miércoles, 31 de agosto de 2011

Educacion Publica

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Lo que caracteriza al Chile actual desde el punto de vista ideológico es el debilitamiento de los sistemas discursivos alternativos al neoliberalismo y la capacidad manifestada por éste para seducir y atraer, o, de un modo más pasivo, para presentarse como el único horizonte posible para quiénes antes tenían otras perspectivas ideológicas, pero han optado por el realismo. [1]

Ha habido una imposición por medio de un discurso hegemónico de desarrollo estratégico, la mantención de un modelo estructural que perpetra realidades humanas que perpetuán las desigualdades, la democratización del consumo, la libertad individual como axioma asumido y la segregación escolar de nuestras calles republicanas.

Incluso, hemos de señalar la idea de un nuevo proyecto político  orientado a mayor justicia económica y social. A lo menos, implica este estado de cosas, un consenso indisociable entre sociedad, mercado y Estado. Para luego tener con meridiana claridad el problema en cuestión, la distribución del ingreso.

Tras el diseño de una nueva forma de diseñar un modelo sociopolítico que nos e agota en el mercado todos nuestros aportes mundanos y cotidianos, sin duda, vivimos actualmente en una sociedad del riesgo en donde los ciudadanos han priorizado ciertos rasgos socio-comunitarios.

La educación mirando al Bicentenario, conforme a la dinámica de los tiempos históricos, se justifica la importancia que le asigna el Estado a la educación. Hay cierto consenso argumentativo de los autores sobre lo que nos atañe a nosotros como sujetos políticos. 

·         se vuelve a repetir que la educación es la solución al dilema entre crecimiento y distribución, para lograr resultados se precisa de un mayor gasto en educación.
·         la educación es una exigencia de la globalización
·         Se retoma la discusión actual derivada del movimiento estudiantil y centrado en las leyes sobre educación hoy en el parlamento.
·         Desde el ángulo de revitalizar la “comunidad” también se valora la educación y se pide un reenfoque de la misma. [2]

Es un corolario de consensos básicos sobre qué hacer en lo concerniente al rol que debería tener el Estado en la educación cuya influencia dentro de la estructura interna de la sociedad del conocimiento globalizada y de riesgo es  excepcionalmente potente para cambiar de la mirada neoliberal a una mirada alternativa a la misma.


[1] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 124
[2] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 130 y 131.

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despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.

En el Chile del Bicentenario estamos viviendo el frenesí de profundas transformaciones sociales, valoricas, culturales, ideológicas y religiosas. Se pueden ordenar en 4 ejes: incremento sustancial del bienestar de la población; aceleración de los procesos de integración de sectores históricamente excluidos de los procesos de desarrollo, como las mujeres y las mujeres; la mayor movilidad educacional, y, por ultimo, una mayor heterogeneidad social y cultural cuyo principal indicador es la creciente diversificación de las formas de vivir en familia. [1]

Esta revolución de las formas singulares de vida en sociedad, es decir, cómo nuestro país fue capaza de recuperar su propio proyecto democrático, puesto que la dictadura ha sido para nosotros el trauma de una triple pérdida: de los derechos humanos, de la democracia deliberativa y muchos derechos sociales.

Al igual que los ensayistas de la crítica del Centenario los ensayistas del Bicentenario acuden alas fuentes originarias del pasado histórico, viendo el derrotero de ensayo y error que ha tenido nuestro ocurrir gregario, han intento examinar con otros experienciales nuestra fresca memoria chilena.

Con respecto a nuestra Bicentenario actualidad histórica hay un problema central propuesta por varios autores (Navia, Garreton, Vega, Solimano y Pollack), la desigualdad.

Se trata de una desigualdad porfiada. En efecto, a pesar del progreso económico y la prosperidad, el país enfrenta desigualdades de ingreso y riquezas persistentes que generan alta estratificación social. La persistencia de la desigualdad económica en Chile es un fenómeno histórico que no ha podidos ser revertido por el crecimiento y las políticas sociales implementadas por el periodo democrático. (Solimano y Pollack, 2006)[2]

 El énfasis temático del proyecto democrático basado en la reducción de la pobreza, estabilidad política y económica condicionó toda respuesta a entrar a jugar en ele escenario discursivo de la distribución del ingreso. A esto, por cierto, hay razones de contexto político y argumentos económicos sobre las cuales el fenómeno de masas de la sociedad del conocimiento globalizada  afecta en los estilos, modos y patrones de vida de nuestras endogámicas elites.



[1] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 119
[2] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 121

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Como se señaló, la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria dio pie a 2 debates centrales; el primero se refería a la obligatoriedad de la instrucción y el segundo discutía la relación entre la nueva instrucción primaria obligatoria y los estudios de primaria que ya se desarrollaban como preparatorias de liceos.

Su valoración: ciertamente se trata de una discusión de gran interés con la cual se puede destacar: la oposición más fuerte para pensar la educación era familia versus Estado. Ella se sigue expresando hoy con casi igual fuerza, aunque se perfila una relación algo más compleja, que podría simplificarse en familia (valores conservadores) más mercado (valores económicos liberales) versus Estado (perspectiva social demócrata); esta muy presente la segregación, aunque leer los argumentos se tiene la impresión de que entonces la sociedad era tan segregada y el sistema escolar tan precario que juntarlos a todos en la escuela era poco pensable: primero había que “crear escuelas”. En otras palabras, como vimos, la separación entre clase dirigente y pueblo era notablemente mayor que ahora. [1]

 Lo interesante de esta trama política sobre la educación, en cuanto al acceso, financiamiento e ideal republicano, es que se puso en la palestra el tema de la educación del pueblo con el desarrollo económico de la nación y su vinculo con ciertos valores suprapartidistas, en la cual irrumpe la obligatoriedad y gratuidad como sentido misional, la convicción de que el pueblo instruido podría superar la miseria a través de la educación.





[1] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 119

martes, 30 de agosto de 2011

Educacion Publica

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Hacia fines del siglo XIX solo el 9,47% de la población sabia leer y escribir. La cobertura de educación primaria era de alrededor del 20% con más de 540000 niños en edad escolar marginados del sistema (datos del censo de 1895, en Soto, 2000). “Los obstáculos que han entorpecido el desarrollo de la instrucción primaria son numerosos, pero pueden reducirse a los siguientes: falta de edificios escolares, falta de preceptores idóneos, falta de textos, indiferencia publica, escuelas que expulsan alumnos por el hecho de ser pobres y falta de inertes de los padres para que sus hijos reciban enseñanza”(Iriarte, 1902).[1]

El tema capital sobre lo cual se debatía era la instrucción primaria obligatoria, esto es, apuntar a los sectores más desfavorecidos producto del modelo plutocrático de capitalismo periférico que existía en nuestro país a través de la implementación como política publica educativa de la gratuidad, y sobre todo de la obligatoriedad.

No obstante la complejidad temática de los intereses que estaban en disputa, cabe señalar que la ley significó un avance cualitativo en lo que respecta al tratamiento que se le dio a la educación formal chilena.

La ley contenía dos temas en disputa. El primero era el concepto de obligatoriedad, a la zaga del cual se organizaban, a su vez, dos grandes discusiones. Una tenia que ver con la preeminencia de la familia o del Estado en la educación. Y la otra tenia que ver con los males que se podrían seguir de la educación obligatoria. El otro tema que ocupa la discusión de estos años tiene que ver con el aspecto institucional. [2]

Resultaba temerario intentar hacer una revolución educativa con los costos valoricos, majaderías semánticas, cinismos ideológicos y ambiciones monetarios que ello implicaba. 

Ytodo bajo una matriz institucional, en principio, acorde a las necesidades reales del pueblo inmerso en la constante simbólica de la “cuestión social”. Esa poderosa fuerza simbólica e identitaria, a saber, la “cuestión social” permeo todos los estratos de aprendizaje republicano que acumulaban las elites, clase política y los poderes públicos.

También es menester asumir el modo de acceder a la nueva realidad educativa chilena, obligatoriedad y gratuidad, estas, eran teorizadas sesgadamente por parte de aquellos que profesan un hegemónico discurso de voluntariedad y paternalismo caritativo, desde congregaciones religiosas con fuerte preeminencia de la Iglesia Católica hasta conservadurismos ideológicos, y no concebir a la escuela como el ideal republicano por antonomasia. En cambio, en el debate mismo de la vida parlamentaria, también se discutía sobre el carácter de la educación secundaria, la estructura de financiamiento para esta nueva política pública educativa, la descentralización del sistema y la incorporación de la mujer a la educación.


[1] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 105
[2] Léase Huidobro-García, Juan Eduardo en Desafío de la educación chilena de cara al Bicentenario, pg. 106 y 107