miércoles, 30 de noviembre de 2011

Diagnóstico Médico

A partir de la paciencia forzada que imprimen sus ayudantes médicos, unos jóvenes lacayos llenos de estilos de vida estereotipados junto a etiquetas viscerales que amplían el umbral narrativo de sus miserias literarias, la belleza siniestra del cambio como explicación cabal acerca del diagnóstico médico, seguían siendo las personas unos cuantos torrentes ilusorios y enigmáticos inexpertos.

Somos inexpertos, a fin de cuentas, una golosina planetaria que regaló el ciclo sin fin. El diagnóstico médico tiene que ser narrativamente enigmático y eróticamente visual, por de pronto, podría haber diluvio. Un diluvio de sofisticadas hogueras educativas, siempre lo captó House esto.

Captando espectáculos siderales de las enfermedades humanas, atentos a los imprevistos domésticos de su héroe anónimo, sus dogmatismos identitarias respecto a la tradición biomédica de Occidente, seguían aquellos pacientes siendo carne fresca para un prejuicio.

Cualquier día en el departamento de diagnóstico médico entrañó unos cuantos prejuicio, lo cual, no quería decir que sus interpretaciones fueran meras repeticiones de un ritual instituido, solo la lógica inductiva mediante la realización de miradas gestuales de nunca acabar así como la expresión corporal de los pacientes al mentir de manera “pie de página”, influenció la esperanza siniestra de House, que todo tiene un significado.


Tiene un significado erudito, cuando se trata de manejar, no de controlar, las corrientes inmunológicas del cuerpo humano, esa es la cuestión, cuando el silencio humano convive con grandes y chicos, tal vez, habrá que sugerir ser adictos a la observación con tal de buscar el significado en lo que cambia, que alude a las personas. 

Diagnóstico Médico

Ahora, por ejemplo, surge una llamada telefónica. Una llamada telefónica, a veces, resultaba ideal para representar el duro peso de los días que imponían los hilarantes dolores sin nombres propios, dicen que afectan a los humanos, a través de sus ingratos lugares corporales, en este caso, porque cada uno de los diagnósticos médicos parecían frágiles palabras ante el dilema filosófico de la biología de la vida ¿todos mienten?

A partir de una simple pregunta podemos cambiar la visión confusa de una respuesta, pero para nuestro personaje no hay excusa que valga, se debe pensar sin contemplaciones, en otras palabras, pensar diferente. Él, claro está, sugería lo que era diferente.

Para penetrar las dimensiones confusas del lenguaje humano y la decadencia cerebral de aquello de lo cual asume forma de individualismo gregario. Se es diferente cuando vas en busca de tu gran legado, es sin llorar en “on”.

Hacer de la diferencia para amar ilógicamente la vida misma, de repente, hemos sido dioses pequeños, porque no hay confesiones glamorosas que puedan respaldarlas. Desde cualquier punto vista que tenga olor a interpretación humana, una interesante estrategia de sumisión planetaria.


Diagnóstico Médico

Una escuela de pensamientos vividos, de nunca acabar, debido a la extraña tendencia de los humanos de vivir como si dadores de pasatiempos lúdicos hacia una enfermedad sagrada que invade nuestra intimidad visceral, el universo.

Además, sufriendo instaura una interesante entrevista con la subjetividad humana. Y algunos consuelos.

Innumerables consuelos pasajeros, jamás hubo consenso en “off” para escapar de la subjetividad, en constante producción humana, a saber, lo que esperamos que acontezca, eso susurran los que respiran, y no es así como el sufrimiento puede encontrar la frágil armonía que, alguien todavía puede realizarlo, se enteró desde el primer capítulo visto por sus hipócritas consumidores.

Así, pues, para que no se olvide, la vida sigue igual, pero desde el primer capítulo, la pretendida realidad humana en constante agonía urbana, esto mismo, significó un acontecimiento fundador, diagnosticar es existir.

Una apuesta sin sutilezas sociales y a la vez con efusiones sagradas de creatividad imaginativa, sin embargo todavía las personas no cambian.

Intentando comprender las locuras silenciosas del cambio, tiene su lógica implacable, jamás se toma demasiado en serio a medida que los humanos incurren en juicios repentinos, solo existe el fenómeno de la vida como narración ideológica de cierto universo. Y estamos viviendo en alguna ciudad urbana, callejera y prejuiciosa que suele estar habitada por humanos.

De los cambios envueltos en dilemas vocacionales al ciclo sin fin de los diagnósticos diferenciales usados como excusa vivencial, la vida sobre algún hospital universitario recordaba la siniestra calma de las calamidades de la existencia humana, permitió descubrir inesperados sucesos cotidianos.


Diagnóstico Médico

Un habitual engendro gregario, que las personas no actúan como si fueran a lograr sus verdades mutiladas, no hay desde donde apreciar el lucido cinismo de esta manifestación pasajera, a lo más, el tener ciertos dones te permite mitigar tolerar el zoom del sufrimiento, todavía no se lo he dicho a nadie.

Ante todo lo que se puede criticar, pasión desbordante de House genera eventos de magna majestuosidad irracional, nadie entiende cómo razona, más aun, cuando lo hace a través de un café de grano y una insufrible donna, sobre todo cuando sus enemigos glamorosos, sabiendo que la biología de la vida es azarosa y entrópica, se manifiestan de la siguiente manera en “off” : bacterias vinculadas a sus propios brindis vocacionales, virus dispuestos a morir por su causa, hongos que aportan empleos médicos, enfermedades en sus más diversas variantes identitarias y otras sin causa alguna.

Incluso, algo interesante, desde el punto de vista hedonista, no toma en cuenta los gemidos sutiles del reloj, supera el más acá y el más allá de las reglas que norman el comportamiento humano, capta lo estremecedor del reloj que no se detiene, y su vida se apaga, en otras palabras, su única razón de ser es hacer de la solución de sus acertijos una indecible noche perpetua


No existe un momento en sus días, en que la vida misma no sea intrigante, traicionera, narrativamente melódica y dispuesta a inventar valiosas tonterías; lo sabe este joven personaje porque insinúa que asumir riesgos es lo único que hace que valga la pena de manera tal que consigue convertirse en digno personaje de su sufrimiento. 

Diagnóstico Médico

La pena que aparece ante el fenómeno de la vida convertido en el ciclo sin fin, de todas maneras, sin un origen claro, el diagnóstico médico perpetra su pequeña invasión a las inercias enfermizas y decadencias estéticas que los pacientes representan como milagros inesperados.

Seguirá habiendo pena a través de los días. Ocurre todos los días en esta ficción histórica y personal englobada en un torrente de impresiones fuertes y situaciones límites en razón al actuar humano. Existe mucho de visiones subterráneas respecto a las capas geológicas que afectan a la subjetividad humana.

De algún modo, se busca amenizar la brusca humildad que posee aquél hospital universitario, como un claroscuro de sujeciones fisiológicas y de hilarantes comedias viscerales, tras la vida y muerte, se complementan antropológicamente, y nadie sabrá, en definitiva, para quién se trabaja.

De comentarios humanos que describen experimentaciones gestuales de otros humanos convertidos en pacientes a un entramado de narrativas sin nombres propios. Después de los comentarios humanos, alguien debe asumir no volverse tan loco. En eso estamos.


Diagnóstico Médico

En la osadía de este tiempo cronológico que, sin lugar a dudas, pondría en aprietos a la mayoría de los pacientes atendidos por House, porque ignoran el carácter alucinatorio del mundo en tanto excusa glamorosa para resolver acertijos. Luego de los acertijos, el diluvio en “off”.

No existe creatividad sin ser temerario ante el abismo sideral que ofrece la inteligencia humana a través de la rareza prevaleciente de la realidad.

Uno mismo puede verse encerrado en hilarantes experiencias de ensayo y error cuando argumentas a favor de lo que crees saber, sin embrago, hay un punto de no retorno que sugiere seguir la creatividad imaginativa de la intuición.

Entonces, desde la intuición desbordante de House a las consecuencias vocacionales de cada uno de sus colaboradores, se reconoce la sucesión reiterada de diálogos dispersos y divertimentos ilusorios, porque las personas no cambian.


Siendo válido intentar comprender el significado de la enfermedad como conflicto de interpretaciones en cuya ocasión no basta con la tradición fisiológica de Occidente, también aparecen estados de ánimo, que pintan a algunos sin prescripciones médicas. 

Diagnóstico Médico

Ahora bien, vivir en la idea de los demás impone ciertos criterios de orientación genética, no te das cuenta cómo la vida biológica juega sus propias cartas históricas, por lo que, habrá que seguir observando la capacidad repentina de las personas para ser esclavas del querer que diseminan.

Se puede diseminar palabras con sus lógicas implacables, valiosas tonterías médicas, simpáticas imposiciones gestuales por parte de nuestros protagonistas y cierta inclinación a construir un mito fundacional sobre el fenómeno de la vida humana que albergan los diagnósticos médicos realizados por House.

Conviene señalar, a medida que envejezco, ayer me avisó el universo que nada es para siempre, lo cual, me pareció bastante original y admirable; no se necesitó de una pizarra de acrílico para entender cuál es el aprendizaje significativo que deja huellas de nacimiento.
Que la vida humana junto al torrente de convenciones fisiológicas sumado a la visión mítica de su libertad, considera la concepción diagnostica del Dr. House para discurrir en suaves elocuencias adultas que entrañan lecciones de algo que llegó a su fin.


Un respetable derrotero de luces y sombras alimentan al incesante ocurrir de vanguardias planetarias y utopías mutiladas por el lenguaje humano y sus calamidades mediante la voz hermética de su mismo cuerpo. Es así. No hay vuelta atrás. 

Diagnóstico Médico

Día a día, mirada tras mirada y juegos interminables que alimentaban la visión cínica de House. Que a pesar de todo apuntaba a la solución final del problema en cuestión. Avanzar sin dudas establecidas sobre los misterios inescrutables del cuerpo humano, no siempre logró su cometido debido a unas cuantas razones desconocidas.

Hasta sentir el temblor deliberado de una respuesta precisa, disminuir el umbral de dolor estandarizado, esa es la cuestión, sobre todo, ante la existencia concreta de un dialogo disperso y surrealista con Wilson. Ambos seguían envejeciendo.

Y seguirán haciéndolo. No les queda otra cosa que crear decisiones y experimentarlas. Algo de lo cual no supieron explicarlo cabalmente, cuando compartían unos vasos con café de granos y golosinas azucaradas, porque ellos disponían de ciertos pasatiempos médicos que les permitía mitigar el duro peso de los días, ya que la realidad seguía siendo insufrible.

Uno mismo puede comportarse como un inexperto. Esta situación humana y singularmente vivencial produce terrores sagrados, de vez en cuando, a medida que el sufrimiento hace su entrada a este experimento llamado vida. Ante esto, esos adultos extraños pero disolutos, querían estar habilitados.

Habilitados y perdidos en los confines descarnados del cuerpo humano. En una de esas, la vida humana se reduce a un diagnóstico diferencial, a House no le agradaba la corrección moral mientras consumía un café de grano, jamás lo verbalizaba con elocuencia. Solo consideraba la escasez de minutos que tenía para hacer miserable en “off” a cualquier persona que tuviera sinapsis o fuera un organismo pluricelular.

Somos organismos pluricelulares en busca del tiempo perdido, nadie lo dijo, aún cuando la disposición emocional de cada uno de sus ayudantes era ambigua, solo buscaban comprender la dimensión confusa de lo sugerido por el tiempo a través de los primeros planos, eso sí, guiados por un observador adictivo.


Así, por ahora, nadie quiere encadenarse a la cruel narrativa obsequiada por ese tiempo. 

Diagnóstico Médico

De mutaciones aleatorias pasamos al clímax extasiante de las respuestas aclaradas por House a través de la ironía, humor sardónico, lucidez corrosiva y temeridad sideral ante la fisiología del cuerpo humano.

Así suele expresar su malestar contra la estupidez con énfasis humana, él, sabe que si bien es miserable, que la única forma de tolerar aquel sofocante abismo planetario, es pensar racionalmente, más bien, a su manera, o sea, buscas todas las formas de lucha intelectual posible para lograr su propósito de lograr el acertijo.

Repentinamente creemos amar intensamente lo que hacemos, pero el ciclo sin fin, hace uso de la libertad de expresión para jamás dejar de crear, acá mismo, estriba la tensa calma de House. Apuesta todo con tal de resolver el acertijo que se viste con ropajes humanos y es un organismo pluricelular.

Organismos pluricelulares abarcan los espacios personales, de ese hospital universitario y público, no hay duda alguna que es funcional a las necesidades biológicas y fisiológicas que padecen los pacientes, sin embargo, para House es un interesante pasatiempo que le permite su propia agenda de adicciones personales y ante todo ser tomado en cuenta por la comunidad adulta.

Resulta increíble la inagotable capacidad autodestructiva y al mismo tiempo incertidumbre creativa para buscar la verdad respecto a sus acertijos momentáneos, claro está, encarnado en sus pacientes desahuciados y llenos de claroscuros morales.


Diagnóstico Médico

Cuando buscas alguna respuesta que genere enfermedades sagradas, en lo que refiere al paciente, esto es, un organismo pluricelular capturado por sus deseos y pesares, y más aún, alguien que podría ser potencial banquete tanto para los gusanos como para el universo, mientras tanto, la vida planetaria continua. No necesitamos elecciones generales respeto a la misma.

Como ahora que hemos vuelto a lo nuestro, con la complicidad desinteresada de House, solo apelamos a descubrir las risas y llantos del sistema inmunológico, concurre al espectáculo fisiológico, alguien que interpreta, que la vida humana es un mero pasatiempo de sufrimientos encadenados al querer humano.

Y la razones desconocidas que son las que convierten a House en un vanguardista de lo asumido,  intenta convencerse, a saber, que la existencia concreta de las enfermedades que afectan a los humanos, estructuran un precario equilibrio entre sensibilidad y espiritualidad, por decir algo a favor del lenguaje humano, y luego nadie sabrá cómo se llegó a la solución final.


Ésta tiene una admirable capacidad de reinvención y de respeto por las convenciones sociales que intenta silenciar House, no obstante la especial afectación que le afecta al conversar sin etiquetas valóricas con alguno de sus pacientes. 

Diagnóstico Médico

Estamos para señalar que la vida es una encerrona. La encerrona visceral que las personas no se atreven a mencionar, ni siquiera en un asado durante un día feriado, así se actúa cuando no hay educación y solo escuela.

Empiezas a decir valiosas tonterías, cuando nadie cree en él. Y la vida convencional de nosotros mismos acude al letargo generacional de un ritual olvidado, olvidando el afán cercenado que alguien inventó, pero por lo menos la vida personal de Dr. House enfatiza algo.

La mirada que puede cambiarlo todo, aunque esto mismo sea confuso, no obstante, pensar implica angustiarse ante lo propuesto por los juegos del lenguaje del universo, por esto mismo, al fragor visual y adictivo que refleja nuestro personaje, la brutal honestidad muta en revolución digital, no la de “pie de página”.

Al transparentar la ruin degradación del organismo humano, con el comienzo de algo nuevo y el fallecimiento de lo predecible, sus pacientes siempre están como intérpretes de una comedia mutilada, de modo que, la permanencia planetaria de la lógica, un doctor que la encarna sin temores gregarios, la solución al problema en cuestión, a fin de cuentas, sus demonios internos, le permiten acudir a su excentricidad galopante, no trabajar pero solucionado el caso.

Teniendo en cuenta lo que significa solucionar un caso para House, la historia personal de este joven médico, resulta aterrador la impronta familiar del cambio, porque recurre a cuantas situaciones domesticas respecto al sufrimiento en clave planetaria, adopta la ingesta de whisky con dosis de música selecta, de vez en cuando, verbaliza sin filtros occidentales, qué paradójica verdad mutilada, que las personas no cambian

martes, 29 de noviembre de 2011

Diagnóstico Médico

Si bien no hemos resuelto el enigma de los enigmas que atañe al diagnóstico reservado, que erige la vida misma como lucida impresión de lo indecible, cuando observa y mira a su paciente, explota el silencioso comenzar de lo nuevo: vivir es sufrir. A lo cual responde con mayor énfasis respecto a la constatación diferencial que hace de sus miserias, incluso ellas envejecen.

De pronto una novela de impresiones siderales, nadie sabe para quién trabaja, en verdad, House intuye cuando la vida tiende a golpearnos en los testículos, mientras tanto, la estructura narrativa y el orden vivencial de cada segundo transcurrido en la sala de diferenciales médicos, asombra al universo.

Ese asombro complementado con la fuerte carga narcisista que entraña un día feriado, hace recordar la vana condición humana respecto a su calidad de vida, si es que resulta adecuado expresarlo así, implica para ese menesteroso drogadicto, para enamorarse de sus demonios internos, sufriendo puedes negociar con la realidad humana en perpetuo movimiento.

Si vivir es sufrir, entonces el diagnóstico médico asumido y realizado por House es un acto transgresor contra lo establecido por los rituales de Occidente en “off” durante un día feriado. Lo formó como artista de simples mutaciones aleatorias.


Diagnóstico Médico


El proyecto inacabado que cada enfermo provoca, la alucinante tensa calma desempeñada tanto por la biología de la vida como por la genética humana, pasajeras alegrías memorísticas que supuestamente la razón sabe controlar.

Pero cuando hablamos de controlar también hablamos de la estridente agonía que impone un día feriado, por ejemplo, considerar la opción cierta de cometer más valiosas tonterías y menos preguntas estandarizadas, de manera tal, que el cambio sea algo intrínseco al suave resplandor que acompaña a un prejuicio, como la ordinariez de lo extraordinario.

De la aventura sin límites que obsequia el cambio, de vez en cuando, la juerga religiosa de House basado en el razonamiento lógico e inducción constante, ayuda como material disponible para vislumbrar aquello de lo cual nos aterra, que nada es para siempre.

Ahora, por esto mismo, al acudir al espacio sagrado de las interpretaciones humanas, recordar que las personas no cambian es un intimidante antídoto contra el holocausto del tiempo, si es el día feriado despertarse, en una de esas, tendría que lavarse los dientes.

Podemos, si ustedes quieren, pasar de la limpieza bucal a familiares sucesiones gestuales a medida que las personas no cambian, luego habrá noticias sobre el malestar de las masas hablantes ¿un día feriado es una oportunidad médica para que las personas cambien y a su vez una nueva forma de gobernar, en principio, al ciclo sin fin de la vida?

Diagnóstico Médico

Se instauró la afirmación ¡todos mienten! Como un valor de verdad que incluía la totalidad viviente, biológica, histórica, identitaria, viajera, ideológica, confusa y silenciosa a cualquier empresa de significado compartido perpetrada por cualquier paciente de carne y hueso.
Le otorga cierto glamour ideológico, a esta afirmación, expresada en forma exclamatoria, ninguno de los protagonistas mencionados, alguna vez escribieron en la pizarra de acrílico situada en la oficina del jefe de departamento de diagnóstico médico, por algo será.

Lo que será, será. Es una verdad de hecho, sin mayores certezas científicas, que la misma vida como pasión teatral, consideró que no bastaba con tener estudios formales para entender las sinuosidades somáticas y excentricidades neuronales del cuerpo humano. Y él juega a ser un dios que diga ¡adiós!

Siendo frágiles excusas para el ciclo sin fin de la vida, esto mismo, le trae un genuino despertar a House, porque asume una postura de desasosiego conductual así como de desinterés moral ante las burdas sutilezas sociales legadas por los rituales de Occidente. A partir de eso, las personas creen creer conocer la miseria sin énfasis.

Miserias sin énfasis que pintan la realidad gregaria del edificio cultural ¡las personas no cambian! porque asumen mediante sus móviles conductuales y contradicciones internas, que los médicos, en este caso, construyen posibilidades humanas de nunca acabar. 

Diagnóstico Médico

No hay nada que se le parezca a la realidad que fluye a él, solo adquiere algo de silencio elocuente, cuando alude a que las personas no cambian, nunca eludió las calamidades de la existencia humana.
Éstas modelan, escudriñan y configuran los confines de la subjetividad callejera que trae consigo alguien, uno de los tantos intentos por querer cambiar los misterios del ciclo sin fin, de todas maneras.

Incluso cierta propensión a la absurda herida, que entraña vivir en sociedad, a fin de cuentas, buscar corrosivamente un sentido originario a ese alguien.

 Con ello, la solemne manifestación cósmica que refleja un diagnostico seduce los juegos misteriosos del lenguaje humano.

Después de lograr breves comentarios acerca de cierta afirmación hecha para describir la condición narrativa de un tal Dr. House, con el pasar irreversible de las acciones y de los discursos, de modo que, el acontecer personal de sus pacientes oscilaba y abarcaba entre el nacimiento y la muerte, se complementaban de tal manera, que al mismo personaje le parecía interesante.

Cada diagnóstico médico era un delirante tratado de verdades mutiladas y diferenciales repentinos ante la arremetida acuciante de él. A medida que transcurría el diagnóstico diferencial sobre cualquier paciente aproblemado y sin solución, surgía un interesante campo minado de verdades cuestionadas, jamás pensaba en acudir a la moral establecida por Occidente, al parecer las personas mienten. 

Diagnóstico Médico

Desde la vasta conmoción valórica ejercida por House, cuando apura al potencial destinatario a base de argumentos lógicamente deductivos sumado a la magna adicción que sugiere al observar a sus pacientes, las personas no cambian, la existencia anónima de los días que subsidian la miseria del personaje, provoca un éxtasis gestual entre sus lacayos.

Sus lacayos observaban atónitos el fenómeno de la vida humana que se dejaba traslucir a través del diagnóstico médico hecho realidad por alguien, le decían Dr. House.

De todas maneras, el acertijo delirante que reflejaba cada uno de los casos médicos, no hizo más que representar la fragilidad de los asuntos humanos, acá, nuestros adictivos observadores, quería enloquecer por cuenta propia.

Ante la falsa ilusión de que las personas cambian, optamos por construir una trama de relaciones humanas que condimenten nuestras encrucijadas vivenciales, que a diario enfrentamos en el espacio público de lo diagnosticado.

Desde este diagnóstico médico a líneas de nacimiento cuyo significado humano aporta sucesivas revoluciones silenciosas. Silencios que pueden saberse. Tan simple como comprender, que el mejor invento de la vida ha sido la muerte, en esto, las razones desconocidas de los pacientes, mientras mienten, producen raros espejismos personales, porque la biología de la vida sigue su curso melódico. 

lunes, 28 de noviembre de 2011

Diagnóstico Médico

Supe hace poco, más bien, es una excusa para inventar una nueva forma de gobernar nuestro libre albedrio, que las personas no cambian. Ayuda mucho a esta empresa vivencial haber consumido deliberadamente los capítulos de Dr. House, también saber que estamos encadenados a nuestro querer.

El querer humano y su diagnóstico médico. Sin embargo, el expectante House cree indefectiblemente en el mayor conflicto que entraña el enigma de los enigmas de la condición humana ¿es posible mencionar y verbalizar el vivir como sufrimiento permanente a medida que envejecemos?

Muchas preguntas sin respuestas puede haber, pero, para este obsesivo-misántropo, le suelen decir, diagnóstico  médico, es poco estético y deshonroso no apelar al fundamento mismo de la tradición occidental, la razón como narración estandarizada.

Para él, cada caso médico es una especie de abismo pensante, hace de la observación e ironía un espacio de sacralización espiritual, o sea, mirar más allá de la habitualidad de la vanidad científica.

A veces existen respuestas sin preguntas, esta situación histórica tiende a ser más predecible de lo observado, con las cuales, la claridad explicativa de las palabras y sus caóticas fragancias hogareñas permite establecer algo con la realidad humana: razonar sobre el ciclo sin fin de la vida. 

sábado, 26 de noviembre de 2011

Tenedor Libre

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.

 Podría ser peor, habernos demorado menos de una hora comiendo, no haber entendido ese día en el Tenedor Libre, por si no lo saben, de eso está hecha la vida, con sus intrigas planetarias e impuestas verdades mutiladas, en ocasiones, la sensación ambiente del día en cuestión, este día de Octubre ayudo mucho.

Ayuda mucho a jamás tomarse demasiado en serio. Porque permite ampliar la perspectiva valorica que emerge repentinamente tras observar lo que se come. Comer es entender las escuelas de aprendizaje significativo de la visceralidad humana. Humanamente fuimos seres paradójicos, ensimismados y dados a enamorarnos de la realidad.
 
La realidad mendocina del Tenedor Libre conjugo demenciales ofertas gastronómicas con dosis estandarizadas de gourmet primaveral, esos 7 estudiantes universitarios aspiraban a controlar a lo menos  el espíritu neoliberal del consumo, sin embargo de la lucha de almuerzos societales se pasó a la estructura discursiva de gestos paganos.

Los gestos paganos en tiempos históricos atomizados, delirantes y cosmopolitas. Así era nuestra interesante ciudad de Mendoza. Tenía olor a irrealidades callejeras, la pizza mozzarella impregnada en el vientre oculto de cualquier transeúnte. De repente, volviendo a lo nuestro, almorzar era una epifanía de los desorientados, una astucia del tiempo cronológico, pero la revolución informática ayuda a la causa universitaria.

En ese entonces, almorzar un día Sábado fue un enigma para el universo, jamás iba a volver a expandirse dicho lugar con la adultez necesaria, la vida misma continuaba con su mutación aleatoria, y, con ello, el hecho de haber almorzando juntos a mis compañeros confirmo la necesidad de estar encadenado a algo.

Diagnostico Medico

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


 En resumen, vivir en sociedad es una religiosa manera de decir que estamos encadenados al querer humano, no obstante eso hacer uso de las herramientas discursivas, dialógicas y materiales de la realidad oficial en la cual vivimos, importa como un nexo utópico entre las palabras y acciones.

Es un enigma ese vínculo. Hasta cierto nivel se puede comprender su interacción dialógica entre los protagonistas. Luego, queda apostar a cambiar la mirada. Cambiar la mirada, esto es, el software mental conforme a lo que se enseña a diario, en caso contrario, la resiliencia habrá de ser un mero sucedáneo ideológico.  

Convertir a la educación en una plataforma pluriclasista de desigualdades atenuadas en virtud de la cual podamos erigir nuestro precario equilibrio como la revolución histórica de un ritual asumido, vivir es un encantamiento sin evidencias estandarizadas.

Mantener clara consciencia que educar es vivir en el abismo de nuestra incorregible tendencia a lo predecible, categorizar el sufrimiento como algo cosista. A lo más, podremos preservar cierta empresa de significación compartida entre los ciudadanos.

En resumidas cuentas, al tratar el problema de la resiliencia, existe espacio para proponer algo que sumerja a la educación formal chilena en eso que esperamos que sea, espacio para el dialogo entre reforma y revolución, entre ignorantes y relativamente ignorantes, y mirar con ojos holísticos el problema del sufrimiento desde dentro del aula, en todas las dimensiones del saber humano.

Educacion Publica

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


 Apuntar al problema filosófico de la resiliencia inmerso en la constante ideológica de la educación formal chilena, instaura una problematización del ser humano en tanto protagonista del espacio público de lo socializado, a saber, como proyecto incluso respecto a lo que simboliza.

Con ello, problematizar y conceptualizar el enigma de los enigmas de la resiliencia a partir del ocurrir vital de los humanos en el ámbito educativo, esto es, su dimensión ideológica en un sistema escolar de masas, es la propuesta monográfica del anónimo autor.

De esta manera, se propone una propuesta monográfica de acuerdo a ciertos enfoques de ciertos autores, por lo que se problematiza las dimensiones políticas, filosóficas y educativas de la resiliencia desde la realidad espacio-temporal del protagonista: la educación formal chilena.

 Sin embargo, la investigación monográfica al respecto toca un problema estructural que afecta a toda sociedad contemporánea, incluyendo a la sociedad chilena, que vivir gregariamente es un acto de constricción permanente, por lo que, se plantea la importancia de darle un sentido y significación a lo que se plantea, que educar es un acontecimiento fundador plagado de violencias fundadoras y precarios equilibrios entre los hablantes ciudadanos.

Por eso mismo, la resiliencia se concibe como un acto de emancipación contra lo establecido, en suma esencia, se convierte en una institución simbólica que perpetra experiencia de ensayos y error por parte de sus protagonistas.

En resumen, la dimensión filosófica de la resiliencia impone un principio de narración, por ejemplo, en la educación formal chilena, que educar conforme a los contextos histórico-culturales actuales, es una violencia fundadora cuyo énfasis reside en profesionalizar el sufrimiento que subyace a la misma.

Tenedor Libre

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Pagamos la cuenta para decir que éramos dioses pequeños. Posteriormente caminamos en dirección desconocida hacia el exterior del buffett, en cualquier momento la vida misma nos decía que fuimos meros comentaristas de un ritual olvidado, producía creatividad ese conflicto.

A la altura del conflicto primaveral logramos estar, satisfacer nuestras pulsiones animalescas sobre un almuerzo Después de olvidar aquel instante de conmemoración callejera, todos nosotros abrazados y despidiéndonos, para luego ir a la feria del libro y comentar en nuestros baños algunos reparos silenciosos. Necesario, indagador pero razonable.

Lo único razonable era estar ahí. Convencerme que era la excusa perfecta para decir valiosas tonterías, aquello de lo cual pasó en ese lugar de comida lenta, aun cuando, había temor sobre lo que habíamos construido. Un mundo ordinario de impresiones fuertes revestidas de sugestivos coloquios sobre mendocinas comidas.

Una valorable expresión de soledad mendocina nos albergó a nosotros, esos jóvenes universitarios incapaces de dar respuestas a las heridas de la ciudad estatal, alguien debería hacerlo antes de partir. Antes de partir, el diluvio generacional.

A partir del mundo circundante de esas calles de Mendoza, en donde se ubicaba nuestro Tenedor Libre, existía un razón de ser para describirlo, darle un valor agregado a la narrativa universitaria que nos entrego ese grupo de inconclusos humanos. Muchos de los cuales proponían que comer fuera su nuevo LSD.

Milagros inesperados, narraciones repentinas, sufrimientos vivientes, ensimismamientos curiosos, miradas forzadas, indecibles erotismos y anónimos prejuicios verbalizados en la medida de lo posible, salir a comer juntos se prestaba para todo aquello. 

Tenedor Libre

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



El progresivo ocaso de los días vividos durante este mes de Octubre produjo instancias de pavor popular contra la escasez de tiempo cronológico cuando almorzamos sin mayores diligencias conductuales, lo propietarios del Tenedor Libre cerraban su negocio para ese día, en realidad, logramos entender su principio originario, había que pagar y retirarnos sin reparos mendocinos.

De los reparos mendocinos a crear sucesos sagrados a cualquier hora, en esas calles. Crear, crear para vivir. Eso, no había duda, era un aspecto desconocido para los lugares sagrados de las calles de Mendoza, sus milenarias ofertas a medida que sus elaborados  alfajores imponían su propia imagen del silencio. Un tipo de lenguaje simbólico profesaba ese silencio, Mendoza sabia eso.

Las calles de Mendoza describían, observaban, intercambiaban, miraban, provocaban, vislumbraban, valoraban, dudaban, insinuaban, cooperaban, creaban, perpetraban, negociaban con la totalidad viviente de lo que ofrecía ese Tenedor Libre a diario a cualquier ciudadano del mundo humano.

En resumidas cuentas, comer en el Tenedor Libre significó jamás tomarse en serio la burda realidad de las apariencias humanas. Fuimos espectadores con esa fina sensación de conectarnos con la Mendoza Profunda, un cable a tierra a nuestras mutiladas percepciones estatales.

Con esto, la ciudad de Mendoza apareció como una épica de lo cotidiano, surgió como si fuera una ética descriptiva, no la típica prescripción que entraña una ética decimonónica, a través de ese buffet hubo seductoras miradas que acontecían, invertir para comer. 

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 Ante todo buscamos en la resiliencia ese rasgo de revolución silenciosa, más allá de la semántica clásica, que extirpe la sujeción esclavizante a los rituales de occidente y a esa frivolización pedestre del aprender como conocemos, es decir, creer en un mismo vinculándolo al sentido misional que entraña esa decisión radical.

Por lo que en nuestros sistemas de educación nos enseñan muchas cosas, cosas que nos permitirán desenvolvernos en aspectos complejos del vivir, el mundo cibernético y otros, sin embargo nos estamos olvidando de lo simple, lo obvio aquello sin lo cual no vivimos y que incide directamente sobre nuestra calidad de vida, cosas a las cuales no le damos importancia, o las tratamos como cosas automáticas que por lo mismo no nos revelan su inmensa riqueza, posibilidades y efectos físicos y psíquicos.

Así, pues, la labor de la resiliencia en la educación formal debe ser, no solo ser víctimas y victimarios para legitimar nuestro actual estado de cosas, sino que entender que hemos sido protagonistas de una serie de situaciones que han cambiado, por cierto, la mirada sobre el mundo humano.

Este mundo humano, la existencia histórica de nuestra modernidad, inmerso en la educación formal ha promovido que la infelicidad es la condición de una persona, que a diario esta viviendo bajo inercias institucionales de nuestra racionalidad. 

Tenemos un gran orgullo en la racionalidad, pero el ser humano es más cosas que la racionalidad, es un gran desequilibrio (humano y planetario) tener gente que solo se ocupa del  conocimiento y de la información. Luego, lo que se llama bueno según las autoridades es malo según la naturaleza humana.

Entonces, hay una ignorancia generalizada que está escondida por la inteligencia, puesta al servicio del  lenguaje y la retórica que nos dice que todo va muy bien y cada vez mejor. Y no es así cuando aludimos a la educación.

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despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


 Con ellos, llegamos a otro aspecto indisociable con lo que expuesto, la cuestión de la educación tradicional, denunciando que la educación formal tradicional (p. ej., la patriarcal) es un desperdicio por demás destructivo en tiempos donde nuestra mayor necesidad no es otra cosa que la de una auténtica cultura, entendimiento y un buen corazón.

Considero que la educación es nuestra mayor esperanza, en parte porque ya ha sentado las bases institucionales para lo que hasta ahora solamente tenía contemplado llevar a cabo, y que tal vez algún día realmente lo haga (ayudar en el desarrollo personal).

Ahora bien, debido a que el problema más grave y más básico que tenemos en común, puede ser, el subdesarrollo de la consciencia, y a que el viaje curativo contra la corriente del deterioro se percibe difícil, es necesario que abordemos ese problema, haciendo hincapié en la prevención, y en la educación obligatoria ya contamos con el vehículo para la misma si solamente nos percatáramos de qué tan destructivo ha sido el querer educar a la juventud para que sean un reflejo de lo que nosotros somos, y de cómo, al creer que les estamos transmitiendo nuestros valores, lo que hacemos es mostrar una arrogante ceguera respecto a la forma en que les transmitimos nuestras plagas, y hasta qué grado lo hacemos.

Por eso mismo, la resiliencia es una constante búsqueda con las sinuosas provincias de la existencia humana a medida que se legitima en colectividades gregarias y significaciones simbólicas. A partir de lo cual, instaurar una “educación del corazón” seria una forma singular de cambiar la mirada para cambiar, por cierto, la educación formal chilena.

Es entrever la posibilidad cierta de vincular al hijo, padre y madre en este ámbito de relevancia educativa que ejerce la burocracia escolar, cambiar la mirada para comprender el sentido originario de la resiliencia.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Tenedor Libre

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Se desatan alrededor de miles de millones de detalles innovados por la rueda inconmovible de la curiosidad humana, algún día tendrás razón, solo es cuestión de actitud, eso ocurrió con mis compañeros,  no es lo mismo almorzar en un Buffet estando en Mendoza que en mi país, para poder descubrir la sabiduría practica de un trozo de carne asado sin mayores ambiciones peronistas.

No solo de ambiciones vivimos los estudiantes universitarios, pero se le acerca. En ese entonces quedamos en la más absoluta insolvencia financiera tras el pago individual de cada uno de nosotros.  Nosotros somos el pueblo, desperté del sueño impuesto.

Impuesto por fuerzas poderosas, las circunstancias históricas con su consecuente inclinación hacia lo incorregible, entrópico y endogámico. Por eso mismo, algo maravilloso tuvo que decir nuestro Tenedor Libre.

Algo ocurrió en mí, debía decirlo. Esa maravillosa espiritualidad del proyecto de pensamiento planetario que nos dejo ese Tenedor Libre, simples cosas con aprendizajes sorprendentes, ante todo, escarbar en la secreta elocuencia de su buffet, a lo más, la vida con suprema adicción dirá, no es nada personal.





Tenedor Libre

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Tengo serias dudas sobre lo que dice anteriormente. Pero, en fin, con tal que la vida anónima de algunos personajes que observé en Mendoza tengan su dignidad narrativa. Su voz genuina. Que logren conectarse con las confusas aéreas de su ocurrir anónimo.

Anónimos y motivados. Así era estar observando los efectos externos al Tenedor Libre, que ya de por si indicaba algo, sobrios espejismos valoricos para ilimitadas consecuencias fecales, así, el fenómeno de la vida universitaria tenía un sentido, dejar que caigan esos raros lugares hogareños.

Recapitulando instantes históricos, si es que podemos mencionarlo de esta manera, encontrar una fuente inagotable de eventos callejeros, nuestra ciudad de Mendoza, aventuraba entre la sed de venganza por algo que llegó a su fin y el agonizante gesto de la violencia simbólica que generaba almuerzos espontáneos. Por lo demás, la historia continuaba.

Imponía sus propios espacios de especulación sagrados, los hablantes ciudadanos de la ciudad de Mendoza acudían al llamado de aquel, el universo desconocido de la mencionada ciudad adquiría decesos callejeros, comprender su sencillez al tratar con pesares desatados. 

Tenedor Libre

después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.




Las evacuaciones amazónicas hacían que nuestros momentos culturales, aquellos que convergían con Octubre 1, así era como el Planeta Tierra lo decidió, basándonos en la delimitación arbitraria de nuestros indecibles calendarios,  un acto de perpetuación sagrado con ese presente anónimo. Es el presente anónimo de los jóvenes universitarios que narraban expresiones de pasión desbordante, prominentes estómagos al fragor de sucesos generacionales, después cada uno de ellos camino por las calles de Mendoza.

No debemos pensar que todo fue inmutable en términos educativos, intentar que ese almuerzo haya sido una mezcla de intuición y erudición, espero que lo descubran, por lo menos, hubo lugares comunes a través de ventosidades proclamadas por esos jóvenes provenientes del país del No, de manera tal, que la conmoción epidérmica tras convivir con ese Buffet propuso cambios. Así es, solo cambios, pues solo eso permanece constante.

Cambios que fragilizan nuestra aparente psiquis entroncada con la historia breve de nuestras verdades mutiladas, saber despedirse de los mozos de ese Tenedor Libre, a fin de cuentas, de eso se trata vivir en sociedad. De reírse de la siniestra asunción de la narrativa humana cuando se encadena a sus instantes sin nombres apropiados.

Bueno, claro está, no tener nombres apropiados, es un asunto histórico que depara innumerables satisfacciones a la vida misma, aprovecha de mantener su tensa calma y clamores populares ante el avasallador espectáculo que logran los humanos al formar civilización, y, todo esto, lo intuía Octubre 1 por medio de su visita repentina a la ciudad de Mendoza.

Visitó a Mendoza con la complicidad de los azares humanos. Dentro de los cuales, existían 50 estudiantes universitarios de la Usach dibujando sucesiones vocacionales, apareció la loca creencia de que podíamos controlar nuestras vidas. Se intento, por ejemplo, a medida que almorzábamos en el Tenedor Libre, emprendimos un viaje sin retorno a las provincias confusas del ocurrir inmunológico, sentados durante 3 horas, eso ayudo a no ser tonto solemne.

 Estar comiendo en ese Buffet promovió cierta unión colectiva entre jóvenes ávidos por buscar reconocimiento y miradas encausadas hacia los productos carnívoros que ofrecía el chef.

Tenedor Libre

después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Comiendo se aprende a vivir, es una institución simbólica, al igual como lo fue nuestro viaje a la ciudad de Mendoza, de dudosos deberes occidentales pero con la ansias de disfrutar lo inesperado.

Lo inesperado entre estar almorzando en aquel Buffet y la fugacidad siniestra de vivir perpetuando ese almuerzo. No había forma alguna de poder describirlo a cabalidad. Por ese entonces solo había que observar.

Todavía seguíamos siendo esclavos de aquel día Sábado, imposible describirlo a través de las palabras nacidas del vientre maternal, de verdad, importaba mucho la forma en que hemos acudido a esa historia anónima, lo era.

Porque estar en la ciudad de Mendoza significó, que duda cabe, convertir nuestro inédito almuerzo en una antropología de lo cotidiano. Con ello, nuestra antropología fue vivir sin los dogmas para saber comer en aquel Tenedor Libre.

Distintas formas de coacción surgieron a medida que pasaban los minutos en aquella ciudad de los viñedos modernizados con acepciones peronistas, a fin de cuentas, íbamos dando palos de ciego, confrontándonos con la realidad dinámica de ese lugar sagrado, en cambio, la dimensión ciudadana de los instantes primaverales que existieron, no queda nada más, alguien tendrá que soportarlo.

Soportarse es la parte más pesada. Tras algunos minutos de obviedades discursivas y humores repentinos por parte de los compañeros vegetarianos, cada uno de nosotros derivo al jardín de bipedismos institucionalizados, ir a lavarse los dientes y dulcificar sus evacuaciones amazónicas.

Tenedor Libre

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.




Nada personal, solo recuerdos somos. Sin darnos cuenta, almorzar ahí significó estar preparados para adecuarse a nuestra propia épica.

Además, estábamos condicionados a nuestra épica cotidiana, ducharse 2 veces al día, nadie lo decía, el sentimiento de culpa no era tan evidente, eso me importo de sobremanera, coloreaba nuestra sinuosa alegría, después respire sin resguardos oficiales, en aquellos instantes, pero el problema radicaba en eso. Más encima, algunos estaban dispuestos a comprar libros. Puede que haya sido una excusa para ir al hostal.

Todavía no hemos descrito pormenorizadamente las ventajas comparativas y decadencias instauradas de lo que imperaba en nuestros hostales. Desde el primer día nuestra ubicación minimalista fue un hostal cerca de algunas cremosas heladerías hasta el último día, lo será.

Será como lo planificamos junto a otros amigos míos, oriundos de otras regiones valoricas: Fedora, Johanna, Luis y su polola, Alexis, Kader, Jennifer, Jaime, Javiera, Sergio, Dánae y la otra Jenny.

Por ahora, seguiré mencionando otras consideraciones humanas, bueno, eso intento, para colorear con mayor amplitud explicativa la sencillez de almorzar, tanto en la sencillez de adecuarse a la provocadora gula como a las dispersas conversaciones al tenor de bocas estatales. Sin motivo alguno, alguien uso un trozo de pan para subsidiar su plato con instantes.

Instantes primaverales ritualizadas por la voluntad de vivir hecho realidad por los sacrificios monetarios de nuestros padres, no siempre. Lo digo, por si acaso, nunca está de más decirlo, porque los juicios de valor cansan a la realidad. Una musa sin ambiciones electorales.

Esa realidad, a la cual aludió un héroe anónimo, apreciaba todo atisbo de lo cierto, dudoso y falso, son las reglas del juego cuando tratas con humanos, desde la génesis misma de la Polis hasta la atomización de narrativas contemporáneas para comprender un almuerzo, de lo que podemos entrever, cumplir con el progresivo ocaso de los días.


 

Tenedor Libre

después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Entender la visceralidad andante que somos al degustar un plato de comida, sin lugar a dudas, requiere una vasta experiencia del ensayo y error, así, haces que la vida humana sea un silencioso recordatorio de mutaciones repentinas.

Comer para vivir, y los dilemas bioeticos que surgen. Surgen para quedarse y perpetrar insolentes consecuencias valoricas, así fue como estuvimos en Mendoza, entre la perplejidad colérica de jamás volver atrás y el inexorable saber ético que carecía de prescripciones estatales, solo fluía. Sin cesar, y esa ciudad lo observo.

Observaciones mendocinas y sus narrativas primaverales, nada parecía ser de otra manera, a lo más, la existencia universitaria de esos jóvenes condimentaban la fluida complicidad de estar encadenados a su propio querer con su temores a flor de piel, de vez en cuando, la excusa sobre el Tenedor Libre hará menos miserable su propio ocurrir vital.

Interpretando sus ocurrencias anónimas es, de por sí, un falseamiento de la misma, día a día acontecen entramados de querer abarcarlo todo. Pero no sabemos quiénes somos. A lo cual, intentamos disolvernos en diminutas sucesiones cotidianas, buscarse sin piedad en el silencio de los inocentes, la cuestión de si se puede almorzar junto a la soledad. Ahora mismo la soledad no quería soltar su dependencia con los caminos inescrutables de la vida humana. 

Tenedor Libre

después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Acudieron a ese instante con el fenómeno de la vida esos jóvenes provenientes del país del No: Ignacio Carvacho, José Caviedes, Nicolás Riveros, Juan Pablo Vásquez, Kader Baricht y Jaime Godoy. Ellos manifestaron su total complacencia y satisfacción al contrato social suscrito con este Tenedor Libre, más aun, se dieron por enterados de la temeraria decisión de solventar la totalidad del buffet propuesto.

Manifestaciones humanas durante ese día Sábado que incluía lugares comunes y recuerdos fugaces sobre lo vivido en ese lugar de comida lenta, impusimos una dosis de desafección contra los horarios asumidos por nuestros otros compañeros. Los demás estaban diseminados al unísono por las otras primaverales avenidas de la ciudad de Mendoza

Entonces todo había terminado. En efecto, decíamos silenciosamente adiós a ese Tenedor Libre. Por algunos segundos hubo silencios. Silencios en Mendoza. Después de almorzar existía la tentación humana de estar sumido en el aburrimiento. Sin embargo, no pasó ese estado de cosas alrededor mío. Lo único que sucedió es que mis compañeros fueron a comprar libros nuevos o usados a cierta calle que ofrecía ofertas al por mayor.