Enamorado de la vida

Enamorado de la vida
Acontece

martes, 31 de mayo de 2011

Patio los Naranjos

despues de la lluvia todos son empiristas



Las verdades fundacionales están llenas de impresiones humanas adictas a sus propias agendas personales. Las agendas personales del anónimo del mes Junio que también generan espacios de socialización masiva con todo aquello que la razón instrumental no puede estandarizar, la caída a Tierra firme de las hojas de otoño. Las hojas de otoño suele ser convulsiva a medida que pasan los días.

Son los días del mes de Junio. Lo será con movilizaciones ciudadanas junto a sus atomizaciones volitivas. Urnas olvidadas para amenizar nuestras propias negociaciones con la realidad. Llevamos una pesada carga que irrumpe a cualquier hora. Incluso la hora solo impone un sitio para sus propias dudas razonables, sus minutos.

Vayamos a lo nuestro. Eso que soborna a alguien. Intento descubrirlo. Surge una especie de fragilidad racionalista, esclavos somos de nuestras pasiones, sumida en interminables coloquios generacionales.

Lo volitivo que embauca a la frágil racionalidad de la puntualidad humana. Siendo la puntualidad un ladrón del tiempo. Esos días que invocan a nuestros dioses pequeños, a medio terminar, aquellos segundos de renovada estimación horaria, cada hora es un pistolazo al corazón delator del mes de Junio. Este mes cumple con el ritual militante de estar siempre muriendo con la suya, aprendan a negociar estimados hablantes ciudadanos.

Conversando con la realidad. Intentos de entender esa palabra cargada de tentativas valoricas y asunciones semánticas. A la búsqueda de sentido sobre este mismo fenómeno de ritualidad humana, eso creen muchos, que deja huellas de nacimiento. Un nacer para vivir que trae consigo golpes blancos.

Patio los Naranjos

Todos somos rotos.


Dicen que dicen que la vida ciudadana del actual mes de Junio ha estado a la altura de las majaderías semánticas del lenguaje humano. Aparecen y desaparecen instancias de tiranías valoricas, esto, a prueba de todo, a las hojas de otoño no le interesa.

Las hojas de otoño están enamoradas de su identidad desconocida, alguien lo entendió a cabalidad. Durante este mes de Junio hubo intentos de lenguaje siniestro. Lo siniestro de atribuir intencionalidad a lo que dice el otro. Todos se culpan de errores históricos de bajo umbral lúdico.

En este mes existen breves comentarios que dejan huellas a todo aquello a lo cual se conectan. Algo está pasando, mientras tanto las esas hojas de otoño minimizan ese secreto que conmueve, estremece y violenta nuestros abismos picunches, aludir a la vida siendo una encerrona. Es una encerrona, no hay nada que hacer.

Para este mes de Junio es importante usufructuar de los finitos espejismos ciudadanos que ocurren a diario. Susurra al oído de las horas acabadas en esos momentos.

Más momentos para las hojas de otoño. Había creído que las hojas de otoño apuntan a un mero cumplimiento del ciclo de la vida. Un experimento desatado producto de armonías cósmicas y complicidades ciudadanas. Este ciclo tiene un bagaje de proyección planetaria.

La proyección planetaria de las hojas de otoño puede narrar una realidad dispuesta a confrontarse con la identidad humana. Esa identidad humana asume su naturaleza esencialista. Pero la vida misma con su sequito de agudezas planetarias aporta un valioso bagaje cultural a observar nuestra vana condición humana.

Nuestra vana condición humana asume su relato proveniente de un entramado de sinsentidos lingüísticos, conveniencias valoricas y majaderías volitivas. En esto, jamás nuestras hojas de otoño pueden salirse de su abismo pensante.

Ese abismo que perpetra un arte de la disolución cotidiana. Lo cotidiano de buscar incansablemente la respuesta equivocada a la pregunta señalada ¿y si no existe la respuesta adecuada?

Por ahora las hojas de otoño narran instantes de conversión dialógica. Lleno de ideales Un misterio sin resolver que debe entender el mes de Junio. Sigue haciendo posible sus grandes narrativas, buscando esa perfección atormentada.

Patio de los Naranjos

despues de la lluvia todos son empiristas



La socialización planetaria de jamás tomarse en serio. Es una virtud de los imposibles otoñales que confrontan al mes de Junio. Lo confrontan siendo místicos pensantes.

Esa cualidad sigue siendo un activo de las hojas de otoños. Es imposible racionalizar su demencia horaria. No tiene problemas en seguir escarbando en la Tierra firme de los muros oficiales de la moral.

Esos muros están asfixiados de tantos mitos fundacionales con los cuales se han alimentando a miles de millones de pie de página. En esta ocasión, nuestro mes de Junio propone un desarrollo integral de su ocurrir vital, cada segundo deja la duda vinculada al siguiente segundo.

Aquel inefable dia, cualquiera puede serlo, aunque seguimos envejeciendo juntos a Ellos, esos días imprimen las huellas de nacimiento de un viaje sin retorno, ahora están surgiendo manifestaciones ciudadanas de la más hastiada consideración vocacional. Este mes observa y sabe mucho.

Este mundo constreñido de misteriosas mundanidades de la fútil obviedad otoñal, acá, los días del mes de Junio siguen cambiando, sin duda, que el acontecer soberano de este mes implosiona esos supuestos humanos de impresiones ciudadanas, el más acá de la hojas de otoño lo pueden señalar.

Señalar ese duro peso de los días implica saberse destinatario de verdades mutiladas así como de horrores sagrados obsequiados por los caminos inescrutables de la vida.

Cada hoja de otoño era un saludo menesteroso que hacían a esos ciudadanos molestos con el estado de cosas existentes. Había algo más que dejaba perpleja a la lactante existencia de los ciudadanos hablantes, estaba perplejo por la inexorable vejez de la tradición milenaria que supuestamente cimentaba la estructura patriarcal de Occidente.

La estructura patriarcal de Occidente generaba ingentes recorridos históricos por nuestras miserias gregarias a su vez invocaba mitos fundacionales para verificar la duda que yacía por ahí.

Además, las hojas de otoño iba a dar rienda suelta a sus impresiones fuertes para lograr ese enamoramiento con la humedad relativa. Esa duda ha estado siempre en la historia humana.

La historia humana una secuencia indeterminada de demostraciones valoricas estandarizadas al mismo tiempo sujeta al azar vinculante del ocurrir humano, cuando sabemos que la vida humana en Junio concede regalos de misiones ciudadanas a cada momento, solo queda saber si la vida humana tiene la conciencia de sí para entender el fenómeno de la vida que emerge en las hojas de otoño.

Nuestras hojas de otoño acontecen irremediablemente con el deseo inconfesado de no buscar la trascendencia mediática del que dirán.

lunes, 30 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

Hay olor a roto!



Imponentes decesos conceptuales suceden a diario, respondemos la pregunta equivocada respecto a entendernos, creemos creer entendernos, pero solo aspiramos a inventarnos soportes lógicos para lograr alivianar el duro peso de nuestros días.

Ese duro peso de los días se difunde por todo nuestro universo valorico de inconclusiones psíquicas. Lo sabemos, siempre estamos muriendo. Muriendo como un breve comentario en el teatral susurro del universo. El universo ignora los Paros o las Tomas, los considera un interesante anecdotario de voliciones estandarizadas, y de repente como algo republicano.

El universo sigue expandiéndose, con letra chica o grande, para narrar sus propias experimentaciones musicales. La musicalidad del viajar hacia el abismo, un instante de peculiaridad psíquica y de moral de barrio callejero, permitirá inculcar a ese breve comentario.

Un breve comentario para las hojas de otoño. Esas hojas de otoño que bailan al clamor de milagros inesperados, sentir su fragancia de realidad planetaria, que caiga a Tierra firme, las admiro por eso.

Continúan los días envejeciendo. Tienen presunciones fundadas de que la vida es una encerrona. Lo demuestra claramente en la paradigmática inestabilidad de las emociones humanas.

Un genuino caos con inclusiones éticas. Son esos días que nadie quiere verbalizar pero que todos viven sin mayor resguardo vivencial. Es lo que por ahora nos ofrece este mes de Junio, y sus hojas de otoño.

Un ofrecimiento interesante. Ese ofrecimiento por el cual la vida misma considera a sus sueños de libertad, descúbrelo. Esa es la cuestión. No hay reforma a la educación superior que pueda solucionarlo.

Había olvidado, en este caso, que a nuestro mes de Junio suele ser un ávido lector de digresiones picunches. Le encanta alternar temas, palabras, conceptos, juicios dispersos y miserias horarias.

Un constreñido mes de didácticas mundanidades que acontece, algo llegó a su fin, lo cobija con su rostro humano el universo. En efecto, el universo esta cambiando. Cambios. Lo que permanece constante es el cambio. Lo sabe Junio a través de los silencios elocuentes de la vida.

Nadie decidió bajo el régimen conductual de la democracia esta situación sideral que supera nuestras fuerzas orgánicas. Habrá un suave amanecer para aquellos que jamás se toman en serio. Incluso los derechos humanos del universo, busquen su respuesta.

Afloran las tiránicas enseñanzas de las hojas de otoño. Se mofan de la vana condición humana, creen saber los atributos necesarios y suficientes para “ser de los nuestros”, día a día, hora a hora, este mes de junio observa situaciones peculiares. Peculiaridades humanas que a su vez amenizan nuestro deber sagrado por aseverar estupideces discursivas, a todos nos afecta, seamos consecuentes, a pesar de todo esto, las hojas de otoño siguen cayendo.

Sin duda, la razón humana se diluye en juegos del lenguaje, luchas valoricas, obviedades semánticas, susurros psíquicos y atribuirse verdades absolutas en pos de una unidad insuperable. Incluso para el mes de Junio avanza la revolución.

Avanza la revolución, dice el universo. Pero curiosamente en estos lugares de supuestos fundacionales, los ciudadanos de origen kuchen y los ciudadanos del Chile profundo, consideran que ciertas palabras asumen una labor verdad fundacional. La única verdad fundacional es el absurdo bien remunerado de la historia humana cuando alecciona a partir de “pie de pagina” y de mitos cinismos bibliográficos.

Patio de los Naranjos

Seguimos existiendo. Un instante de liberación otoñal. Durante este mes hemos podido darnos cuenta de la vorágine ciudadana que permea nuestros estratos de aprendizaje significativo. Su aprendizaje significativo, mucho más, en los albores cotidianos de Junio, hace simplemente señalar la importancia de acoger a las hojas de otoño en nuestras perplejidades existenciales.

Esa perplejidad de jamás darse por enterado de lo acontece a nuestro alrededor. Son asuntos humanos que se diluyen conforme al paso del tiempo. Un tiempo cronológico que solo sirve para amenizar nuestra mirada espacio-temporal que surge permanentemente. Han pasado algunos días desde que iniciamos este recorrido visceral por los lugares sacrosantos del otoño, irrumpe el frio como un ángel asesino, tanto en el Patio de los Naranjos como en un lugar que entrañe la tentación de generar impresiones fuertes, y todavía ignoramos los oscuros móviles de la conducta humana.

Aquel inefable mundo humano que realiza sus instancias de conversión otoñal, conversaciones anestesiadas por la tradición milenaria del progreso humano, dudas razonables para bipedismos acuciantes, nuestra actualidad cotidiana genera interesantes locuras que aportan a la democracia de los acuerdos. Es el mes de Junio junto a sus estadios de clamor ciudadano.

La visión ciudadana de las hojas de otoño aparece en la culminación embelesada de vitalidad planetaria, lo intentan a su manera. Por lo que cumplen su misión en esta Tierra, anuncian su ensimismamiento con las estaciones del año.

Nuestras hojas de otoño observan toda manifestación ciudadana que se hace al andar de cinismos gregarios. Nadie se atreve a verbalizarlo, en caso contrario, será exiliado de la corte señorial de mayorías pluricelulares.

Disputan instantes precisos de emancipación mental, nuestras hojas de otoño, actualmente dibujan huellas de nacimiento en la tensa calma que entrañan las relaciones humanas, buscan esas relaciones que pongan en cuestión todo indicio de estupidez con énfasis. Un claro ejemplo de lo señalado seria creer que la democracia es homologable a una determinada disposición de ánimo.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Encuentros cercanos con la vida. Estas respuestas verifican la cruel sensatez de que las hojas de otoño dejan huellas en la vasta acepción cronológica del mes de Mayo.

Al tenor de suaves sonidos otoñales, de la razón picunche de los panes terrenales a la dedicación al caos por parte de los panes espirituales del saber mirar, para las calles del Chile profundo, ese otro Chile, surgen otros criterios de valoración. Valoración de lo aparecido.

No hay palabra que se pierda. El lenguaje perpetra realidades que imprimen su audacia significante a ese mes. Una palabra para Mayo.

Un mes que propende a la implementación de reformas humanas sesgadas, te dirán cómo respetar al libre albedrio, o aludir a un proyecto de ley o querer imponerse como plaga antropogenica ante los demás.

Esos encuentros con la vida, con los demás y los otros de los demás, cuestionan nuestras típicas relaciones humanas inclinadas a vincularse por convención, interés, ambición, intuición horaria, utopía pélvica, feliz hipocresía visceral, psiquismo compartido, enigmático conceder, absurdos cotidianos, amores chatos, pesimismos por cansancio, ideologías contrapuestas, demonios internos ensimismados y a una educación publica con sus hedores bibliográficos.

Continúa la vida. Aportando con instantes. Un instante puede decidir las silenciosas loas de un cambio de mirada. Un cambio de mirada que aquel rostro multidimensional de las hojas de otoño puede considerar los momentos del mes de Mayo. Además, este mes entrega proyectos humanos inconclusos.

Un sentido de la responsabilidad para las hojas de otoño mientras tanto miles de millones de habitantes del Planeta Tierra forman sus conciencias individuales al fragor de grandes narrativas sin ambiciosos adjetivos producto de la incapacidad humana para verbalizarlo con los complejos lingüísticos-comunitarios del hoy naciente. Es trivial si se ha hecho con armas o en las urnas.

De lo cual revolución o reforma son más cómplices de lo que creen Ellos. Ahora mismo, las hojas de otoño de una esquina cualquiera del Chile profundo caen ahí. Siempre habrá alguien que la ve. Entonces, es cierto. La vida sabe mucho.

En realidad, la vida sabe mucho. Al fragor de rarezas humanas estamos buscando incansablemente la manera de entender la vida. Un experimento sideral.

De la misma manera, las hojas de otoño lo hacen. Provoca intensamente la vacuidad altisonante del hoy que corresponde al mes de Mayo y algo más.

sábado, 28 de mayo de 2011

Patio de los Naranjosc

La vida es una encerrona


Al fragor de ilimitadas preguntas para insensatas respuestas, llego la hora de formular algunas preguntas cuyo propósito sea lograr entender al mes de Mayo, lo que embarga a sus hojas de otoño y algo más. Por lo que existen dudas que recorren la sempiterna subjetividad humana que estos tiempos históricos exponencialmente picunches ensalzan para dejar al descubierto.

Ahora bien, es menester a los otros saludarlos con la luz de la implacable sucesión de segundos transcurridos. Ese transcurrir vital de cuestionamientos humanos. Solo hazlo.

¿A quien le estarán hablando las calles del Chile profundo a medida que los seres humanos se nutren de sus propias calamidades?,¿este mes de Mayo contiene estratos de aprendizaje significativo respecto a su lugar en el cosmos y a su anónima mirada sobre la vida humana?, ¿ puede existir tanta miseria humana en cada segundo que transcurre?, ¿ las hojas de otoño entienden el significado de un cambio de mando?,¿ un día en la vida, esta, concebida como la totalidad de lo existente en el planeta Tierra perpetra milagros inesperados en la realidad humana en perpetuo movimiento?,¿los seres humanos son animales extraños inclinados a compartir absurdos conforme a ley, ¿cuanto afecta el cambio a las hojas de otoño?,¿que tipo de ideología tiene que seguir este mes de Mayo para sobrevivir durante 31 días?,¿tiene lógica la realidad que aparece durante este mes?, ¿hasta que punto los movimientos ciudadanos dejan de ser juegos del lenguaje para convertirse en complicidades vivenciales?, sabemos que significa observar una hoja de otoño mientras acontecen sucesos bélicos en Medio Oriente?,¿la estupidez con énfasis se reproduce al interior de cualquier dormitorio que pertenezca al Chile kuchen o profundo?,¿habrá alguien que pueda vincular la inescrutable belleza de las hojas de otoño con las calles del Chile en constante procesión vivencial?, ¿se convenció este planeta Tierra de la existencia temporal de peculiaridades semánticas con los horarios en Chile?, ¿las hojas de otoño por quien votaron?, ¿vale la pena verbalizar lo que reflejan las hojas de otoño a cualquier costo valorico?¿ es un absurdo bien remunerado buscar el origen de la vida?

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Un colosal desprendimiento visceral acontece durante este mes de Mayo, envejecen esas calles teniendo como cómplice a las hojas de otoño. Pensar esas calles es pensar en el riesgo de permear las decadencias humanas desconocidas.

Se llega a un punto de no retorno en cuanto a la inventiva humana de darle significado a lo inescrutable que connota vivir a lo menos un segundo en esas calles.

Llevamos más de un año gobernados por la didáctica acuciante de Febrero 27. Lo cual implico que esas calles de aquel Chile fueran privilegiadas hijas de la democracia y maestras de las situaciones límites.

Una genuina incredulidad por enfatizar encuestas de opinión pública midiendo una realidad humana en perpetuo movimiento. Lo fue Febrero 27. No podemos ser obsecuentes hablantes de una realidad que se nos escapa de las manos.

A lo más, intentamos embaucar a la mayoría silenciosa de un Chile profundo asombrado por sus propias perplejidades existenciales.

Después buscamos a través de un principio de realidad imponer una certidumbre indesmentible para hacerlo coincidir con la dimensión inferencial del investigador a cargo. Todos mienten.

Mienten los escasos de ingenio para jamás tomarse demasiado en serio. Esos bípedos de semánticas infrecuentes están viviendo en la actualidad alucinante de las hojas de otoño que siguen susurrando al mundo de sus huellas de nacimiento.

Huellas de nacimiento que admiran, respetan y enloquecen ante la conmovedora tranquilidad de las calles de ese país proclive a los plebiscitos.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Aparece como bastante realista dialogar a través de la prevalencia de fugaces observaciones y de juicios dispersos sobre el Chile profundo, no esta excluido el papel ideológico de las hojas de otoño, no lo tiene, se dedica a la perpetuación de su especie, pero logra pintar las perversas transformaciones que trae consigo cualquier calle del Chile profundo, intratables revoluciones humanas y sus hedores semánticos.

Cualquier calle del Chile profundo merece una oportunidad. Esa oportunidad que te permita enfrentar con digna adultez aquello de lo cual nos legó la vida, su encerrona.

Distintas experiencias terapéuticas de las calles del Chile profundo convertían a cada día del mes de Mayo en un torrente de alucinaciones bibliográficas.

Esas alucinaciones compartían el espacio público de lo socializado con las hojas de otoño. Las hojas de otoño lo están haciendo. Una forma de duda vaga emerge para este mes de Mayo, hojas de otoño a la búsqueda de sentido.

Esa búsqueda de sentido en cualquier calle que presente su prontuario valorico, los silencios de la historia humana proceden a entregarlo. Por eso mismo, cada día dentro del cual la vida sugiere su origen describe milagros inesperados para otorgar a esas calles del Chile profundo el estar habilitado.

La vida esta habilitada, por los menos en esas calles lo está los perros vagos con sus miradas que acontecen.

Añejas categorías para pensar sobre las calles del Chile profundo. Intuiciones picunches que giran en un mismo lugar otoñal.

De tradiciones milenarias poco dadas a la masificación el consumo y a la despersonalización del sujeto público a las mutiladas verdades de cada modernidad cuestionada, sin embargo para esas calles con sus perros vagos resultan ser una pirueta analítica.

jueves, 26 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Intentos de dialogo con la vida humana en el Chile profundo. El Chile profundo junto a las hojas de otoño que germinan en su postura seminal, mueren para dialogar.

Los diálogos fielmente condimentados con la didáctica prevaleciente del momento, entender la dinámica de las hojas de otoño, muchas veces el bus del Transantiago no cumple las expectativas del ciudadano anónimo. Sin embargo esas hojas adornan esos paraderos troncales para configurar una estética del desasosiego horaria, ayudar a cumplir con su misión en esta vida. Su origen estriba en insinuar la posibilidad de ser mutaciones aleatorias.

Una posibilidad digna de ser elogiada. Elogios al clamor popular de que pronto el bus cumpla su propósito, vida y muerte existen en esos momentos, la escatológica irrupción de las hojas de otoño aporta con su dosis de pensamiento planetario.

Es la discusión sobre su proyecto de inconclusion humana. Persisten las dudas a la llegada del bus. Nunca los sabremos a cabalidad.

Me encanta componer digresiones respecto a los hechos humanos acontecidos a diario, un bus que refleja la forma de duda vaga del hoy, denota una sensación de dispersión valorica a los que nos corresponde decir. Entonces, seguiré con esta digresión.

Un decir sujeto a variables mundanas que dentro de las cuales la espera impaciente del bus instaura un régimen de relevancia ética respecto al entramado de manifestaciones ciudadanas, vivenciales y volitivas.

La volitiva comparecencia del hastío humano contra la pasividad epistémica de los buses que recorren tanto los contornos como el Buque Madre del Chile profundo.

Decir significa para el Chile profundo un crimen contra estridente mutismo de una endogámica elite petrificada por los mitos fundacionales esgrimidos por los compañeros hermeneutas y por la voluntad de vivir de los prejuicios humanos que profesan.

Hasta ese bus pertenece al mundo perdido de la justicia social, en ocasiones, también pertenece a la comunidad lingüística del Chile profundo.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Ellas aleccionan sobre el estado evolutivo del ciclo vital. Además, dichos quebrantos consecuentemente están susceptibles al fenómeno de la vida que afecta a nosotros, esas calamidades de la existencia humana te provocan, enfermedad, vejez y la muerte.

Las calamidades de la existencia humana permiten darle glamour al absurdo humano. Un sentido lúdico a la ramplona perplejidad de tomarnos demasiado en serio. Nuestras calamidades que nos acompañan en todo instante de letanía picunche.

Un relato sin mayores sentidos republicanos pero con irreverencias pluricelulares.

Esas patéticas lecciones de vida que surgen de la nada. Un nada que se hace parte de la historia de la voluntad de vivir. La voluntad de vivir y sus dudas vocacionales.

Nos sugestionamos. No esta exento de esto la experiencia sugestiva de las hojas de otoño durante la continuidad histórica de este mes de Mayo.

Perseguimos algo que sea digno de absoluta certidumbre, pero las hojas de otoño condensan todo aquello que se quiere, esas calamidades condimentan nuestros miedos durante este mes.

Estaba ansioso por preservar la representación simbólica de esas hojas de otoño que caen bajo el influjo cautivante de la vida dentro de las cuales las calles del mes de Mayo esperan su regreso.

El regreso a lo desconocido. Lo desconocido de entender la vida orgánica de las hojas de otoño. De manera tal que las calles de nuestro mes esperan pacientemente su lugar en el cosmos.

El universo ignora el arrebato reverencial de aquellas calles de Mayo. Esas calles se vinculan con las otras calamidades.

Nuestras calamidades anteriormente dichas para extirpar nuestras pedanterías vivenciales, acentúa esa encerrona que nos da la vida, con estallidos humanos abiertos a experimentar la ciencia inconclusa del entender nuestro drama.

Un drama cuyo absurdo es darle un sentido semántico a lo inefable. No hay explicaciones necesarias para desocultar las calamidades que nos afectan. Te afectan menos escribiendo sobre las hojas de otoño. Sigan intentándolo.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Somos tan pequeños al mismo tiempo maravillosamente extraño. No es menor la osadía existencial de las hojas de otoño para depurar nuestros campos vivenciales ante todo darle una significación estética a este mes de Mayo.

En cada instante otoñal del mes de Mayo acontecen plagas antropocéntricas,bipedismos tecnológicos, artísticas negociaciones con la realidad humana en perpetuo movimiento y sencillas enseñanzas de pueblos nativos.

La terrible ansiedad de que controlarlo todo. Una clara muestra de aquello lo representa la existencia fugaz del mes de Mayo.

Son solo 31 segundos de divinidades mutiladas y de sufrimientos humanos. Se generan amplios consensos lingüísticos en lo corresponde a la vida humana en la Tierra.

De aceptar los peligroso latentes de un simple mes como este, nunca se sabe que habrá de radical en aquello, solo hay que protagonizarlo. Palabras, gestos, muertes inducidas, nacimientos azarosos, poderes peligrosos y encerronas afectivas.

Épicas cotidianas del humilde hoy, jamás alardea de sus virtudes, que convocan al mes de Mayo a que desarrolle su modo de ser ante los demás. Los demás son los seres humanos con sus ansias de dominación totalitaria. Quieren dominarlo todo. Y somos unos laditos cobardes.

Lisa y llanamente esperamos que otros hagan esa misión que haría de nuestro absurdo una epifanía en la importancia de llamarse Mayo. Cuando están encadenados a su propio querer empiezan los quebrantos éticos.

Muchos de los quebrantos éticos, dependiendo del estilo, forma o prejuicios de cada sociedad humana, que padecen los seres humanos están en concordancia con los estilos de vida, la civilización humana o la sociedad civil, que buscan cambiar las leyes de la naturaleza.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

El significado de las hojas de otoño entra en un juego sin retorno. Son juegos del lenguaje capaces de lograr un entendimiento consensual de las partes involucradas, las hojas de otoño y a sus afecciones planetarias.

Seria un ambicioso acontecer temporal para este mes de Mayo ver surgir el extravagante néctar de su significación otoñal.

No lo sabemos cuando nos autoafirmamos como paladines de una moral continental con sus condiciones objetivas.

Son interminables los cursos de acción directa que cada día del mes en cuestión asume como verdad mutilada.

Somos arrendatarios de verdades mutiladas, en todo caso, a la hora presencial del Horario valle apelamos a ese atributo. Nosotros lo queremos así.

Creemos creer que podemos poner orden en nuestras vidas. No es así, puesto que al inventar intentos de aferrarnos a nuestras propias condiciones objetivas, nótese, a esa objetividad que resulta ser solo la deliberada subjetividad de nuestras lactantes voliciones y de una racionalidad estandarizada, la vida siempre nos esta asombrando con sus misterios siderales.

Un vivir humano, en estos tiempos donde otros confunden a otros, la historia humana como un lugar con bastante espacio para el prejuicio, buscar esos misterios siderales, para las hojas de otoño adquieren un sentido originario de fugaz intencionalidad planetaria. Un regalo hecho por alguien.

Al resplandor cotidiano del acontecer ecuménico del mes Mayo gracias a los móviles profundos de las hojas de otoño, un regalo hecho por alguien, la vida humana continua en su afán de perpetuarse como especie.

Una especie convertida en plaga antropogenica, no hay ideología que puede darle una matriz macro-sistémica, y continua haciendo de la autodestrucción su valor de verdad. Pero las hojas de otoño hacen piruetas.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Hacer de las hojas de otoño una senda que derive hacia ese silencio que genera milagros inesperados. Inesperados sucesos de hilarante conversión espiritual.

La conversión espiritual del mes de Mayo reside en pasar desapercibido ante el cambio de mando y las interpretaciones que esgrimen los ciudadanos habituados a engañarse.

Mucho hay en estos días de Mayo, en cualquiera de su hábitos estandarizados, sus días 31 majaderías históricas, una inclinación hacia la imposición de generalizaciones empíricas convirtiéndolas en verdades humanas sin discusión alguna.

Patética pedantería de los animales extraños. Ignoran cómo este mes puede irrumpir en la vida humana con una pasmosa facilidad.

Lo hace permanentemente para recordarnos nuestra vana condición de bípedos sin vidas paralelas.

Las vidas paralelas enseñan mucho. Por si no lo sabían, la vida enseña mucho. Mucho de dedicaciones al caos, al mundo perdido de nuestra conciencia, de ser extranjero en varios de los días transcurridos y enseñanzas callejeras sobre la irracionalidad póstuma de atardecer planetario en el infinito callejero.

Estoy intentando entender las tentativas revolucionarias de esos infinitos callejeros, muchas de ellas, yacen en el Chile profundo.

De repente risas alejadas de la realidad oficial del Occidente otoñal, para eso olvidaba las preocupaciones contingentes que condicionaban mi visión de mundo o, más bien, me burlaba de tanta consideración señorial respecto a la idea de mundo que creía tener. Nunca la pude tocar.

Es muy oscuro aludir a la “idea de mundo”, sin embargo sirve como referencia para describir un estado de cosas. Nunca se sabe cómo reaccionaran nuestras hojas de otoño ante el significado de las palabras.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Imagínate que esas características van cambiando en directa proporción a la disposición de ánimo que tengan los habitantes de dicho país.

Nuevamente agradezco a los dioses del Olimpo por construir esto. Quisiera que existieran. Algo. Debe aparecer para hacerlo más entretenido y más barato. En algún baño del universo deben estar negociando con la realidad.

Volvamos a lo nuestro. A esa irrealidad que refleja las hojas de otoño. Es sintomático con la temeraria opción de pensarse mucho. Ese Chile profundo y sus irrealidades vitales, un cambio preciso de las hojas de otoño.

A cada instante se realiza. La renovación del instante presente sabe aquel elocuente secreto.

El elocuente secreto de existir. Un confuso nacimiento. Un hastío esperanzador generan esas hojas de otoño. Ese gesto emancipador de las hojas de otoño ateniéndose a esos instantes.

Unos instantes claramente enamorados de su labor critica, presenciar su acto de desobediencia civil. Caen, generan y fomentan ese sonido que supera los dilemas políticos de un cambio de mando.

Pero aquel cambio de mando ya se inicio. Nadie les aviso, las hojas de otoño seguían perpetrando sus tramas planetarios.

El planeta Tierra convoca a sus fantasmas históricos, las formas discursivas de civilización humana, y con ello, a sus imprevistos domésticos, la rareza prevaleciente de los seres humanos a medida que viven la culminación de un día cualquiera.

Un día cualquiera con sus abismos éticos indomables. Seguimos acá. Este mes de Mayo que ofrece fenómenos humanos con la complicidad de las redes sociales.

Indomables en cuanto a su disposición al cambio. Cambios humanos para atenuar nuestra pesada carga domestica. Ese latente sentido secuencial del mes de Mayo. Latentes desvaríos otoñales.

Ir al precipicio de un estar observando, cambiar de disposición de ánimo, durante la narración impuesta por este mes de Mayo. Pagamos con el rostro de cada instante fenecido en donde la existencia encarna un anonimato que conmociona a las huestes humanas. Sirve para entender su abrupta sensatez al momento de nacer.

Vamos naciendo inexorablemente a medida que vivimos con esa doble inconsciencia, sensibilidad y entendimiento.

domingo, 22 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Aquel día fue raro, no falta aquel día que nos depara sorpresas, pues la abundancia de fenómenos de la vida, mientras el carácter alucinatorio del mundo hacia de las suyas semánticas, las hojas de otoño en este mes de Mayo, dejo huellas. Esos días comprometían sujeciones del más alto valor cotidiano, entender las dinámicas generacionales del Chile profundo.

Ese Chile sigue creciendo progresivamente en tiranías callejeras, ventosidades acríticas, miedos narrados por el amanecer de cada día, contradicciones vitales, conveniencias afectivas, cobardías ideológicas, desigualdades sociales, instantes amorales, evocaciones a mitos poblacionales, etiquetas valoricas, olores a infinitos humanos, robos históricos, prioridades tecnológicas, adolescencias frustradas, adultos patriarcalmente pragmáticos, mujeres ansiosas de tener orgasmos seculares, adicciones estandarizadas, diálogos entre sordos electorales, penetraciones analíticas, obviedades monetarias, quebrantos filosóficos, neoliberalismos pélvicos, populismos horarios, asados con la complicidad de un día Domingo, tenencia de perros, hijos inclinados a aburrirse con escaso glamour, consumos masivos en panes terrenales, lógicas implacables, activas incertidumbres, mujeres buscando su estética atípica, ventas de drogas de bajo impacto, singularidades otoñales, dadaísmos culinarios, pensamientos fragmentarios, palabras mudas, significaciones estéticas, otoños LCD, veranos existencialmente hechos de 3 letras, consumos democráticos de CDF Premium, infidelidades tácitamente oblicuas, deudas contraídas con el padre “malévolo”, deliberadas gulas, depuraciones torrejas, teorías de genero entendidas a su manera, vendedores de ilusiones, monólogos sin causa aparente, intrincadas formas de entendimiento humano, matrimonios fracasados debido a pocas mentiras, títulos universitarios masificados gracias a la universalización del sistema escolar de masas, engullidos estridentes, vilezas bibliográficas, organismos pluricelulares que suplican por sobrevivir en los vertederos de basura, focos infecciosos en cada esquina contigua al paradero de la estación de bus troncal, inventos valoricos de los jóvenes tras su primero beso, seducciones a la vuelta de la esquina, violencia intrafamiliar en la intimidad, familias desorientadas ante la vida actual, absurdos republicanos, bipedismos pluricelulares, alcoholismos de añejos años, optimismos sin causa alguna, fruteras viscerales y valiosas tonterías.

Patio de los Naranjos

La existencia planetaria de las hojas de otoño aparece como un destello de lucidez planetaria. En términos planetarios, dentro de los cuales, se generan los grados de entendimiento humano, en conformidad a las conveniencias e intereses compartidos, a lo que las hojas de otoño saben de las bondades dogmaticas del universo, anda a descubrirlas.

Una vida entera de sorpresas evanescentes con la súbita expresión de asombro ante lo que fluye. Todo fluye y nada permanece. Un fruición desinhibida de las hojas de otoño permea todos los ámbitos de relevancia ética. Si entendemos por ético relativo a un acto de coacción permanente.

Pero seamos incrédulos, y veamos una especie de diagnostico medico en lo que cabe al papel que desempeñan nuestras musas atormentadas.

Los ámbitos de relevancia ética, vivir en sociedad con las duras cadenas que nos insta el destino, poderes anónimos junto a sus comedias valoricas, alcanzan una intimidante influencia hacia desconocido.

La dimensión desconocida de los seres humanos comienza a ser vivida. Una propuesta indecente de las hojas de otoño. Lo palpable de sentir su realidad.

Lo palpable asume su principio de narración para explicar los esmeros valoricos de los seres humanos. Paralelamente las hojas de otoño que momentáneamente abren su mirar cotidiano envejecen como artistas que pintan su propia inocencia salvaje, cumplen con el ciclo de la vida. El mes de Mayo y su ciclo de la vida.

El misterio sin resolver de la vida, siguen copando todos los instantes de aleccion otoñal, esas hojas convertidas en un remedio contra el paso del tiempo.

Y se van esas hojas de otoño, otras vuelven a nacer. Pasa rápido nuestro tiempo ¿y si no existiera el tiempo? Tenemos una formación académica que enfatiza la lógica implacable de la razón instrumental y de su progreso indefinido.

Estamos condicionados por la naturaleza irónica del vivir vinculados a la educación formal. Pero olvidamos. Olvidamos los caminos sinuosos de la intuición y de las primitivas pulsiones del ocurrir humano.

Esa irracionalidad que nos lleva a mundos supuestamente perdidos. Sin embargo, no lo están. Permite robarnos la chata fuerza explicativa de un héroe mediático que tiende a crear monstruos. Esos monstruos están en el origen mismo de la revolución neolítica, vayan a descubrir ese hábito muy difundido, y no es un error de las estadísticas.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Ironías otoñales que giran en un mismo lugar. Un lugar provisto de recapitulaciones históricas e ideologías balbuceantes. Un estado de inacción aparente, en cambio, expresan las hojas de otoño durante estos alegatos silenciosos de nuestros habitantes del Chile profundo.

Suelen votar para las elecciones generales, sin embargo jamás creen en la puesta en marcha de grandes narrativas a partir de clichés axiomáticamente viscerales, detestan los riesgos necesarios.

Actúan, juegan, respiran, palpitan instantes, generan dudas, agradecen al universo y siguen su ciclo vital. Incluso cualquier día le sirve para cumplir con ese ceremonial planetario, pues la vida misma puede decidirse en un diminuto placer contraído a medida que transcurrían aquellos estados de sabiduría práctica, la caída de las hojas de otoño hacia inhóspitos sitios contrapuestos para la razón humana.

Las hojas de otoño siguen hablando de surrealismos cotidianos. Ir más allá del nativo aburrimiento del cual somos parte. Pertenecemos a un sequito de flagelaciones ideológicas, en cambio, esas hojas de otoño caen en la prístina conversación que tienen con la tierra firme.

Lo pueden ser, encarnado en una calle con escombros, esquinas troncales límpidas, parques masivos en áreas verdes, patios emergiendo como higiénicos rituales, en la obviedad embelesada del mundo rural, en una taberna abierta levemente, en la vastedad picunche de una avenida principal o en los espacios raros sobre los cuales la modernidad no ha hecho bien su trabajo.

No se cuando podré describir a cabalidad la épica de lo cotidiano que acontece en esos precisos segundos en la cual las hojas de otoño tocan la realidad, el mes de Mayo junto al tiempo y sus estatutos imaginarios. Solo queda seguir degustando del condimento otoñal que entraña este mes de Mayo.

Queda mucho porque pensar, sentir y decir. Desde las regiones oscuras de la subjetividad humana hasta las prístinas perversiones de la conciencia, compleja tarea para cualquier hombre que alguna vez haya vendido su mundo, autoengaños en la medida de lo posible, estamos siempre solos, advertencias del hoy, pero siguen existiendo las hojas de otoño.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona



Nuestros habitantes insatisfechos ante el acceso acotado de oportunidades reales en participar en la toma de decisiones sobre asuntos de interés nacional, inconformes ante las obviedades discursivas de las elites, escépticos sobre la legitimidad moral de las ideologías partidistas, optimistas pragmáticos cuando se trata de obtener dinero a cualquier costo, enfermizos narradores sobre mitos fundacionales relativos a la construcción de una identidad nacional, repulsivos educadores en cuanto a entregar lecciones de vida dentro del sistema escolar de masas a los educandos, ingenuos narradores de patriarcales erotismos, idiotas al considerar que profesando una determinada ideología partidista resulta ser resultado de una dotación genética preestablecida, temerosos ante la rapidez cotidiana de las deudas contraídas, alegres protagonistas durante breves intervalos de emancipación hormonal, envidiosos sujetos a medida que otro dejan huellas y saben pensar al universo, ciudadanos herméticos sin la sabia certidumbre de jamás tomarse en serio a los políticos con sus desmadres volitivos, compulsión relativa a objetos tecnológicos con cual suplen su torpeza emocional, pasivos a la hora de cambiar de ideología, predecibles proyectos inacabados tanto en dictadura como en democracia, en cada calle de la esquina emergiendo como taciturnos personajes de vivencias adocenadas producto de los muros de la moral oficial, progresistas estereotipados, consumidores cínicos, infancias vulnerables, tradicionales enseñanzas en el living de su casa, observadores anacrónicos respecto a su ética sexual, petulantes sin glamour ideológico, fascistas afectivos, comedidos reformistas de horarios laborales, visionarios comandantes de su valoración moral en sus respectivas poblaciones, hipócritas visionarios, adolescentes cansados de todo aquello que se encarne como verdad absoluta, insanos epónimos de comentarios académicos, cretinos interpretes de políticas publicas excluyendo la variable picunche, adultos corroídos por el miedo a envejecer, homofóbicos republicanos, paladines del coitocentrismo, imbéciles bipedos sobre cuestiones raras, ignorantes impertinentes sobre el origen de la vida, raros comediantes de fomedades callejeras, apresurados compañeros de dilemas bioeticos, prejuiciosos bipedos de conversaciones sobre una mesa demócratas conforme a sus propias conveniencias personales, singulares interpretaciones saber los DDHH tras miles de muertes en “off”, escasa visión totalizadora de las elites acerca de los cambios culturales en el Chile profundo, anarquistas místicos durante algunos años de didácticas callejeras estandarizadas, brillantes diagnosticadores de la miseria humana HD y algo más que no recuerdo.

Una constante humana. En nuestro país de los raros experimentos contraculturales, por lo que para vivir en este de Mayo necesitamos palabras, locuras, mucho humor absurdo, insaciable capacidad de asombro y hacer piruetas.

viernes, 20 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Las hojas de otoño engloban un fenómeno de la vida que aparece cíclicamente durante varios meses, sin embargo ahora estamos viviendo en las postrimerías del mes de Mayo, lo cual significa que cada vida humana ha sido un paraíso de confusiones mediáticas, anónimos hedores hogareños, meros recuerdos encadenados a su querer y de abominables angustias valoricas.

La vida humana perpetuada a la sazón de artificios conceptuales entrelazados con la voluntad de vivir. Siendo la vida humana esclava de sus pasiones, por lo menos nuestras ventosidades colorean a este mes.

Un terreno fértil para las pasiones humanas, nuestro mes de Mayo considera a sus intimas expresiones artísticas, donde la razón misma padece de resfríos estructurales, aquella razón dudosa de sus certidumbres históricas.

Siempre hay una historia que contar, la excusa predominante es ir a las hojas de otoño, no sin antes entender la dimensión picunche del mes de Mayo.

Relativa a la dimensión picunche del mes de Mayo es describir una forma de vida que predomina en aquel país, su mayor hito existencial, el Chile profundo.

Es un aspecto generacionalmente intenso proclive a infinitas interpretaciones antojadizas sobre el ocurrir cotidiano de sus habitantes, una maravilla del fenómeno de la vida.

Sus habitantes intentan conciliar sus predilecciones valoricas con la realidad cambiante del mundo exterior que vertiginosamente cambia de matriz conceptual conforme al estado de ánimo de los tiempos históricos.

Muchos intentar ser consecuentes lo cual no dice nada respecto de su penetración analítica para darse cuenta de que si no negociamos con la realidad no hay revoluciones de HD histórica.

Patio de los Naranjos



Escasas ocasiones dedicadas al caos. Palabras, tradiciones cuestionadas, instantes ecuménicos, tenues fríos otoñales, animales alertas ante sus necesidades instintivas. Son hermosas enseñanzas didácticas que nos entregan aquellos perros vagos de mirar ensimismado. No dudan en oler aquello de lo cual les genera ruido. Una invasión a su territorial forma de escudriñar su hábitat. Lo hacen. Otros animales invaden su territorio con fines poco humanos.

Era una simple digresión, aludir a esos perros callejeros en los sitios universitarios del patio de los Naranjos, para entender la dispersión cósmica que ocurre tanto ahí como en el mes de Mayo. Porque la vida continúa. Uno de los tantos momentos en que la vida se dedica a eludir su origen.

Buscar el origen de la vida dentro de las tantas expresiones de poder factual de los días de Mayo aporta interesantes secuelas humanas.

Las secuelas humanas del existir a medida que este mes asume su rol que le corresponde, cumplir con su mandato otoñal. Su mandato otoñal provisto de un entramado de asuntos humanos, mitos fundacionales de las palabras por parte de los movimientos ciudadanos, propuestas callejeras para incentivar ficciones históricas y calma expansión del universo.

Puedo denominar ese “nunca más” que este mes de Mayo habrá de realizar. Es el continuo de un viaje sin retorno. No hay nada que hacer.

Por esto mismo, aquella afirmación “después de la lluvia todos somos empiristas” evoca una realidad humana en perpetuo movimiento, y aporta a la causa del “nunca más”.

Además, aparece muy bien estimada esa afirmación como un lugar para tener consciencia del mundo y sus relaciones con la dimensión humana que impone esto. Un supuesto relato de experiencia cotidiana, nunca más volverá este mes, pero con la sugestiva habilidad de las hojas de otoño para dibujar sus huellas de nacimiento.

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La vida es una encerrona


Esos ciclos atmosféricos que vibran ante las mutaciones aleatorias que palpitan los seres humanos, originadas hace millones de años en algún lugar de cierta galaxia, cuando habitan un mundo que sigue apareciéndose, del camino del mirar al contemplar amaneceres cotidianos, provoca un ilógico enamoramiento a la vida.

Desde esta, la vida aparece, desarrolla sus misterios orgánicos y propone objetos de imperceptible valor estético, las hojas de otoño. En ese momento, después de almorzar en el Patio de los Naranjos, parpadearon mis ojos de color verde atípico.

El círculo de la vida impone sus propuestas de negociación con los eventos de alto impacto planetario, las hojas de otoño captaron ese mensaje de conmoción sideral.

Un amor corrosivo, ilógico, intuitivo y temerario a la vida. A pesar de todo, dificultades para entender la realidad del mundo exterior que se aparece repentinamente, quiero asumir ese riesgo.

Ese riesgo de entender el carácter alucinatorio del mundo conforme al resplandor protector de una hoja de otoño, tanto que descubrir en sus anónimas misantropías éticas, jamás se toma en serio su gran legado.

Su legado de crítica a la modernidad, desdén a los rituales estandarizados de Occidente y a la delirante razón de penetrar los entresijos de ese experimento llamado vida.

Ese regocijo volitivo de por lo menos intentar darle la pelea a nuestra inmanencia pulsional, solo observando a esos perros callejeros que caminan de manera republicana por el patio de los Naranjos, hemos hecho el trabajo de devorarnos existencialmente. Salir sobre sí. Esa es la cuestión de hecho.

Ante todo esos perros vagos ladran “de corrido” te regalan tu Horario Valle de HD.

Y, más encima, juegan a jugar con los absurdos humanos que cada rostro denota al estudiar por la mera calificación académica, y jamás para dedicarse al caos.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Estoy en un mes con fragancias hídricas, adivinen su móvil profundo. Donde se origina en el abismo pavoroso de vivir cada día con el riesgo de ser el último.

Siendo frágiles exponentes de un día como este, en el transcurso vital de Mayo, todavía informándonos de las muertes masivas en Medio Oriente así como de manifestaciones ciudadanas emulando redes virtuales y trastocando las formas discursivas de entender la biología de la vida, engendros volitivos.

La disponibilidad horaria de nuestras hojas de otoño, dedicación exclusiva a su fragancia de vigor planetario, logra ir a los confusos confines de nuestra realidad humana en perpetuo movimiento, es un viaje sin retorno hacia otras historias personales.

Despierto en un mundo que apareció, nadie me avisó que era gratis observarlo. Con la ayuda de mis amigos leales, mis sentidos corporales, existió un ínfimo instante de redención intima. Captar su fragancia a través de las hojas de otoño. El otoño se inicio hace unos meses. Tiene su tensa calma.

Un patético ir y venir de consecuencias humanas. Ese temor reverencial hacia ese mundo aparecido. Pero después desaparecen sus móviles más profundos, entender ese mundo mediante nuestra conducta. Una narración para ese mundo que apareció.

Para narrar ese mundo necesito un entramado de situaciones límites, sufrimiento humano y surrealismos cotidianos a la vuelta de la esquina. Las calles del Chile profundo coinciden con sus rarezas vocacionales. Son esas calles que reflejan vidas paralelas.

Vivir aquellas experiencias singulares para explicar ese mundo que apareció mientras despertaba induce a obligaciones con la realidad. El solo decirlo implica ser arbitrario. No me interesa serlo. Es un fantasía que quiero vivir. Significo una bofetada al rostro del hoy.

Un hoy, aun somos antojadizos esclavos del mes de Mayo, que perpetra tormentos vivenciales.

Por lo que son ilustres protagonistas las hojas de otoño. Lo son desde el momento en que la naturaleza misma les obsequio su cable a tierra, dulcificar el fenómeno de la vida por medio de ciclos atmosféricos.

Patio de los Naranjos




Una forma de vida que se busca. Entre tantas muertes vivientes. Hay una posibilidad cierta de ironizar con esa historia relatada por una hoja de verano.


No podemos buscarla sin el paso indudable del querer humano. Una fuente inagotable de sinsabores y de desgracias valoricas. Sin embargo, nuestras hojas de otoño aceptan ese reto.

Un reto al destino que determina esa fascinación por dejarse llevar por la fruición estética de sus unidades de aprendizaje, su rostro coloreado de silencios apasionados.

Fluyen miles de hojas de otoño alrededor nuestro. Van configurando un paisaje de lugares comunes, día tras día irrumpen, cuyo interés por preservar su amor a la vida supone darse por enterado de las respuestas sin las preguntas correctas de los seres humanos. Hemos respondido la pregunta equivocada. Además, no es trivial cuestionarse la opción cierta de que no exista la pregunta correcta.

Siguen nuestras preguntas haciendo de las suyas reflexivas. Es adentrarse en la dimensión desconocida de la vida humana, darle un significado a su emergente intersubjetividad, el problema de los problemas, a partir de una estación del año, ahora le tocó a Mayo, de hecho, aporta interesantes sucesos humanos inconclusos.


Nacemos y morimos, sin jamás comprender su absoluta soledad espacio-temporal, creemos estar bajo siempre bajo el cuidado de los otros.

Mientras seguimos habitando este mes de Mayo, la maravilla del lenguaje de las hojas de otoño, propone una dosis de locura que ayude a emancipar ese nativo aburrimiento del cual formamos parte. Pertenecemos a él.

Un día en la Tierra. También aparece como algo digno de ser visto. Seria un advenimiento de la sublime identidad otoñal no diciendo nada. Hay todo un tema que los usos del lenguaje humano. Algo tenemos que hacer. Buscando un sentido a este mes, y algo más.

Patiro de los Naranjos

La vida es una encerrona


Vivir a la sazón de misterios humanos. En ocasiones, surgen sorprendentes clamores humanos al mismo tiempo encuentros cercanos con el temor a perderlo todo.

Muchas veces tenemos la sensación de perderlo todo. Cualquier día puede ser el elegido por las fuerzas inescrutables de la evolución, y algo más. Por ahora nuestras hojas de otoño palpitan su diario acontecer estético, sacar algunas conclusiones respecto al mes de Mayo.

A diario comentamos situaciones humanas. A pesar de su complejidad rutinaria, las hojas de otoño de dicho mes aspiran a construir un entramado de complicidades ideológicas.

La ideología del asombrarse para vivir. Vivir en la perplejidad palpable del uno mismo siendo que jamás hemos podido conocer presencialmente a todos los habitantes de este planeta Tierra.

Cada día que acaba, una visión totalizadora de sus segundos. Esos segundos que se cambian de ideología a medida de lo posible. Bellas matemáticas otoñales. Consumen una secuencia finita de instantes humanos a través de su vértigo hacedor, solo viven.

Existen para presenciar este mundo hecho por los locos para cuerdos.Una propuesta indecente se ha hecho a los muros de la moral oficial. Implica una sucesión de momentos disociados de las banalidades del diario acontecer humano. Este mes de Mayo y su diario acontecer humano.

Alguien siempre esta observando las hojas de otoño. Las observa como aquello de lo cual puedes morir con la peligrosa alegría de que jamás tomaste en serio la omnipresencia modernizante de lo que eras en el pasado. En eso estoy, intentando descubrir la secreta elocuencia de su haber intrincado.

Una ruta plagada de obviedades pedestres, razones picuches, engaños reiterados, majaderías semánticas, perversiones horarias, extrañas valoraciones contra la conciencia, dinámicas culturales haciendo a cada hora vivida, malas decisiones, demonios internos junto a la ira de un origen poco explicado, sagradas enfermedades de las estaciones del año y historias anónimas en cualquier parte que hayan hojas de otoño.

La proeza artística de nuestras hojas de otoño pudiera narrar la dinámica temporal de errantes pareceres personales. Saluda, observa y penetrar el secreto taller de las necesidades humanas.

Apunta a describir su propio significado otoñal. Pocas palabras para explicarlas, solo cumple su labor misional, tiene un deber moral.

Acude a vérselas con este mes que suido nuevamente un inexperto. Resulta ser un inexperto, pues si bien se repite indefinidamente su nombre durante miles de años, la tiranía de las costumbres hace prevalecer su carácter alucinatorio, no solo del mundo, sino que de una manera de cómo entender este mundo.

El carácter entropico de nuestro mes de Mayo, acentuándose producto de Febrero 27, genera mirar con otros ojos a estos días. No obstante las encuestas de opinión pública siguen perpetuando opiniones humanas bajo el dogma de la indocta ignorancia. Solo quise ahora agregar una picunche digresión.

Un interminable deceso de los días del año. Hay glamour humano cuando intentamos convencernos que todos los días son lo mismo e incluso haciendo de nuestro querer una forma de vida.

jueves, 19 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos




La vida es una encerrona


Jamás dejes de luchar. Muere con la aguda entonación de haberlo hecho todo. No importa todo abismo sideral que pone en cuestión nuestros supuestos emocionales, existenciales, biológicos y creenciales. Solo hazlo. Darle un sentido misional a tu vida mientras tanto surgen nuevos reveses cotidianos en tu rutina en “On”.

Logra que la vida misma retroceda en sus arrebatos cósmicos. Un absurdo aclarador habrá en aquella lucha que le diste a ese misterio sin resolver.

De esta manera, el universo observa aquel pasatiempo cotidiano. Mientras luchas existen opciones tendientes a dejar huellas. Huellas humanas ante este mes de Mayo. Un mes cargado de responsabilidades innecesarias y de imperativos éticos inconclusos.

Tiene sus costos humanos, luchar ante la irrupción opulenta de una explosión de sentido cotidiano. Del cielo terrenal de lo observado a la tierra firme del dudar en Mayo. Son susurros otoñales que emergen como genuinas mutaciones humanas. Cambios.

Hemos cambiado. Siendo así puedes desafiar las leyes azarosas, inescrutables, inexorables y cósmicas de la vida misma. La vida sabe, alguien agradecerá esa actitud, este mes será testigo de algo indecible.

Sigue luchando, eso si, seguiré ahora con esa la clase magistral de impresiones fuertes. No se olvida la clase magistral de narración extraordinaria que instauro Febrero 27, logró traspasar el umbral de discusión interna de los humanos en ese país, votos más o votos menos, la realidad inestable de la vida humana, en ese entonces veraniega, permeo la altivez deliberada de un tal “cambio de manda”.

Ahora bien, un año después de ese fenómeno de la naturaleza, patéticas excelencias humanas para interpretar el sufrimiento humano.

Un año más. Para la vida misma fue un leve mirar provocador lo acontecido allá. Pero ahora estando en este mes de Mayo que sigue haciendo de la suyas diplomáticas.

Siempre hubo en aquellos meses posteriores a Febrero 27 una prevalecía de estar dedicados al caos, hablo por mí, era silenciosamente corrosiva pero coquetamente irreconocible.

Viviéndome en lo perverso de ignorar la locura autoregulada de las hojas de otoño. Pasan cosas en la vida cotidiana de aquel mes mencionado. En lo cotidiano de vivir, milagros inesperados de nuestras hojas de otoño.

A veces, adopto una oposición dubitativa respecto a lo que vivo a diario. Al mismo tiempo las hojas de otoño expresan breves comentarios sin mayores ambiciones, cubren mis zapatos de colores confusos y de percepciones enamoradas. Después asumo las consecuencias de dicha posición. Se hace al andar de infinitas consideraciones exógenas.

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La vida es una encerrona


La constante del cambio siempre permite volvernos locos. No hay existencia mental que se precie como tal, decimos palabras para atenuar nuestros supuestos semánticos, en este caso, lo mental resulta un claro ejemplo de confusión. Solo lo mencionaba para hacer más ameno este viaje delirante a través de la caída de las hojas de otoño durante un tiempo histórico dado.

No olvidemos que estamos viviendo, eso creo, después de experiencias atípicas de las horas asignadas al mes de Mayo, insinuando que somos tan frágiles como un segundo, desde cualquier manifestación de efusión emocional por parte de las personas hasta presenciar lo inacabado de cada absurdo hecho conforme a la ley, e inexorablemente jugamos a este callejón sin salida.

Se perpetran pedestres vacilaciones humanas. Acentuamos de manera frívola el carácter inestable de la condición humana a partir de nuestras obvias moralizaciones de Horario Valle.

Este horario le acomoda harto a las hojas de otoño. Jamás avanzaremos hacia los confines confusos de la subjetividad humana si estamos majaderamente dando muestras de estrechez picunche.

Muriendo a cada rato. Como a todos, seamos consecuentes. Pero es algo que también nuestras hojas de otoño hacen con bastante rigurosidad minimalista. Les resulta indistinto un cambio de gobierno durante un determinado ciclo de indecisión histórica.

Sus hojas lo conversan de manera enigmática. Interesantes diálogos sin ambiciones. Por esto mismo están conscientes de su finalidad. Fenecen inmediatamente tras su caída al abismo pensante, hacia las cadenas de su propio destino.

La innoble capacidad de adoptar un dogma ideológico, los seres humanos suele resfriarse con mayor frecuencia que las hojas de otoño, nadie lo sabe. Se vive con el miedo a ser distinto.

Bueno, ser distinto en la actualidad caótica de las sociedades contemporáneas implica un estado de cosas sujeto a incomprensiones fundadas en el miedo, negociación con la realidad humana en perpetuo movimiento y darle una didáctica ciudadana a cada ocurrencia del mes de Mayo. Este quinto mes aprecia su instinto otoñal.

Avasalla las obviedades planetarias, y opta por emular a Don Pio. Dejar huellas es el amor de su vida. Pero intuye las miserias humanas HD.


Entrevé que muchos gobiernan todavía en vastos continentes de nuestra biosfera. Con terno o sin terno, la cuestión radica en si captan que nada es para siempre.

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La vida es una encerrona


Otro día más. No podemos evitarlo. Seguimos intentando respuestas a encontrar el origen de la vida. Un inesperado regalo del universo. Sucede con la suave complacencia de su tradición milenaria. A veces, lo podemos solucionar a través de cuestionamientos sobre confusas verdades.


Las confusas verdades que irrumpen en los días del mes de Mayo. Así, hemos encontrado por medio de las hojas de otoño un sentido, vamos envejeciendo. Un ciclo vital de muertes simbólicas, esos seres humanos que jamás aprenden la lección, continúan en su propósito de promover la estupidez con énfasis, ignoran las sinuosas perversiones de su conciencia.

Apariciones sorprendentes de las hojas de otoño. Ruidos extraños junto a sus didácticas narraciones. Son narraciones que evocan significaciones simbólicas. Dejan su huella imperecedera.


Una efusión de escepticismo callejero impone cada día a través del ocurrir planetario de esa realidad que nos asfixia. Hay indicios de revoluciones humanas a la manera de alguien. Y la educación formal siente su decadencia bibliográfica para entenderlo.

Miles de años intentando conformar una educación que entienda la intersubjetividad de lo narrado. En cualquier parte del mundo. En el más acá y en el más allá, para nosotros los humanos seria algo extraño. Pero es el misterio de los misterios.

Nadie quiere decirlo, pero la vida es una encerrona. Un encierro que refleja los espejismos viajeros de las relaciones humanas. Temor, miedo y perplejidad ante lo súbito de vivir.


Esa incapacidad para verbalizarlo cuyas palabras no logran completamente su preciso lugar en el cosmos. La compulsiva necesidad de explicarnos lo que nos sucede a nuestro alrededor.

A lo menos alguien tendrá que hacerlo. De momento, sigo con las ansias de decirlo todo, observar la caída de una hoja de otoño, esta presente la vida. Un difícil inicio para aquellos que esperan bastante frio en los albores de cada mañana de nuestro mes, y no es así.

Con lo audaz que ello implica. Tiene efectos valoricos entender para aquellos que se abrigan con especial asiduidad. No hay mucho que decir, solo decir que la vida de las hojas de otoño consume nuestras aceptaciones éticas, para intentar entender a ese experimento llamado vida.


Consumir realidades, esa es la cuestión, en tiempos biológicos donde la audacia cotidiana de las hojas de otoño esta a prueba de todo. A prueba de todo, y algo más.

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La vida es una encerrona


La emancipación de lo que somos tras vivir ese intimo clamor de las hojas de otoño. No hay palabras para describir esa póstuma irrealidad que reflejan esas hojas, justo ene se momento que tocan Tierra firme. Gracias vida.

Verbalizan preguntas pertinentes las hojas de otoño. Intuyen que siempre sus respuestas serán insensatas. Lo cual las hace dignas de su propio sufrimiento. A cualquier hora o día ponen en cuestión la supuesta naturaleza humana.

La repulsiva tranquilidad de estar encadenados. Encadenados al querer humano. No sabemos quienes somos. Un protagonista indispensable para entenderlo seria polémico “origen de la vida”.

Surgen nativas heridas generacionales. Seguimos perpetuamos a la especie humana. Es la expresión real de la voluntad de vivir. Emergen generaciones humanas. Nos vemos en el más acá. Un estimulo sobreideologizado. Pero vale la pena vivirlo.

Debemos hacerlo. Nada perderemos. Jamás dejar de luchar. Hacer despertar a los entresijos del querer humano. Una tensa calma de ulteriores narrativas intensamente hechas en la pasión de vivir. Cada segundo, ya pasó. Nacen y mueren habitantes de este planeta Tierra.

Algo más de vida tendrán nuestras hojas de otoño. Su ciclo vital se repite inexorablemente hasta la magnificencia de lo desconocido. Mantienen su ética prudencial, siguen regalando caídas al vacio ético encarnados en los seres humanos.

Más de alguna generación habrá observado la caída de una hoja de otoño. Una redentora caída que susurra una emoción en la conmoción de lo cotidiano. Buenas o malas decisiones contraen esos animales extraños.

Estos animales extraños se comportan siendo incorregibles. Incorregibles en nuestras contingencias picunches. Lo picunche es saberse un organismo pluricelular con tendencias megalómanas y omnipresentes.

Algo. Votos más o votos menos, lo demás es ser cuerdo de escaso HD. En cambio, nuestras hojas de otoño jamás se toman en serio. Vislumbran el arte de lo inefable al describir esos creacionismos planetarios de cada día transcurrido, entonces estamos en esa encerrona que hemos esgrimido.

Tantos cuestionamientos picunches y anarquismos místicos de las hojas de otoño. Días infinitos para nuestras impresiones fuertes. Ávidos estamos de existir con la consciencia subversiva del dudar a todo. Y la verdad bosteza peligrosamente.

Bostezos que jamás volverán. Dejan sus huellas imperecederas. Da lo mismo al mes que le toca vivirlo. Vivirlo como un digno espectáculo de rebeldías milenarias. Seguimos en un mes que propende a mantener la estabilidad inestable de su deidad suprema, la vida misma.

Intentar entender la vida misma es un desafío. Un desafío que puede durar toda la existencia orgánica de nuestros sentidos corporales y de nuestra propia biología de la vida, ahí radica su maravilloso misterio exultante de acepciones éticas.

Algo significó para la temporalidad optimista del hoy, desde la mirada minimalista de una mirada hacia una hoja de otoño, no olvidemos que estamos ahora mismo viviendo en el año 2011 con su mes aludido, intuir los desvaríos humanos cuando se trata de entender el origen de la vida comprimiéndolo en un solo instante.

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La vida es una encerrona

La vida humana siendo una cosa cómica. Millones de años existentes que han dejado huellas, pero hay una sagrada enfermedad. La sagrada enfermedad de la interpretación humana. Nadie sabe para quien trabaja. Audacias inexplicables de la historia. Nadie lo reconoce oficialmente.

Pero en “off” suceden interminables desvaríos humanos. Los sollozos de la educación formal ante su indigencia existencial para entenderlo.

Caen mitos fundacionales. Lo otro que cae son las hojas de otoño. Mi nombre sigue siendo Jaime. Eso que llaman apellidos son simples interpretaciones para atenuar nuestra identidad desconocida. Intuyo una identidad desconocida en las hojas de otoño. Ellas viven en democracia.

Una democracia con todas las luces y sombras del caso. Fue una creación humana producto de la adicción gregaria. A lo más, ahora, las hojas de otoño son un modelo a seguir en tener claro que somos breves comentarios. Breves comentarios pertenecientes a un extraordinario suceso sideral.

Pero a las hojas de otoño le interesan estar dedicadas al caos. Promueven su convivencia con el caos tras hacer hablar a la experiencia humana durante la época veraniega de aquel año.

Dudan, por cierto, de meses precedentes. Interesante. Malditas contradicciones veraniegas en cuanto a su labor ideológica. Incapacitados de entenderlo todo. Por eso mismo hacemos uso de ciertos prejuicios milenarios. En cualquier época de la historia humana apareció ese divertimento conceptual.

A veces, a veces estremece. Lo único que estremece es la permanencia del cambio como principio narrativo. Sin grandes narrativas, podemos volvernos locos con glamour. Persiste un lugar para los héroes anónimos cuando entienden que duele mucho. Los hace dignos de su propio sufrimiento. Duele mucho. Entender las regiones intrincadas de la subjetividad humana.

No deja de dolerte si eres un feliz hipócrita durante una pasantía en Horario Valle. Pero esas hojas de otoño transcurren para emanciparse. Por otro lado. Infinitas singularidades humanas acontecen en cada esquina callejera en la cual existe un árbol dejando sus huellas de suceso inefable, la embelesada complicidad con sus hojas de otoño.

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La vida es una encerrona


Una mescolanza de evidentes complejidades. Están pasando cosas. También irrumpen con fuerza democrática las letanías escatológicas de las hojas de otoño, mueren y viven a diario.

Sus adicciones humanas están a la orden del día. Carece de estructuras tiránicas de racionalidad instrumental, cuando aparecen esas hojas de otoño ironizan con los supuestos valoricos de cada día, un segundo vivido como tal sugiere una épica de lo cotidiano.

La existencia lactante de las heterodoxas horas de nuestro mes. Las horas y sus fugaces hojas de otoño. A alguien que le toco vivir durante el fulgor siniestro de darse cuenta de las calamidades de la existencia humana, ya estaba todo pactado.

Pactado para entender lo que somos, quien sabe. Siempre estamos negociando con la realidad, las hojas de otoño saben.

Siguen los días con sus pasiones planetarias. Lo planetario de soportar ese agobio que nos estremece. Estremecimientos existenciales a la vuelta de la esquina.

Esperando. Esperando contemplar silenciosamente sobredosis de sentido común a su vez implosiones de sentido volitivo para plasmar las instancias de cinismo legitimador que juegan las estructura ciudadanas, sociales y anónimas de ese Chile profundo, y alguien más.

La insidia galopante del latente tiempo, es un país que sigue su curso bellamente instaurado por los azares del universo.

Con su amenazante expansión sideral, significa que las protestas ciudadanas son un aspecto estético que para el universo resulta un juego enigmático.

Enigmas cósmicos para ignorancias humanas teatralmente implosivas. Todavía existen residuos de la costra de la fe otoñal, suavemente mustio pero invariablemente ciudadano.

Ciudadanías que acechan al vivir planetario a su manera. Una manera de intentar dejar huellas.

Una sociedad del conocimiento que disemina su identidad narrativa a través de mitos fundacionales de intimidante espacio para la interpretación humana, en las urnas o las armas.

Lo demás, seria engañarse, todos los seres humanos intentan imponer sus criterios de orientación ideológica, con menos o más glamour, pero la esencia intima de su ocurrir vital es modificar las condiciones para generar otros efectos para su querer identitario.

La revolución humana esta constantemente aconteciendo, es distinto que los medios masivos de comunicación o modelos oficiales de moral social, están incapacitados para entender lo que nos sucede a nosotros los héroes anónimos en este lugar propiamente hecho realidad de repente, por lo que la vida en Mayo asume sus juegos del lenguaje, misantropías valoricas de las hojas de otoño y muertes simbólicas de las verdades absolutas de los tiempos modernos.

Esos tiempos modernos supeditados a sus adiciones personales, el progreso indefinido de la razón humana. No le agrada este fenómeno a las hojas de otoño.

Al observar intenso de las hojas de otoño mientras tanto caen al vacio, le genera una fuerte migraña. Sin embargo, la realidad inacabada de aquellos tiempos indicó que la desigualdad humana fue la perfecta excusa para construir modelos de desarrollo ético-filosófico, desde la instauración de la democracia hasta el aparecer radical del socialismo con todas sus variantes hermenéuticas, aun así todos mienten.

En tanto, la vida humana a nadie le importo hacerla más cosa cómica.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos


La vida es una encerrona



Un interesante suceso de indecible irrealidad, la caída de las hojas de otoño a medida que progresa nuestro mes hacia otro mes, con las experiencias humanas que intentan hacerse ante lo que se les presenta.

Para lo cual nuestro mes de Mayo manifiesta su inclinación al caos, no se da cuenta de aquello. Provoca cierta fascinación entender su singularidad humana. Es uno de los protagonistas en este experimento llamado vida.

Cada día que regala este mes de Mayo sugiere algo que hemos perdido. Sin embargo, sus hojas e otoño caen y caen intensamente.


Superan la arrogancia milenaria del frio que emerge en estos meses, y dicen para sus adentros familiares que todo puede suceder con dicho frio. Limpian al instante emancipado, aparentemente, lo logran. Pero cada instante otoñal contiene semánticas humanas majaderas y delirios de grandeza picunche.

Son las aciagas cadenas socializantes de un mes tal como se ha dicho que es, se llama Mayo para sus amigos lógicos, para el universo y el planeta tierra.


Estas cadenas mentales, cada día que sucede impone libertarais manifestaciones de poder anónimo, que van más allá de sequitos humanos con sus estridencias democratizantes.

Una locura cotidiana para el mes de Mayo. Escribirla como algo digno de ser narrado. Y esculpir en ese tiempo otoñal los decesos cotidianos de nuestro mes. La interminable novela de impresiones limites con los límites del mundo humano del presente mes.

Actúan miles de seres humanos, tanto en sus hedores valoricos como en sus engaños discursivos, jamás lo reconocerán.


Seria poco estético, inexorablemente chato y algo impúdico para sus idiotismos educativos. Ignoran el duro peso de los días que trae consigo cada día.

Un mes jugando a respetar los consensos básicos que murmuran nuestras hojas de otoño, nada es para siempre junto a la vida que la vida es una encerrona.


Seria un impulso purificador para cuestionar su vivir humano en su ecléctica realidad otoñal.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Esa dudosa reputación de tomarse demasiado en serio, y de deshonrar al mes de Mayo con otros meses llenos de complicidades veraniegas.

Tiene que ser algo que penetre la patria nueva del hoy, observar la redención libertaria de las hojas de otoño. Es la caída lo que le otorga su corazón delator.

Una caída cotidiana que hace creativa labor. Una labor que conjuga las experiencias individuales de las personas que viven su día fugazmente por el patio de los Naranjos, las miradas cómplices de los perros vagos que entregan su tajante vacio ético y los espesos fríos del mes de Mayo que entrega un día nuevo.

Un rostro nuevo nos traen esas hojas de otoño. Continuar el Juicio Final, ese patio de los Naranjos ofrece remedios contra el paso del tiempo, descúbrelo.

Buscando la palabra inicial que describa a plenitud ese patio de los Naranjos. Ese espacio de sagrada enfermedad deliberativa.

Un mes de Mayo que dice ¡presente, hojas de otoño!; luego todos mienten. Vamos pasando a la segunda semana de Mayo.

Ahora mismo, en este planeta tierra irrumpen las ideologías humanas para verificar nuestro Juicio Final, alguien tiene que ceder.

Verificándolo por medio de los sucesivos días con los cuales nuestro mes de Mayo expande sus obediencias cósmicas. Mis obediencias cósmicas están con respetar las incertidumbres antojadizas de las hojas de otoño.

Con los días contados. Aterrados ante la posibilidad cierta. Todavía se cumple. Su lógica implacable reside en no dar aviso. Seduce a nuestra irracionalidad reprimida. Apela a la santa verdad de los caminos inescrutables del existir cotidiano.

Sabemos que sucede pero somos cobardes. Cobardes para confrontar los abismos históricos del fenómeno de la vida, tendremos vida y muerte por ahora estimamos la cruel consideración de que nada es para siempre.

Nada es para siempre, aplicable a la vida de las hojas de otoño, engendrar íntimos enemigos en cada esquina de las calles del Chile profundo, no solo ahí.

Un vivir carente de obviedades académicas, que las hojas de otoño dibujan la espacialidad de un segundo humano, se enamoran de la realidad.

Enamorarse de la realidad es hablar de la dimensión desconocida de nuestras acepciones vocacionales. La real vocación de jamás darse por enterado.

Intuición y erudición en cada irrealidad encarnada por ese acto de melancólica irracionalidad, mirar con la desafección valorica que promete el Horario Bajo a las hojas de otoño del mes de Mayo.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Somos unos malditos cobardes al no estar dispuestos en ir al otro, para mi, esos herméticos diálogos con esas hojas de otoño, apuntan al desarrollo integral de cualquier instante renovado.

Puede ser en el patio de los Naranjos, calles del Chile profundo o en los mundos perdidos que cada esquina de dicho país que fecunda épica de lo cotidiano.

Un reiterado año que fuera narrado por un idiota seria intensamente cuerdo. No obstante su situación real de observación humana tiende a decirnos que somos mutaciones aleatorias ya adictos a la realidad del mundo exterior.

La gracia de estar en este mes de Mayo junto a ese año es que logra entregar un cabal entendimiento de lo imposible de poner orden a lo que nos rodea. Pero las hojas de otoño intuye a ese idiota.

Un idiota apuesto, dudoso, apasionado y atormentado. Puede que aparezca o no, y estas son las cosas que importan. Por lo menos hacerla vida cuando esperamos lo inesperado.

Son los milagros inesperados de uno de esos día que afligen al alama humana, con la sensación de perderlo todo, un sinsentido bellamente otoñal.

Avanzan los días de nuestro mes. Pasan cosas extrañas. Una sociedad humana en movimiento que no asume sus mentiras silenciosas. Llevamos miles de años intentando implementar una educación formal que este a la altura de ese desafío.

Solo apuesta a estar encadenada al querer mismo que implica vivir en sociedad. Por esto mismo, vivir en sociedad significa un pretexto para las hojas de otoño.

Un pretexto necesario. Anuncia una paz interior a medida que caen sus inexplorados rostros indulgentes, ambas caras de una hoja de otoño participa en el ceremonial atmosférico, y le damos a gracias a la vida.

Una reputación que hay que cuidar. No te das cuenta de cómo pasa nuestra vida. Para satisfacer esos lugares ignotos de la subjetividad humana.

martes, 17 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Dedicados al caos con nuestro mes de Mayo y sus plenitud incomprendida, sus hojas de otoño.

Como una diligente metáfora para cambiar el mundo de los desorientados, no observar la penetración escatológica del Horario Valle, cuando hacemos vida en ese sector del patio de los Naranjos, es olvidarse que de repente somos tan frágiles como un segundo.

Corren los segundos para todos. Nadie se salva, ni conservadores ni liberales, todos están sumidos en el nativo aburrimiento del querer estar vinculado a otros. Reformas y revoluciones o reformas solo sirven para depurar la salvaje fragilidad con la que tenemos que lidiar a diario.

Eso pasa en aquel patio de los Naranjos por lo que las hojas de otoño que logran su propósito artístico, ensuciar la patética inclinación a la predecible estabilidad de los seres bípedos que caminan por ahí. Caminan para olvidar sus obviedades volitivas.

Un año que sigue evocando las mutaciones aleatorias de la cual somos parte importante en la entropica proeza del universo, Dios suspende el juicio.

Este año considera importante enumerarse de una determinada manera para satisfacer al tiempo humano y a sus milenarios prejuicios.

No es menor el siniestro juego de singularidades mentales que comparten los seres humanos a lo largo de su frenesí cotidiano. Continua la historia de ese año.

El misterio de los misterios iniciándonos en la historia humana. Son escasos segundos en comparación a la historia del universo. Una historia de la voluntad de vivir.

Esa voluntad de vivir diseminada por las más creativas formas de erudición picunche, interpretar lo que otro interpretan, pues toda interpretación de la realidad es un falseamiento de la misma.

Por lo menos, las hojas de otoño ofrecen momentos. Momentos cargados de dudas. La duda que delata complicidades cósmicas. Ponen en cuestión la voluntad de vivir que se hace al andar durante este mes de Mayo.

Sigue ese año haciendo de las suyas planetarias. Pero siempre hay alguien que esta en desacuerdo. Son desacuerdos humanos supeditados al enjambre valorico del miedo, inseguridad y pereza.

Paseo de los Naranjos

La vida es una encerrona


Habría que ver si estamos capacitados como seres humanos para entender nuestro carácter alucinatorio y los milagros inesperados que entraña estar habitando este experimento llamado vida. Ese experimento junto a sus ecos que jamás volverán a verbalizarse.

Un criterio verbalizado acusa nuestras hojas de otoño, y no he olvidado al patio de los Naranjos.

A pesar de todas las consideraciones humanas y de sus percepciones del caso, cuando creemos entender la esencia intima de nuestras perversiones volitivas y temores optimistas, resulta sano seguir describiendo aspectos cruciales en aquello de lo cual permite ironizar con los determinismos cotidianos de nuestro mes de Mayo.

Para eso, esta ese patio de los Naranjos cuyo lugar fundacional esta en la singularidad histórica del cambio. Cambios para dejar huellas.

El patio de los Naranjos, situado en las calles del Chile profundo, podría estar situado en cualquier otro lugar planetario, cumple escasos años de miseria humana, los conmemora junto a sus cómplices conscientes, caminan miles de personas por esos espacios públicos, incluyendo esos perros vagos.

Unos animales muy especiales cuando se trata de entender su mundo.

Insinúan miradas cargadas de un lenguaje significativo y de percepciones dadas a vivir en la inmediatez de lo observado.

Acompañamos a nuestros iguales para darnos cuenta de lo vulnerable que somos. Sin embargo, cuando intentamos sobornar a esos precisos instantes de vigor humano, en donde las miserias hacen lo suyo, aludir al lugar que le corresponde al patio de los Naranjos en el universo, por lo que pensarlo será un preludio de vivir dedicados al caos.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona

Un acto de locura es observar la caída de las hojas de otoño mientras ignoramos los móviles profundos de una semana cualquiera en la conducta humana de cualquier ciudadano anónimo.

Un mes de Mayo, sus hojas de otoño emancipadas su rostro ideológico e intentos de narración asumidas.

Como se ha dicho en otras partes de este cuento, el mes de Mayo comprende el frenesí intimidante el cambio, circulan exponencialmente nuevos tratos con el conocimiento humano, y nuestro país no es ajeno a eso.

Así pues, la magna explosión de realidad que susurran nuestras hojas de otoño. Entregan manantiales de verdad mutilada a los escasos días de Mayo.

Esas hojas de otoño siempre han estado buscando las capas geológicas de la existencia mental intuyen que eso son artificios conceptuales, lo que ayuda a entender su lugar en el universo.

Esas silenciosas hojas transgreden en amplío umbral de experiencia consciente del mes de Mayo.

Cada segundo existente del mes de Mayo, ahora mismo, significa captar su mensaje esclarecedor, estamos muriendo de alguna manera. Pero siempre existe la opción de bostezar con la dilatada complicidad de otro mes, esos meses saben.

Lo convulsionado de intentar entender lo que somos. Una expuesta incapacidad para lograr saber que es lo que quieren los días de Mayo.

Además, esos días aportan un sustrato orgánico a las situaciones límites que protagonizan los seres humanos. Personajes de un teatral contenido que emerge.

Emergen esas hojas de otoño diciendo que la vida humana es solo una más de las formas aleatorias de rareza cósmica, esas contingencias cósmicas impávidas ante el alza de creatividad planetaria.

Dentro de los cuales están esos creacionismos humanos de genialidades cuestionadas. Y pasan los días. Muchos de estos días, todavía seguimos un escapando de algo, siguen cumpliendo con su deber. Aquello de lo cual sirve para imputárselos a los demás, somos bestias pedagógicas.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Condicionados a la muertes simbólica del hoy. Un pequeño secreto para nuestro mes de Mayo. Llegan a ser rituales supuestamente únicos. Rituales humanamente posibles cuya dosis de emancipación ciudadana aparece en instantes donde nadie escucha a nadie. Son espectáculos caóticos para instantes otoñales.

Quejidos ideológicos de ciertos momentos vividos. Estamos siempre muriendo en la divinidad acuciante de un hoy cualquiera. Acotado al intimo campo de días otoñales, saludos al mes de Mayo 2011.

La atípica lucidez de amar la vida sin lógica, sin razón. Estos intentos de lucidez por inculcar cierta feliz hipocresía en lo que concierne al educar.

Educar algo. Eso sugiere un acto político sin tapujos picunches. La política de dejar huellas en el tiempo. Un devenir temporal que fluye como el aire que respiramos, están nuestras hojas de otoño generando realidades, derivando a esa ciudad hostil.

Se dice un juicio arbitrario sobre ese término de ciudad hostil, como si algo no lo fuera, pero seria bueno decirlo por motivos didácticos.

Te lo agradecerá alguien. Vamos a lo nuestro. Se trata de lo que quiero decir sobre las hojas de otoño. De muchas valiosas tonterías a dejar residuos de la peste conmovedora de la fe.

Las hojas de otoño descansan en paz, una conmovedora experiencia orgánica, que durante este mes de Mayo se deja querer. Un olor a vida.

Ese experimento inadecuado para el aula magna. Desde hace muchos siglos atrás se afirma el carácter progresivo e ilimitado de la razón humana en formato de aula magna.

Pero no todo apunta a eso. Surgen breves comentarios temerarios, las hojas de otoño. Incluso la letal belleza de las hojas de otoño permea los sucesos cotidianos de un cambio de mando. Es una tradición milenaria que no ha perdido su sempiterna huella gregaria.

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Persisten esos miedos que ironizan con la feliz hipocresía de necesariamente limpiar ahora los escombros comunitarios de las hojas de otoño.

Estas hojas buscan lo indecible del observar humano, donde lo dudoso, cierto y lo falso, confluyan en este mes. Sin ambiciones, sin costos valoricos. Lograr un minimalismo ético, y ¿entonces?

Es una pregunta demasiado interesante como para responderla inmediatamente. Esa es la cuestión de hecho.

Con su mes de Mayo ahitó en consideraciones picunches y manifestaciones planetarias. Comprender la dinámica de enunciar hechos que dejan entrever la conciencia del existir, este mes de Mayo convoca a las frustradas gentes de las calles de Chile, pero.

Vidas humanas descritas por los engendros callejeros del hoy. Pasan místicas expresiones de poder efímero, interpretar nuestros prejuicios vinculándolos con nuestras propias frustraciones identitarias.

Esta por lo menos haciendo bastante frio en este mes. Este mes que invoca a sus enemigos íntimos, la estupidez humana con énfasis, para entender su salvaje naturaleza gregaria a su vez observa la rítmica cadencia de las hojas de otoño tras su vida útil.

Un fantasma concierne a nuestro mes. Ese fantasma cambia a cada instante de mirar vulnerable, recuerda que has de morir, deja sus efectos generacionales en la especie humana. La especie humana carece de obviedades poco glamorosas.

Esa lealtad del tiempo para confundir la esfera de los asuntos humanos, mientras este mes de Mayo hace de cada día, su cambio de mando, sumido en la realidad cotidiana que dirige el susurro provocador del universo imponente, sigue experimentando esa hoja de otoño.

No obstante, la contingencia humana del vivir gregario, desde desigualdades sociales hasta negociaciones con la realidad sempiterna de las poblaciones, otros ruidos planetarios ponen en cuestión la autoridad moral de este mes respecto a su modo de encarar la miseria humana HD.

Por ahora estamos existiendo, y diletantes formas de convivencia humana.

El aquí y el ahora de nuestro mes de Mayo genera inconveniencias ideológicas y regalos inesperados, la lógica implacable de nuestras hojas de otoño.

El sublime vigor de respirar la fragancia incontestable de esas hojas de otoño. Y las personas de ese país están siendo parte de un ritual. Alguien tiene que saber.

sábado, 14 de mayo de 2011

Patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


En esos lugares más inesperados que uno pudiera creer. Esos tiempos biológicos resultan ser apropiados mediante la disposición de ánimo que tengamos. Un universo lleno de impresiones fuertes, y con una fuerte carga de perplejidad existencial.

Lo existencial en cuanto a la dinámica soterrada de pulsiones primitivas así como de la biología de la vida que entraña el solo hecho de observar a nuestras hojas de otoño.

Las hojas de otoño aparecen y desaparecen. Paralelamente ocurren sucesos cargados de letal cosmovisión picunche.

Ante lo cual, las hojas de otoño con sus abismos pensante, este mes de Mayo jugando a darse por enterado que la vida es una encerrona y la verificación empírica de nuestro patio de los Naranjos como un espacio de socialización consciente de las situaciones limites, atentos estamos a la belleza póstuma de una arrebato cósmico de una hoja de otoño.

Se adopta la patética asunción de tomarnos demasiado en serio. Olvidamos la sencilla aparición de un fenómeno de la vida. Es mucho más que un fenómeno.

Apunta a la exaltación caótica de entender el significado al estar un día en mí vida.

Un sentido de irrealidad póstuma caía en mis adentros familiares, observar a esas hojas de otoño. Días que pasan con sus mundos de hablantes valoricos. Esto de ser valorico contiene el alucinante yugo de la hipocresía humana.

Nadie puede lanzar la primera piedra. A lo más, vivirse en la credulidad sofisticada de construir estructuras de poder predominante, puesto que esas hojas de otoño no saben de cambios de mando.

Seguían narrando vibrantes revoluciones silenciosas. Olvidamos la alta complejidad del mes de Mayo en cuanto a los tiempos históricos que les toco vivir.

Dificultades humanas para describir, escribir y analizar cualquier cosa cuya emanación derive a entender a los seres humanos.

Acá, el lenguaje de las hojas de otoño entrega al mes de Mayo una semántica de delirios cotidianos. Más allá de la vida en sociedad y de promover la tiranía de los prejuicios veraniegos.

patio de los Naranjos

La vida es una encerrona


Lo habitual de querer están encadenado a los móviles aparentes de la vida humana, civilizados pero atormentados, esa condición de posibilidad engloba múltiples experiencias viscerales, ahora mismo estamos existiendo en la vorágine otoñal de mes de Mayo, muchos días han sido testigo de milagros inesperados.

Esos milagros inesperados verbalizan a través de las hojas de otoño su temporada en la ordinariez de lo extraordinario que refleja alguien.

Un ejercicio educativo, entendible y esclarecedor dibujan los días de nuestro mes para relatar ese silencio que un ilustre viaje hacia un permeable vivir humano a diario muestra con evidentes anónimas historias. Los héroes anónimos se permiten actuar durante el fragor terrorífico de un interminable instante envejecido.

Los héroes anónimos son los ejes socializantes que sigilosamente permiten disociar la obvia adultez de una vida en la Tierra.

Al fragor de esas ausencias humanas que percibimos al caminar hacia ese negocio del patio de los Naranjos.

Permitirse suponer una potencial experiencia en las sinuosidades cotidianas de la caída de las hojas de otoño al mismo tiempo ese lugar que significa cambiar la fisonomía de lo observado.

Un ávido momento consumido, esas hojas de otoño que alternan con la decisión irresoluta de comprar algo para comprar en aquel lugar del patio de los Naranjos.

Ese patio de los Naranjos y su dar afectivo. Un dar afectivo de la crepuscular ciudad hostil, en cambio, las observaciones llenas de indigencias informativas irán favoreciendo un conocerse en la incompetencia del mercado.

Las hojas de otoño y la incompetencia del mercado. Un agente de deformación social y de gula académica. Sin embargo, la letal aparición escatológica de las hojas de otoño para proponer una ética descriptiva no así prescriptiva, induce a tener siempre al dedicación exclusiva al caos. Por lo menos, dedicarle tiempos biológicos a lo vivido mediante la emergencia pensante de la observación y una apuesta artística a la intuición.