de los conflictos valóricos y de las majaderías semánticas que asumía la gente. De esta manera,  este día asumió su papel ideológico con sus valoraciones placenteras y narraciones subterráneas esgrimidas por los miles de hinchas azules congregados en el Estadio Nacional.

Vivíamos para envejecer, ésta, ayudó a comprender nuestro ritual simbólico, los hinchas azules asumían su fugacidad estival como acto subversivo contra lo predecible, gritar con dolor y amor, son palabras oscuras, pero sirve para dar referencia a lo que intento explicar, jugar una final como si fuera algo inacabado y jamás tomarse demasiado en serio, la vida sabe.

Estando en las postrimerías del segundo tiempo, la vida sabe, la “U” juega como un bizarro relator de historias tutelares usando el delirio semántico del lenguaje ordinario por parte de los hinchas azules que usaba constantemente, fue durante estos segundos transcurridos y casi terminando, incontables muestras de tensión post Febrero 27, durante estos minutos de divertimentos cuestionados, humanizaron cada uno de los goles convertidos, Vargas y Lorenzeti fueron sencillos jugadores.

 A través del dialogo critico, intuido y fabulador  con las audacias técnicas de estos jugadores azules, interpretes y comentaristas, dependiendo del tiempo jugado, penetrar lo indubitablemente desconocido de la condición humana, la realidad futbolística durante una final sudamericana.

Una respuesta de evidencias impertinentes, a veces. Esa impertinencia de usar el lenguaje como instrumento de orientación ideológica tras cada gol convertido por el gol.

Las formas singulares del lenguaje ordinario, durante la vida cotidiana de los 90 minutos que se hacia carne como irracionalidad creciente, en el ahora en este mes de Diciembre, perturbó intensamente la manera de ser del lenguaje simbólico como instancia de confrontación vivencial.

Romántico Viajero

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


 Es el ciclo sin fin, no hay más que hacer. Por lo que hemos de darnos cuenta, que hegemonizar necesidades emocionales adictivas, será nuestro gran legado. Sin fin, y el universo apreciará el carácter dinámico de su propio mutismo, después solo hay qye esperar que la “U” concurra a su lugar en este experimento llamado vida.

Todos quieren asumir la belleza incontrarrestable del psiquismo humano respecto al discurso prevaleciente, la “U” ganará su primer título internacional, qué duda cabe, esto es, también el ciclo sin fin, sin dudas prescritas ni obviedades planetarias, ambos momentos en mi vida intima, ene se entonces, pude encontrar la tensa calma, que todo lo ganado por la “U” pertenece al ciclo de la vida y a su vez nada es para siempre.

Esa percepción de irrealidad democrática aconteció durante la totalidad veraniega de la final sudamericana, miraba ese reloj que ofrecía el canal Fox Premium, su propósito fundamental era delimitar y describir un estado de cosas sobre el acontecer soberano de un balón en perpetuo movimiento.

Movimientos humanos a través de una pavorosa mirada al reloj, sin embargo no había catástrofe alguna que no pudiera solucionarse, puesto que, 3 de nuestros jugadores hicieron de la mirada al reloj un arcoíris de sinfonías indecibles, logramos creer que se podía cumplir, a lo menos, intentábamos controlar nuestro libre albedrio a partir de cosas sencillas, seguir la ideología del corazón profesaba por “los de Abajo”.

Romántico Viajero

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.

Verlos felices llenos de dolor, su autoafirmación contra todos los pronósticos veraniegos, haber ganado por la vía de lanzamientos penales.

Lo siniestro radicaba en estar buscándose sin piedad por medio de los últimos intentos que recorrieron dentro de la cancha futbol todos los jugadores del romántico viajero. A lo cual, asistimos al encuentro del último eslabón que proponía LDU, lanzar centros largos al área grande del equipo contrario, una incuestionable estética contra el futbol. Nadie se atrevió a decirlo a eso rostros ecuatorianos difícilmente dispuestos a ser resiliente.

Dignos exponentes del lenguaje humano, la barra de “los de Abajo” ante la caótica del tiempo cronológico. Gritaron con total hidalguía democrática esos 3 goles a favor de la “U” al mismo tiempo mitigaban sus nativos aburrimientos, no lo captaban. Solo embelesados y temerarios en Diciembre 14. Ignoraban si la vida misma tenía sentido, pero obsesionados estaban ante el amor inconmensurable que destinaban al romántico viajero.

Aludo a la tensa calma de estos hombres, los organismos pluricelulares hechos de material cósmico, “los de Abajo” tejían constelaciones valoricas bajo la excusa de estar al borde de confrontarse con el destino, una enfermedad sagrada comprendió vivir es fenómeno,  lloraban porque íbamos ganando, querían controlarlo todo, aspiraban a que pronto terminara el juego.

Hacia el futuro de los consensos contraculturales, emborracharse para ser felices, por lo menos, por algunos momentos. Así, pues, nuestra moral seria “algo estúpido” en términos educativos. De todas maneras, estar felices en Diciembre 14, impuso algo de mordacidad a la condición humana, en lo tocante a las palabras y sus propias significaciones, existe un permanente desarraigado.

Te das cuenta, respecto a lo anterior, cuando escuchas, respiras el sabor indeciso del triunfo deportivo, la prensa escrita, los espacios radiales FM, las plataformas virtuales de éticas descriptivas, jóvenes universitarios y adultos diversos con sus propuesta educativas respecto a los baños existentes en el Estadio Nacional y los momentos caricaturescos de las especies humanas cuando celebran un gol, congregan al ciclo de la vida sin fin.

Romántico viajero

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Gestos ciudadanos molestos ante cada foul realizado por jugador ecuatoriano, miradas frustradas de los hinchas azules que evocaban al abismo de sus infancias aparecidas, vicios pendencieros de jóvenes con escasa ductilidad para vigorizar sus gargantas epidérmicas, erotismos culpables tras un prologo visual de dorsos desnudos, evoluciones silenciosas de los ancianos hinchas azules ubicados tanto en las graderías como en las tribunas kuchen, bellas mujeres a punto de entrar al mundo de las ovulaciones icónicas, relatadores en off haciéndose al andar narrativo, mudas experiencias de los niños juntos a sus madres y padres buscando no endeudarse tanto, muchos hijos de la necesidad, cuestionables demonios de la ciudad de Santiago a medida que se hacia uso excesivo de los dispositivos tecnológicos por parte de los hinchas, decesos conceptuales a partir de lo que decían los comentaristas a través de la televisión satelital, los crímenes compartidos de los 90 minutos restantes que le quedaban a la “U” para saber eso, esos polémicos discursos de narraciones extraordinarias que entregaban los vendedores ambulantes y el ciclo sin fin de las vanguardias acuciantes nacidas bajo el alero de “los de Abajo”. Hubo un gran legado.  

Había una  necesidad  por  conocer  entender el universo navideño e irreal de las personas al estar confabulando con las audacias callejeras del romántico viajero, desde el aspecto lúdico de cómo estaban vestidos los fanáticos azules tras 6 horas de espera para ingresar al Estadio Nacional hasta la audacia de confrontar a nuestro nativo aburrimiento con el estado de desvarío psicológico de los hablantes azules, continuo el ciclo sin fin.

Continuaba el ciclo sin fin, se veía inmerso en la comunidad lingüística de los lugares sagrados de las tiempos cronológicos que entraban en vigor para esta final de Copa Sudamericana, eran 2 tiempos que se distinguían por sus silencios elocuentes, en la cual el arbitro era síntesis histórica, ojala pueda entender a los demás actores de esta absurda comedia, alguien tendrá que partir. 

Romántico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



La experiencia individual de los hinchas azules mientras sigue la vida azarosa de la final de la Copa Sudamericana este mes de Diciembre, compromete a todos aquellos que quieren encadenarse al querer. 

Ese querer humano vinculado a la genialidad estratégica del equipo dirigido por Jorge Sampaoli, sin lugar a dudas, abrió una inmensidad de ruedas mágicas, un aparecer radical de una noche veraniega.

Había una necesidad enfermiza por describir los sucesos cotidianos de ese día que llegaba a ser Diciembre, si bien es cierto que fue un Miércoles en la cual se generaron creacionismos humanos, aparecían rápidamente como una traición contra los triunfos morales de la “U”, su ego estalló, ese día de Diciembre, a veces alguien más.

Un mundo subterráneo de percepciones intuitivas, a cualquier hora, en ese partido de futbol jugado en un continente de sencillos rebuscados, enriqueciendo el carácter dinámico de nuestros demonios internos, le llovía sobremojado al equipo de LDU. Se vieron invadidos en el terreno de las representaciones simbólicas de los pasajeros, una constante conmoción emocional al cruzar la línea imaginaria, solo ese día lo supo.

Obviamente este mes de Diciembre, con su sequito de complicidades veraniegas, que acompañaba a la sórdida búsqueda de los hinchas del romántico viajero, que a través de cada una de sus pasajeras celebraciones, los goles hechos por la “U”, una experiencia culmine de vasta conciencia ciudadana, olvidarte de los rituales de Occidente y a su vez crear milagros inesperados, evitar el sentido originario del silencio, estar mirando majaderamente el reloj, la muerte llegara con profana adultez.

Muchos miedos latentes que se alternaban con procesos de aprendizaje inacabados entre los adultos, jóvenes y ancianos que profesaban el decidido caos a favor de la “U”, reían y lloraban, muchos estaban perplejos ante lo que observaban. Solo esperaban que el tiempo dejara de parecerse al dogma del o el no

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Las cuestiones  fácticas y sus posibilidades que denotó, en cambio, estar viviendo este mes de Diciembre 14 desde otra perspectiva espacio-temporal, ahora, enamorarse de la realidad post Febrero 27, este aparecer radical de minimalismo ético, celebrar el trofeo de la Copa Sudamericana cuando el arbitro diga ¡nada!.

Lo supuestamente racional de observar durante el partido de la “U” contra LDU infinitos saberes futbolísticos, que anidan entre tanto rostro despersonalizado que Occidente nos lego, que impone este experimento llamado vida. La cobardía de no confesar lo que siente, lo somos, pero durante este día no fue tan evidente. Alegrías humanas en constante azul profundo, instantes fugaces sobre los cuales nos susurró el universo.

 La soberanía popular, las 45 mil personas sentadas en nuestro Estadio Nacional, en este caso, suscitó un cumulo de instancias civilizadoras, muchos calambres en el alma y espontaneas evacuaciones silenciosas encarnadas en una que otra ventosidad, todo contexto de acción cultural fue llamado a hacer su trabajo, dejar evidencia histórica, por lo menos, muchos hinchas se enteraban que la vida futbolística era una encerrona.

 Hay, que duda cabe, una apasionante verdad mutilada que aparece en los bares santos de Diciembre 14, el mejor antídoto de la vida ha sido la muerte, estamos muriendo pero corrompidos por el triunfo veraniego de la “U”. Sin embargo, siguen pasando los segundos pertenecientes al segundo tiempo.

Para Diciembre, a medida que las situaciones humanas evolucionan hacia un desmadre valórico, no cuestionarse jamás la estética facial de los jugadores de la “U”, servirá para querer más, es la espiritualidad maravillosa de saber que nada es para siempre.

Este romántico viajero ama esos paraísos soñados mediante las cuales sus hinchas, tan solo por una cuestión de actitud, a propósito se pago bastante por las entradas, pero esos seres querían dedicarse al caos, lo lograron durante 90 minutos, quedaron perplejos ante la muestra importante de jugar con caos, gónadas, humor y actitud. Hasta el universo siguió expandiéndose. 

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Cada personalidad humana, con sus distintos estratos de aprendizaje significativo, en principio, mirando en relieve, iniciaban un ritual olvidado: no ser torpes emocionalmente durante el transcurrir futbolístico que enfrentaba a la “U” contra LDU. 

Esta final se empezó a jugar a las 21 hrs de Diciembre 14. Es una hora discutible, progresista, intuitivamente pulsional, higiénicamente adecuada y poca dada a las utopías colectivas.

Existía escasa disponibilidad emocional para interpretar los decesos conceptuales de dicho horario. Susurros veraniegos, un mes de Diciembre a prueba de todo, alguien, creo que lo dijo, en términos espacio-temporales.

Quería saber el significado de su  vida, había que intentarlo todo. A lo menos, existía una glamorosa excusa al respecto. Para buscarme en aquel día veraniego por medio de la vida futbolística del romántico viajero. Una tragedia humana cuando uno mira con piedad esos días letárgicos del romántico viajero, conformarse simplemente con pasar una ronda en torneos internacionales.

Sin perjuicio de lo anterior, la historia del significado de la vida carece de verdades oficiales, su paraíso identitario es jamás tomarse demasiado en serio, por lo tanto, existió un intimidante espacio de clamor publico, gritar con infinita inocencia el más allá del gol de la “U”, la maravilla épica del ocurrir sufriente de innumerables hinchas del Chile Profundo.

Un día viajando por un tal Diciembre 14, y poniendo al mismo mes como observador de nuestras adicciones personales. 

Romántico viajero

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Por  ello, siempre será interesante hablar acerca de la locura veraniega que aconteció durante Diciembre 14, el hambre de gol que ofreció la “U” como la propuesta universal de erótica pasión narrativa, atacar ante todo con el orden caótico de un cancha de pasto natural.  

La cantidad inconmensurable de canchas de pasto natural que encontraron su gran legado mediante el juego vertiginoso de la “U” para acoger las interesantes entrevistas con cada uno de los equipos sudamericanos con los cuales le toco competir, entendió el romántico viajero que había que ser hambriento y loco. Sus consecuencias están a la vista.

A la vista de pasiones sin adjetivos clásicos para construir realidades sensuales a través de los hinchas azules hipócritamente bien alimentados por sus propias inocencias salvajes, ante esto, provoca un quebranto enternecedor de los versos tristes de cada mes pasado, en Noviembre solo la “U” estaba en semifinales. Es poco estético recordarlo. 

Romántico Viajero

después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Era una relación genial estar viviendo estos momentos veraniegos, en esta ocasión, recordaba Diciembre 14, inacabada creación planetaria la bella asunción instaurada del Estadio Nacional como la dimensión desconocida de un verano recién convertido en capullo, este mes lo sabe.

Un mes que ha sabido acrisolar ante el enamoramiento desatado de una realidad humana en perpetuo movimiento, una manera anónima de expresarlo, historias humanas narradas casualmente por ese lugar impregnado de infancias planetarias, nuestro Estadio Nacional aquel día mencionado. Los hinchas azules estaban enamorados, hambrientos y alocados.

Entrega ese placer desquiciante de juventud rebosante y de frustraciones pactadas con los muros de la moral oficial. Un jugar ético, la “U” y LDU, dibujaban sencillas formas de convertir a la vida misma en indispensables estallidos de conmoción ciudadana.

 Esa conmovedora mundanidad ciudadana del celebrarse aquel épico triunfo del romántico viajero emancipó tesoros valóricos no estandarizados, grandes y chicos convivían en llantos sin más que ser protagonistas de algo maravilloso, la ordinariez de lo extraordinario que la “U” les entregó.

Muchos ciudadanos descreídos, reprimidos, temerosos, alegres, vigorosos, reprimidos, creativos y todo atributo que nuestro lenguaje no pueda describir. Así, música deportiva relatada por los locutores asumía su valor de verdad, ser hambrientos seres de situaciones limites con algo de autorrealización picunche.

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Por su revolucionaria riqueza etárea con sus discursos de natalidad gestual, aun cuando suscita una importancia relativa el estar soportándose, nacimiento y muerte entrelazaban un pacto de no agresión, miradas azules que explicaban una razón de ser, en su suma esencia, la U” a través de los hinchas evocaba un sinfónico experimento de inocencias interrumpidas.

Periféricamente, un proyecto de modernización humanista, cuando el tablero electrónico representa el estado de cosas que acontece en el Estadio Nacional, un 3 a 0, a favor de alguien que convirtió el “vivir es sufrir” en un entramado de exigencias éticas.

Pasaban los minutos como si fuera algo eterno, ignorábamos esa expresión simbólica de tiempos atávicos, dialéctica de la explicación inconclusa, los hinchas azules a cargo de cada uno de los asientos del Estadio Nacional, miles de miles de conciencias individuales se seducen inexorablemente al captar que nada es para siempre, y llegamos a otra dimensión humana.

Por esto mismo, el largo tramo del partido de futbol consumía nuestras misteriosas energías, seguíamos observando a través del mes de Diciembre, de cuando en cuando, comprendíamos que todos íbamos a desaparecer. Todos van a desaparecer, incluso la final de la Copa Sudamericana, sensación de rareza humana, en ocasiones, el futbol te impone una dulce condena. A veces, tal vez, una que otra emoción humana, los hinchas azules buscaban sin piedad sus desapariciones.

Al parecer contemplar desde la vereda del mes de Diciembre 14 frente a aquel espacio sagrado de enamoramientos indecibles, vivir sumidos en el futbol, vivir a diario la tensa calma que implicaba entender el destino perdido de una final de futbol sudamericano, solo fluía como un genuino abismo pensante, seguir atacando con delirante precisión ofensiva  a pesar de estar ganando por 3 goles de diferencia.

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Siguen ocurriendo cosas, durante estos minutos, entre la “U” y la LDU, un mes de Diciembre, dedicado al caos, a la profana inmediatez de lo escarnecido por la analítica del tiempo, nada es para siempre estimados compañeros del Chile Profundo.
                                                  
 Saludos escuetos al mes de Diciembre, Chile Profundo y a sus hojas de otoño que fallecieron ampulosamente  a medida que la “U” hacia de las suyas familiares, por ahora, el marcador electrónico decía 3 a 0  a favor del equipo azul. Además, la vida recipiente de los habitantes de ese Estadio Nacional, apuntó a algo, era el país de los abortos sublimes y al de los idiotismos endogámicos. 

Se impone esas eróticas narraciones, las decía con el fragor de una ducha veraniega realizada, un indesmentible opinar humano tras la llegada de las alegrías colectivas, una mirada integral durante la previa diurna de un verano post Febrero 27, y, a su vez, esculpido por el indecible cronometro usado por el arbitro.

Todo sucede dentro de pocos minutos de juergas gestuales pero de miradas fraudulentas, entre 2 equipos que llegaron a la final de la Copa Sudamericana, existía cansancio tras épicos instantes de clamor popular, aparecía nuestra vana condición humana, no es menos cierto, que surgía la ilimitada información procesada desde la realidad del mundo exterior, el silencio del Estadio Nacional para ser adicto a esa realidad.

Este observar cargado del peso intangible del tiempo sanguinario, solo el arbitro sabia cómo terminar con este ritual asumido, cuya apariencia de realidad, su vestimenta junto a sus atuendos mesocráticos,  lo hace inmune a los alaridos pluricelulares esgrimidos por los hinchas del romántico viajero, incluso, así, aquellos hinchas destacaban por algo.

Romántico Viajero

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Penetró con total adultez asumida el sonido silencioso de una sintonía FM, permitía mitigar el duro peso del día en cuestión, gestos dispersos y miradas perdidas en dirección a los rostros de los jugadores, en cuyo caso, las horas generaban una cierta inclinación a mantenerse como meros observadores. Observando la cruel sensibilidad de algo que seria fugaz.

Ese día jugar por la “U” experimentaba la inmanencia mística de ser dignos de su propio sufrimiento. El enigma de los enigmas para la modernidad.

La modernidad aparentemente se comportaba tal como le habían enseñado, pensamos para existir en nuestra fluyente realidad.

Durante esta realidad la “U”, durante esos 90 minutos aprendió a negociar con esa realidad, persuadirla de que muchas veces los humanos mueren agobiados producto de sus pesares, ahora mismo, no era así, contrariamente a lo mencionado por su historia, emergió un espectacular deseo de jamás tomarse demasiado en serio, por eso mismo, el romántico viajero iba ganando 3 a 0 a LDU.

Indudablemente ese marcador nos recordaba nuestra frágil condición histórica, solo importaba la presencia corrosiva del presente que decía que la “U” aprendió su lección de vida, o eso quiso creer.

Ayudaba a este fenómeno deportivo los escasos minutos por jugar, con pases atildados y coordinados por parte de los jugadores azules, alegorías de milagros inesperados, cuando llegaban al arco contrario 6 jugadores azules.

Ayudo este día a su aleccionador viaje por los rincones veraniegos del Estadio Nacional, cada uno de las butacas permitía  entrever su degradación de estar envejeciendo y las ansias de narrar inventivas humanas, celebrar un titulo internacional junto a ese día, habría que ver su siniestra bondad, más de algún niño durmió.

Romántico Viajero

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 A medida que ganaba la “U”, ese equipo de futbol que delimitaba con sus rarezas futbolísticas, a su alrededor, esto es, desde la fisonomía mesocrática del Estadio Nacional, percibí algo, claro está, con la ayuda de mi amigo Diciembre 14, somos raros espectadores de optimismos irónicos.


Aquel optimismo estuvo dudando a través de la nostálgica trama que los segundos occidentales, se alimentaron de la final de la Copa Sudamericana, desde la mirada del desconocido, miles de miles de fanáticos azules, de todas maneras, nada es para siempre.

Decidido a entender porque nada es para siempre. Su duración, en la vida de los jugadores del romántico viajero, contenía una fuerza interpretativa en la cual su lenguaje en on carecía de verdades oficiales. Esas supuestas verdades que Eduardo Vargas aportó rápidamente, fue nuestro abismos pensante. Mis segundos fugaces junto a la “U”. Ese 14 de Diciembre siguió envejeciendo.

Un deslumbramiento al amar la vida sin certidumbres pasajeras, solo había algo que hacer, comprender la excusa perfecta que fabrico ese día, apareció la secreta elocuencia de un día veraniego, se escribió una historia plagada de inocencias interrumpidas, esperar el término del partido de futbol.

Observar un partido del futbol. Insinuaba alegóricas manifestaciones de intuición humana mediante el uso de tecnologías de la información, de alguna manera había que tolerar tanta realidad que acudía a ese recinto deportivo, existió un predominio de radios FM.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Romántico Viajero

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Este televisor aparecía como un fiel espectador de impresiones fuertes. Atrofia visual a la creencia popular de que lo que ves es lo que existe. Mucha visceralidad, ingenuidad, ignorancia inducida y divertimentos pasajeros ofrecía ese televisor. Unas cuantas pulgadas pueden cambiar la mirada sobre el mundo humano y su visión inacabada sobre el futbol.

Manifestaba algo de justo equilibrio con la disposición emocional que trascendía a partir del que mira. Miramos para cambiar nuestra subdesarrollada conciencia.

Este objeto tecnológico suscitó imposiciones históricas. Su complejo cultural era del siglo anterior. Nos encadenaba a su ideología. Su legado ideológico se convertía en un infinito veraniego, no había palabra alguna que pudiera verbalizarlo, a lo más, teníamos el uso del lenguaje.

Tanto el lenguaje que usamos como el televisor juegan a jugar dentro de este experimento llamado vida. Además, la sacralización de lo visto era evidente para nosotros.

Nosotros somos el pueblo, eso creo. Algunos sacralizan esa palabra. A mi, nada personal, solo absurdos glamorosos. Lo glamoroso de verlo a través del televisor LCD.

Jamás dejaron de existir sus lugares sagrados, el control de remoto sumado a la mirada obsecuente del televidente, y, la “U” que ganaba 3 a 0. Su rival de turno era LDU.

Y nadie sabia como encontrar una respuesta precisa al momento exultante que coincidió con Diciembre 14, aterrado estaba, eso si, porque a pesar de todo la vida seguía siendo una encerrona.  

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Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



El mes de Diciembre del 2011 siguió la vida histórica de los jugadores azules, entre experimentaciones libertarias impuestas por la defensa de la “U” pasando por una atildad experiencia táctica del mediocampo cuyo énfasis contemporáneo fue tratar a la ofensiva azul como la revolución sin adjetivos, que instauraron su nombre en la psiquis ciudadana del hincha azul.

Este mes que duda sobre las certezas absolutas de que siempre acontezca esta trama deportiva durante un periodo de militancia estival, ahora la “U” consigue sus propósitos anónimos. Dulcificó al presente humano haciendo de las suyas familiares, interpreta al soberano Chile Profundo, infinitas valiosas tonterías por regalar, se vivían intensamente como si se fuera a acabar todo.

Incluso a medida que se acercaba el término del segundo tiempo, solo era cuestión de hacer jugar al balón por medio de toques cortos y precisos, la dimensión callejera de la “U” a través de las redes sociales apuntó a masificar la libertaria expresión de ofensiva icónica que demostró el Estadio Nacional.  

Para él era una alegría descarnada que miles de hinchas hablaran a través de la incertidumbre. La incertidumbre deportiva transcurrida no solo demostró que la “U” resulto ser mejor equipo que LDU sino que aportó enseñanzas deportivas infrecuentes, dedicarse al caos generacional de insistir en totalizarlo todo alterándolo con la prudencia de jamás tomarse demasiado en serio.

A medida que la “U” jugaba las demostraciones de poder popular con sus correspondientes verificaciones empíricas, esto es, buscar en el juego asociado y ofensivo una forma de ser, poner en cuestión las patéticas opciones de vida entregadas por Diciembre 14, alguien tenía que ceder. 

Romantico Viajero

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Un fenómeno de la vida, observar con fruición la final de la Copa Sudamericana, tendiente a describir, escudriñar y pintar su realidad junto a millones de heroísmos anónimos encarnados a través de un cigarro y el uso pragmático del celular.  

Día tras día, en este caso, segundos que desaparecían a menudo. Sus formas humanas inconclusas evolucionan hacia resultados sorprendentes, para adecuarnos a la vida futbolística que envolvió a Diciembre.

Una final de futbol sudamericano tendiente a las ramificaciones subversivas de sus preguntas sin respuesta ¿qué es la “U” a medida que sufre? ¿Es el romántico viajero algo genuinamente delirante que pinta la realidad de su sufrimiento humano? ¿Sabemos vivir durante Diciembre 14?

Quedan jugadores que deberíamos mencionar. Pero muchos de esos anónimos jugadores han escritos sus hojas de otoño, escuchan su voz interior. Su gran virtud residió en la  habitualidad de jamás dárselas de expertos en futbol. 

Romántico viajero

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No había vuelta atrás en la aventura deportiva que desempeñaba la “U”. Solo quedaba escuchar el pitazo final del árbitro, mientras tanto los hinchas azules aspiraban a dejar huellas, dibujaban lecciones de vida, envejecían nuestros segundos. Algo hemos aprendido sobre el ciclo de la vida.

A partir de los segundos vividos, miles de miles de hinchas azules compartían la naturaleza salvaje del ciclo de la vida, fluir como si jamás se tomara en serio, se alternaba la vida y muerte en esos minutos de finitas alegrías, aun así, continuaban existiendo los segundos.

Volvamos a lo nuestro. Seguía especulando sobre la apuesta revolucionaria de la “U” ante la realidad estival que evolucionaba, en ese entonces, durante Diciembre 14 encarnado claramente en esta final de la Copa Sudamericana.  

Creaba para descubrir algo en la “U”, estaba en eso, cuando de repente la hora decía que algo llegaba a su fin, buscaba eso, la renovación del instante preciso esa alegría que trofeo alguno podía describirlo, estábamos al borde del abismo.

Un abismo entre la “U” y esos aciagos momentos que marcaron su vida futbolística, a fin de cuentas, estábamos a punto de celebrar ese 3-0 sobre LDU. 

Un fugaz lugar sagrado aparecía en mi mundo circundante, creatividad e incertidumbre emergía, en cada una de las miradas que dirigía hacia el televisor LCD full HD.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Romantico Viajero

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http://www.youtube.com/watch?v=39DNaNAMKAU





Después del gol convertido por Eduardo Vargas, nadie quiso evocar al pasado. Lo había hecho nuevamente, solo queríamos ser sufrientes llenos de pasión por ese instante. Se logró. En esto, hay una necesidad compulsiva por perpetrar instancias de ensalzamiento veraniego, puesto que, de esto modo, se puedo adecuar al estado de ánimo del mes de Diciembre, era todavía 14, un gesto del universo con cierta complicidad planetaria.   

Era un rotundo 3 a 0 a favor de la “U”. Estallaban los aspectos viscerales del pueblo soberano encarnado en el sempiterno azul de un viajero asumido, se pudo encontrar la impunidad cotidiana de un mes como Diciembre que yacía tranquilamente en cualquier calendario de Occidente.

Más allá de estar viviendo esta huida, volver a encontrarme en aquel mes, esa asunción atmosférica de los vaticinios humanos como el calor anónimo de miradas enigmáticas como encadenadas al inexorable paso del tiempo, y la “U” sigue jugando como si fueran empatando 0 a 0 frente  LDU.

Romantico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos


Lo deliberadamente veraniego era que todo ocurría, ni nosotros pudimos quedar exentos de aquella verdad planetaria, mi Papa y yo, esperando verbalizar lo indecible.

Lo indecible de ser fugaz condena en sí mismo. Eso provoca el futbol. Una ficción narrativa que conmueve al soberano pueblo. Nosotros somos el pueblo, pero nadie sabe para quien trabaja.

Nadie fue capaz de verbalizarlo tras miles de instantes de percepciones ciudadanas, siendo que la “U” lo habría logrado, a pesar del calor vertiginoso que ese día entraño, alguien tenía que decir dichas valiosas tonterías, se intento.

Todavía persistía la extraordinaria ordinariez de este segundo tiempo jugado sin menores problemas menores, ahí mismo la gente estaba delirando, no hacían grandes comentarios, de lo sencillo que implicaba ganar consideraban su grado de sofisticación, el Estadio Nacional parecía una valiosa tontería sumida en el torrente ideológico del universo.

Nuestro Estadio Nacional representaba simbólicamente contra las tradiciones instituidas por el clamor veraniego de los precedentes meses estivales, la aparente mediocridad de la “U”, por fin, cambiaba la dinámica histórica de nuestra biografía personal.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Romántico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.




Para mi, que la vida tiene sus propios juegos del lenguaje en lo relativo al futbol, o creemos creer que existe eso, inexorablemente, hubo que tomar decisiones. Son esas decisiones que influencian al alma humana. Ella no comprende las razones cronológicas del árbitro.

No hubo problema alguno en describir ese esa sagrada enfermedad que era ser parte del romántico viajero. Estar militando en la fugaz expresión de enamoramiento a una pasión indecible. Ponía en cuestión los supuestos fundacionales que definían a un ser enigmático, el futbol. Ese sujeto popular imponía sus lugares comunes y juicios dispersos.

Luego del 2 a 0 de la “U” sobre LDU, la vida humana se congregó en esos miles de miles de hinchas azules enarbolando una camiseta de color azul, ese azul que respiraba por la herida abierta, lograríamos un torneo de corte continental. Por fin.

Todo nacía para morir en cada uno de los pases creados por los jugadores de la Universidad de Chile, la cancha de futbol seria una excusa bien hecha para mantener la incorregible magia del hoy, con Eduardo Vargas jugando a media maquina pero haciendo de las suyas explosivas, nadie podría entender su lenguaje explosivo. 

Romántico viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


No había vuelta atrás, algo había llegado a su fin. Solo quedaba esperar disfrutar la influencia desatada del cambio. Cambios acordados y aparecidos durante ese día de Diciembre 14. Esta situación de hecho, un lugar sagrado para comprender a la “U”, ese equipo del romántico viajero que le tomaba el gusto a la vida, a su manera. Era una apuesta riesgosa hacerlo siendo ignorantes de nuestra subjetividad futbolística. Durante esos momentos de exultante clamor sufriente.

Éramos sufrientes personajes de un drama comedido. Esclavos historiadores de impresiones fuertes a su vez arrendatarios de verdades mutiladas. Aun seguíamos ahí, mirando lo que acontecía, no solo de gol vivían esos miles de hinchas. 

También existía una voz. La voz en off de aquel drama pertenecía a la tribuna del desconocido que tanto legó a nuestra indecible realidad. Con esa realidad, el diluvio generacional.

Muchos de los cuales, esos hinchas con bajos umbrales de sobreestima personal, escasos predicadores de un humor alternativo, hijos de nuestra democracia abortada, vivían amando la vida sin lógica, por eso mismo, ese gol ayudo a ser irresponsables.

Lo que generaba cierta irresponsabilidad cronológica con lo que transcurría, esperábamos que terminara inmediatamente tras el gol convertido por Lorenzeti, pero el tiempo cronológico tiene sus propios demonios internos. Aquellos vibraban con la complicidad sin ambición del árbitro.  




Romántico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Esa hipocresía asumida por los hablantes ciudadanos diseminados por todo el Estadio Nacional, existía esa tensa calma, y, a su vez, la vida misma se jugaba sus cartas cósmicas, en esto, la “U” podía ser mayor, como si estuviéramos preparando para la conmemoración de algo sublime

Lo sublime de gritar un gol es darse cuenta de la demencia colectiva para narrar lo insondable de nuestra efusión de pasión descarnada. Sin embargo, eso habría de finalizar pronto. Tan pronto como un segundo aparece en el Planeta Tierra. De súbito, irrumpe aquello de lo cual desoriento nuestra sencillez republicana.

Así fue, de cuando en cuando mi Papa y yo jugábamos con nuestras uñas siendo mutiladas en dirección hacia al sur, llegó ese segundo gol convertido por Gustavo Lorenzeti tras una vistosa jugada iniciada por Charles Aranguiz que precisamente coloca un pase ofensivo a Eduardo Vargas que remata al arco, y, surgió ese estallido en que la razón occidental queda cesante.

Hubo un silencio desgarrador que duro segundos. Esos mismos segundos configuraron una previa narrativa que derivó en ese épico 2 a 0 que favorecía a la “U”. En cambio, la respuesta emocional de LDU era de total fragilidad visceral y de victimización estética.

Romántico Viajero

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Se apercibía como menos miserable aplicando sus locuras futbolísticas al bien colectivo del equipo del romántico viajero. Fragilizaba incluso los rostros cabizbajos de jugadores que poco jugaban.

Lentamente mis miedos primitivos sobre el resultado final que jugaba la “U” se fueron mitigando producto de la narrativa vertiginosa que impuso el romántico viajero al equipo ecuatoriano de LDU, si bien el marcador seguía expresando “1-0” a favor, la dinámica del juego no reflejo un cambio drástico en el estado de cosas originado desde el inicio del partido.


No hemos olvidado que estuvimos describiendo, como excusa, a Diciembre 14 y a su lugar en el Cosmos, con que la “U” se jugaba la vida ante LDU, en ocasiones, existieron instancias futbolísticas inclasificables sumadas a las tendencias incorregibles de nuestro país a ser hipócritas de su propia hipocresía.

Romántico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Bajaba la temperatura ambiente, tanto en el Estadio Nacional como en mi casa, diversas formas de singularidad atmosférica expresaban sus actuaciones protagónicas, lo más posible para legitimar su razón de ser, la vida nos conversaba algo,  su vida algo le dijo, los caminos de la vida no asumieron dogma alguno, y, con ello, LDU se resignó implícitamente.

Pronto la vida seria un campo sagrado de alocuciones ensimismadas, solo fluía como algo relativo a desdramatizar a los rituales de Occidente, a la “U” solo le importaba destilar milagros inesperados, Eduardo Vargas seria el artífice.

Una interesante entrevista con el fenómeno de la vida reflejo este milagro inesperado por aquel joven jugador con la cual pinto a la realidad humana dispuesta a esa hora, lugar y lugar de origen. Lo único seguro, que alcanzaba a ver la serie Dr. House en una hora más.

Una jugada explosiva, veloz y llena de habilidades blandas que encarno Eduardo Vargas, de un momento a otro, tomo el balón y se dio media vuelta para enfrentar al defensa ecuatoriano, lo eludió, sin embargo, luego, a otros dos, los superó con su explosiva velocidad, y, con ello, quedo frente a frente con el arquero, después con cierta épica callejera convirtió el tercer gol de la “U”.

Así era, un rotundo 3-0 que la “U” finalmente pudo soñar y decir que la Copa Sudamericana se quedaba en Chile. Ese país supo como los sollozos, quebrantos, dudas, alegrías y miedos contenidos interpretaron a una gran parte de la masa hablantes de los hinchas azules.

Los hinchas azules son pálidos reflejos de una verdad arrendada, que el universo seguía expandiéndose, mezcla de erudición e intuición, más allá de los comentarios rotulados de la prensa especializada y más acá de lo creen en la revolución educativa, no había vuelta atrás.





viernes, 23 de diciembre de 2011

Romántico viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Después seria tarde haber entendido a la vida, eso percibí en ese momento. Creí estar divagando, pero no. Pude encontrar un lugar, para mi ego, de jamás tomarme en serio, así, podía mantener la tensa calma de un juego temerario. Lo temerario era vincular al fenómeno de la vida con la final de la Copa Sudamericana que protagonizaba el romántico viajero.

Pero seguí con esa idea de superarme, entender lo que sucedía en esta final, impuse brevemente una razón de ser, busque una libertad que me era desconocida. Me rasque la nariz.

Entenderla ese día con su sencillez siniestra, nada podía impedir el arranque repentino de la misma para disponer de cierta libertad. Por la cual, muchos años y décadas de frustraciones, la “U” no supo de triunfos reales, en cambio, ahora mismo, tras algunos segundos, todo volvía a la realidad concreta que decía ¡2 a 0 vamos ganando!.