Enamorado de la vida

Enamorado de la vida
Acontece

jueves, 30 de junio de 2011

Hojas de Otoño

si, linda!



Un día que acabara pronto. Pronto será tiempo de las miserias humanas. Como consecuencia de su tendencia al caos. A pesar del orden establecido, las hojas de otoño cumplen con su hábito reverencial de pintar el alma jadeante de las calles de Junio.

Pintando experiencias humanas. Intentos desesperados por dejar huellas. A lo cual decimos, que pronto seremos comida para gusanos, lo único que debemos hacer es descubrir aspectos fundacionales de cada uno de los días que fueron. Por lo menos morir en el intento fundacional de darle un sentido a la vida, en las calles de Junio siempre acontecen holocaustos humanos, y narrarla sin mayores ambiciones.

Sentir el dogma intimidante de los días de Junio, alguien anunció que “nada es para siempre”, mientras la rareza prevaleciente de los seres humanos se mimetiza en formas creativas de experiencia invernal. Porque ya estamos viviendo el invierno con un anónimo 2011. Levantando a esos días de sus herejías cotidianas, su otoño apesta.

Para Junio ha sido una alucinante experiencia haber actuado como aval para dar a conocer a sus 30 segundos de luces y sombras. Hubo una experimentación valorica de las hojas de otoño, jamás darse por enterado de que la vida es una encerrona, a medida que esos segundos claudicaban silenciosamente. No había mayor afrodisiaco que darle pasión, vida, locura e incertidumbre a cada uno de esos 30 segundos.

Segundos abiertos a la locura de la cruz, simbologías valoricas convertidas en métodos de sospecha, cambios que cambiaban para quedar al límite de sus posibilidades. Posibilidades humanas que cambian de vida, de un instante a otro, con las complicidades de Junio, la vida puede causar nacimientos de cuestionable verdad en la intimidad salvaje de las personas que caminan por ahí. Cualquier lugar en ese país puede ser una encerrona. Justo coincide con el último día que le corresponde legitimar a Junio.

Inverosímiles utopías anónimas descargan las hojas de otoño, más encima, logran mantener al ciclo de la vida provisto de suministros humanos.

Suministros humanos susceptibles a cualquier interpretación que esgrimieron esos 30 segundos de elecciones humanas extrañas.

Este mes de Junio junto a sus elecciones humanas. Siempre habrá alguien que asume el riesgo de darse por entero a la vida, nunca arrepentirse de penetrar los muros de la moral oficial de las horas de Junio. Esas horas de Junio apuestan al riesgo de jamás arrepentirse, por lo menos la vida sabe de negociaciones muy cercanas con sus enemigos. Pasa el tiempo cronológico de Junio, y después el diluvio de la intersubjetividad de Julio.

La intersubjetividad de Junio gano en las armas de la fruición mundana. Después, vendrá la narración invernal de un inefable Julio. Julio seguirá negociando con las hojas de otoño para tener un sentido de la semántica majadera, y la educación pública podrá estar muy sonrojada.

Digamos absurdos de cualquier horario. Al fragor de democracias participativamente incomprendidas, la vida humana se caricaturiza en el rostro sempiterno de una hoja de otoño, su sonido recoge los dolores narrados que el lenguaje no puede verbalizar.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Continúan las hojas de otoño. Puede ser atormentador pero al mismo tiempo seductor para el ser humano el libre albedrio. Un suceso de lucidez azarosa que deja huellas. Huellas otoñales durante Junio. Se está muriendo Junio. Con lo cual las mareas del tiempo hacen de las suyas cósmicas.

Mientras tanto las hojas de otoño ofrecen pasión, vida y gracia a un mes que aporto innumerables sucesos humanos inclasificables y narraciones indecibles provenientes del mundo humano. Surgió de la nada a terminar inexorablemente en breves comentarios planetarios. Pasan los años para Junio. Hay otros que olvidan sus raíces planetarias.

Han ido cayendo melódicamente las hojas de otoño por todas partes donde exista el ciclo de la vida. Un fenómeno de cuerpo presente a cada instante transcurridos los 30 segundos de Junio.

Son números muy exponenciales que destacan en la vida intima de las hojas de otoño. Esa vida que genera una agenda de adicciones personales a la razón humana. Con la complicidad de los hablantes ciudadanos, marchas callejeras engullidas producto del diagnostico medico que realizo la educación pública, que están dispuestos a incentivar sus más recónditos móviles de su conducta. El mes de Junio y la conducta humana.

Descubrir los misterios sin resolver de Junio anuncia divertimentos cotidianos para el universo. El universo también participa del ocurrir vital de Junio. Lo sabe. Observa decesos corporales de unos seres dados a la creación de artificios históricos. De la misma manera acompaña por medio del fenómeno de la vida a las hojas de otoño que navegan sin ambiciones ideológicas.

Las ambiciones ideológicas de Junio son un paisaje sintomático de lo que acontece en la realidad viviente del hoy, tedios humanos vinculados con los consensos básicos de sobrevivencia tribal de los meses anteriores, con anuncios deliberados hacia la locura de poner orden en nuestra propia vida.

Esa propia vida que naufraga ante la simpleza de los días de Junio, aprovechan su fugaz unicidad anónima, arrepentirse seria un insulto a la cognición desconocida que imparten las hojas de otoño. Hojas de otoño juegan a originar lenguaje para perpetrar realidades.

Cada día de Junio, las hojas de otoño seguían jugando a ser dioses pequeños de un relato monopolizado por los hablantes ciudadanos, irrumpía como dudosa reputación ideológica de un cuento relatado por breve comentario. Alguien lo hizo. Sin embargo, las hojas de otoño de Junio manifestaban su inocencia salvaje con los raros fríos nuevos de un viaje sin retorno, las calles de Junio caían rendidas ante el espectáculo del sonido desgarrador que las hojas de otoño esculpían. Esculpían secretos en el espacio público de lo socializado.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Respondiendo la respuesta equivocada al nacer. Luego seguimos creciendo hasta desarrollar una cognición rica mitos fundacionales. No este exento Julio de esto. Su cognición apela a entendérselas con la realidad humana en caótica perplejidad asociativa.

Un emergente mes de Julio acopia vivencias cotidianas de los hablantes ciudadanos que actúan perplejos ante su congregación asociativa de voliciones cotidianas. Lo que ayuda es vivirse en la soledad del gélido Julio siendo 2011.

Esa es la cuestión. Vivirse en la soledad sempiterna del silencio que codifica el sonido de las hojas de otoño. Examinaban las hojas de otoño a la compleja experiencia humana que se nos viene encima a través de la visión intimidante del día a día. Un día más. Y se acaba Junio. Era ya hora de culminar con este ritual aprendido.

Rituales aprendidos para soportar la pesada carga de los días que fueron. Dibujaron recuerdos que resplandecieron nuestros demonios internos. Evitar el conflicto. No es una amiga consejera que te permita entender el fenómeno de la vida actualmente en las postrimerías cronológicas de Junio. Pronto será Julio. Y sus hojas de otoño. Narran sórdidos espectáculos ideológicos.

Hay bastante sordidez humana. Solo tomate un mes de Julio para asumir conciencia de si, y veras la redención sensata de formular preguntas. Somos dioses pequeños cuando confrontamos la realidad del mundo exterior.

También le tocar vivir eso a Julio. A lo menos, somos incorregibles al responder preguntar sin respuestas sensatas. Ando buscando insaciablemente respuestas sensatas, pero la educación publica derivo a una enfermedad degenerativa en términos de las respuestas que muchos especularon.

Preguntas sin respuestas y respuestas sin preguntas, una aventura desquiciante que viven a diario las hojas de otoño, y lo hacen con la ética prudencial de jamás tomarse en serio en tiempos históricos híbridos.

Pronto llegara Julio para implementar un nuevo trato con las hojas de otoño. Aquello que la historia jamás podrá intuir, estamos indagando para usted, y la vida humana puede verse en los derroteros cotidianos de la biosfera. Cada día de Julio generara momentos invernales que atañen a nuestra biosfera. A mi manera, dirá la vida. Hay sucesos humanos pronto a saberse, ni la educación publica lo sabe, apostamos a la inefable sordidez de los segundos que a diario hacen patria nueva en este experimento llamado vida.

Vidas atormentadas de los días de Julio. Desde ventosidades imperceptibles producto de su pecado capital en “horario valle” hasta chamanismos epistémicos aprendidos en el aula de la educación formal. Están pasando cosas ahora mismo. Continuamente estamos en actitud expectante. Alternamos fríos dulcificados por el que dirán.

Llegara pronto Julio. Es como cualquier otro mes. Lo interesante es que la apariencia de realidad de Julio te lo hace saber, su temporal cronología tipificada basada en la opinión humana. Relativo a la facultad de conocer las apariencias. Solo ahí radica su sencillez invernal.

No es así, pues también se prepara para estar dedicado al caos a su vez el salario mínimo ha sido rechazado. De todo un poco, después el diluvio. Histerias humanas. Un ciclo histérico sobre la cual la vida hará de las suyas intuicionistas, darle misiones pasajeras al mes de Julio. Y lo hará. Dentro de las cuales las hojas de otoño vibraban concediendo a los demás encuentros furtivos con el libre albedrio.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Se están acabando esas obviedades. Como a todos. Pero todavía suben los precios del pan y las paltas. No es malo señalar la indignación ponderada de la educación pública. Solo queda decir algo que apesta. Un prologo otoñal de Junio que derivo hacia eso que llaman invierno.

Lo anunciaron hace siglos. Tiene sus ventajas comparativas vivir perdidos en Julio, descúbrelo sin evaluaciones académicas. Alguien le llamo. Siempre la vida juega con sus instintos lúdicos. Por lo menos, estamos padeciendo frio. Eso es sintomático con algo.

Surgió el invierno. Embelesado de candor salvaje. Este invierno juega con otras reglas de trato planetario. Sin embargo, las hojas de otoño acechan al novato mundo de aquel personaje. Nadie puede etiquetarlo como tal. Seria poco estético. Lo cual insinuó cierta visión integral. Simplemente potente. Por lo menos se morirá en el intento de trascender las estructuras de reproducción social. Se les acabo la fiesta.

Hojas de otoño como artificios. Penetran la adultez petrificada de las desigualdades libertarias propuestas por la inescrutable democracia. Para estos efectos, la democracia y las hojas de otoño comparten su pasión por la vida humana. Viendo a la vida humana como artificios listos en su captación inmediata de experiencias narradoras de cuerpo presente.

Tanto la democracia como las hojas de otoño asumen condición de posibilidad temeraria, dialogar con los sitios ingobernables del existir cotidiano que depara la embelesada biología de la vida que somos. Somos. Esta palabra era necesaria decirla.

Necesario es enfatizar sus distintas formas singulares de experiencia viviente cuya finalidad es dejar huellas. Huellas de nacimiento en los habitantes de este planeta Tierra. Anuncian y enuncian situaciones limites en el soberano acontecer a partir del desarrollo evolutivo de los días de Julio. No lo olviden, Junio sabia eso.

Saber sobre los asuntos humanos es saber la dimensión desconocida del hoy. Te involucras en un problema humano, a veces, implica jugársela por entero para trascender la reflexión ingenua que gratuitamente ofreció Junio. Creencias difundidas, masificadas y codificadas de que estamos pensando. Habrá alguien que estará alerta. Eso espero. Mientras tanto persisten nuestros días. Como todos los días son esclavos ilustres con respecto a responder la pregunta equivocada. Prontamente Julio y sus preguntas equivocadas.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


días nostálgicos al llegar su ocaso gregario, astucias tributarias, lógicas sin dudas pedestres, breves comentarios del universo, viajes sin retorno a la subjetividad humana, sujeciones admirables del querer irracional de las hojas de otoño de Junio, gestos dedicados a alguien que te observa, gestos vacios, muestras sugestivas de la represora subjetividad humana ante la secuencia finita de cambios de mando, vacios éticos mimetizados en el duro peso de los días de los héroes anónimos del Chile profundo, rabias acumuladas, desigualdades sociales para todos los gustos ideológicos, aperturas hacia el humor absurdo de cada día que pasa, estaciones intermodales negociando con la realidad, segregaciones faciales y gestuales de los pasajeros por efecto de los caminos azarosos de la vida, diálogos en silencio de la existencia humana al cambiar de vagón de Metro, dudas monetarias al mirar sin rencores nuestro “horario punta”, potenciales creativos en las estaciones intermodales, elecciones humanas para libres albedríos atormentados a su vez seducidos, inicios duros, personajes excéntricos, ciertos lugares comunes, experiencias fraudulentas de los seres humanos, enigmas otoñales de la intrigante intersubjetividad, favores inesperados de las hojas de otoño, ideologías sin prescripciones valoricas de las hojas de otoño, ideologías otoñales, didácticas psíquicas sin nombre consensuado, existencias aparecidas a cualquier hora del día, docencias atribuladas, ruidos insanos por ahí, profusas melodías sin nombre todavía, revisionismos tercermundistas, mundos perdidos dentro de todos nosotros, nieblas epistolares, amaneceres cómplices, influencias vivenciales, peleas familiares, siniestros móviles humanos, comunas seguras para dadaísmos cotidianos, lecciones de vida con sus letanías viscerales, heterodoxas horas para el amor de Junio, mujeres frustradas sexualmente frustradas ante el universo seminal de los otros, vaguedades pélvicas de los hombres, erotismos invernales, bohemias consumistas que venden al mundo, intereses incestuosos de los hablantes ciudadanos, precios de la canasta familiar que suben mucho, vanguardias erotizadas por los rituales de Occidente de adultos sin locuras demandantes y vicios desquiciantes ante el fenómeno de la vida.

Alguien dijo algo al parecer. Si lo hizo, entonces la vida será una locura valiosa. Es un regalo. Ese regalo normado por el universo, Vía Láctea, planeta Tierra y nosotros mismos en cuanto a lo que hemos creado. Hay básicos consensos de sobrevivencia tribal, incluyen al mes de Junio con sus 30 obviedades.

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.


Emergen instantes, palabras, intuiciones de existencia, narraciones indecibles, malestares ciudadanos, calles sin limpiar día por medio, semanas de temas contingentes, educación publica siguiendo el ritmo del Chile en “on”, galaxias vivenciales, dilemas vivenciales, fracasos matrimoniales, escombros estéticos, miserias bipartidistas, sueños sin dormir, simplicidades psicodélicas, escritos tendenciosos, prodigas pulsiones generacionales, sinapsis momentáneas, cogniciones posdictadura, blancos aparecidos, revoluciones semánticas, puntos finales a vínculos humanos, matrimonio exitosos en grandes mentiras, delirios escatológicos, tristezas torrejas, surrealismos cotidianos, precios éticos basados en esos raros fríos invernales, regalos pasajeros de los días de Junio, teléfonos móviles con mayor penetración vocacional, reminiscencias picunches, encuestas de opinión publica que enceguecen la realidad ontológica de Junio, políticos dados a la estupidez con énfasis, consumismos mundanos, ciclos del planeta tierra, angustias escolares, normas académicas laxas, temores reflexivos, familiares corroídos por el sano entendimiento humano, esperas volitivas en los paraderos troncales, divertimentos epidérmicos, resentimientos con escasa fruición estratégica, proyectos humanos inacabados, fluidas rebeldías, razones desconocidas para entender a los otros, cacofonías democráticas, diligencias burocráticas, reformas sin horarios estandarizados, minucias pluricelulares, protestas ciudadanas, folletinescos discursos radiales, recovecos informáticos, matemáticas cotidianas, orgasmos ensimismados, acreditaciones morales, fruteras multifuncionales, faunas femeninas, floras masculinas, consensuados nacimientos, huellas de sangre republicana, discusiones anormales, pobrezas disfrazadas con un monólogo del asado durante un día feriado, estampidas alucinantes de las hojas de otoño, hojas de otoño junto a sus ritmos dialecticos, hojas con la ayuda de sus amigos, dictaduras sin adjetivos oficiales, contaminaciones vocacionales, votaciones asambleístas, improntas visuales, memorias frágiles del bípedo “pueblo”, días en la vida de alguien, prejuicios milenarios de la maestra vida, divagaciones horarias, silencios elocuentes, sagradas escrituras en los inodoros de la educación publica, abismos rocallosos que tientan a los adolescentes, genialidades callejeras, redacciones sin talleres de caligrafía, riquezas etareas, seminales sucesos otoñales, resfríos diferenciados por la genética de los otros, extraordinarios segundos transcurridos, epifanías con glamour absurdo, absurdos bien remunerados, reconocimientos universitarios, tecnologías Kuchen, divisiones valoricas, irrealidades bibliográficas, amantes otoños bicentenarios, segundos en busca de la hojas de otoño perpleja, excitaciones lingüísticas, prófugos encuentros invernales, recapitulaciones democráticas, perdidos en Junio, incertidumbres y dudas identitarias de los días de Junio, calles de Junio condicionada por los actos políticos de una libertad sin sentido del humor, personajes indigentes que saben de sermones históricos

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Fluyen caminos de la vida en constante expansión picunche. Lo picunche como gran relato de utopías en “off”. Esta simple palabra puede cambiar la mirada sobre Junio y logro que la historia humana sea un arte de lo imposible para la política y aventura descarnada para la vida humana.

Audacias planetarias acontecen en Junio. Con sus raros fríos invernales. Surgen sus fenómenos que despuntan revoluciones semánticamente confusas.

Confusas para la anónima realidad. Pero suceden. Suceden ilimitados fenómenos revolucionarios a la orden del día durante Junio. Es algo indudable, más aun, cuando tratamos con los animales extraños. Se llaman seres humanos. Un breve comentario en el éxtasis ético de Junio.

Vigorizan su éxtasis sus hojas de otoño. Ellas jamás están desempleadas. Discuten sus consensos de Occidente, entender el significado de del lenguaje humano a medida que transcurren los días, por ahora, así será, con Junio buscáremos un sentido que permita cambiar. Cambiar para permanecer en la constante psicodélica de las hojas de otoño que dicen cosas.

Dicen cosas que cuestionan el ancho pensamiento del “contrato social” de los homínidos con evolución pluricelular, que estamos progresando en la interpretación de dicho contrato pero no sabemos quiénes somos, nadie sabe la edad precisa de los organismos pluricelulares a la sazón de lo que se ha creado, una forma sofistica de represión estandarizada, agregándole esa encerrona que obsequia la vida.

A lo menos estas hojas de otoño indagan los decesos simbólicos de los días de Junio así como las avenidas de control social con los cuales estamos viviendo en un acto de constricción permanente.

miércoles, 29 de junio de 2011

Hojas de Otoño


Todavía existe la educación pública, por lo menos la palabra mantiene su estatización semántica. No hay otoño actual que pueda romper con su lugar que le corresponde en la vida humana de cualquier día en Junio.


Hace unos días se acabo el otoño que pertenecía a unos pocos. Solo a 30 días dispuestos a envejecer con dignidad. La dignidad de estimarse como protagonistas de un drama circense que difunde valiosas tonterías. Esas valiosas tonterías con las cuales la educación publica engendran didácticas humanas acotadas al espacio público de lo prejuzgado.

Innumerables prejuicios alternan con caricaturescos modos de experiencia singular docente, mientras tanto las hojas de otoño siguen su viaje sin retorno al reducto insondable de la subjetividad humana.

De cuando en cuando, surgen dilemas éticos que han sido narrados por miles de existencias individuales que consideran que educarse es una fuente inagotable de igualdad de oportunidades.


Por lo menos, a simple vista eso se cumple. Sin embargo, la vida humana en “off” confabula para involucionar en los criterios orientadores de praxis política para derivar a un abismo de rezos estandarizados.

Hay mucho de rezo estandarizado en la humanidad acuciante de un día Lunes por la mañana. Suelen ser los días en que se debate en el Congreso nacional temas vinculantes a las comisiones mixtas. Acompañado de la vida anónima de las hojas de otoño. Ellas carecen de Twitter. Tienen su rostro al descubierto. Consideran decadente alardear para envejecer. No ensalzan la tiranía de los ocasos utópicos. No obstante apelan a su querer irracional. Su fragancia de “horario valle” aporta a su propia conversión dialógica con el mundo. El mundo de las caídas vivientes.

Todo fluye para desentrañar temporalidad otoñal, diría nuestro amigo Mes. Mucho queda por trabajar para lograr un integral entendimiento del fenómeno viviente de las hojas de otoño.


Podemos entenderlo si vamos a la vanguardia de comprender una genuina visión sobre la educación pública, a saber, no decir estupideces con énfasis e incluir en los programas de estudio el ramo “la vida es una encerrona”.


Se soportan con candor salvajes esos instantes en los cuales no existen esos rasgos. Tanto Junio como sus hojas de otoño relatan como observadores en practica profesional.

Hojas de Otoño




Siempre la vida esta al tanto de los aspectos ingobernables, inescrutables e intrincados de los seres humanos. En cambio, los seres humanos buscan a través de las más inverosímiles formas de experiencia viviente, encontrar respuestas al origen de la vida. Ese origen pone en cuestión prístinos prejuicios sobre el lugar que le corresponde al ser humano en el universo.

La sutil conciencia amante del mes de Junio que describe propuestas humanas inacabadas y enfermedades sagradas de los días que envejecieron. La enfermedad sagrada que contiene aprendizajes humanos desquiciados ante el fenómeno de la vida.


Un fenómeno de la vida hecho cuerpo presente por las calles de Junio. Diversas calles que modelan utopías inconclusas, pavimentar esos raros fríos de invierno.

Esos raros fríos de invierno. Diluvios cotidianos que proceden. Proceden a manifestarse en cada rostro indecible de los hablantes ciudadanos que se ocultan tras la mascara que les deja este mes. Mascaras sin resolver por los habitantes fugaces que andan por las calles de Junio. Esos objetos de progresión geométrica, las hojas de otoño atañen al original sentido de la concordia planetaria, siguen apareciendo durante estos raros fríos de invierno.

Para la educación pública, miradas humanas que acontecen hacia el más acá, olvidan la importancia de estar habitando esos raros fríos de invierno, porque esa expresión de inocencia ideológica genera vivir conscientes, buscarse sin piedad. Esa es la cuestión al tratarse encontrar la formula ganadora para entender a Junio.


Entender a Junio implica subvertir las estructuras valoricas que condicionan su grandeza de espíritu para jamás sobrevalorar la grandeza de espíritu de la educación publica.

Hojas de Otoño




Fragancia nauseabunda del hoy. Ese hoy que implosiona a la realidad. Estamos cansados de tanta realidad. La realidad que asfixia a Junio 2011. No solo a él. También al componente hipocrático de las hojas de otoño, ellas aman la vida sin lógica. Lo cual apunta a ironizar con los dogmatismos espurios de la racionalidad occidental. Alguien por ahí sabe de nadas vivenciales. Por lo menos esa nada anuncia aventuras sin retorno. Eso mismo le ocurre a nuestras hojas de otoño.

Narramos una ensalada de condimentos vivenciales a la vuelta de la esquina que colinda con los últimos días de Junio.


Sus hojas de otoño amenizan el cordial dialogo de explicación significativa que comparte con el inexistente presente, puesto que la presencia viviente del aquí y el ahora se diluye en simples recuerdos de dudas patriarcales.

Lo inasible de percibir la realidad de Junio. Si es que hay algo que pueda abrirlo a la sana lección de existir, que irrumpa como una persistente ilusión. Un evento de extraordinaria inocencia salvaje. Es la inocencia salvaje de los heroísmos anónimos de aquel mes.


Algo nos regala Junio junto a sus contradicciones planetarias. La vida misma de Junio y su ilusión persistente.

La ilusión persiste de algo que nos duele hasta quebrantar nuestros modos de ser, estilos de vida, hábitos estandarizados y argucia valoricas cuando intentamos pensar. Es fascinante darse cuenta que todo esto ocurre en Junio, que sigue con sus fundamentalismos educativos, pero nada es para siempre.


Es halagador para las hojas de otoño. Hojas de otoño que condimentan la ilusión persistente a la que apunta la realidad.

Se hace presente la realidad. Una epifanía sin interpretaciones modernizantes. De la misma manera miles de millones de engendros pluricelulares.


Para ese entonces, a la vida que se hace presente en la realidad, y con ello, debe crear nuevas formas de pensar los problemas. Con otras categorías dilucidar la secuencia infinita de problemas de que surgen tras intentar responder a los mandatos ingobernables de la vida.

lunes, 27 de junio de 2011

Hojas de Otoño



Todo fluye para desentrañar temporalidad otoñal, la virtud hogareña de Junio entiende de sinsabores cotidianos, y las hojas de otoño caen al fondo del abismo. Alguien lo interpreto a su manera.

Seguimos escarbando en lógicas históricas añejas con respecto a la confusa educación formal que busca su honor absurdo con algo de rebeldía didáctica. Sin experiencia que demuestre la debilidad humana, no hay miseria full HD que permita lograr entender que significa pensar. Pensar es un riesgo.

Día a día había algo que hacer. Si estamos asumiendo costos valoricos con las formas de vida colectiva de las cuales somos parte protagónica. Menos vida cívica aparece en Junio en donde el mercado hace de las suyas familiares encarnado mediante una suma impersonal de voluntades personales. Promueve consumo, individualismo, inexistencia de otras alternativas.

Alguien equivoco el camino atinente a las estructuras discursivas que acompañan a Junio. Un mes que no solo vive del mercado, pero las hojas de otoño consideran que esa sujeto histórico llamado mercado ha sabido actuar muy bien por medio del interés individual en detrimento de la totalidad viviente de una vida cívica diversa, polifacética y secularmente horaria.

No puedo evitar sentir angustia. Un invierno ensalzado como tal. Uno más dentro de millones de días que históricamente seguían explicándonos una expansión sin limites ideológicos. Un hacer lleno de dicciones históricas. La historia humana siempre estaba presente.

Aversiones racionales contra lo dispuesto por Junio. Ante esta situación otoñal, un Junio provisto de discursos fantasmagóricos, la modernidad cuestionada, se logra cambiar la mirada.


Ser conscientes en Junio implica sagrados deberes cómicos del planeta tierra para inventar creacionismos humanos. Los creacionismos humanos surgidos de alguna parte, descúbrelo junto a la ¡educación publica que confabula con sus fantasmas ideológicos y majaderías semánticas!

Hojas de Otoño




Dudas. Eso aparece al vivir sumidos en Junio. Pronto germinaran olvidos que alguien no aceptara. Aceptaciones humanas muy misteriosas a medida que envejecen los tiempos humanos del otoño actual. Una actualidad provista de incertidumbre. Un principio que vulnera los supuestos callejeros de Junio, la existencia surrealista del pueblo.

Persisten las dudas. De cualquier cosa que tenga que ver con la vida. A diario vemos sus orígenes dubitativos. Todos quieren responderlo a cabalidad. Algunos ilusos consideran que teniendo solo aula magna podrán penetrar los misterios del mundo. Y miro de repente la hora.


Cuando miro la hora, después empieza el diluvio de observar alrededor mío. Son inquisidoras muestras de anarquía vocacional, pasan los minutos con sus derroteros valoricos.

Esos derroteros valoricos que coexisten con este mes de Junio. Pasiones humanas y asunciones otoñales responden al protagonista de esta función de drama humano: Hojas de Otoño. Un intento por dejar huellas sobre todo aquello que permita ampliar la esencia íntima de lo caótico que llevamos dentro de las regiones oscuras de nuestra subjetividad.

Están latentes las regiones oscuras de nuestra subjetividad en el aula proveniente de la educación pública. Un engendro de divertimentos burocráticos que intenta superar la orgia vivencial de la experiencia misma de lo socializado por las lecciones de vida que suceden a diario. Mientras tanto las hojas de otoño cosechan sus sueños de libertad.

Sueños de libertad en la medida de lo posible durante la historia anónima de los días de Junio. Su historia anónima es una ilusión persistente. La realidad como una ilusión persistente. Pocos se atreven a reconocer ese fenómeno de la vida y de la naturaleza, pues somos unos malditos cobardes.


Enclaustrados en la agenda de adicciones personales que te depara la vida oficial de la modernidad, ahora esta cuestionada. A pesar de los muchos estímulos planetarios del asiduo acontecer de Junio, habrá alguien que preserve el abismo pavoroso de ese mes.

domingo, 26 de junio de 2011

Hojas de Otoño




Vivir perdidos en Junio. Perdidos y engañados, cuando el uniforme ciudadano generaba frenesí, lo que queda es rezar con la educación pública. Una superstición muy difundida, un error del prejuicio estandarizado. Pululan prejuicios estandarizados en el horizonte otoñal de Junio. Acá, Junio merece una oportunidad, observando los decesos simbólicos de nuestras hojas de otoño.


Las hojas de otoño intuyen la perdición sobre los asuntos humanos, a saber, un letal medicamento contra las sujeciones identitarias de los habitantes de aquel país. Redimido por sus abortos épicos. Hace de la épica de lo cotidiano una revolución silenciosa. En ese país sabe mucho sobre revoluciones. Vayan tejiendo sus enfados vocacionales en pos de descubrirlo. Háganlo.

Háganlo para indignarse. Indignarse ante tanta situación limite de aceptación servil sobre el estado de cosas existentes durante Junio. Acabaremos con los designios clamorosos de la historia de la voluntad humana, marchas ciudadanas mezcladas con sus tiránicos endemoniados hermenéuticos, cuyo día vinculado a Junio harán florecer las bendiciones teatrales del universo.

Esa es la manera de vivirlo, ahora mismo siendo Junio 2011, millones de vidas humanas arden en nativos aburrimientos valoricos, estrechando vínculos con el tiempo cronológico de creación humana, para entender el fenómeno acusador de la vejez. Seguimos envejeciendo junto los acallados dilemas bioeticos del caso. Como podríamos solucionar el arte del realismo sanguinario que entraña la vida misma. Y no te avisa nunca.

Jamás nos avisa. Al caer las hojas de otoño anuncia el ocaso de las grandes narrativas. Pedantes narrativas de un drama a medio terminar. Siguen causando asombros. Atesoran un místico espíritu de la buena enseñanza. Esa buena enseñanza que la educación publica no puede solucionar. Emerge Junio sin lecciones prescritas. Prescripciones valoricas que cosifican al suelo firme de la educación publica. Ella misma entrevé miserias materiales de alto rango patriarcal.

Hojas de Otoño





Después de entender las evocaciones de Junio, eso intento. Lo cual engrandece la manera de apropiarse de la vida humana en perpetua sucesión planetaria y la divinidad mutilada de cada hora señalada como tal por los tiempos cronológicos de la razón instrumental. Por eso mismo, su constante vértigo para cambiar asume culpas compartidas.

Culpas compartidas de los seres humanos al creer que pueden poner orden al fenómeno de la vida mediante formas sofisticas de represión, la civilización y sus derivados societales. Educación y cultura.

Reprimen la singularidad desbordante de los seres humanos. Pero es necesario. Resulta complicado dar respuesta a millones de singularidades vivenciales que buscan grados de justicia, igualdad o libertad muy distintos en relación a sus concepciones empíricas. A lo más, podemos entregar criterios de orientación valoricos que permitirán ciertos consensos de trato social.

Un animal cómico que proyecta conmociones extraordinarias para miradas ordinarias. Alberga instancias de libertad mutilada, vivirse en el agobio de la rutina.


No saber para quien se trabaja. Hay tentativas revolucionarias sin la absoluta complacencia de reformas humanas carentes de humor absurdo. Cuidemos el absurdo de vivir. Ayuda a no tomarse mucho en serio.

Instantes otoñales de Junio. Imprimen sus huellas de nacimiento ahí. Cualquier esquina callejera que precisa de encerronas humanas. La vida es una encerrona.


Uno cree estar controlando los imprevistos cotidianos del diario vivir en conformidad a los tiempos históricos actuales. Pero los tiempos biológicos preceden a los tiempos históricos.

Un fenómeno revolucionario incompleto. Teorías humanas incompletas respecto al habito que prevalece en el libre albedrio. Da cuenta de la nostálgica capacidad de engañarnos.

Hojas de Otoño




Búsquedas infructuosas de la razón humana. Un paraíso de ubicaciones reflexivas sin término acogedor. Acogiendo a la realidad del mundo exterior que yace en Junio. Suele suceder también durante este mes de Junio.

Solo cumple con el hábito estandarizado de encarnarse en un mes que evoca frio, revoluciones silenciosas, fornicaciones dispersas, alcoholismos frivolizados por los temas contingentes, prejuicios surgidos producto de que la vida es una encerrona, experiencias compartidas entre los hablantes ciudadanos, besos enrarecidos por emisión de gases contaminantes, risas fraudulentas de los políticos Kuchen, señorial forma de generar pecados capitales junto a nuestra angustiada educación publica, estudiantes universitarios perplejos, robos democráticos en cada esquina de la calle adyacente al lugar que te encuentras, decesos simbólicos de las miradas patriarcales, decadencias picunches, escasa propensión al caos cuando se sufre, divertimento sin adjetivo alguno, oprobios históricos al no ser conducidos por la política, delirios de grandeza de los días feriados, llamados a la anarquía de 3 letras, becas valoricas para Febrero 27, viscosidades acotadas de carretes universitarios, clamores sucesivos de los inexpertos fríos de otoño, énfasis programáticos que estandarizan la ignorancia humana, vida y muerte de los perros vagos a cualquier hora del día, hospitales psiquiátricos desfinanciados por la cuestionada modernidad, calamidades de la existencia humana, tecnologías de punta que tendrán efectos bioeticos en el día a día de nuestras relaciones intimas, gestión publica para nuestros vínculos afectivos, narraciones corrosivas del universo, delirio sobre todo intenta de instaurar orden, genialidades tétricas en cuerpo presente de la vida, incremento exponencial del precio del pan, polémicas humanas que el tiempo se llevara, matrimonios cuya grandeza de espíritu radica en mentirse siempre, excitaciones semánticas sobre la educación publica, cinismos bibliográficos, victimizaciones espurias de los compañeros de hablar “intermitente”, sollozos acompañados de un objeto tecnológico y un perro vago que observa sin ambiciones posmodernas, llamados telefónicos que siguen un argumento lineal de obviedad republicana, pobrezas atávicas a la hora del taco, heroísmos anónimos que aparecen yd desaparecen conforme al gobierno de turno, cultura mediática respecto al sufrimiento humano, temor reverencial a la encerrona que obsequia la vida, orígenes de los valores occidentales, singularidades hogareñas mientras se es fiel, intentos por romper el nativo aburrimiento, voluntad de vivir para las hojas de otoño, hojas de otoño conscientes de su ordinariez en lo extraordinario, modernizaciones indeterminadas para el aula del Chile profundo, secretos elocuentes al cambio de estación de Metro, estúpidas aseveraciones acerca de negociar con la realidad, música como el lenguaje de dios, extrañas interpretaciones torrejas, espejismos engañosos que resplandecen en cada estación intermodal hecho para la ocasión, ficciones éticas que exponen su visión totalizadora durante un día en Junio, hojas de otoño caídas en desgracia que emancipa las burdas sutilezas sociales que debemos cumplir, otoño siendo full HD y pérdida de utopías empíricas.


sábado, 25 de junio de 2011

Hojas de Otoño




Sin embargo, el mes de Junio ignora la finalidad intersubjetiva del malestar ciudadano, pero capta la sensación de hastío generalizado con el principio de autoridad.

Solo intuye un secuencial fenómeno de revoluciones indecibles. Indecibles abismos pensantes sobre desigualdades, riqueza y oportunidades.

Ahora entra el lenguaje como una nueva forma de gobernar. Gobierna las significaciones humanas de ancho proceder intencional. La intencionalidad de estar dirigido a algo. Eso aparece durante la vida terrenal de Junio.

Engaños, paradojas, mentiras, verdades complicadas por su adherencia a la convicción y la exultación a mitos fundacionales sobre cómo entender el fenómeno de la vida y su dimensión ideológica.

Cualquier día de Junio y su ideología de significación valorica. Muchos los culpan.

Por ser los privilegiados de un modelo enriquecedor de audacias volitivas. En ocasiones, lo legitiman a través del paradigma supersticioso de las urnas. En cambio, cuando observan que sus intereses han sido poco estéticos, acuden a los poderes facticos para reinstaurar su régimen de audacias volitivas y codicias desterradas.

Son las elites Kuchen. Excusas momentáneas de las elites Kuchen para motivar elusiones ideológicas. Una ideología de la disolución racional apunta a desenmascararnos de nuestras deshonrosas vivenciales, pensar sin piedad.

Sin dejarse jamás engañar por la finalidad de lo cotidiano que trae consigo. De repente alguien seguirá la historia de la voluntad de vivir de nuestras elites. Será alguien que respire por ahí ¿acaso Junio tendrá la ultima palabra?

Hojas de Otoño

despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Seguimos escapando. Escapamos contra lo que nos avasalla. Estamos siendo avasallados por la astucia histórica de la razón humana, sin optar por las pasiones como lugar de conflictos legitimados por la experiencia viviente de nuestro querer, en donde aspira a rotular todo indicio de sensatez reflexiva para apostar por la vida humana.

Surge la vida humana como un aparente bosquejo de exaltación cósmica, un corrosivo enigma divergente en este planeta tierra, configurándose como un breve comentario sin azares razonados. Sin azares razonados, la vida misma se convierte en un afán admirable que despunta.


Despunta para agregar valor de verdad en la actualidad, con los costos valoricos y las majaderías semánticas, a las calles de Junio. No solo a las delirantes calles de Junio.

Nuestras hojas de otoño, esos objetos de una clara vocación de servicio público, se ven afectadas por ese valor de verdad mediante la cual la vida humana ejerce su rareza impositiva. A cada rato, a cada hora. Del mismo modo, la vida humana sobre este planeta tierra aporta interesantes sucesiones otoñales a diario tanto en las calles de Junio como en los espacios sagrados de las marchas ciudadanas que comparten con el universo su aversión a lo racional.

Aversiones racionales anidan en nuestros salvajismos cotidianos. Los salvajismos cotidianos de marchas ciudadanas en busca del tiempo perdido. El tiempo perdido de alguien. Alguien mira hacia un horizonte. El horizonte de la reflexión incompleta que ofrece la aurora de Junio. La aurora de los idiotismos democráticos.


Todavía seguimos viviendo con la indulgencia corrosiva del hoy. Ese actual hoy que erige los salvajismos cotidianos de cualquier día de Junio que complace a sus hijos ilustres, las hojas de otoño.

Siempre habrá alguien. Ese alguien quiere lograr algo. Algo. Con el cual se puede empezar haciendo una revisión en relieve que afecta al estado de cosas existente en las calles de Junio a la sazón actor protagónico de los ideologismos híbridos.


Son híbridos en sus propósitos generacionales, intersubjetivos y narrativos. La hibridez de lo acontecido durante siglos a lo cual la miseria humana aporta un sentido de vigor ético al malestar colectivo de los hablantes ciudadanos. Todo hablante ciudadano es un misterio sin resolver, no hay “off” ni “on” que puede solucionarlo.

Lo interesante de toda esta situación, en realidad, es entender los complejos sociales que subyacen en las calles de Junio.

Hojas de Otoño



Siguen cayendo las hojas de otoño. Acontecen. Respiran recuerdos humanos que jamás volverán. Somos meros recuerdos de un idiota personaje. Pero alguien duda sobre eso. Y se sigue evolucionando. Siguen signos de un principio de incertidumbre. La incertidumbre de las calles de Junio mientras perpetramos mitos fundacionales. El mito fundacional de la historia humana. En las nubes solo hay irrealidades humanas. Esa irrealidad que ejercen las hojas de otoño. Se buscan incansablemente para vivir. Viven con la venia generosa de Junio 2011.

Ese gesto se agradece. No hay manera de verbalizarlo. Solo nos queda observar. Estos acontecimientos humanos de inestabilidades valoricas, luchas pírricas contra un concepto en acción sobre la educación pública, sumergió a la modernidad en oscuras divagaciones identitarias. Nadie sabía para quien trabajaba en este aspecto. Pasaba el tiempo cronológico de la educación pública. Pero continuaba este mes de Junio con sus lucros históricos.

Evocando a la historia de la humanidad con la presentación antojadiza del sedentarismo como excusa para explicar sucesos humanos durante Junio. Un otoño que se encarna en él, pero siguen muriendo seres humanos por la educación pública que refleja Junio, no existe la claridad suficiente para decir que la educación formal no te convierte en estúpido sino en un paulatino ignorante. Nadie se atreve a decirlo, es poco estético.

Transcurren los días de Junio con sus sedentarismos educativos. Poco a poco la captación inmediata de cuerpo presente de lo se percibe por parte de los hablantes ciudadanos durante este mes permite enfatizar la mundos perdidos que hemos perdido. Los mundos perdidos durante la conmoción utópica de las hojas de otoño.

Esos mundos perdidos son consecuencia de algo llego a su fin. Su fin radica en la caída de las grandes narrativas, explicar a la educación pública a partir de la racionalidad occidental sin el valor de verdad del querer irracional de intuir fenómenos humanos, con la participación de las hojas de otoño. Ayudan a darse cuenta de la burda aceptación humana de todo aquello que pretenda auto imponerse como razón instrumental.

La vida humana sobre este planeta tierra porta interesantes sucesiones otoñales a diario tanto en las calles de Junio como en los espacios sagrados de las marchas ciudadanas que comparten con el universo su aversión a lo racional.

Hojas de Otoño

Un intimidante espectáculo señorial generan los eventos vivenciales del sufrimiento humano. Algo tienen las hojas de otoño que saben canalizar el sufrimiento. Ve el fracaso como un mero formalismo educativo, y la vida dentro de las cuales se haya el sufrimiento humano como necesario y suficiente, a Junio le toca el privilegio de amarle.

Sin miedos habrá días dignos de ser narrados. Lograr que ese vivir para sufrir sea una vertiente de fabulaciones invernales. Un invierno que emancipa demonios internos sobre los cuales la existencia temporal del sufrimiento humano adquiere dudas radicales. Ya subió lamentablemente el precio del pan.

No solo se ha incrementado sustancialmente el precio del pan, la vida humana ha visto incrementar sus estratos de salvajismo enigmático. Ese salvajismo enigmático que procede a manifestarse en las calles de Junio.

Son las calles del Chile profundo. Se transforma intensamente en eso. Una moral imperante convertida en obsecuente aprendiz de la existencia invernal de las calles de Junio.

De lo decadente de aplicar éticas profesionales a intentar forjar un acto de perplejidad cotidiana al darte cuenta que la vida es una encerrona.

Daba lo mismo el transcurso vital de los días de Junio, pues este mes aporta la plenitud de sentido cotidiano reflejada por medio de su finitud cronológica. Sabía hacer muy bien su trabajo.

Un encierro originado hace unos miles de millones de años, en esa ocasión, los homínidos descubrieron un rudimentario método de sobrevivencia psicológico, un sedentarismo que hablaba a través de la revolución domesticada por la agricultura.

Esa revolución silenciosa de la cual derivamos al sedentarismo deliberado por parte de los seres humanos produjo interesantes propuestas. Propuestas éticas sin mayores detalles humanos. Todo lo humano está lleno de lugares sagrados para nuestros delirios dialecticos.

Acá en el más acá de Junio junto a sus sedentarismos otoñales implica darse cuenta de la presencia viviente de las hojas de otoño como criterio de orientación surrealista. A cualquier hora irrumpen los fantasmas narrativos de la identidad humana.

Suele ser una dimensión desconocida para la educación pública. Nuestra educación pública dice “el mundo apesta! “ sin la gracia psicodélica de alguien en este país que sea autocritico. Solo la calle de Junio lo han sido. Nadie más ha logrado lo

Hojas de Otoño



Unos deseos de mandar todo a la mierda, un glamoroso lugar para nuestras oscuras subjetividades que anidan en la abulia de la controvertida modernidad. Pasan muchas cosas en la modernidad. Muchas otras cosas puede vislumbrar Junio con sus decesos cronológicos. En estas cronologías de contingencias mediáticas que acabamos de mencionar, la vida humana produce sus cambiantes caracterizaciones inconclusas. Muchos rasgos aparecen tanto en los días feriados como en días buscadores de algo imposible.

Ademanes humanos totalmente confundidos respecto a los designios seculares de Junio que se irá acabando conforme a los rituales de la racionalidad occidental. Sirve para dar cierto orden a la inestable sensación de irrealidad que existe en el más acá. Eso huele a perfume de humanidad atomizada por sus divertimentos volitivos.

Desde el más acá hasta algo angustiante. Estando en un invierno inicial. Una angustia para Junio. Un suceso psicosomático que alguien debería entender su principio originario. Nadie se atreve.

Significaría ese estudio un descubrimiento de los enemigos íntimos que pululan en nuestra incompleta construcción psíquica. Tal vez podríamos hablar sobre la dimensión desconocida del sufrimiento humano. También existe un sufrimiento para Junio.

Para mí un “sufrimiento para Junio” es algo innovador en términos didácticos. Todos evitan ese fenómeno de la vida. Pero pocos están preparados para ser dignos de su propio sufrimiento. Es la dignidad existencial de narrar la ordinariez de lo extraordinario cuando aparece el subterráneo mundo de los demonios internos.

viernes, 24 de junio de 2011

Hojas de Otoño

Proceden a manifestarse sin ambiciones. Calles de Junio condimentadas por las percepciones de los hablantes ciudadanos, envejecimientos graduales de los otros, reflexiones inacabadas de los días, ocasos otoñales, historias políticas cambiantes, absurdos bien remunerados producto de nuestro nativo aburrimiento, tragedias humanas sin estridencias mediáticas, violaciones psicológicas cuando caminamos por esa calle indistinta, miradas sugestivas que conmemoran clichés educativos, opiniones aparentemente republicanas, humedad relativa tratada como tal por el crepuscular Junio invernal, pronósticos reservados de los fríos, incoherencias valoricas al fragor de adolescencias desorientadas, adultez perpleja ante tanto lugar secular, situaciones prodigas en cinismos ecuménicos, pobrezas sin miradas holísticas, rarezas otoñales, palabras que significan algo, oligarquías atemorizadas, novelescas conversaciones universitarias, dilemas bioéticas de las hojas de otoño en la modernidad, escaso humor para mofarse de la bestia paradójica que somos despertando al nuevo día, fornicaciones vivenciales, vanguardias anónimas en aquellas tabernas del bajo mundo que se vinculan con las horas heterodoxas del ocurrir humano, desganos volitivos, hastíos psíquicos, fraudes valoricos tras milenarios consensos rotulados, visión rentista de la existencia social del lenguaje humano en Junio, hibridas adicciones generacionales, enigmas ideológicos sin resolver, susurros vocacionales de la vida misma, rebeldías conducentes a anarquismos sin glamour bibliográfico, revoluciones silenciosas, mayorías silenciosas que usan las estaciones intermodales para tolerar su nativo aburrimiento, tiempos biológicos expansivos, prejuicios rotulados como valor de verdad por parte de los hablantes ciudadanos, dogmatismo ramplón de los supuestos autoritarios de educar para vivir, flora y fauna humana medrada en cualquier calle asumida como un espacio público de lo refutado, didácticas callejeras sin dar respuesta alguna a los oscuros móviles de la conducta humana, vidas paralelas en los bares del Chile profundo, escombros humanos que disponen de consensos básicos, una modernidad atormentada ante la hidalguía de los juegos del lenguaje de esas hojas de otoño, un invierno abierto al mundo perdido de la educación pública, genuinas experiencias esgrimidas por el “horario valle” para entender la encerrona que alguien obsequio, desinteresados nihilismos de los jóvenes con “crédito de fondo solidario”, divertimentos artísticos de aquella generación que nació bajo los anales oficiales de una loca moral compasiva de Occidente, cultura del asadismo con temerarios condimentos semánticos, luces oblicuas del mundo adulto cuando construyen su lenguaje en relación a sus hijos y argucias burocráticas durante un “cambio de mando” para dar una señal de caótica tranquilidad picunche.

Hojas de Otoño

Lo azaroso de entregar de ir a observar las letales bellezas de un indistinto día que complementa a Junio con algo de autorrealización anónima. Sin aspavientos, sin miedos no progresismos estandarizados. Esos rasgos humanos le fastidian a las hojas de otoño, degradan la sabiduría indecible que cada día trae consigo, tal como lo vemos al despertar, en un país dado a opinar sobre todo aquello que le disgusta con respecto a su propia perspectiva ideológica, nadie asume riesgos necesarios.

Un mes que da cuenta de las situaciones prodigas por parte de las hipocresías históricas de un tal país abierto al mundo. No solo de Chile viven las hojas de otoño sino de toda calle que interpreta sus minimalistas escombros.

Hemos vuelto a usar al país de los abortos sublimes y los diagnósticos reservados para describir la evolución vivencial de las hojas de otoño a la hora cualquiera sobre la cual cae a tierra firme. A la tierra firme del que dirán. Más palabras o menos significados de las mismas acaban por esculpir templos de dudas radicales. La duda. Nadie puede ocultar su ropaje de predilección vocacional que posee.

A cualquier hora, cualquier narración humana puede verse resplandeciente ante la constelación de historias sin fecha de vencimiento, los cambios de las hojas de otoño. Una copia feliz del edén emerge tras las piruetas de las hojas de otoño en distintos momentos del día.

Un mes de junio cargado de inconsistencias humanas. Surgen autoengaños a medida que existe conexión con el otro. Los otros son espejismos engañosos durante una marcha ciudadana. Intentos desesperados por cosificar a las personas.

Se hace durante Junio. Pero las respuestas inexorablemente son insensatas. Nos quieren hacer creer que solo existe la conciencia de derechos, sin embargo las hojas de otoño entendió la conciencia de deberes que yace en nuestro mes. Un deber para Junio. Milagros extraordinarios proceden.
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Hojas de Otoño

Mediante un largo historial de diagnósticos humanos, una paradójica percepción picunche, durante los días de Junio y sus hojas de otoño, alternando con fríos imperfectos, la vida humana sonroja ante su bestial comicidad racional. Mundos perdidos destacados. Ahora mismo saberse actor protagónico dentro de la dimensión espacio-temporal de Junio produce un encuentro vital con esos mundos perdidos.

Ahora bien, las hojas de otoño reflejan el ocaso de un modo de gobernar los asuntos humanos, una modernidad cuestionada. Al estar cuestionada, la racionalidad occidental se diluye en tribus urbanas.

Después deriva a sequitos de poder inexistente, atomizar la identidad personal a medida que transcurren las horas de cualquier día de junio. Lo cual significa que la educación invernal, en las postrimerías de Junio, no permite una visión patriarcal de los asuntos humanos. No hay arbitrariedad de las hojas de otoño haciendo saludable a la modernidad cuestionada, siguen cayendo en cualquier esquina que tenga forma de calle.

Distintas maneras de enfocar un problema. En realidad, un problema puede ser resuelto con otro problema mayor. Así se ha demostrado en tantas juergas de cognición histórica, estos meses otoñales e invernales servirán para vigorizar nuestras idioteces históricas, con la experiencia jugada de las actuales hojas de otoño que proceden. Proceden a pintarnos el inefable sonido de los mundos perdidos del silencio. Ese silencio posterior a una conceptualización de un problema. La vida intuye eso.

Nuestras hojas de otoño aparecen como objetos de deseo para los heroísmos anónimos de calles descritas como ejemplos de una perplejidad encolerizada. Solo escuchar su silencio agota la fragilidad acuciante proveniente de nuestra hermenéutica educación formal, no estamos preparados para eso. Ademas, esas hojas de otoño han perpetrando realidades que le permiten soportar el duro peso de los días. Los días duelen como un anónimo héroe.

Estamos constantemente sufriendo ante el eterno deseo insatisfecho de entender a cabalidad el sentido de los días que duelen a cualquier segundo transcurrido. Unos segundos predicadores de malas decisiones humanas. Proveniente de nuestro libre albedrio para el hombre reflexionar sobre el acontecer duradero de Junio resulta temerario.

Un frio causado por alguien más. Cada día envejecido produce una discreta adultez en la ignorancia de los hablantes ciudadanos que habitan por ahí. Esas hojas de otoño invocan por ahí esas ideologías que no persisten, las relaciones íntimas de los seres humanos.

Una enfermedad sagrada para esos insanos claudicantes, la burda credibilidad de las convenciones sociales mientras el universo sigue expandiéndose. Un tratado de las pasiones humanas hemos de señalar por parte de las hojas de otoño. Ellas viven la sabia complacencia de estar bajo el mando del azar. Las vanguardias inescrutables de las hojas de otoño dejan huellas de nacimiento a diario en cada día de Junio.

Hojas de otoño

Intentos denodados por darle sentido a la vida misma. Ahora la única excusa existente, por ahora, es comprender la acción temeraria de segundos que jamás volverán estando vinculados a la secreta elocuencia de la muerte, supuestamente tenemos toda nuestro ocurrir vital para formular preguntas con respuestas sensatas, no siempre respondemos de manera sensata. Más aun, la maestra vida es una encerrona para la totalidad viviente que fue y será respecto al invierno recién comenzado como también para las hojas de otoño de Junio.

Indescifrables momentos de patudez vivencial albergan los días de Junio, todos se atribuyen superioridad ética al tenor de los argumentos que esgrimen al fragor de locuaces voliciones de “horario valle”, día a día, con y sin marchas ciudadanas, la vida seguirá siendo una encerrona. De repente aparecen los delirios escatológicos de un atardecer humano contra la tentación de lo imposible de los días de Junio.

Cuesta similar tantos espectáculos mundanos efectuados tras la plena manifestación de esos días que expresan un proyecto de pensamiento planetario, asimilan el viaje sin retorno del fenómeno de la vida.

Los días de Junio, el fenómeno de la vida y sus hojas de otoño caídas en gracia. Un acontecimiento histórico para cada uno de las afirmaciones de devenir planetario presentadas momentáneamente por los ojos históricos de un Junio dispuesto a darse conocer sin miedos humanos.

Los miedos humanos de una generación universitaria perpleja ante tanta información disponible, y modelada a través de escasas palabras. Escasas palabras que no hacen dudar a Junio cuyo propósito es darle un sentido misional al latente caos que entraña su vida cronológica. Una cronología de lo desconocido.

Hojas de otoño

Un instante de conversión dialógica para Junio. Durante ciertos días la condición humana se convierte en un sideral abismo esclarecedor. Solo sabemos vociferar huellas de nacimiento ante el arsenal de imprevistos planetarios que te confiere este Junio. Sugerentes apariencias planetarias de un otoño que se va.

Su dirección correcta es entender la captación inmediata de fisonomía completa que ofrece la vida. No te la pone fácil esa musa.

La musa de los ecos corrosivos. Nadie puede imponerse ante ella. Ni siquiera un árbol cualquiera que anidan en las calles de Junio. Muchas veces, este mes fornica la existencia humana sin darnos cuenta de esa epifanía súbitamente integradora. Es la integradora razón inadecuada que emerge de los derroteros enigmáticos de este recién llegado invierno a Junio.

Una buena manera de gobernar, fornicar la existencia orgánica del inexperto invierno que se hace al andar de milagros inesperados. Un inicio cotidiano para este invierno siendo inexperto en asuntos humanos.

La contingencia del invierno de Junio resulta algo único en su especie. Derivó a eso. Milagros inesperados tendientes a dibujar otra mirada. Otra mirada que implica tener a la vista a las hojas de otoño de Junio.

Es necesario develar su valor estético. Vivencias humanas diluidas en eventos automatizados por la sociedad del conocimiento, Junio sabe eso. A veces, un día en Junio era alguien proclive a sanarse por entero. Había que enterarse de la perpetua sorpresa de existir, entender al invierno con sus marchas ciudadanas.

miércoles, 22 de junio de 2011

Hojas de Otoño

Un aspecto fundacional de Junio es su propensión a observar indefectiblemente los lugares sagrados en donde las grandes alamedas envejecen al igual que los seres humanos. Esas Alamedas intuyen que la vida es una encerrona. Para saber su real dimensión, solo pregúntale al ahora.

Te sorprenderás de la capacidad avasalladora de la conciencia humana para disponer de respuestas insensatas así como de preguntas sensatas. Muchas veces tendremos que captar los mensajes sutiles de los tiempos históricos en la actualidad para entender el sentido de la educación formal, cuando la vida es una encerrona, y algo más.

Una realidad abyecta para aquellos que te están buscando un sentido a la vida otoñal de cuanto día aparece. Seguiremos, en otra ocasión, dialogando con las miserias humanas en el ámbito de relevancia picunche de la educación formal.

Por estos días embellecidos por los derroteros confusos de la educación formal sin los cuales el agobio de la rutina humana habría sido con mayor énfasis, un estado de evidencia indubitable.

Un día para la educación pública aconteció durante ese mes de otoñales tardíos. Resulta que acabó el otoño 2011. Un otoño que entendió que la vida humana puede transformarse fácilmente en una constelación de rarezas cognitivas. La rareza cognitiva de explicar lo que enseña dentro del aula. En el aula dicen que emerge la educación pública. En este caso, la relación íntima del otoño 2011 con la educación pública esta condicionada por la disolución racional de una modernidad perpleja ante el avance silencioso de la reflexión cotidiana que ejercen esos susurros cósmicos del hoy.

Un día y su Junio transcurrido, una vejez de las hojas de otoño y su absurdo esperanzador para entender a la educación publica. Un evento de especial importancia hubo por esos derroteros otoñales en la cual la vida sabia cuales eran sus enigmas. Enigmas humanos que no se agotan en la educación pública. No es menor mencionar que la existencia de estas 2 palabras permite señalar una fuente inveterada de conflictos humanos, miedos vigorizados ante la existencia social del lenguaje, ficciones éticas tras la interpretación de su ética y un optimismo aparente al rol que juega la razón.

Hojas de otoño

Cambios. Permanecen intactos ante ilimitadas formas singulares de malestar ciudadanos contra la biología de la vida que emerge dentro de las calles de Junio.

Las calles de Junio encarnan un drama sin dogmatismos humanos. Es algo que ocurre. Sin más que la ayuda filantrópica de la dinámica caótica del universo.

Una palabra que alecciona sobre vivir en Junio. Además, este mes es adicto a la realidad humana en perpetuo movimiento. Durante algunos días han aparecido indicios de un movimiento humano plagado de claroscuros generacionales.


Estamos acechados por los fantasmas valoricos de un sano entendimiento humano. Su sanidad mental radica en apuntar a las majaderías semánticas de los hablantes ciudadanos y los costos ideológicos de poner orden lógico a la realidad sobrevalorada de la educación.

Se aprecian los juegos del lenguaje de los seres humanos a medida que deben imponer sus criterios de orientación picunche pero al mismo tiempo dándole un afán mesiánico a sus posturas conceptuales sobre la educación formal.

Un acuerdo consensuado por la pedante modernidad de raigambre occidental y subjetividad represora del Contrato Social impuesto por ese personaje inacabado.

Dicen que dicen que entienden el estado de cosas existentes caracterizado por la galopante precariedad de décadas arraigadas en desigualdades libertarias, muertes simbólicas de convenientes prejuicios milenarios, bipedismos sobrevalorados respecto a la nueva forma de construir calle con inefable conciencia subversiva, discursos cargados de organismos pluricelulares, creacionismos callejeros al servicio de todas concepciones humanas, móviles oscuros sobre la racionalidad occidental aplicada a los imprevistos domésticos dentro del aula, conciencia de derechos a la medida de lo imposible, imprevistos cotidianos con el mito fundacional de la modernidad como proyecto acabado de la subjetividad humana, cuestionables negociaciones con la realidad, escasa habilitación para el caos cuando se trata de pensar con riesgos, voliciones poco estéticas de los educadores y educandos en captar los mensajes sutiles de la cuestionada modernidad, silencios elocuentes de las hojas de otoño, dudas radicales de la clase política, oportunismos espurios de las corporaciones de prejuicios milenarios, inocencia salvaje de los educandos al vivir sus recreos generacionales, colaciones cargadas de pecados capitales, experiencias caóticas con las lecturas curriculares durante los tiempos históricos actuales, miedos latentes de las grandes narrativas, erotismos reprimidos producto de los cambios de hora, libertaria desigualdad de los actores sociales, audacias atávicas de las costumbres endogámicas de nuestro país, consensos escatológicos de los medios masivos de comunicación estandarizados, aspectos gerenciales del tiempo humano dedicado a la burocracia estatal de complicidades recatadas, becas estatales convertidas en un manojo de interpretaciones picunches, privatizaciones sistémicas, confusión limítrofe de lo publico y de lo estatal, idiotismos en versión “horario valle” cuando equivoca el rumbo de lo posible en política, interesante aceptación de las grandes narrativas durante los recreos de nuestros establecimientos educacionales, repetición anunciada de clichés con la asunción hipócrita de las redes sociales, una atormentada modernidad hecha realidad en cada una de las calles educativas de Junio, cinismos bibliográficos de los estudiantes universitarios, fabulas sin lógicas implacables, lenguaje simbólico sobreestimado, sobresaturación de expectativas con respecto al fenómeno social del sistema escolar de masas, barbas decimonónicas de docentes encapsulados en sus pecados hermenéuticos, incapacidad estructural para entender la realidad humana “en off” relativo a sus asuntos educativos, rarezas curriculares que afectan a los educandos, inexistencia de fundamentalismos didácticos, construcción de mitos fundacionales acerca de la igualdad humana, fraudes vivenciales para cada marcha ciudadana, exponenciales aumentos de la ignorancia por analfabetismo y mucho menos de la ignorancia por saber, reproducción de la estructura de clases en el aula, vanguardias suicidas de los tiempos académicos, letales incentivos callejeros a la reflexión cotidiana, divertimentos financieros que sacan al escenario al patético afán por lucrar sin sentido de la referencia cotidiana y vivir conscientes de que todos mienten a medida que estructuramos una sociedad con intereses sesgados junto a sus oportunistas sadismos valoricos.

Hojas de Otoño

La ficción demoledora de la existencia humana dibuja aprendizajes cotidianos en que cada día de Junio. Para este mes de Junio la locura cotidiana de querer ser alguien sumido en la comunidad argumentativa de prejuicios, opiniones, creencias, sinsentidos, absurdos, mitos callejeros y algo de ideología delirante. Pasan los días, y la vida humana sigue siendo incorregible. No hay marcha ciudadana que pueda modelarla. Toda marcha ciudadana es una recapitulación identitataria que resulta desconocido.

Se fomentan los flujos humanos a medida que la vejez pronunciada del mes de Junio provoca intentos revolucionarios, recordar a todos los presentes que la vida es una encerrona. Una encerrona que aporta una critica radical a la racionalidad occidental de arraigo masivo en las altas esferas del Contrato Social.

Un deber sagrado para Junio seguir escribiendo paginas sin “pie de páginas” que desencantan al mundo halagüeño de nuestras hojas de otoño. Estos personajes de impresiones fuertes y desvelos planetarios sazonan a estos días provistos de enseñanzas inhabituales en la educación formal. Es una fuente de sufrimientos valoricas, actos permanentes de constricción y un lugar sagrado para la cuestionada modernidad.

En ocasiones, el frio invernal del mes de Junio aparece como algo inmanente a miles de años de evolución planetaria. Sin embargo, la cuestión radica en que las hojas de otoño aprisionan nuestras mutiladas percepciones.

Son mutiladas en lo que cabe al estado caótico de la realidad humana en perpetuo movimiento callejero con respecto a cómo responde a la realidad del mundo exterior en la cual le toco amanecer. Un amanecer cargado de perros durmientes.

Muchos de nuestros perros durmientes observan la conducta de los hablantes ciudadanos que cada día que pasa a diario en cualquier calle que respetan el principio de racionalidad occidental, las veredas con sus señalizaciones estandarizadas. Mucho de escombros dispersos así como imprevistas enseñanzas de las personas que nunca más volverán a pasar por ahí.

Reconozco una actitud lúdica de esos animales caninos, jamás se toman en serio el imperativo categórico de la responsabilidad consciente con los otros. Porque ignoran que quiere decir esa conflictiva palabra, y aquella que mencionan como “otros”.

martes, 21 de junio de 2011

Patio de los Naranjos

La ficción demoledora de la existencia humana dibuja aprendizajes cotidianos en que cada día de Junio. Para este mes de Junio la locura cotidiana de querer ser alguien sumido en la comunidad argumentativa de prejuicios, opiniones, creencias, sinsentidos, absurdos, mitos callejeros y algo de ideología delirante. Pasan los días, y la vida humana sigue siendo incorregible.

No hay marcha ciudadana que pueda modelarla. Toda marcha ciudadana es una recapitulación identitataria que resulta desconocido.

Se fomentan los flujos humanos a medida que la vejez pronunciada del mes de Junio provoca intentos revolucionarios, recordar a todos los presentes que la vida es una encerrona. Una encerrona que aporta una critica radical a la racionalidad occidental de arraigo masivo en las altas esferas del Contrato Social. Un deber sagrado para Junio seguir escribiendo paginas sin “pie de páginas” que desencantan al mundo halagüeño de nuestras hojas de otoño. Estos personajes de impresiones fuertes y desvelos planetarios sazonan a estos días provistos de enseñanzas inhabituales en la educación formal. Es una fuente de sufrimientos valoricas, actos permanentes de constricción y un lugar sagrado para la cuestionada modernidad.

En ocasiones, el frio invernal del mes de Junio aparece como algo inmanente a miles de años de evolución planetaria. Sin embargo, la cuestión radica en que las hojas de otoño aprisionan nuestras mutiladas percepciones. Son mutiladas en lo que cabe al estado caótico de la realidad humana en perpetuo movimiento callejero con respecto a cómo responde a la realidad del mundo exterior en la cual le toco amanecer. Un amanecer cargado de perros durmientes.

Muchos de nuestros perros durmientes observan la conducta de los hablantes ciudadanos que cada día que pasa a diario en cualquier calle que respetan el principio de racionalidad occidental, las veredas con sus señalizaciones estandarizadas. Mucho de escombros dispersos así como imprevistas enseñanzas de las personas que nunca más volverán a pasar por ahí.

Reconozco una actitud lúdica de esos animales caninos, jamás se toman en serio el imperativo categórico de la responsabilidad consciente con los otros. Porque ignoran que quiere decir esa conflictiva palabra, y aquella que mencionan como “otros”.

Patio de los Naranjos


Alguien habrá escuchado que subió el precio del pan. Es lo que hay que averiguar. Bueno, también habría que averiguar los supuestos otoñales del mes de Junio. Pero eso sería muy poco estético narrarlo a medida que pasan sus días. Después de haber descrito un día de aquellos, la realidad humana suele ser desquiciada después de esas descripciones arbitrarías.

De la misma manera que acontecían estas aventuras sin retorno de Junio había vida extrema en los diagnósticos médicos de Dr House con su mirada moderna sobre los asuntos humanos.

Le daba un valor inveterado a sus insaciables diferenciales médicos alternar su megalomanía con la fragilidad conceptual de los historiales médicos de los pacientes afectados. Tenia que dejar huellas en esas heterodoxas horas de hipocresías humanas.

Conseguía incesantentemente encontrar un fugaz sentido a la repentina experiencia cotidiana que emergía tras cada dialogo mordaz con sus lacayos médicos. Pregunta, miraba con desdén volitivo, miraba más allá de lo protocolar y hacia un uso magistral del plumón para decirles que “¡el mundo apesta!” en términos metafóricos.

Lo hacia con indulgencia cómplice de su oficina cuya realidad concreta era un objeto de estudio dedicada al caos.

Muchas veces, era interesante decirlo, alternaban otoños de confusión tribal con enfermedades autoinmunes. Además, las hojas de otoño de aquel lugar contenían elocuentes silencios de cómo dejar huella en los suburbios callejeros de aquella ciudad.

Siempre iba acompañado de su bastón. Una secuencia reiterada de comentarios irónicos sobre la vigencia moral de asumir los riesgos necesarios para hacer cumplir su imperativo ético: resolver el acertijo humano. Un instante de saber humano totalizado por la historia singular que emergía en el paciente.

Este medico jugaba con la conciencia del absurdo. Lo asumía como algo digno de ser vencido, por lo menos eso reflejaban sus miradas pérdidas o almuerzos unilaterales con pacientes en estado catatónico. Quería compartir miserias humanas con esos personajes estructurados bajo la ficción demoledora de la existencia humana.

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Dedicados al caos. Intuiciones otoñales de nuestro mes, y la póstuma confusión de un día arraigado permanentemente hacia las regiones oscuras de la subjetividad humana.

A cualquier hora nuestra supresora subjetividad de alimenta de ese día que vive en Junio. Las pasiones humanas durante este día poseen su valor de verdad.

Con mayor razón, si vamos dando paso al atardecer otoñal de nuestro día. Nadie ha podido penetrar las burdas sutilezas sociales que nos hace creer que la realidad es esa. Es lo que hay, perpetramos horripilantes interpretaciones sobre el origen de Junio.

Un mes con esas credenciales progresistas. Más aun resulta poco estético si sabemos que toda persona de este país valora su moral de rebaño desde la tiránica costumbre de ser prodigo en situaciones hipócritas.

Surgen creacionismos humanos de la más genuina estirpe planetaria. Así pues, un día en Junio es una propuesta de pensamiento planetario que deja huellas.

Lamentablemente muchos hablantes ciudadanos ignoran esa irrupción caótica de la realidad, y se quejan con la sensación de perderlo todo.

De repente ese día se acabó. Lisa y llanamente perdió su lugar en el templo sagrado de la reflexión cotidiana de la cual forma parte importante este mes de Junio. Envejeció para fallecer con dignidad.

Fue un atardecer aparentemente como cualquier otro. Pero el caos otoñal de los asuntos humanos y sus mutiladas verdades arrendadas hicieron de la vida un problema sin solución para la racionalidad occidental. Más encima, subió el precio del pan.

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Enloquecidos ciudadanos hablantes convertidos en maquinas pulsionales y organismo pluricelulares, la dinamiza cotidiana del tiempo ameniza ese frio día de Junio, vuelven al mundo de los desorientados al vincularse con la nueva forma de gobernar de las horas de aquel día.

Todos hacen uso y abuso de los 7 pecados capitales. Quieren estar dedicados al caos, pero pueden. Todavía sigue pasando el rio del tiempo en ese gélido día de Junio con estéticas manifestaciones de clamor popular, no hay relato para Junio proveniente de la coalición gobernante. Además, pode gobernar al mes de Junio supone un acto de ubicuidad histórica de la cual nuestros gobernantes carecen de la esencia intima de la política, mentir no lo ven como arte de lo posible. Solo lo ven como algo necesariamente inmoral. Ignoran que toda moral es un acto de coacción permanente.

La ética siempre aparece como algo que conduce a la historia humana. A cada hora, la historia humana generas eventos de baja probabilidad y de alto impacto. Dentro de las cuales las hojas de otoño observan la congregación de sucesos caóticos de impresiones humanas con la complicidad deliberada del modelo de realidad prevaleciente que se encarna en el capitalismo.

Ese día juega su didáctica cotidiana. Sus horas le advierten del peligro de la racionalidad occidental muy en boga en esta realidad oficial. Mientras pasan los instantes en claves humanas, hacemos volver al mundo de los desorientados, fluyen las horas cronológicas de aquel día. Se vive, come, fornica, observa, respira, trabaja, palpita, sufre, llora, ríe, silencia y se envejece.

Audaces experimentaciones valoricas engendran esas horas para ese día tendiente a la descripción cabal de sujeciones humanas reprimidas por la estructura patriarcal de nuestra civilización. Cada minuto que pasa es una verificación patriarcal de nuestras voliciones cotidianas.


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A medida que envejecen los días de Junio, tanto House como las hojas de otoño acceden a su mayor suceso planetario, dejar huellas. Da lo mismo el gobierno de turno. Lo que importa es la de lograr cierta lógica implacable relativa al diagnostico humano que ocurre a diario en sus vivencias cotidianas.

Una lógica implacable que estructura un discurso de liberación valorica, poner en cuestión la pasividad acomodaticia de los hablantes ciudadanos. Son personajes de comedias ensimismadas sin la dedicación exclusiva al caos. Sufren de indigestión de sentido común.

Describiendo un día en Junio. Se inicia con la niñez salvaje de un amanecer cotidiano inclinado hacia el frio. Un frio que socializa con los psiquismos inconclusos de los héroes anónimos del Chile profundo. Nuestras sabanas saben de control social, a veces, aparecen sus demonios internos, es la fragancia de la disolución racional.

Ameniza prejuicios milenarios a medida que los minutos transcurren. De la misma manera, muchas mujeres hacen como si hubiera sido una confusión erótica la de sus respectivas parejas, silenciosamente están enrabiadas ante tanto patriarcado coital. Sin embargo, siguen mirándose al espejo retrovisor.

Confusión absoluta en la disposición de ánimo de las personas que miran hacia el patio de sus diferenciales nostálgicos, alguien pone la tetera para tomar desayuno.

Ellas inician su procesión vivencial, y se bañan. En cualquier hogar que coincida con Junio, sean familias de origen Kuchen o Torreja, la vida humana se juega en los infinitos detalles que fabulan para ese día sea siempre inexorablemente otoñal. Lo es.

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Teme al cambio. Intuye esa debilidad suya. Juega a convertirse en un observador ilustre de las conductas humanas. De la misma manera, le interesan las personas pero no sus conversaciones.

Detesta a todo aquello de lo cual sea esclavo de la moral vigente, establecida y coactiva. Un furibundo misántropo contra la confusa feliz hipocresía tribal de sus colegas que usan delantal blanco.

Suele tener una mirada pesimista respecto a lo que cambia. Pero todos cambian, eso susurra el universo. El universo sigue concurriendo a su papel protagónico, se expande con total convicción, pero para nuestras hojas de otoño al igual que para House la vida misma es el problema de los problemas para la racionalidad occidental imperante.

Alternamos con la racionalidad occidental instantes dialógicos de irracionalidad humana, cuando las hojas de otoño adquieren una dimensión del más allá, no sabemos cómo tratar con esa lógica indubitable. No la tiene.

Solo queda rezar por nuestras creencias establecidas tras años de singulares experiencias perceptivas. Debemos hacer algo. Lograr que este experimento llamado vida sea digno de ser narrado, no solo por las hojas de otoño de Junio, contrariamente, a lo mencionado, también apostar a asombrarnos por los silencios elocuentes de los días de Junio.

Durante este mes de Junio la modernidad cuestionada, ha sido indispensable la labor didáctica de nuestras hojas de otoño, ha permeado todos los ámbitos de relevancia ética que para House seria un acertijo bien ilustrado basado en la lógica implacable de tener algo en tierra firme. En la tierra firme de la comedia humana.

A cada instante la comedia humana se hace cuerpo presente por medio del fenómeno de la vida. Es un intento eterno por explicar las contradicciones por las cuales la razón humana duda de sus supuestos reflexivos, conceptuales, valoricos, callejeros y estéticos.

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Una interminable historia de absurdos lúdicos y encomios valoricos por parte de la mayoría silenciosa, un manojo de perplejidades vivenciales transformadas en imprevistas vanguardias progresistas. La progresión geométrica de las hojas de otoño configura un nuevo umbral de narración viviente, buscar su palabra inicial. Es la palabra inicial que resguarda la armonía establecida por el suceso repentino llamado vida.

Mientras tanto, de observadores ambiguos respecto a lo que acontece con nuestras hojas de otoño a interesantes sucesos de filosofía política dados a conocer en ese país llamado Chile.

Aseguran saber las razones históricas de su experiencia presente de tanta desigualdad estructural. Lo expresan a través de modelos de susurrar antojadizo, escuelas de perspectivismo bibliográfico y mitos fundacionales de raigambre picunche. Creen saber la razón de ser de colosal desigualdad. Pero la realidad cotidiana en perpetuo movimiento rechaza esa interpretación. Las interpretaciones cansan al universo.

En un país llamado Chile, y sin apellido para amenizar su historia republicana. Su historia es un caso ejemplar de mitos fundacionales vinculados con la puesta en marcha de delirios endogámicos sobre los cuales se pueda controlar la vida ciudadana. Solo es un país incrustado en los confines intrincados de una errante geografía. Una geografía viviente, sufriente y deudora del ciclo de la vida.

Transcurren percepciones humanas focalizadas en Junio. Mutiladas apariciones humanas a diario, intentos de revolución de la mente en lo que concierne a los días de Junio. Pero siguen sucediendo cosas extrañas actualmente ahora. Nada podemos hacer ante el fenómeno de la vida conforme a este devenir histórico. Hace muy bien su trabajo.

Sus habitantes cumplen su ritual patriarcal por acá en Chile. Mueren y nacen personas. En efecto, son nuestras calamidades que hemos de entender a cabalidad. Es así.

Ahora mismo están aconteciendo ilimitadas formas de acción artística durante el viaje sin retorno de Junio. Este mes lo sabe. También instaura una especie de diagnostico reservado para los próximas meses del año. Todos mienten y la vida es una encerrona.

El ciclo de la vida, ese Chile profundo que concurre hacia Algo, un mes que aporta mutiladas verdades cronológicas y experiencias militantes de las hojas de otoño de Junio.

En sentido estricto, nuestras hojas de otoño siguen construyendo sus estratos de locuras cotidianas. A diario emergen silenciosas conversaciones con la realidad, o creemos saber cual ese aparecer radical, a través de las cuales las hojas de otoño condimentan a los fríos días de Junio. Hace frio. Por fin está apareciendo la realidad caótica de los fríos de Junio.

De la realidad caótica de las hojas de otoño a negociaciones sin límites de tiempo cronológico con la realidad humana en constante movimiento volitivo. Lo bello de las hojas de otoño reside en su riesgo abultado para resplandecer los caminos de la memoria de los otros participantes que esta comedia procede a manifestarse. Se superan a si misma nuestras hojas de otoño, no hay aula magna que puede explicar esta situación planetaria. Provoca sagrados instantes de conversión mística, las hojas de otoño, adicionan un canto a la vida que suscita milagros inesperados.

Seguiremos hablando de la bestial hambre de encontrarle sentido a la vida.

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El mes de Junio desarrolla su estilo de aprendizaje significativo durante estos 30 días de juegos planetarios. Hacemos de la singularidad cotidiana que sigue a Junio, instancias horarias que acompañan a cada uno de los días. Los días de Junio son como supuestos valoricos que jamás podrán ser verificados por la racionalidad occidental.

Ha habido algunas demostraciones ciudadanas de malestar masivo. De vez en cuando segregaciones callejeras demuestran su ira recargada con sucesiones históricas.

Sucesiones históricas superpuestas a millones de conciencias individuales dadoras de perspectivas inacabadas. Todavía persiste la redención, en algún lado estará de este Junio siendo 2011.

Verbalizan deliberadamente contra la estructural desigualdad libertaria en la cual han vivido durante milenarios. Cada manifestación ciudadana es una recapitulación volitiva de los otros, jamás sabemos quién son ellos. Respecto a esto, en este Chile profundo, nadie puede lanzar la primera piedra. Víctimas y victimarios cambian de escena psíquica cuando les conviene. Entre ambos, ese diluvio de la indiferencia posmoderna.

Más allá de la indiferencia posmoderna secretamente percibida, se juegan importantes propuestas de adicción ética en tanto expresión de desarraigo cotidiano, en el más acá de Junio ocurren una secuencia indefinida de adicciones humanas, los hablantes ciudadanos asumen su legítima convención valorica. La inflación de la canasta familiar ha hecho de las suyas posmodernas.

Distintos días de Junio para distintas voces ciudadanas. Voces que cambian para dejar huellas de nacimiento. Y Chile escucha su voz interior, llegan los otros. Los otros dentro de la comunidad ciudadana de sujetos frágiles estandarizados. Sean personas de inspiración, o Kuchen o Torreja, la vida cotidiana de nuestro país asumida como tal por los hablantes ciudadanos induce a intuir lógicas implacables para preservar un arte de la mentira y ciencia de lo imposible.

La lógica implacable de que la vida es una encerrona. Da lo mismo, si apostamos a la vida o desistimos de ella, solo queda escuchar esa voz. La voz del divertimento humano. Acá la historia humana entra a jugar lo suyo. Porque continua inexorablemente hacia la cúspide del entendimiento, su conciencia.

La conciencia humana con la complicidad de Junio 2011 invita a brindar por esta tristeza silenciosa a los días que fluyen congregándose en minúsculas experiencias generacionales, en ocasiones, las hojas de otoño de Junio buscan su propia complicidad.

Pasan muy rápido los días. Para la historia que nos depara esa rapidez esperamos mayor predicción humana, encarnamos el papel de frágiles personajes de una historia sin un fin razonable. De súbito, aparece la razonable irracionalidad del querer otoñal de Junio a través de sus hojas. Solo lo hace. Apuesta a que la vida merece ser vivida, a pesar que cada día se presenta el Juicio Final. Extranjeras formas de sujeción planetaria, alguien lo sabe.

domingo, 19 de junio de 2011

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Estamos ansiosos por entender a los otros. Creemos creer que lo hacemos muy bien. Pero la habitualidad de nuestras situaciones humanas que describen nuestros eternos deseos insatisfechos durante la irrupción planificada de Junio no hace sino expresar la maravilla de la vida como motor de conflicto que prevalece. Prevalecen esas huellas imperceptibles a la razón humana.

Las hojas de otoño que siguen germinando como escuela de pensamiento vivido a través de los días de Junio nos muestran las infinitas posibilidades existentes que engloba un solo día de Junio. Ese día puede contener miles de caminos inescrutables para la razón humana, encuentra su propósito en el preciso instante sobre el cual se encuentra la respuesta a sus preguntas repentinas, esas preguntas permiten configurar un entramado de posibilidades históricas que podrán derivar hacia Algo.

Persisten esas hojas de otoño haciendo de las suyas narrativas a su vez relatan el viaje sin retorno hacia Tierra firme. Sin embargo, el proceso mismo que implica su viaje impone una nueva manera de gobernar su vida. Intuye la realidad planetaria de la vida, caen sin dudas metódicas, hay ese afán por entender el fenómeno de la vida en lo cotidiano.

Un Junio valido para el lenguaje humano que actualmente consiste en significar algo. No solo el lenguaje alude a perpetrar realidades. De la misma manera, las hojas de otoño llegan para quedarse. Se quedan para diluirse en la temporalidad finita esgrimida por un observador. Cualquier hablante ciudadano puede ser el observador así como ser adictos a la realidad del mundo exterior. Todavía no hay revolución que valga la pena para las hojas de otoño de Junio.

Avancemos en la revolución, dijo aquella hoja de otoño a punto de caer al abismo. Solo sabe cumplir con su ritual militante, adaptarse a los hábitos estandarizados de miles de años de evolución planetaria. De esta manera, este mes de Junio resulta ser un inexperto en cuestiones planetarias. Tiene una edad de unos miles de años, no es nada en comparación a la edad del universo.

A la experiencia ilimitada del universo para entender el espectáculo misterioso del mundo humano, las hojas de otoño juegan a cuestionarse su lenguaje significativo. Usan a Junio como mera excusa. Aunque es una excusa que sirve para manifestar el corazón delator de las calles de Junio: silencios elocuentes para tiempos humanos inexistentes.

Una calle para Junio. Ese acontecimiento surge a diario en la tierra de las oportunidades, esos lugares sagrados en donde la vida humana se diluye racionalmente, un mes de Junio que sigue envejeciendo.

Siguen envejeciendo esos seres humanos inconclusos, paradigmas de la inestabilidad emocional y esclavos de los encadenamientos mentales de su propio querer. Junio lo sabe.

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Esas singulares formas de expresión cotidiana continúan desarrollándose durante este mes de Junio. Un mes con sabor a nativos aburrimientos ideológicos, silencios otoñales y decesos conceptuales que jamás volverán.

Estos silencios otoñales que han ocurrido con la complicidad de repentinos espectáculos humanos, las calles de otoño siguen ahí. Detalles planetarios que debemos descubrir. Solo nos queda vivir.

Por el simple hecho de vivir ya supone un hecho grandioso. Todavía seguimos existiendo para la mirada inquisidora de Junio. Su mirada junto a sus hojas de otoño.

Las hojas de otoño caen con la redención de ser dueños de lo que callan. Lo logran. Puede que estén sucediendo diversas manifestaciones humanas de malestar masivo, pero la vida misma actúa sin ambiciones históricas. Con la voluntad cósmica de considerar que todos nosotros somos breves comentarios de un relato repentino.

La vida para este mes de Junio conduce a misterios sin resolver cuando se trata de entender la experiencia de lo cotidiano. Esta experiencia aborda la sucesión infinita de represiones humanas que se hacen al andar siniestro del tiempo siniestro. De vez en cuando, el hábitat otoñal de Junio incurre en didácticas conductas humanas sin respuestas absolutas.

Ocurren extraordinarias experiencias humanas en la ordinariez de sus asunciones valoricas desatadas cada día de Junio a lo cual se alternan con interesantes experimentaciones existenciales. Esas experimentaciones nunca volverán a repetirse. Sin obviedades semánticas, cada día de Junio es un manojo de proezas laberínticas.

Hay que penetrar las murallas oficiales del mes de Junio. Hemos de viajar a los lugares comunes de nuestras calles de Junio, gélidas temperaturas que fomentan la introspección en cada esquina de la calle, miedos latentes de los hablantes ciudadanos, represiones masivas de las ciudadanos sin derecho a incurrir en extravagancias valoricas, estudios acabados de las percepciones humanas que intentan estructurar la experiencia de lo cotidiano, calles deterioradas por las ausencias higiénicas que aparecen y seducciones minimalistas de las hojas de otoño dispuestas a enamorarse de aquel hablante ciudadano que permita señalar como conciencia de sí que la vida es una encerrona.

Buscarse a sí mismo. Debemos intentar develar nuestras vilezas racionales a medida que estamos confrontándonos con la realidad. Esa realidad que afecta nuestra coloreada experiencia vivencial.

En cada dimensión analítica de la experiencia de lo cotidiano que ofrece nuestro mes. A lo que le corresponde, Junio puede seducir con sus narraciones extraordinarias para alivianar el duro peso de los días que nuestra galaxia evita confrontar.

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Esa es la cuestión. Las calles de Junio describen sucesiones humanos concatenadas con los imprevistos domésticos de las bajas temperaturas otoñales.

Bastante frio en las mañanas de aquellas calles que encausaban los eventos cotidianos que surgían repentinamente para dejar sus huellas.

Infusiones otoñales de esas calles de Junio, había una tendencia hacia el cumplimiento de los 7 pecados capitales, esos hacían nuestros hablantes ciudadanos, con y sin grados de escolaridad, solo vivían para alimentar sus cadenas mentales, con las diferencias perceptivas del caso por parte del perspectivismo habitual en esos lugares sagrados.

Sagrados lugares que consideran necesaria la experiencia humana como una manera de entender la totalidad existente de lo percibido por esos habitantes. Su más grande virtud, en este caso, para aquellos habitantes de esas calles de Junio, es la riqueza etérea para seguir existiendo a pesar de los tormentos cotidianos del inestable hoy.

Alguien nos puso acá. Solo estamos navegando por lugares sagrados que jamás tendrá su verdad definida, nunca volverán al origen mismo de su creación planetaria. Hay objetos de deseo como de adicción cotidiana.

Están ahí. Escombros, sonidos desgarradores, escolaridades laxas, desgracias ajenas, juegos del lenguaje vertidos por los perros vagos, madres abnegadas, compras repentinas relativas a la once del Chile profundo, fabulaciones que irrumpen al atardecer de cada día de Junio al darnos cuenta que siempre estamos muriendo, hojas de otoño que caen, avenidas principales llenas de impresiones republicanas y burdas sutilezas sociales que hay que respetar.

Esperando, eso espero, algunas preguntas sin respuestas aparecidas irremediablemente en este experimento llamado vida.

La vida, para algunos animales extraños, ilustra indispensables historias sin propósitos planetarios prescritos.

Ahí radica su maravilla cósmica. Sin embargo nadie considera esencial darse cuenta de la presencia viviente de la vida como una mutación aleatoria que emergió repentinamente para posterior algarabía de algunos hablantes ciudadanos. Nadie supo su origen mismo.

Estamos observando los espacios sagrados de observación otoñal, calles de Junio durante cualquier hora de incertidumbre humana, siguen naciendo las hojas de otoño a través del origen de la vida, eso dicen.