Enamorado de la vida

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Acontece

domingo, 31 de julio de 2011

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



 Días confrontados con sus propios demonios internos. Encarnados en múltiples preocupaciones humanas entroncadas con la digerida modernidad de “horario valle” a su vez predicadores de narraciones invernales. Día tras día. Habían decisiones humanas que proceden a manifestarse con total adultez adictiva.

Emerge de cuando en cuando la adultez adictiva pero pragmática de los hablantes ciudadanos a medida que reclaman contra un modelo de realidad prevaleciente, sociedad de la incertidumbre vivencial con sus quejidos societales, para desgracia de las hojas de otoño, en donde información privilegiada es poder, y con eso, no existía el poder simbólico de entender su situación en este planeta tierra.

 Vientos de cambio germinaban a través de las hojas de otoño. Ellas eran una sinfonía de silencios elocuentes buscándose sin piedad. La impiedad de saber que alimentaban a a los insectos de cualquier lugar que tuviera plan regulador. Intuían ciertos aprendizajes forzados de las calles a las cuales servían.

Uno miraba a las calles de Julio. Había cierto indicio de intentar una misión imposible  por parte de esas calles. 

Apuntaban a la inmanencia acogedora de los tiempos históricos, uno creía saberlo todo sabiendo el nombre del mes en cuestión, pero la vida aparecía en esas calles como una incesante corriente de vocaciones sin origen.

Cada día tiene su vocación interrumpida, cuando alcanza una conexión con otro ser humano, al fragor de una acción que tiende a intentar descubrir la represora subjetividad del otro, pasan y pasan sin estridencias mediáticas esos días, una de las tantas hojas de otoño juega a entender el significado simbólico de Julio.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.

Indecibles instantes de inocencia salvaje ofrecían las hojas de otoño durante este año, estas, atormentaban al angustiado mes de Julio respecto con las valiosas tonterías que solíamos realizar a diario. Desde fugaces miradas a experiencias humanas sin adjetivos forzados. Un resumen de la existencia invernal de Julio.

Nacían y morían seres humanos. Este mes solo era la excusa para el universo, ironizar contra la decadencia asombrosa de nuestras calles de Julio, pero era bastante digno al permanecer sumido en el cambio. Encuentros extraños surgían de ese mes inclinado a las marchas ciudadanas. Hubo de todo. Por decirlo de alguna manera, depurábamos nuestros pasados insumisos, nadie se atrevía a verbalizarlo.

Verbalizar a Julio junto a las hojas de otoño que lograban hacer patria nueva por medio de sus ideologías sin ambiciones, jamás tomarse en serio, muchos meses apreciaban esa actitud fundacional, sin embargo estábamos llegando al ocaso de una realidad planetaria estandarizada. Con algo de locura, solo las hojas de otoño podían perpetrar esa realidad que superaba toda etiqueta histórica, la de saber que la vida misma era una encerrona.

Una encerrona que pone en cuestión la racionalidad occidental de una modernidad atormentada producto de sus orígenes valoricos. Sus orígenes valoricos no podían con la sensatez irreverente de las hojas de otoño durante un dia feriado, a pesar que no hubo un día feriado en Julio, porque ellas abrían un camino hacia la trascendencia sin ambiciones de una caída sentida por las calles de Julio. 

Para las hojas de otoño, millones de nacimientos que germinaban con los ecos ideológicos del planeta tierra, la vida era una encerrona sin señalizaciones éticas  que aletargarán su existir holístico. Lo holístico de entender el fenómeno delirante de las hojas de otoño tras el ocaso de los días de feriado ¿qué hacer con las hojas de otoño tras un día feriado?

Esa respuesta tendrá que esperar. No hay apuro. Solo queremos tener la suficiente capacidad conmovedora de asombrarnos ante disolución espiritual de las hojas de otoño mientras tanto ocurren muchas situaciones humanas desprovistas de una moral prescriptiva, marchas ciudadanas sin usar las bondades siniestras del libre albedrio, y con ello, la tragedia glamorosa de jamás sonrojarse ante el espectáculo cósmico de ser meros sucedáneos de un misterio sin resolver. Son los misterios sin resolver del universo. Por eso mismo, nuestras hojas de otoño están en busca del tiempo perdido. A pesar que algunos dicen que no existe.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Otro día con algo de confusión humana. En esta ocasión, acusamos el golpe. Un golpe impregnado de breves comentarios planetarios, escasas voces históricas pueden explicar esas confusiones humanas. Todavía seguimos luchando ante Julio. Le queda poco. Y lo sabe.

No hay hoja de otoño que no lo sepa. Asume su genial intuición de divinidad mutilada. Mutiladas ante el aparecer radical de primaveras callejeras.

Esas primaveras callejeras que saben de revoluciones silenciosas, esa palabra no es patrimonio ideológico de ningún haber humano, que diseminan el oleo emancipador del hoy. 

A nuestras hojas de otoño les depara un drama glamoroso el intentar entender a Julio. Intensamente Julio, a saber, una cuenta propia para la condición humana, pura confusión volitiva y racionalidad cotidiana. Con  alguien más.

 Con alguien más el holocausto pueblo sabrá la importancia de llamarse según las peculiaridades de Julio: raros fríos de asunción diurna, pecados de nacimiento y los días  mismos como ilusión persistente.

Vivimos embarcamos bajo inercias institucionales que condicionan toda inclinación de dedicarse al caos. Un caos que permite dejar huellas de nacimiento. Unas huellas de nacimiento que separa muchos destinos circulares. Los destinos circulares de los días de Julio.

Una verdad bibliográfica acecha a ese mes, las hojas de otoño pronto morirán para silenciar a esas inercias institucionales que carecen de humor absurdo. 

Es lo que ellas tienen, humor absurdo. Se mofan de la modernidad en estado permanente de adecuación valorica. Esas valoraciones morales adquieren una épica de lo cotidiano sobre las cuestiones humanas. Pero las cuestiones humanas no pueden superar a la realidad.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Pregunta sin respuesta sensata, por ahora. Se acabará pronto este mes de Julio. Que ha tenido de todo: híbridos vocacionales a diario, miradas sesgadas sobre la miseria humana, narraciones extraordinarias de los hablantes ciudadanos, complicidades invernales con cada sujeto social, cafés cargados con escaso glamour existencial, inextricables compromisos con la educación formal, ignorancias bendecidas por el holocausto del tiempo, quejidos humanos al decir lo que sentimos, lucros éticos,  mitos fundacionales encarnados en los fin de semanas de Julio, dudas que aparecen con la emergencia de un día nublado, decesos simbólicos de las hojas de otoños, humores escasos en una negociación humana, cinismos bibliográficos de los estudiantes bibliográficos, absurdos condimentados por el universo, alegrías fugaces, cambios de estaciones intermodales, ventas republicanas, diálogos de exiliados, bipedismos pluricelulares y generaciones ulteriores con otra nueva forma de gobernar sus miedos.

Pocos dias quedan para convertir a Julio en un simple recuerdo de algunos. Esos recuerdos, mucho de lo cuales son luces y sombras de un proceso mutilado, ese proceso gradual de narración anónima, nuestras hojas de otoño encadenadas a su libertad.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Nada la supera. Porque vivimos enclaustrados en lánguidas convicciones de “horario valle” al mismo tiempo supeditados a la estupidez con énfasis de carecer de humor absurdo. Estos rasgos son, a veces, escasos en el género humano.  

 A la realidad no hay dictadura de las mayorías que pueda negociar con la misma y a su vez entenderlo como nada personal. Lo nada personal de las hojas de otoño es sublime ante lo que somos.

 Somos breves comentarios en busca del tiempo perdido. Un tiempo perdido que encuentra a las hojas de otoño de Julio en una posición interesante: perdidos en Julio.

Perdidos en Julio alecciona sobre una modernidad mal digerida que nos hace frágiles comentaristas de un ritual instituido, no hay mucho que podamos hacer. Hacer para vivir. Un permanente paraíso invernal ejercen las hojas de otoño al darse cuenta de su misional sentido de existencia, jamás tomarse en serio.

Ejercicios ciudadanos no alcanzan a entender los quejidos desgarradores de las hojas de otoño, mueren con la dignidad de alguien que quiere asir su sufrimiento, sin embargo la vida continua. Continúa para millones de organismos pluricelulares proclives a perpetuar la especie como si fuera algo intensamente didáctico, y lo ¿será?