viernes, 29 de abril de 2011

Paseo los Naranjos

Mis relaciones humanas acontecen irremediablemente en aquellos lugares sobre las cuales se narran épicas cotidianas. Lo cotidiano de existir. Con la intimidante fugacidad de las presiones planetarias. Un hogareño acontecimiento humano sucedió en mi vida.

Un encuentro con el origen sacrosanto de ese momento que deja su impronta. La impronta de querer narrar milagros inesperados, entender los códigos otoñales de inexperto mes de Mayo.

Llegamos a Mayo. Nadie nos aviso pero tenemos que estar atentos a sus consecuencias humanas.

Llegó el mes de Mayo, y nadie le avisó. Las dispersas relaciones humanas que abundan en el rostro otoñal del crepuscular mes de Abril. Un rostro indeciblemente planetario al intuir consensos humanos. Pero se acabó. Sin embargo, este mes ha sido parte del pasado. Como a todos. Entonces, seamos consecuentes. Ahora, estamos en la singularidad valorica desde otra mirada, una mirada que engendra horrores sagrados, un instante con el mes de Mayo. Siguen haciendo su labor cósmica nuestras hojas de otoño. Lo cósmico de poner en dulce condena certidumbres humanas, absoluta ausencia sobre lo que trata el origen de la vida.

En ocasiones, estos cotidianos instantes otoñales que abusan de sus descansos generacionales, aceptamos la desdicha de tener aquello que aprisiona nuestro lugar en el mundo, conocer su significado. Saber el significado de nuestro mundo es saber la dimensión desconocida del ser humano cuando resulta ser gobernado por fuerzas inescrutables y poderosas.

Frágiles organismos pluricelulares asumen su condición de problema pedagógico ¿es el mes de Mayo 2011 una manera de captar las dinámicas cósmicas que fluyen inexorablemente tras la caída a diario de sus hojas de otoño?

La irrealidad pasmosa del mes de Mayo para vivirse mediante el devenir caótico de sus hojas de otoño. Un personaje de una trama simbólicamente resiliente. Su resiliencia, para este mes de Mayo, es darse por enterado de la sórdida estupidez humana para juzgar los fenómenos de la vida, razonar conforme a la tiranía de las costumbres.

Además, esta resiliencia de nuestro inexperto mes de Mayo, apunta a considerar la realidad caótica de sus hojas de otoño. Entender que dicha realidad caótica es ir a la vida y muerte de su existencia orgánica.

Paseo los Naranjos

Esa bifurcación era un lugar en donde sucedía de todo. Todo aquello que la razón humana no podía explicar con sus significaciones estandarizadas, ordenar la vida humana mediante miradas cómplices.

Miles de estudiantes universitarios eran cómplices de un ritual olvidado, hacer de un dialogo fugaz un acto de locura descarnada, de no mirar con audacia a nuestros perros callejeros.

Esos perros callejeros sabían de coloquios históricos y estaban dedicados al caos. Si no lo lograban, por lo menos lo intentaban.

Desde aquel anónimo año 2008 siendo el mes de Julio pude conocer al dueño de ese negocio que abarca todo aquel sector de anónimas gentes.

Se llama Víctor. Un personaje de vasta asertividad para entender el absurdo de vivir en este planeta tierra. Audaz, lucido y lleno de oscuridades valoricas. Cada palabra compartida por nosotros resultaba un reto al destino. Profesaba un humor surrealista tras el breve descanso que tenia al ordenar las mesas y sillas de su lugar de trabajo.

Era un joven de adultez moderada que tendía a profundas cavilaciones mientras atendía sus clientes al mismo tiempo quería estar dedicado al caos ¿cómo? Su mayor pasión era pintar y crear poesía. Sin embargo, los costos gregarios de vivir en sociedad lo pusieron en un lugar equivocado.

Había nacido en el sur de la ciudad de Valdivia. Posteriormente en la ciudad de Temuco tuvo que luchar incansablemente para educarse conforme a lo que era su familia, trabajadores de descontentos latentes.

Un titubeo anónimo movía mis ropajes otoñales que se hacían al andar, mi abrigo de rusa conspiración ética y unos pantalones de un intenso “cótele” cotidiano, color café.

Ese paseo apeló a jamás tomarse en serio al querer humano. Iba y venía ese querer humano provisto de vastas aperturas experienciales. En distintos regímenes políticos, la miseria humana alcanzo los límites del lenguaje humano, más engaños a los otros.

Fue, en esos tiempos, décadas pasadas junto a sus mutismos narrativos, un diagnostico intensamente alevoso. Alevosa contra la cultura del silencio obsequiada por las estructuras patriarcales que oprimen nuestro humor absurdo.

Muchos días permiten describir proyectos humanos inacabados. De distinta formación valorica pero de intensa asunción laica.

Existe algo de astucia azarosa en mencionar el nombre del lugar en donde he logrado hacer de la impenetrable realidad cotidiana una epifanía. Esa es su modelo a seguir. Vive en función del círculo vicioso de conversaciones dispersas al fragor de letanías etarias.

Paseo los Naranjos

Hay conversaciones de las cuales la vida no entiende su origen. Ese origen que permite decir nuestra palabra. Es la pedagogía de decir su palabra, el paseo los Naranjos logró encarnar ese origen desmedido. La medida de lo vertiginoso, dialogar sobre lo humano y sobre lo divino significó una guerra contra las obviedades valoricas de un alguien más.

Incluso Dios suspende el juicio ante lo que emerge en un pequeño lugar ubicado en un país emergente. Su nombre es Chile. Dentro de este país ocurren cosas extrañas.

Se pasean las palabras humanas como hábiles observadores de verdades mutiladas, es el paseo los Naranjos.

Esta habilitado para ser mayor. Su mayoría de edad encarna una manera de narrar inesperados milagros sobre el carácter alucinatorio del mundo. Su ubicación está situada en la comuna de Estación Central.

El patio los Naranjos está ubicado en el sector norte de la Universidad de Santiago cuyo único límite valorico son los edificios antiguos y sus respectivas salas con susurros de un “nunca más”. Borde el ancho pensamiento del edifico de la EAO, nuestra misteriosa escuela de artes y oficios.

Dicen que estudian, envejecen, comen y respiran rutinas cotidianas miles estudiantes del Chile profundo en nuestros espacios academicos.

Dia a dia ese patio los Naranjos revela el carácter dinámico de las miradas humanas, no saben orientar sus brutalidades vivenciales, siempre están al limites de sus posibilidades psíquicas, no confesar lo que sienten.

El patio los Naranjos comparte una densidad histórica rica en lecciones de vida.

Al ritmo de una vida humana que emergió como un repentino breve comentario, luego falleció en el instante concreto sobre el cual los juicios dispersos de los estudiantes universitarios, balbucear acontecimientos cotidianos, en cada estación de año, hubo grandes secuelas generacionales.

Esas secuelas generacionales estaban presentes, sin darme cuenta, con cada dia que alternaba con sus ortodoxas horas.

Cada hora era una misión exclusiva para las palabras que surgían desinteresadamente. Estaba en el paseo los Naranjos. Era cualquier dia de la semana.

Durante años estuve dialogando con cuanta persona se acercaba a comprar al negocio que estaba situado en la bifurcación del paseo los Naranjos con el patio de la Escuela de Artes y Oficios

jueves, 28 de abril de 2011

Resiliencia

Despues de la lluvia todos son empiristas



Los proyectos inacabados de las hojas de otoño están a la orden del día. Surgen dudas referidas al estado prevaleciente de los días del mes de Abril para entender el devenir planetario de dichas hojas.

Objetos de estudio para la experiencia humana. Una nueva forma de gobernar. Por esto mismo, emerge la duda. Es un juego que juega a entender ese fenómeno de la vida aparecido como tal.

Conocer sus misterios internos así como sus intimidades inmanentes, refleja experimentaciones valóricos y complejos culturales, darle un sentido a las hojas de otoño durante su edad fértil. La sujeción permanente de la necesidad. Día a día la vivimos.

Encadenados al exceso de deseo. A la necesidad de sentirnos liberados de las cadenas a las que nos ata el destino, vivir estas situaciones otoñales, abre una dimensión desconocida intrínseca al mes de Abril, entender el rol que le cabe a sus días. Es el desarrollo evolutivo del hoy. Silenciosamente ocurren cosas extrañas.

Se desarrollan al fragor de exquisitas manifestaciones de ese experimento llamado vida vinculándolo con sus ideologías rayanas. Una tentativa revolucionaria. Abrir vida y muerte a la mundanidad del conocerse, con lo que eso implica, sus deudas valóricas y pesadillas vocacionales.

Para efectos didácticos, la dimensión cotidiana de las hojas de otoño que alternan con sus rostros generacionales, las otras estaciones del año, barrunta los caminos inescrutables de la condición humana mediante el reflejo simbólico de sus días dispersos, estar envejeciendo. Un suceso de vital importancia biológica. La biología de la vida, sus ficciones humanas y mutaciones aleatorias encarnadas en estos días.

Locuras cotidianas de aquellos días mencionados. Un haber tanto existencial como vivencial perpetrando desde su contexto de dispersión humana es una manera de narrar las escuelas de irracionalidad establecidas en algún lugar de ese mundo perdido que resulta ser la conciencia humanaen esto, desde ahí, diseminar un sentido de pertenencia con la procesión insondable hacia la naturaleza de las relaciones humanas.

Resiliencia





Escuchar su voz, un confrontar al destino. Cada hoja de otoño hace su trabajo de orfebrería proverbial, y deja algo que llegó a su fin.

Hojas de otoño ocurren inexorablemente durante una época difícil de eludir, precoces fríos precedido por desvaríos atmosféricos, en virtud de la cual los seres humanos recurren a técnicas de adicción ideológica, envejecer para depurar sinsentidos cotidianos. La sinfonía otoñal del mes de Abril, aquí entro a la vida misma, cada palabra vinculada al temor reverencial del hoy. Un hoy, en esos momentos, por decirlo de alguna manera, condicionado a las locuras lúdicas de un otoño 2011 proclive a verbalizaciones inconclusas.

La fuerza creadora de la vastedad callejera que diseminaba este mes de Abril permitía vislumbrar instantes de letal convergencia otoñal, mis segundos vividos y las hojas de otoño que seguían danzando, dejaron una impronta insustituible en esas calles del Chile profundo.

Incitaciones sensatas a seguir mirando la caída sin fin de las hojas de otoño, ocurrencias cotidianas acontecen, sin embargo, el duro peso de los días embarcados en este mes te ofrece otros caminos epistolares. Sin duda, viajamos constantemente hacia recuerdos olvidados que se encarnan en la renovación del instante presente de las hojas de otoño, cautiva irracionalidad susurra breves comentarios, se hace epifanía de lo cotidiano estando sin ambiciones conductuales, mirándolas

La subversiva conmoción motivada por las hojas de otoño al mismo tiempo temerarios abismos pensantes comprometen a sus límites del lenguaje, su lenguaje abarcador de semánticas majaderas y de opulencias volitivas, paralelamente, estamos viviendo perdidos en Santiago.


Perdidos en Santiago. Entonces, esas hojas de otoño pintan la realidad disoluta del tiempo cronológico. Estupidas aceptaciones ciudadanas de creer que si viene a ser feliz a este mundo, esa semántica aberrante no ayuda a vivir conscientes.

Vivir conscientes para corroer durmientes gregarios. Un día en mi vida. Esa vida que no se deja definir a través de un acotado campo de majaderías semánticas y de un pragmático progresismo bibliográfico para así lograr fugaces sonrisas verticales.

Cerca y tan lejos, días y más días de señoriales obtusos, esas hojas de otoño fomentan la incertidumbre respecto al inacabado suceso sobre proyectos comunes.

Resiliencia




La fugaz decisión de un otoño asumido por todos. Seguimos viviendo en los espacios otoñales de este mes de Abril. Cambios acontecen. Inmerso en la constante del cambio, por consiguiente, fluía alucinantemente su asunción humana, darse cuenta de lo que somos, insinuando contenidos significativos ante cualquier día del mes de Abril. Procede a mostrarnos cosas extrañas.

Cosas extrañas imponen libertarias formas de candor humano, darse cuenta de la visión presencial de nuestras hojas de otoño. Son las hojas de otoño inscritas en el concierto balbuceante de las horas transcurridas. Las horas cronológicas diluidas en esperpentos valóricos. Es un riesgo asumirse como tal inmerso en la vorágine delirante de las horas cronológicas instituidas azarosamente. Un tratado de pasiones humanas, las horas aludidas y sus acontecimientos vivenciales, puede arraigarnos hacia otros mundos de proezas otoñales.

Unas hojas de otoño con su honesta conciencia, el principio de incertidumbre que embarga a cada caída, vislumbra la indudable situación de fragilidad humana al encontrarnos con nuestras propias pesadillas viscerales. La esencia intima del lenguaje simbólico de las hojas de otoño que viajan hacia direcciones contradictorias, interesantes juegos planetarios, para mofarse de la cretina gravedad de los dispersos traseuntes que caminan.

Caminan como esclavos volitivos. Una salvaje naturaleza de la aberración callejera en cuanto a tomarse demasiado en serio. Estar contemplando ese espectáculo absorto, las hojas de otoño apuntan hacia la misión titánica de estar dedicadas al caos, un mes simplemente azaroso, cierta ciudadanía picunche anida en sus corazones delatores.

Sucesiones mundanas, experiencias callejeras mudas, sesgos ideológicos, resentimientos mimetizados en discursos de progresión radial, miradas alicaídas ante el holocausto del tiempo, subterráneos momentos de mutismo urbano en las caras de los desorientados ciudadanos del Chile profundo e intentos caóticos por minimizar los delirios históricos de cada racionalidad subyacente de los transeúntes al vivir condicionados a la agenda de adicciones personales crucialmente obsequiada por los pasados veraniegos.

Un día, un valor esencial para este mes de Abril. Un canto a la dicha inconmensurable de dicho mes ante las ansias estratégicamente intuidas por el universo. Algo tiene que decir ese personaje de respuestas sin preguntas. Tan ínfimos somos, pero dejamos huellas, dentro del libro inconcluso que procede a expandir sus prejuicios callejeros. El universo, mis hojas de otoño que caen en alguna comuna del Chile profundo y milagros indeterminados de las mismas al escuchar su voz.

Resiliencia

Incansablemente flotamos en días que terminan siendo un fugaz otoño concedido, abismo de la ausencia. La ausencia divina para este mes de Abril. Ante todo, es una descripción intensamente cotidiana de lo aparece ante mi. La épica de lo cotidiano embarga esas mutiladas verdades de arriendos valóricos. La maldita ausencia valórica tras la aurora atmosférica de un día en el mes de Abril.

Las hojas de otoño, su cambio y sus oscilaciones vivenciales. Suceden cosas extrañas en la belleza pesimista de un mes de Abril coincidiendo con un año 2011 poco complacido con el nuevo orden mundial. Intuye muertes simbólicas, decesos conceptuales, fallecimientos conductuales, fenecen ideologías volitivas, engendros societales y variantes sofisticadas de autodestrucción masiva.

Reflejos del alma jadeante de un día como tal, las monstruosas decisiones tomadas por la razón humana, seguir con determinados preceptos de vaguedad republicana, vivir haciendo cosas para estar ocupados. Paralelamente siguen cayendo las hojas de otoño que dibujan el paraíso en la tierra.

Con sus melodías callejeras, excursiones dirigidas hacia ese instante de conversión vivencial y sus propias huellas de nacimiento. Esas hojas que, cada día envejecen cinismos colectivos y discursos de dominación confusa, hacen del enamoramiento de su propia realidad una epifanía de los desorientados.

Las hojas de otoño dejaron atrás los tiránicos prejuicios de la profesionalización de la moral oficial, cambiar para pontificar obviedades pulsionales, y esculpieron el tiempo un arte subversivo de sonido genuinamente caótico, entenderlo desde la situación concreta del “horario valle”. Esa hora que legitima los caminos inescrutables de la vida cuyas hojas aportan importantes dosis de sanidad mental. Observaciones atípicas junto a la voluntad de vivir del ser humano sumida en la constante abisal del miedo. Los miedos humanos hacen su trabajo republicano durante este mes de Abril.

Es el arte libertario de entender la complejidad interna respecto a las hojas de otoño que diseminan velada irracionalidad atmosférica. Cambios. Como hemos cambiado. Son solo meras excusas la propuesta ética de encadenarse al querer del otro. Luego, respondemos la pregunta equivocada en conformidad a nuestros engendros valóricos. Valoricamente indecible resultaba ser desde dentro coacción deliberada del hoy.

Era un joven que quería pensar, o intentos de un abismo pensante en estos tiempos históricos dados a la disolución picunche. Son las confusiones humanas tras de si, en un mes que sirve solo de pretexto para mantenerse ocupado.

Ocupado para lograr ese épica de lo cotidiano mientras seguía convencido de la fugacidad de los asuntos humanos.

Resiliencia

Influencias otoñales que seducen a héroes anónimos. Un antídoto contra el dolor humano que sigue haciendo de las suyas familiares.

Hemos de lograr algo digno de ser narrado, entender ese viaje misional de las hojas de otoño hacia la tierra encarnada en infinitos paisajes elaborados a partir de la biología de la vida.

Acontecen esas hojas de otoño. Tensas calmas de los seres humanos cuando se trata de pensar en aquello.

Dedicarse al carácter alucinatorio del mundo actual, algo de eso propone este mes, interesantes entrevistas de los vacios éticos de los días de Abril tratando de darse cuenta y la vida estudiantil de los jóvenes expresando clichés axiomáticamente volitivos conforma determinadas horas, mienten todos.

Vivir perdidos en Santiago. Un imponente clamor popular para lograr ese momento en que la vida lo cambia todo. Poco queda para guardar en el taller secreto de la memoria estos días del presente mes, sin embargo las hojas de otoño seguirán regalando extensos comentarios en la soledad sempiterna de un mirar pagano.

Están ocurriendo decadencias humanas actualmente dulcificadas por el contingente universo del azar.

Un cable a tierra. Viviendo en la ciudad de Santiago. Eso surgió después de ese mes acogido por la vorágine histórica de las estaciones del año. Ahora bien, nuestro otoño compromete sagrados esperpentos culturales para satisfacer las cadenas duraderas del universo, las hojas de otoño solo siguen ordenes.

Nacen una pregunta con respecto a la importancia de haber vivido esos sucesos cotidianos ¿Acaso todo fluye para desentrañar la temporalidad otoñal de esas hojas que buscan su destino?; dominado por una lógica siniestra, nada es para siempre, no alcanzamos a pagar los intereses de esa deuda que tenemos al nacer.

Eso es lo que tenemos que sentir. Galopante irracionalidad de protagonizarlo.

Vivir en la deriva, a veces es necesario. Un aporte ecuménico de este mes de Abril para lograr la “paz”. A lo más, una tensa calma dispuesta a describirlo todo.

Buscamos la manera de socializar con el intimidante silencio tras la caída de las utopías colectivas de lo días señalados, pensarlos como objetos de valor veraniego. Un silencio que le ofrece quietud de espiritu.

Resiliencia

Menos asombros veraniegos existen ahora que estamos viviendo en este presente mes.

Lo cual significa la llegada paulatina del otoño. “Después de la lluvia todos somos empiristas”, decía interminablemente a medida que miraba el eterno resplandor de una hoja de otoño humedecida por las callejeras majaderías atmosféricas de un dia en la vida de este mes.

Esta es una afirmación que motiva a alguien. Simplemente cada momento lo acaba todo, momentos bellamente vivenciados prontos a desaparecer.

Nadie tiene la absoluta certeza de la experiencia humana puede ser entendida bajo criterios cotidianos pero intentarlo ayuda a ampliar la mirada sobre la vida humana.

No obstante persiste esa afirmación como una breve descripción de la vida humana nutriéndose del vértigo menesteroso de su propia experiencia. La experiencia humana, hojas de otoño y este mes de Abril.

Servía para ingresar a ese entorno clarificador de mustias bondades letales, vivir ese frio otoñal en cualquier lugar de esta ciudad asumida como tal, Santiago segregando hipocresías libertarias. Mientras tanto caía su relato esa fascinación por cabalmente dispersar su matriz conceptual por cambiar de mirada.

Dado que, la caída redentora de las hojas de otoño pertenecía todavía a este mes, estaba constantemente agobiado por el aparecer momentáneo de su pasado, sus prejuicios tiranizados por las costumbres de Occidente, quería cambiar su mirada.

Sin embargo, cierto hedor cognitivo que colindaba alrededor suyo, en los patios democráticos de una educación pública, compartía sus vidas privadas con ese Chile profundo y con epifanías conmovedoras en su libertario trauma socializado.

Fue por pura casualidad haber estado en esos patios. Una experiencia fecunda, semánticamente interesante y estéticamente resiliente.

Resiliencia

Sempiternas hojas de otoño que existían. Había que crear la manera de ubicar la realidad de nuestra identidad personal mediante su observación A cualquier costo, era necesario intentarlo, vivir sin lógica la vida, para desarrollar esto, había que descubrir los entresijos cotidianos de este mes de Abril.

Para este joven mes de Abril era importante ser padre de su pasado para asi provocar una constelación de cuestionamientos sobre las huellas de nacimiento dejadas por esos animales extraños.

Las miraba como si estuviera extasiado ante tanta paz cósmica. Un reverencial miedo a la vida misma. Inspiraba algo de tensa calma observarlas.

Solo sabía que estaba haciéndolo ahora. Concentraba la mirada en sí mismo, contemplando intensamente su destino acogedor con los ojos abiertos y fijos para complacer a este mes de Abril.

Sucedió que éramos dioses pequeños estando en el silencio despreciativo de una mañana de estaba siendo Abril 25. Que estuvieran llenos de sabiduría o de locura, eso era interesante, pero hacerlo con la altiva complacencia de los días pasados, no hay razón que valga ante ese fenómeno de la vida. No había posibilidad de elección o deseo.

Sólo existía la posibilidad de desearse a sí mismo, de desear el propio destino.

Ese destino de darme un crepuscular regalo otoñal, ver la huida masiva de las hojas de otoño hacia otro dia inconcluso, vuelven a convertirse en ecos viajeros.

Hubo que pensar en las benditas ignorancias que deparaba este mes de Abril, estamos en eso.

Buscando ese destino. De repente era tan frágil como un segundo. Miraba sin mayores ambiciones, estaban ahí esas hojas de otoño, la única ambición era entender su haber ético para adecuar propiamente a esos complejos culturales que nos inhiben, olvidar la razón de ser de las hojas de otoño en este mes.

La vida seguía haciendo de las suyas dialógicas, aquel instigador balbuceo lucido de este mes de Abril, cuando envejecía reflejaba al decadente deceso conceptual de cada dia que acogió, atormentado por los pronósticos humanos que vaticinaban mas acción otoñal y menos asombros veraniegos.

lunes, 25 de abril de 2011

Resiliencia

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Sin piedad debemos mirarnos. Solo así podremos extirpar la insidia menesterosa de las ideologías lúdicamente condimentadas por prejuicios asumidos como certeza absoluta, encadenarse al querer humano.

Un cable a tierra para considerar, los móviles ocultos de la conducta humana dentro de una estación de Metro de Santiago y las verdades mutiladas de las hojas de otoño nacidas sin principio ni fin, que este mes de Abril alberga aspectos inmanentes del acontecer ciudadano de un inefable Chile.

Fugaces alegrías. Estamos llegando a un fin de ciclo. Un fin de ciclo para este mes de Abril inclinado hacia algo. Algo que surgió entre nosotros. Ese nacimiento ético con influencias planetarias.

El clamor apasionante de las hojas de otoño ahora mismo apela al sentido vocacional de su significación vivencial, verla caer.

Porque verla caer es entender la dimensión desconocida de lo pasado. Mentirle al tiempo para darle vida a ese instante de conversión redentora. Un símbolo de paz que aporta realidad al mes de Abril.

Navegando hacia delirantes compromisos humanos. Navegando por barcos que se estrellan con la nada, este joven mes de Abril insinúa después del término de su escenificación otoñal, jamás volverá a ser lo que era, lo único que permaneció durante su vida fue el cambio.

Sin embargo, todavía nos quedan escombros otoñales pertenecientes a este mes. Para estos efectos, describir una dimensión temporal de la dinámica otoñal del presente mes ante todo promueve una inclinación al ocio espiritual.

Ese ocio espiritual que dia tras dia transgredió los antídotos contingentes para evitar conciencia de existir. Existir más allá de los recuerdos ciudadanos de un “Metro, te ayuda” o de la vida temeraria y misional de una hoja de otoño, esa es la cuestión.

Pude captar, las horas parecían ironías dispuestas a darse cuenta de lo que hicieron, vulnerable sensación de irrealidad, inubicable se hallaba, que este mes de Abril esta absorto ante la ingente información proveniente del mundo exterior de nuestro Chile, reformas políticas y revoluciones perpetuadas por sus ideologías humanas, entendió que siempre se está negociando con la realidad. Se dio cuenta de eso.

Fugaces días. Ese convertido en ideología. Estábamos siendo cómplices de un proceso sin retorno. Con lo cual cierto pesimismo apareció en mí. Las miserias otoñales de un Abril siendo algo. Ese algo ponía en cuestión la labor modeladora del ser humano en cuanto a sujeto de procesiones vivenciales.

Significaba que el hombre no es, pues, sino disfraz, mentira e hipocresía tanto en sí mismo como respecto de los demás. Cabalmente habrá una actitud acritica respecto a la realidad.

Resiliencia

Saber que estos mundos perdidos, esa voz necesitada de rítmica vida, las hojas de otoño, no dudan de la importancia de llamarse tal como dicen que se llaman, un concierto de inexactitudes morales basado en cumplir su imperativo ético: encadenarse al querer desinteresado del ciclo vital.

La salvaje naturaleza de lo transcurrido. Es un breve comentario que aconseja jamás tomarse en serio. Durante miles de millones de años, todavía se observa eso, la existencia orgánica del planeta tierra conjuga la química de la vida y la biología de la vida, un vínculo sin vuelta atrás.

Estar en mundos tutelares, cada dia del mes presente junto a su otoño, paralelamente ocurren cosas extrañas, los seres humanos siguen siendo mutaciones aleatorias, uno de los cuales tiene relación con el espacio público de las relaciones humanas vividas al tenor de supuestos ideológicos.

Hacer de este mes de Abril un concierto de voliciones acotadas al síntoma, y no a las causas.

Esas hojas de otoño que vuelven a nacer, su inocencia interrumpida y los intermitentes fríos del mes de Abril. Ser parte de un universo inobservado por las mentes hipócritas de la racionalidad veraniega de los meses precedentes.

Valiosas conjeturas sobre el paraíso celestial del advenimiento de la advenediza asunción valorica de los días de este mencionado mes. Mientras tanto, siguen cayendo las hojas de otoño para proceder pintar esa realidad que nos pesa, invade y atormenta.

Susurros democráticos asumen su propósito en esta vida. Esas hojas de otoño instauradas como un rito de iniciación de inmanencia vivencial.

Vivencias humanas aletargadas por el fenómeno de la vida. El fenómeno de la vida, la biología de la vida y los diálogos en “off” entre este mes de Abril y sus hojas de otoño.

Un acto planetario difícil de emular, observar la voluntad de vivir de las hojas de otoño que caen a diario con un sentido misional que solloza las horas dogmaticas del mes de Abril, la activa certidumbre del “horario punta” para caricaturizar narraciones humanas.

Ante esto, resulta impredecible verificar la inagotable capacidad de acostumbramiento del hombre para adecuar sus convicciones o referentes conforme a las circunstancias cotidianas, ese agujero negro de entender el mensaje simbólico de este mes, saber a que atenernos cuando ocurra lo que tenga que ocurrir.

Cambiar el carácter alucinatorio del mundo humano desarrollado dentro de los lugares sagrados de la socialización deliberada de un mes Abril siendo 2011,desde estar en estaciones de Metro, gobernar un país hasta estar dedicados al caos sin culpa alguna, implica mirarse sin piedad.

Resiliencia

Una difusa diversión emergía distendidamente entre tantos muertos vivientes que disfrutaron de los efectos atmosféricos de nuestras hojas de otoño. Era la vida misma que ofrecía sus aderezos planetarios. Seguíamos envejeciendo.

A cada rato. Sin embargo, las hojas de otoño evocaban la disolución racional de nuestros desgarradores días sumidos en un constante aburrimiento. Aburrimiento. Un ángel asesino de inexorables convicciones valoricas.

A medida que existía un dia, cualquiera era necesario, servía para pensar respecto a la temporada en el caos que asumían esas hojas de otoño. Eran fabuladores de finitas conspiraciones atmosféricas con respecto a lo surgía en esa realidad que permeaba nuestros días de ese Abril siendo 2011.

Incluso, a pesar que los días de este mes de Abril eran tan frágiles como el segundo, la labor pedagógica de las hojas de otoño requería consensos básicos con los seres humanos, buscarse en la esencia íntima de un frio otoñal para encontrar sus huellas de nacimiento, el supuesto tiempo cronológico hacia su trabajo.

Convicción, pasiones adolescentes y un infierno estelar de paradojas volitivas. Es mi mes de Abril, algo más

Querer ese sagrado proceder de las hojas de otoño durante toda su sucesión de eventos inesperados, significa querer el ocurrir vital del mes de Abril con sus ansias de amistad ideológica con el tiempo. Ignoraba el modo más apropiado de lograrlo. Sin embargo, de algo sirve escribir sobre los asuntos humanos que aparecen dia a dia, sorprenden sus tutelares singularidades empíricas.

Cada singularidad empírica de cualquier ser humano propone remordimientos éticos. Esos remordimientos éticos que divulgan creacionismos humanos.

Los creacionismos humanos del mes de Abril. Entender la indecible belleza de las hojas de otoño que dibujan conversaciones fugaces sobre los espacios raros de una conciencia atormentada, entenderlas en su lentitud vivencial, un dia en mi vida, durante este mes de Abril, habrá huellas de un hacer olvidado.

Resiliencia

No sabemos mucho. La lógica otoñal tiene sus enemigos íntimos. Estamos perdidos. Ni captamos esa sensación de perderlo todo, y no hay palabra que valga. Solo una dosis incandescente de irracionalidad puede entenderlo, desde la experiencia misma del instante transcurrido en toda su locuacidad demoniaca y en su transfiguración monstruosa.

Jamás habrá eso que llamamos redención. La respiración palpitante de una hoja de otoño puede cambiar la mirada confusa que tenemos de los otros.

De modo tal, que mirar esas hojas de otoño alberga un acto de rebeldía conmovedor contra las cuales esos nativos aburrimientos de los habitantes de cualquier calle instituida quedan bajo la posesión demoniaca de la racionalidad humana en versión “horario valle”.

Dialogar con las hojas de otoño. La sublime aceptación de amar la vida sin lógica, sin razón. Más allá de los sueños hegemónicos de Occidente, pensar. Benditas ignorancias comparecen ante ese preciso momento de lucidez artística, cayó una hoja de otoño. Nadie me avisó pero expresó una ética descriptiva. Sin ambiciones exageradas, sin dinámicas ideológicas sobreinterpretadas, solo jamás tomarse demasiado en serio.

Opto por dispersar mis especulaciones cotidianas, solo mirar hacia ese fenómeno de la vida que perpetúa esa belleza nueva subyacente al ciclo vital de lo floreciente, las hojas de otoño oscurecen su color, por lo que asombrado considero una mística huida hacia encuentros cercanos con dichas hojas. Menciones humanas para entrar en juego con los espacios raros del universo.

Este intrigante dia, cualquiera lo era, una hermosa intuición afrentó a los letales cambios de voz “en off” del locutor de nuestro Metro de Santiago. Impredecibles experiencias mudas configuraron un dia cargado de semánticas indecibles y de enfermedades sagradas, de repente captaba. Caminaba frecuentemente por los espacios concesionados de una de las estaciones de Metro. Latentes miedos inconfesados pululaban alrededor mío.

Viejos, niños, madres, maridos, adolescentes tardíos, mujeres dadoras de erotismo medrado y hombres coaccionados a violentar silenciosamente, en esos momentos, escribían sus dotes existenciales mientras esperaban con cierta incomodidad la llegada del hijo forzado, Metro te ayuda.

Alternamos vida y muerte en este experimento llamado vida. Tenemos, por un lado, ríos fluyentes de redenciones otoñales y, por otro lado, las aventuras surrealistas de un dia en el Metro. Interesantes contrastes ideológicos. Continuamos. Ahora bien, significa preguntarse desinteresadamente por el sentido de la vida. Una pregunta cuya respuesta resulta poco estética responderla con absoluta certeza.

La vida acoge a nuestras hojas de otoño al mismo tiempo al joven 2011 con sus contrariados recuerdos bicentenarios. Esta vida quiere no estar encadenado al querer humano, es el problema de los problemas, entonces queda jugar a los azares adictivos de las estaciones del año ¿Quién sabe lo que quiere la vida misma?

Pasan los días y las hojas de otoño cosechan tensas calmas. Son sus declamatorias conductas que derivan hacia interminables huellas de nacimiento. Ojala la vida pueda ayudar a nuestras hojas de otoño, su sentido misional se lo permite.

Resiliencia



Aparentemente consolidado, la elegancia surrealista de las hojas de otoño capta el mensaje comprometedor del mes de Abril, vivimos en mundos perdidos lo cual implica negociar afectos humanos y majaderías semánticas. Irracionalidades otoñales aparecen.

Lo irracional inesperadamente subvierte las culturas normativas del mes en cuestión, no hacer nada ante los escuálidos fríos que caracterizaron a los primeros días del mes de Abril, sin embargo apelamos a la pulcritud desatada de las hojas de otoño para describir ciclos vitales inoculados con la enfermedad sagrada de su caída.

Creacionismos humanos generan esas caídas de dichas hojas que redimen a cualquier calle sobre la cual se haya dejado huella. Huellas de nacimiento que amenizan las pasajeras muestras de felicidad.

Fueron y serán, un instante preciso de lecciones de vida, nuestras hojas de otoño conmueven los entresijos del alma jadeante de un mes de Abril esparcido por todo el vivir atormentado de un Chile atemorizado.

Vidas atomizadas, cualquier esquina de calle lo refleja, con sus violencias epistolares que fulminan a esa supersticiosa democracia incrustada en la psiquis inconclusa de cada habitante perteneciente a él.

Continúan las locuras cotidianas de las hojas de otoño. Después de haber comprendido lo indescifrable del destino humano inmerso en la constante otoñal de un mes influenciado por los debates cósmicos de cuanto atardecer cotidiano observaba, las hojas de otoño vigorizaban mis ansias de dudar. La duda.

Esas hojas de otoño dialogaban con los demonios intimistas que latían en mis procesiones paganas, prejuicios y tomarme demasiado en “serio”. La lógica otoñal del mes de Abril, saberse resiliente penetrando los anónimos recursos del presente otoño.

Resiliencia

Autentica libertad que violenta nuestra capacidad de asombro. Todo esto solía parecerle e angustioso e insoportable y pensaba que algún dia acabaría quitándose la vida como un dispendio predestinador de sentido.

Había momentos autónomos de las hojas de otoño fielmente embellecidas por una intención subversiva que buscaba ir más allá. Hacia lo desconocido de querer entender su propia realidad. Esta es mi tierra, mi tutelar compromiso con la labor libertaria de los días de Abril.

Un mes existente para millones de millones habitantes conscientes. Tengo mis dudas al respecto.

Diseminar una profunda crítica sobre lo acontecido durante estas semanas de calamidades otoñales, no observar el caer cadencioso de dichas hojas. Intimidados por la finitud espacial de nuestra perspectiva, nuestras hojas de otoño dicen cosas. Ocurren cosas muy extrañas, o estando bajo un cielo estrellado o un nublado dia de conmociones epidérmicas, cuyo complejo de realidad le corresponde a un dilucidado Chile.

Su adolescencia recién esta iniciándose, ante esto, su propia historia al respecto, entiende de fugacidades vivenciales. Solo estoy mirando desde este esmirriado pedazo de tierra que acoge a nuestras narraciones otoñales. Otoñales consideraciones amistosas con la realidad orgánica de las hojas de otoño.

Sentido y significación es lo que entiendo al verlas caer hacia el abismo de vivir, sin nada predestinado, y nuevas expresiones de inocencia interrumpida albergo en mi vida.

Sus gestos íntimos, su configuración orgánica, esencia misma de lo creado, produce azares que redimen nuestra vana condición, convertidos en mutaciones aleatorias estamos bailando bajo el fragor desquiciantes del expansivo universo. Esto, convivió con nuestros amigos silenciosos, el mes de Abril junto a sus 30 segundos.

Había una necesidad desatada, de cuando en cuando, mientras observaba expectante el continuo atildado de las hojas de otoño, por saber los móviles profundos de los comportamientos, hábitos, actitudes y las pautas culturales de los seres humanos.

Resiliencia



Buscando esos días que sean dignos de su propio sufrimiento. Es algo complejo de saber, la consciencia de existir tras esa aparición radical de la vida misma al hogar de nuestro mes, intentamos crear mundos otoñales estimulados por toda clase de sucesos humanos.

Esa clase de sucesos humanos aleccionan, sin darse cuenta, la fisonomía cronológica de este mes de Abril. Muertes repentinas, asesinatos simbólicos, contradicciones de poca monta, evoluciones planetarias, bellezas atípicas, holocaustos gregarios, decretos con fuerza de ley para imponer cinismos bibliográficos, decesos contraculturales de las opiniones humanas, normativos peligros de las relaciones sexuales, grupos etarios que saben cuál es su propósito en la vida, taciturnos fríos en otras latitudes planetarias, sinfonías éticas al compartir complicidades universitarias, miradas minimalistas de los perros callejeros, negociaciones en “off” de las anónimos héroes, pobrezas reflexivas de los seres humanos, genialidades cotidianas de los días de Abril, pestilentes olores urbanos, realidades delirantes de este planeta tierra, estaciones de Metro abarrotadas de represiones mal canalizadas, utopías colectivas en cada baño que se precia como tal por los seres humanos, ficciones valoricas al despertar en un mundo viejo siendo niño, otoños silenciados por las estridencias veraniegas de un Marzo dado a cambios de mando.

viernes, 22 de abril de 2011

Resiliencia

Voces rebeldes de un mes de Abril que al estar coincidiendo con este año 2011 fomenta las vanas especulaciones sobre cómo actuar ante determinadas oscilaciones atmosféricas.

Hay que jugársela por entero para logra entender los caminos originarios de un otoño que no siempre es, siendo plenitud diplomática pero no republicana, sin embargo aporta un evanescente universo de intersubjetividades diseminadas por cada dia correspondiente al mes de Abril.

El joven mes de Abril, si lo comparamos con la edad del universo, hace de las suyas familiares, vocacionales y valoricas. Nunca está conforme. Insatisfecho ante la eclosión intimidante de idiotismos humanos bajo el arraigo secular de proezas tecnológicas pero frágiles ante la corriente del tiempo ¿existe el tiempo?

Para intercambiar opiniones humanas, miserias contractuales para fenómenos de la vida acuciantes, se suele hacer con bastante frecuencia, desde la cuna hasta la muerte, estamos condicionados a los contextos culturales dotados de sentidos societales, vivir en un mes o en otro, solo sirve como pretexto para seguir haciendo muy bien nuestro trabajo.

Ese trabajo bien elaborado para cumplir con nuestra misión. Así es. No nos queda otra opción que estar dedicados al caos o por lo menos intentarlo. Intentarlo para abrir otras sendas de pensamiento humano. Eso imprime la inmoderada sujeción al cambio que contienen nuestras hojas de otoño.

Esas hojas de otoño, dedicarse al caos y entender al mes de Abril con sus letanías atmosféricas.

Resiliencia

Perennes hojas de otoño aderezan las formas humanas de conversión vivencial que ocurren a diario durante este mes de Abril. Es el cuarto mes del año. Un mes inclinado a prologar la vana condición humana a partir de su nativa sensualidad diplomática, humedad relativa y calmadas lluvias, con el sano dogmatismo de recuerdos veraniegos.

Tiene una forma de gobernar a la condición humana, susurrar sus calamidades. De enfermedades, muerte y vejez, solo dice lo inmanente que resulta ser la existencia humana.

Todo el universo tiránico de comedias humanas y de dramas embelesados, aquí y ahora, los pasajeros provenientes de distintas lugares socio-comunitarios, tanto del Chile profundo como del Chile Kuchen, hacen que dichas calamidades sean intimidantes hojas de otoño provistas de “cambios de mando”. Sin tapujos, sin miedos, son las hojas de otoño entregadas al candor siniestro de lo transcurrido.

Para perpetrar inolvidables días otoñales dentro de los cuales haya acontecimientos humanos dadores de redenciones dolientes. La fuerza explicativa de la redención humana radica, en esto, ¿en la biología de la vida del “horario punta” estimulado por la manifestación plena de haberes epidérmicos significa un darse cuenta de algo que llego a su fin ?

La fuerza matriz de la redención humana, la consciencia de existir de incontables hojas de otoño basado en una sinfonía de epifanías inefables, observadores vienen y van, cuya voz interior capta este mes de Abril. La culpa y castigo de querer racionalizar la esencia intima de las hojas de otoño, su lenguaje. Su lenguaje simbólico de escepticismos veraniegos y de plañideros erotismos cotidianos.

Era un paraíso, para dichas hojas, perpetuarse simplemente en la tierra originaria, en cualquier espacio físico donde emergiera la biología de la vida, nuestras hojas, en la ciudad o en el campo, dando rienda suelta a sus siluetas caminantes, dejarse caer.

Era menester vivirse en la continuidad de lo asombroso, observar la caída redentora de las hojas de otoño, por lo que al mes de Abril le correspondía abrir sutilmente sus anchas arterias de vidas paralelas, las risas y los quebrantos perceptibles de los efectos generacionales de un viaje épico.

Perceptibles observaciones de mi proceso resiliente, querer estar vinculado a extensas conversaciones intimistas al fragor de un apasionado dialogo otoñal con todos los días del mes de Abril, si fuera solo un dia habría que asumir riesgos.

Resiliencia

Repeticiones humanas siguen aconteciendo en cada una de las herméticas estaciones de Metro, más allá de los horarios disponibles para cambiar la mirada, de ser un demócrata con miedos asumido o un radical místico son inspiraciones vocacionales, dispuestas a enterarse de la sorpresa de existir de los pasajeros tras de sí, recuerdos confusos para pasillos de vagones enrarecidos por esa tensa calma que se oye, una persona que intenta acotar su campo de sucesiones conductuales. Ante todo, Metro te ayuda. Paralelamente siguen cayendo las hojas de otoño.

Abyectas perdiciones humanas. Necesitamos estar encadenados al querer humano. Una cárcel de una tiránica propensión a promover conexiones con los otros. Los otros sugieren la magna sensatez de responder la pregunta equivocada.

Y pasamos toda la vida humana intentando sobornar las deudas contraídas por el solo hecho de nacer. Volver a nacer. Son viajes sin retorno.

Diagnósticos de un dia de Abril como cualquier otro. Su diagnostico radica en su silencio devenir soberano del cual las historias acalladas de Metro son una perfecta excusa para escribir.

Escribir sobre el tutelar sentimiento de estar bajo la vorágine caótica del tiempo subterráneo. Lo subterráneo de decir “Metro, te ayuda”. No lo sabemos.

Tengamos o no educación formal, la vida misma continua con sus formas biológicas de evolución avasalladora, la sujeción valorica de los pasajeros de un carro de Metro, tendiente a estereotipar acontecimientos otoñales, desde movimientos humanos en directa conversión libertaria hasta mutiladas verdades condimentadas por la virtualidad icónica de sagradas coincidencias históricas, tocan la cadencia silenciosa de sus hojas que acompañan a nuestro mes de Abril.

Resiliencia



Se corrían riesgos absolutos. La cuestión era verbalizar ese conmovedor instante de conversión intima que deparaba la caída de las hojas de otoño. Un mundo de sinsentidos lingüísticos y de complejidades valoricas, cada dia era una estela de latentes miedos, acá, la sucesión experiencial de las miradas humanas sobre dichas hojas, indujo a expectantes sucesos de simbolismos otoñales, intuir ese silencio.

Un silencio para Abril. Era escribir sobre valiosas tonterías estructuradas bajo el yugo emancipador del espectáculo cósmico entrañado por esas hojas de otoño. La caída eterna hacia los horrores sagrados de entender su fenómeno, sus diálogos colaborativos con los tiempos humanos inconclusos, una pedagogía critica sin límites lingüísticos acechaba al mes de Abril siendo irónicamente 2011.

Si bien son solo 30 días de sucedáneos cronológicos al fragor de fríos precoces, estar en Abril implica darse cuenta de la presencia totalizadora y totalizante de los instantes humanos que nunca más volverán.

Otoñales sermones de días venidos respecto a la nueva forma de gobernar, interpretaciones humanas bajo lógicas de cinismo identitario.

No lo he olvidado. Esos viajes por ahí. Las estaciones de Metro lograron imprimir acertijos valoricos. Algo digno de ser narrado. Peligros latentes vienen a mí.

Un peligroso descanso hacia los recuerdos impresos en el inconsciente colectivo de lo desconocido, la realidad escondida de un mes de Abril 2011.

Nunca más volverán esos panes terrenales de la puesta en escena que yacen en una de las tantas estaciones de Metro cuyas enseñanzas sobre los asuntos humanos son viscerales, reflexivas, valoricas y vivencialmente transitivas.

Resiliencia



Creía en aquellos momentos que encontraría una subterránea verdad emergida tras horas de reflexiones dispersas. Dispersiones valoricas convergían a cada momento, iban susurrándome que nuestras hojas de otoño asumían sus conflictos planetarios, todo desaparecía para cumplir con su relato colectivo. Ese relato que hacía ver vulnerables a los teatrales participantes de este juego.

Los orígenes éticos de las hojas de otoño. Las valoraciones morales de las hojas de otoño dejan huellas de nacimiento en cada próxima esquina que se muestra como tal. Se decía decir “esquina” con lo cual describía un paisaje de errantes manifestaciones mundanas para insinuar esos silencios de los inocentes, el ocaso de las especulaciones republicanas, era ese silencio diurno que acostumbraba a estar siempre con algo.

Hojas de otoño. Búsquedas apresuradas en días vulnerables. Es un antídoto contra la sempiterna fragilidad de la condición humana. Esas hojas anuncian un festival de silencios conversos. Coinciden con este mes de Abril, sus días fugaces, sus minutos escépticos y segundos nihilistas.

Cada dia era une espectáculo sideral para las hojas de otoño. Estaban en todas partes. Por lo menos, en lo que nos concierne al otoño que caracteriza al ritmo de la vida sus propuestas valoricas, ha tenido un efecto sideral.

Estas hojas de otoño logran ser un autodidacta en forjar relaciones simultáneas con ese experimento llamado vida a la vez con los mundos perdidos del mes que le precedió, fue ese mes de Marzo anunciando un cambio de mando.

Encuentros místicos con la existencia caótica de las hojas de otoño. Un regalo obsequiado por el ciclo de la vida. Vanguardias acalladas por la cultura del silencio aderezada por últimos meses, Marzo y abril del presente año, no dejaron manifestar la esencia intima de esa fuerza ciega que ofrecía sus encantos siniestros, observar su proceso.

Ruidos intactos de nuestras hojas de otoño, su mundo de percepciones mutiladas por el ocaso de los calores tardíos de dichos meses, que narraron estratos de aprendizaje significativo. Momentos de sobriedades vivenciales, a veces.

Resiliencia



Intensos días otoñales siguen originándose. Nacían y morían sensuales espejismos engañosos de un juego democrático peligroso, pensar en vivir.

Una frágil expresión de lucidez vivencial. Los tiempos confusos del mes de Abril, sus claroscuros gregarios y sus resultados volitivos.

Resulta esta situación de hecho debido a que estamos todavía viviendo en este mes de Abril.


Lógicas planetarias intentan persuadir a la vida que emerge durante estos fríos días de instantes dialógicos. Los instantes dialógicos de las hojas de otoño.

Cuando caminaba inefablemente por las calles sin argumentos éticos de cualquier avenida principal que ofrecía entramados de escombros hogareños, solo las hojas de otoño en su caída erotizada mientras anochecía intensamente, intuían la importancia de estar sumidos en este mes de Abril.

En ese entonces, caminar significaba poner en conocimiento a los entresijos del alma callejera del mes de Abril, narrar sus contradicciones mismas junto a sus fascinantes constelaciones animalescas.

Una emancipación mental, ocurría tras el ocaso de las horas precedidas, y cierta asunción valorica de lo observado.

martes, 19 de abril de 2011

Resiliencia

La historia humana acontece intensamente en la vida propia de cada día que nos regala este mes de Abril. Por ejemplo, un día Domingo. Significa describir las fuerzas internas que hacen parecer al día Domingo como un día especial. Iluminados hacia un mes de Abril que fomenta experimentaciones valóricas.

Aparece el encandilamiento de ese dia Domingo, siempre fluye, hacia un futuro que jamás será. Aquí, entonces surge un mes. Estar en Abril apunta a ver la fecunda suspicacia que connota la incansable sombra del desencanto del Hoy.

Sigiloso encuentro con el atardecer estival de un otoño que procede a enseñarnos sobre cualquier cosa.

Hay una fascinación por el bajo mundo que el mes de Abril disfruta amenamente a medida que evocaba esos momentos de realismo sanguinario de una tarde de Domingo nos legó profusamente, los latentes miedos de un país abortado por sus juegos del lenguaje.

Tejedor de espacios siderales, un día Domingo, que expresa la senda otoñal de la vocación ansiada erigida por este Abril 2011. El patetismo radical de pontificar sobre la moral social durante una temporada en el infierno de la fe, andar en un vagón de Metro, conforme a cánones cínicamente consensuados tanto por los horarios “punta” como por el capitalismo libertario del horario “valle”.

Un buscador de realidades tutelares, un día domingo dentro del mes de Abril, que prescribe un precario conocimiento moral. vuelve Abril 12, ese es el día que aparece, como un destino errante hacia un país profundamente endogámico.

Vivir para el mes de Abril es dialogar azarosamente con nuestra vana condición humana para creer que podemos dejar huellas e intuir las funciones didácticas del universo, misterios sin resolver de ese día Domingo, la emoción en la conmoción de las hojas de otoño que aparecía imponente a las afueras de mi casa.

lunes, 18 de abril de 2011

Resiliencia

Nuestras hojas de otoño con sus horizontes minimalistas convocan al ritmo de la vida para cuestionarse preguntas sin respuestas.

No nos damos cuenta de eso. Aquellas preguntas sin respuestas incentivan a dichas hojas a producir el ancho pensamiento de lo desconocido, ¿Qué hacer con las hojas de otoño cuando en la espacialidad de lo cotidiano?, ¿las hojas de otoño proponen verdades mutiladas al mes de Abril?, ¿la música rítmica encontrada tras la caída de cualquiera de las hojas de otoño significa un reto al destino para los seres humanos que viven en democracia?, ¿la corrupción humana sabe de razones otoñales?

Algo que nos pueda liberar. La liberación a través de la decadencia sumida por todo aquello que implique conflictos valoricos entre los seres humanos al mismo tiempo majaderías vivenciales que conllevan a escepticismos rayanos con la dispersión comedida del “yo”. En cambio, la continuidad vocacional de nuestras hojas de otoño, sugiere algo digno de ser narrado, entender la perpetua sorpresa de existir.

Existir como un decir cargado de sorpresas tutelares. Liberarse, esa es la cuestión. Esas hojas de otoños que gozan con su hermetismo confabulador de un tal Abril 2011.

Excusas humanas para no entendernos, o por lo menos hacer un intento. Además, cabe decir la importancia de llamarse así, hojas de otoño. Acompañan al tenue florecer de recuerdos impresos en la memoria de los hombres sujetos a la voluntad de vivir. En efecto, encadenarse a la voluntad de vivir apunta a no entender la pedagogía crítica de las hojas de otoño, compartir lealtades difusas junto al mes de Abril.

Un dia como cualquier otro. Mueren y nacen. Solo toco las venas ciudadanas de un otoño siendo Abril 2011.

Un fenómeno otoñal que invade nuestro vivir caótico, en realidad, solo hace de las suyas familiares bajo el medicamento del ser tan frágiles como un segundo, y lo logra. Liberarnos de la pesada carga del dolor que somos al simplemente vivir.

Resiliencia




Las aspiraciones éticas de las hojas de otoño que languidecen al sentir la trama trágica de sus experimentaciones valoricas, nunca más volverán a darse cuenta de la presencia avasalladora instituida por los días del mes protagonista.

Esas hojas de otoño acuden al llamado infinito de la condición humana, su libre albedrio. Y te hacen cuestionar respecto a tus soportes empíricos para entender una vida dentro de cada dia asumido.

Estamos todavía viviendo en el mes de Abril. Es una mera casualidad que sea en un país inclinado a las posibilidades dogmaticas, es decir, a su descarada aceptación de las estaciones de año condicionándolo a la disposición de ánimo de sus habitantes.

Intuiciones otoñales que bailan al estrepito de dudas humanas. Bailaron pero no les avisaron que nada es para siempre.

Ahora, durante este mes hubo oportunidades extraordinarias para cambiar la mirada convencional de lo que son estas hojas de otoño cuando usan su propio lenguaje. La existencia social del lenguaje humano para ironizar sobre las dudas vocacionales que entrañan a nuestras hojas de otoño.

Seguir en la senda irrefutable del mes de Abril, acabarse por entero. De cuando en cuando, se podía apreciar segundo a segundo, cualquier dia parecía ser el “juicio final” para intentar entender ese tierno caos contenido en dichas hojas, emergía del espacio sideral de su acongojada visión de mundo. Consideraba que la vida tenía un sentido.

Resiliencia

De vez en cuando, tras una empírica lluvia de alusiones cotidianas, caminaba por los alrededores límpidos de aquel árbol de meridiana magnitud, supuse que estaba cierto parte de un ritual, asumí ese riesgo, entonces logré épicas caminatas al mirar su paisaje de veraz condición otoñal, era indescriptiblemente esclarecedor.

Lo esclarecedor residía en que era contigua a su casa, ese árbol de decimonónica génesis histórica. Ese ser vivo quería saber cuál era su espíritu aventurero.

Miraba el quejido embaucador de una de esas hojas de otoño que deslizaban rítmicamente al fragor del mirar corrosivo de este árbol. Solo sabía que había un árbol situado cerca de un parque. Además, esas hojas de otoño conocía sus propios límites morales eminentemente existentes, su caída era un indomable azar.

Nunca estaba encadenada al divino vivir en función de los demás. Mantenía un respeto descuidado por los seres humanos. Eran enigma evidente al estar bajo el ciclo vital del mes de otoño, eran escombros divinizados por los caminos de la vida.

Fueron intensamente apasionadas en cuanto a su haber otoñal, descubrieron el sueño dogmatico del mes de Abril, su lineal mirar humano.

Seguían dirigiéndose hacia otros lugares sin propósitos claros, sitios ignotos para la existencia vitalista del mes de Abril, humedecerse ante las tratativas del sol de Abril, y formar un entramado de hechos inesperados. Otro dia más para el mes de Abril.

Del intratable consumismo humano para interpretar la esfera de los asuntos planetarios hasta las decadencias dulcificadas por los cinismos bibliográficos de experiencias humanas acotadas al sesgado espacio de particularidades picunches, acá, las hojas de otoño hacen su misional trabajo colaborativo con este otoño 2011.

Se consolida despedazando todo atisbo de un “cambio de mando” de Marzo, sus dogmatismos veraniegos.

Busca ir más allá de la felicidad humana sujeta a los avatares consensuados por alguien, dejarse ver en la suciedad acomodaticia de un dia otoñal, observar la esencia intima en el devenir soberano del mes de Abril, están diciendo cosas las hojas de otoño.

Resiliencia

Hay un momento en el transcurso de ese dia lluvioso en que te quedas sin palabras, y crees que has logrado encontrar el silencio originario. Buscas divagar bajo la ofrenda inadaptada de tus referentes discursivos, en el cielo solo las estrellas. Era 15 de Abril del presente año, un 2011 con sus relatos bicentenarios ¿Cuál?

Acerca de su lugar en el mundo planetario, esas hojas de otoño, reflejan su prófuga condición de ser instrumentos de emancipación vocacional para el observador que observa detenidamente al compartir instantes otoñales con aquellas hojas que dibujan existencias sobre el confuso frio de un dia cualquiera, ahora le toco al mes de Abril. Saber que vivir es extraño.

Esa extrañeza siempre está latente en este experimento llamado vida. La vida se aprecia en estas hojas de otoño. La gente necesita una razon de ser. Esa razón de ser son esas hojas de otoño llegando al lugar prohibido, saber que nada es para siempre.

Los espectáculos callejeros que vivieron las hojas de otoño, a veces. Impulsado por los relatos de un momentáneo mes de Abril. En cuanta calle dejaron su huella enfermiza, un alimento a sus silenciosos depredadores.

Así es como sucede. Una lenta muerte que simboliza cohesiones planetarias, en ocasiones, dependiendo del heroísmo de cada dia deslizado, ocurren milagrosas proezas éticas, escuchar su silencio.

Durante diversas instancias de divertida emancipación, estas hojas de otoño observan solo la sana complacencia de lo que se diluye. Disoluciones de una realidad persistentemente ilusoria.

Esas conveniencias anónimas entre las hojas de otoño del mes presente y sus observaciones sobre la inventiva humana para perpetuar dicha ilusión persistente.

La ilusión persistente atormenta la paz interior del mes de Abril, lo único que permanece es el cambio.

Resiliencia

La incipiente consideración otoñal del mes de Abril. Es esa comunión de sus hojas de otoño y su lenguaje simbólico. Escuchar algo. Estas hojas de otoño describen fenómenos de la vida.

Su endemoniado ritmo acusador. Intentos desesperados de las hojas de otoño en querer cambiar la mirada. Incluso, esa mirada prevaleciente del mes de Abril, su elocuente silencio.

Los silencios de las hojas de otoño hacen de la historia humana un frenesí de sobresaltos éticos.

Un ámbito de relevancia ética tienen esas hojas de otoño. Imposible definirlas en su mansión semántica del prejuicio humano. Solo sé que comparten mis instancias de conversión dialógica.

Ese dialogo que se habitúa a cada dia transcurrido del mes de Abril, éste, refleja estratos de aprendizaje significativo a medida que caen sus hojas. Son hojas habituales en crepúsculos cotidianos y en mutismos humanos forzados.

Observar el frescor conmovedor de las hojas de otoño. Están en todas partes cuya riqueza horaria permite saber el lugar específico que le corresponde tener en el universo. Sean segundos, minutos u horas su existencia radica en que jamás se toman en serio. Pertenecen momentáneamente al mes de Abril. Pronto serán destinatarios de otros meses restauradores de experiencias prescritas. Habrá más otoño para luego derivar al invierno. Son momentos cruciales para estas hojas de otoño que ejercen su habitualidad discreta, todo fluye y nada permanece

A veces la vida es un soplo de verdad mutilada, muertes anunciadas y alegrías acotadas se encargan de enfatizar el carácter alucinatorio de nuestras hojas de otoños, no hay nada que hacer. Una simple hoja de otoño puede hacer de la diferencia entre una revolución o una reforma, como lo puede ser un mes de Marzo con o sin lluvia.

En esta ocasión, llovió intensamente en esa ciudad. Al unísono de ese sonido embriagador de la lluvia de aquel dia, había cosas milagrosas, la simplicidad de mirar hacia el cielo, y creer en la expansión dionisiaca del universo. Sigue haciendo de las suyas cotidianas. No hay más realidad que la que tenemos dentro, decía para mis adentros otoñales. Después de la lluvia, emergió ese frio devastador que genuinamente advertía en su mustio nuestro mes de Abril.

Resiliencia

Cada dia existía bajo la libertaria percepción de luchar contra algo superior. No sabia expresamente contra quien luchaba. Sin embargo, saberlo me habría inquietado innecesariamente, pues sería poco estético verbalizarlo. No obstante esa comunión de inquietudes volitivas, había observado a alguien dispuesto a escucharme. Lo tenía como mero pretexto para aliviar mis tormentos vivenciales. Eran esas hojas de otoño.

Sus contornos irregulares producto de las oscilaciones atmosféricas, su didáctica incomprendida para dejarse caer en cualquier en esta biología de la vida-la tierra- y algo de delirante inclinación por los sagrados terrores que emergían después de cada lluvia, imponía un imperativo ético de intimidante relevancia otoñal. Recién estaba iniciándose este mes de Abril, sobre todo un viaje sin retorno hacia experiencias abismales.

Observar algunos aspectos de estas hojas de otoño que caían incansablemente conforme a las fuerzas embelesadas de la naturaleza a través del ciclo vital de nuestro planeta tierra ante todo proponía entrevistas provocativas contra el calor impreciso e incauto del mes de Abril. Ese observar cotidiano sobre esa hojas de otoño que caían se resumía a un aprender, aprender.

Es un aprendizaje significativo y una proeza narrativa intuir la plena manifestación de su aparición, estas hojas de otoño saben de finitudes dignas. Dignas exponentes de decisiones fugaces. Para ellas, cada dia es una habitación colmada de reflejos viajeros. Viajeros espectadores de un latente drama de la vida humana como tal, oír su voz. Sus palabras generadoras de prodigios otoñales nacían bajo el alero del susurrar erótico del mes de Abril.

En una época complicada de su vida, esas hojas de otoño iban directamente hacia su propio abismo pensante, ser pisoteadas por esos animales extraños. Siendo breves comentarios, los seres humanos, no saben de narraciones extraordinarias respecto a lo que deben hacer, coquetear con la melodía cadenciosa de las hojas de otoño, insinúa, esta, que existe esa nada vivencial que permea todo aquello que encadena al querer.

El querer desmedido de estas hojas de otoño que aparecen y desaparecen, Abril sabe, sirve para poner en cuestión el sano entendimiento humano relativo a su vana condición.

Resiliencia v

Una historia jamás contada ocurre ahora. Ocurre durante este mes de Abril. Es una historia cargada de problemas humanos y de fenómenos inexplicables. Ilusiones persistentes ocurrían a cada instante, Abril iba a entregarnos propuestas éticas transformadas en el remedio contra el paso del olvido, mientras tanto, ese lluvioso dia de Abril 15 desapareció.

El ocaso de los ídolos veraniegos, las hojas de otoño. Son esas hojas de otoño que pintan la realidad humana en movimiento, con sus desvelos momentáneos y sus respectivas sublevaciones minimalistas, acuden al llamado esclarecedor de un otoño inmerso en este mes de Abril. Para develar la ilusoria amistad con la condición humana, si es que se puede mencionar así, estos días caóticos, mes de Abril se hacía presente, encuentros cercanos con esos héroes anónimos. Estas hojas de otoño actuaban como un aspirante al caos. Un vendaval hogareño permitió que esas hojas de otoño dibujar susurros eróticos confrontando al universo.

Esas hojas de otoño inmerso en la dinámica acuciante del tiempo inexistente, las “dueños de casa”, de cualquier hogar perteneciente al Chile profundo o al Chile Kuchen, siendo estos, hombre o mujeres, comprendían el mensaje incentivador de ese supuesto propósito originario, limpian los escombros dejados tras una confusa lluvia originada el dia anterior, Abril 15, solo limpian estando inspiradas en hacer bien su trabajo.

Lo lograron. Bajo la emoción indecible de un espectáculo sigilosamente preparado por ese mundo de percepciones criticas olvidadas, la luz del dia, hizo que la labor asumida de esos ciudadanos se transformará en un acto de subversión vespertino. Gran labor ante la vida misma que se expandía exponencialmente hacia los confines enrarecidos de un nuevo dia, Abril 16.

Resiliencia



Esa adolescente pulcritud de ese Abril 15 cuyo ceremonial frio se hacía al andar en conformidad a miles de años de consensos geológicos. La rebelión sagrada de las horas del dia en cuestión para abordar la pasmosa diversidad de sujeciones éticas que nos aprisionan.

Intensos instantes otoñales de Abril 15 con lo que había sido Abril mismo, recién llegan esas lluvias embaucadoras de recuerdos impresos en la boca silenciosa del mes de Marzo, una razón de vivir en estos tiempos actuales donde nadie escucha a nadie.

Sigue siendo una lluvia de Abril. Un novato crónico en instancias de consciente perplejidad que durante estas horas de disolución racional, cada hora que transcurría para Abril 15, era un incentivo extra para lograr que sus hojas de otoño pudieran dejar huellas de nacimiento.

Nacemos para morir, una situación humana con influencias planetarias, dejarse ver por se acontecimiento repentino de ingresar a un mundo humano viejo.

Creer en la idea de tener un proyecto vital, mientras llueve durante Abril 15, en este entorno clarificador de precoces fríos, significa amar la vida ilógicamente. Un intento desesperado por entender las situaciones concretas de devenir otoñal que suceden intensamente en aquel dia aparecido.

Siempre. Amar la vida misma con sus amistades lejanas, Abril y sus 30 amigos íntimos de historias anónimas. Una imagen de encantamiento sublime con la belleza inconmensurable en pura perdida con la lluvia que amaneció en Abril 15. En esto, haber forjado supuestos vínculos afectivos con la divinidad incomprendida de Abril 15, al ritmo de la vida, precisamente, involucraba una explosión de sentido, esto es, la imaginación simbólica de sus hojas de otoño para generar el amor a uno mismo. Con lluvias a diario, pensamientos mutilados y amores perdidos a tiempo completo.

Múltiples paraísos soñados para proponer densas realidades cotidianas, Abril 15 y algo más, eso es lo que importa, esa lluvia que reflejo el alma jadeante de ese dia. Sin embargo, esas gotas de agua que acompañaron a esa lluvia lamentan el indomable fluir de los ciclos vitales de las horas envejecidas aquel dia.

viernes, 15 de abril de 2011

Resiliencia

Se reflexiona durante este año de Abril 2011. Referido a cualquier suceso humano que se precie de ser fugaz. Este dia, por ejemplo, siendo Abril 15 está lloviendo suavemente sobre las vidas paralelas de los habitantes del Chile profundo. Un fenómeno de la vida tiernamente emparentado con los momentos que todo lo cambian.

Iba reflexionado sobre sentido y alcance que tienen estos días de Abril en la faz de la tierra. En este momento, estaba lloviendo. Luego seriamos empiristas. Locuras otoñales a cada expresión de obviedad humana, siguen envejeciendo. Ahora mismo sucedía algo. Eran unas pocas gotas de agua, por ejemplo, hacían la patria pura en esos mustios minutos de silencios forzados.

Un dia de aquellos que te hacen dejar huellas más allá de lo obvio. La obvia consideración estando sumidos en los miedos inmanentes de cada dia que pasa. No captamos claramente la representación simbólica del duro peso de los días. Solo quedas perplejo ante el absurdo existente de la dimensión conocida del mes de Abril, hace frio en las mañanas.

Aquí, están los días del mes de Abril de 2011, seguimos observando las diversas circunstancias históricas que nos tica vivir a diario, haciendo de las suyas otoñales. Existe solo un dia para considerar lo que somos. Hay momentos que determinan la vida humana, saber la mutilada verdad del mes de Abril, su pronóstico del tiempo. La vida que observa el poder omnipresente de los seres humanos cuando se trata de manipular las consecuencias de sus propios actos. Tienen sus consecuencias inerranables.

El lugar otoñal esperanzador en forjar situaciones personales para alivianar la pesada carga valorica de los seres humanos, mirar perdidamente el silencio inicial de las lluvias repentinas de este mes, su profetizador secuela de húmedos suelos en tierras confusas. Ese ruido acogedor que disemina ese llover que crear su propio destino, hablarle al universo.

Seguía lloviendo y, de hecho, en circunstancias nativamente aburridas. La vida humana seguía su curso hacia un sentido absurdo, superar las contradicciones internas de este mes de Abril. Algo de lluvia, cierta conmoción en una emoción cotidiana, regalías sensuales de los mese precedentes, miedos estúpidos en conformidad a los muros de la moral oficial, movimientos estudiantiles fortalecidos a base de fríos históricos asumidos por sus bípedos lideres, diversiones acotadas de los perros callejeros cuando miran sus alrededores fugaces, adolescencias culturales al tratar con las lluvias repentinas de dicho mes y juegos lingüísticos de la humedad relativa tras esta breve lluvia de Abril 15.

Resiliencia

Silencios humanos inexistentes cuando estamos perdidos en Santiago. Una embelesada manera de dejarnos llevar por la libertaria asunción valórica que encarna las hojas de otoño del mes de Abril es fluir con la intensidad pulsional de una mirada distinta a la propuesta por las estaciones de Metro, la historia de la voluntad humana como un entramado de obviedades conductuales.

Es la anarquía intelectual respecto vivido, esas hojas de otoño incentivan procesos de no retorno, esto es, lucidas descripciones sobre la fragilidad primigenia de la observación humana. Este mes de abril 2011, sus hojas de otoños y sus didácticas vocacionales prevalecientes.

Curiosas divagaciones picunches, desde renuncias ministeriales hasta ir a la calle con el Chile profundo para lograr entender los códigos normativos de sus conductas genuinamente empíricas, que creen cambiar el mundo con un par de axiomáticos pareceres profesados por la pedagogías criticas, interpretar la interpretación del autor en cuestión.

Simultáneamente ocurren las perplejidades coléricas de nuestras hojas de otoño, todo lo puede. Sin embargo, no se inscribió para sufragar en las elecciones futuras.

Este divagar dubitativo que se va cimentando tras el cansancio acumulado del mes de Abril a través del misterio enamoradizo de sus hojas de otoño, ha sido un cumulo de circunstancias azarosas que desde la perspectiva otoñal del mes aludido sazonan esos actos humanos. Actos humanos confusos, apasionados, miserables, realistas, pesimistas, educativos, pulsionales, ideológicos y libertarios.

Sus hojas de otoño giran en un mismo lugar, es un mosaico de irreverentes necesidades discursivas. Pero encantador de proezas cotidianas bajo el destello emancipador de minimalismos instituidos por la vida misma. Lo importante es amar la aventura despótica de conocer por parte de las hojas de otoño dadas en ese comentario llamado Abril.

Aprender a entender las dinámicas atmosféricas durante la vida temporal del mes de Abril, ahí, iluminada esta, sus hojas de otoño, proyectan descreaciones veraniegas. Cautivantes problemáticas que prevalecen en las impudicias del Ahora. Este Ahora resulta ser este mes de Abril 2011.

Resiliencia

Disfruté amenamente cuando evocaba esos momentos de irrealidad callejera mientras observaba los complejos culturales de una tarde de otoño encarnada en el mes de Abril, solo era para ver caer esas hojas. Que tejían instantes de conversión dialógica, una apuesta riesgosa pero llena de un sentido minimalista.

Lo minimalista de ser un tejedor de espacios siderales que insinuaban una entrevista con la existencia inenarrable del mes de Abril.

La voz interior de las hojas de otoño durante este mes de Abril, amar la vida ilógicamente, sin razón alguna. Pontificar la caótica moral de un otoñal mes dado a las revoluciones humanos y a la escisión de relatos colectivos, sin embargo todavía quedan escombros de la locura de la fe, compartir sucesiones vivenciales junto a las hojas de otoño.

Un buscador de realidades políticas, juegos de lenguaje capacitados para embaucar intencionalidades humanas, aludí a una breve digresión cotidiana, era necesario hacerlo, para dibujar huellas de nacimiento en nuestras hojas de otoño.

Vuelvo al destino errante del retorno pusilánime a la decadente democracia de un tal mes de Abril. Vivir perdidos en Abril es abogar por la irracionalidad sempiterna de esas hojas de otoño.

Las hojas de otoño y sus letales diagnósticos médicos, que nada es para siempre lo cual se retroalimentó de los encadenamientos volitivos del querer humano.

Vivir es dialogar azarosamente con nuestra vana condición humana, Abril y sus hojas de otoño, asumen sus estratos de aprendizaje significativo, mirar hacia el universo.

Un misterio que culmina en delirantes susurros otoñales, la vejez de los días actuales, incentivan a la puesta en marcha de un lenguaje simbólico para este mes de Abril, entender el significado minimalista de sus hojas de otoño. La ausencia de silencios originarios, solo queda el ruido modernizador de ¿Metro, te ayuda?

Resiliencia

Siendo un lugar sagrado, todo día de Abril lo es, durante su viaje hacia los imprevistos domésticos de su mirar cotidiano, continúan las hojas de otoño haciendo muy bien su trabajo. Un Abril que desata acontecimientos humanos al mismo tiempo compone fríos precoces.

Pero seguimos envejeciendo, la culminación del inicio crepuscular, semanas seculares pertenecientes al mes de Abril, hacia un existir provisto de una permanente tensa calma, y en la rutina corrosiva de un día en Metro.

Incansable sombra del desencanto ético al observar la indiferencia despreciativa de los pasajeros del Metro. Algo se acaba.

Se acaban esos segundos de instantes renovados, deja ser rápidamente para convertirse en algo inacabado. Un eterno deseo insatisfecho asumimos todos. Una vejez intuida.

La vejez rápida de una estación de Metro condicionada a la experiencia singular de las percepciones criticas que surgen paralelamente al estrépito de bajadas y subidas a la llegada del vagón.

Propuestas éticas disonantes y temores fundados en la tirana de las costumbres. Una sinfonía de escapismos humanos convierte, en este caso, la experiencia de la vida, a partir del haber otoñal del mes de Abril, en una bohemia de verdades mutiladas.

Nostálgicas subterráneas dentro del vagón de Metro ironizan con mis confesiones indeseadas tras cada estación de la misma superada.

Se avanza hacia la frialdad deseada. Con ello, una especial conmoción genera en esas hojas de otoño confabuladoras de juicios humanos dispersos. Un tratar indecoroso cuando le corresponde vivir intensamente su caída. Es la caída de lo inconcluso.

La sagrada enfermedad tendiente a inmolarse en los paisajes recónditos del hoy. Hojas de otoño buscadoras de los secretos enfermizos del alma jadeante del mes de Abril, su inexistente tiempo.

Con la indeterminada tranquilidad de un atardecer otoñal perteneciente al mes de Abril. Atardeceres otoñales y miserias humanas, las hojas de otoño que caen producto de la labor admirable ejercida por la vida misma, condimentan la temporalidad finita de los seres humanos.

Resiliencia

Creencias ingenuas de que esa fragancia repulsiva diseminada a partir de los pasajeros, con Kuchen o sin él, insinúa una lactante existencia sobre los caminos de la vida intima de los pasajeros de ese vagón del Metro. Que perturbaban soterradamente las imágenes paganas de muchos jóvenes dados a olvidarse de unos ponderados relatos colectivos o utopías cotidianas. Y toda este divagar apasionado estaba ubicado al lado de una de las puertas laterales que estaban ubicadas en uno de los extremos del vagón del Metro.

Estaba rodeado de múltiples demostraciones de pecados capitales. Un clima de rancia estupidez humana y de implosión gestual anidaban en los cuerpos amorfos, epidérmicos, rollizos, famélicos, obtusos, cotidianos, dudosos, asexuados, ficticios, voluptuosos, sobreexcitados, sudorosos, ubicuos y expectantes de los pasajeros de las Lineas 1 y 2 del Metro de Santiago.

Albergó, ese día, vivir impresiones otoñales. Un mapa tutelar de breves comentarios se esparcía por todo el ancho pensamiento de sucesiones humanas. Estaciones de Metro iban y venían como espejismos engañosos.

Nunca más estarían a la orden del día. Un clima de insípida y marchita fragancia existencial, de dar un giro radical en su vida. Esto tocaba, según lo indomado del mes de Abril, a sus hojas de epifanías siderales, a cualquier día que se dijera actor protagonista de este experimento llamado vida.

Lo único que deseaba era ver el rostro de su inefable destino, esas hojas de otoño resultaban ser una vorágine ética. Nuca estaba el preciso instante de conversión temporal observar la caída misma, y concebir su silencio originario. Afortunadamente, durante este recién iniciado otoño, de momento, encarnado en este mes de Abril, se saciaba su apetencia de perfección espiritual, asimismo, lo hacia antenticamente humano en la vastedad inconclusa de los juegos didácticos, cósmicos y silenciosos que caracterizaban a las hojas de otoño.

Espera cautivante, por otro lado, en una estación de Metro, cualquiera con olor a pueblo y a normativas construcciones identitarias, el cambio de disponibilidad horaria de los vagones de Metro hacían de las suyas vocacionales, se cambiaban a los conductores. Infinitos sucedáneos junto a miradas descontentas alternaban a medida que los segundos se hacían pasmosa realidad.

Había que esperar y lograr la tensa calma a través de la observación lúdica de jamás tomarse en serio. Encontrar el espacio cósmico de la llegada del vagón en cuestión era siempre todavía.

Siempre un día en Abril regalaba sinsentidos humanos y optimismos planetarios, significó hacer de la realidad cotidiana en esos momentos amanecidos una floreciente epifanía otoñal, y siguen cayendo las hojas de otoño.

martes, 12 de abril de 2011

Resiliencia




La mirada intimidante del planeta tierra cuando observaba en forma asidua ese fenómeno de la vida intima, las hojas de otoño en un lugar lejano, pero que resulta ser la esencia intima de todas las cosas del mundo, impone su divinidad cadenciosa.

Una melodía a la dimensión desconocida del mes de Abril en pos de encontrar la misión intacta que fomente indeterminados milagros inesperados. Un día en mi vida, es un día en lo insondable del querer otoñal de esas hojas de otoño evidentemente acalladas por los tiempos históricos actuales.

Discursos momentáneos y deberes instituidos durante la vida otoñal del mes de Abril, siempre y cuando, racionalizamos lo que somos en exceso. Somos parte de un ritual olvidado. Ese es el norte poco ortodoxo de la miseria humana HD.

Es un contingente viaje hacia mi pintoresco país como un esperanzador propósito hacia vivir algo. Además, vivir conscientes, acá, implica tener presente las evidentes dificultades de ignorar situaciones humanas que superan nuestra capacidad de interpretar dichos fenómenos.

Volviendo a mis atribuladas ansias de conmiseración educativa, observar las fisonomías inconclusas de los pasajeros en un vagón del Metro mientras viaja en él.

Deseos siderales abundan en nuestros contornos viajeros, los pasajeros inmóviles ante el holocausto del tiempo y ante el snobismo desatado de aquellos relajan el esfínter con demasiada realidad que les asfixia.

Compartir con los demás, eso supone suceder allí, desde su mundo ordinario de inclemencias generacionales así como esa diversión omnipresente de observar que todo tiene al caos.

Un caos preservado su lógica vivencial, desconfiar ante todo de sus hijos demócratas, Horarios “valle” y “punta”.

Resiliencia

Del amanecer consensuado que impone el universo hasta el anochecer expectante de cualquier día de Abril, acontecimientos vitales para historias humanas inconclusas. Unos animales extraños habitan los senderos diplomáticos de un cambio de andén.

Un lugar concreto para observar referentes discursivos adocenados, apocados e intensamente didácticos.

También cabe señalar la importancia de llamarse Abril, un desarrollo normativo dentro de una estructura de dominación discursiva. Palabras más y palabras menos, un ritmo bien encausado por este Abril hermético.

Por lo que ese nombre denominado Abril acoge en su seno materno múltiples tendencias socializantes así como construcciones ideológicas de vasta expresión identitaria.

Es un continuo de alocuciones flagrantes poseer un relato ecuménico a través de los acontecimientos humanos dados en un mes de Abril muy expuesto a los juegos del lenguaje de sus hojas de otoño.

Simples opiniones humanas crean ahora un mundo evanescente de intencionalidades simbólicas.

Ahora, la vida misma del mes de Abril adicionado al proceso libertario de sus hojas de otoño y las muertes simbólicas de las cuales se nutren las estaciones de Metro, no hacen sino amenizar el costo valórico de vivir en sociedad.

Es coherente con esa democracia otoñal de consensos atmosféricos bajo la tierna mirada de nuestro planeta tierra.


Resiliencia

Intensamente emerge un lenguaje simbólico en los viajes subterráneos de Metro, las miradas que acontecen de los pasajeros de baja intensidad erótica vinculados con la escasa tendencia al ritual de jamás mirarse a los ojos. Se elude el mirar y su descontento optimista, nadie cede a esos encantos efímeros. De manera tal, cada peregrinaje trivial de las reiteradas estaciones de Metro, minutos que se diluyen en fragancias humanas, que coincidía con los cambios de paradigma de la narración en “off” del Sr. conductor.

Cada minuto que transcurría, después cada estación de Metro cambiaba de fisonomía picunche, permitía entrever una sensación de irrealidad con respecto a lo que sucedía arriba del túnel subterráneo.

Eran momentos predicadores de extremismos vivenciales, hacerse consciente de la cruda realidad, no solo endilgar verdades otoñales a esos viajes en el Metro sino que buscar una nueva ética descriptiva. Que describiera los actos humanos atomizados, diluidos, atemorizados, siempre estando encadenados al querer. Un día en una estación de Metro impregnado de los encadenamientos volitivos del querer humano.

El lenguaje refleja lo que emerge en el mundo. Este mundo humano dentro del mes de Abril engloba una serie infinita de sucesos otoñales, viscerales, crepusculares, gregarios, subterráneos, vivenciales, republicanos, educativos, miserables, espeluznantes, creativos, narrativos, residuales, emocionales, misionales, fabuladores, nativos, alucinantes, políticos, fantásticos, entropicos, endogámicos, boyantes, picunches y de destrezas lingüísticas.

Este mes de Abril jugando a sus historietas cotidianas. Inmerso están, los seres humanos, desde el Chile profundo hasta el Chile Kuchen, en una comunidad lingüística de genialidades otoñales. Sin embargo, será cierto, que la vida orgánica de esas hojas de otoño, hacen de su existencia empírica una críptica epifanía de la vida misma. Van acorde al ritmo de la vida.

La maravilla imperecedera de los contextos vitales adecuadamente interpretados, captar el mensaje sentencioso de las hojas de otoño, nada es para siempre. Aman la vida misma sin razón, sin lógica.

Así entienden su contenido inmanente, dejar algo que permea la obviedad sedentaria de los árboles, jamás volverán pero llegan su misión última, pertenecer al engranaje orgánico de la naturaleza. La demencia rutinaria de los buenos muchachos pertenecientes al mes de Abril, sus hojas de otoño. Un gracias a la vida y un temor obsequiado a una estación de Metro.

Resiliencia



Hace frío. Todavía el frío otoñal del mes de Abril asume sus certezas vocacionales. Algo detiene su evolución creadora. Sin embargo, han ha habido destellos de admiración pedagógica por parte de Abril hacia sus amigos incondicionales, sus hojas de otoño.

Esos buenos muchachos de situaciones limites, proponer resfriados fugaces a los ciudadanos a un tal país llamado Chile, quieren saberse actores de un sublime espectáculo, captar su esencia intima al caer al suelo firme de cualquier calle. Captar la inenarrable epifanía de su proceso sin retorno. Te toca los confines subjetivos, esas hojas de otoño dicen cosas intensamente extrañas pero rítmicamente aventureras.

Golpea al silencio de los desesperados demócratas, racionalizar la labor otoñal de sus hojas de otoño. Durante esa época de intensa efervescencia atmosférica, los fríos momentáneos, dados a conocer por nuestras mutiladas verdades, hacen juego con este Abril que sigue envejeciendo.

De algún modo, esos redimidos silencios de las hojas de otoño pertenecientes, por ahora, al mes de Abril crean condiciones adecuadas para dedicarse al caos. Un secreto intimidante que evitar confrontar el aula magna del mes de Abril, descubrir el calor del mes de Abril.

Solo intentarlo implica asumir la duda del mes de Abril. La duda abarca interminables espacios de interacción dialógica y de asunción valórica que desempeñan los seres humanos día tras día.

Esa misión sempiterna de la duda adoptada por las hojas de otoño visto desde la mirada de un observador evoca breves comentarios mundanos, ¡por fin, hace frío en Abril¡

Evocaciones narrativas regalan esas hojas de otoño, vida y muerte han entregado al mes de Abril, esos buenos muchachos ignoran conscientemente la temporalidad del año 2011, no les complica saberse experimentos vivientes que cumplen su misión, susurrar al otoño sus tensas calmas.

Hemos viajado también en el Metro de Santiago para contrastar miserias humanas HD con aprendizajes significativos de dicho mes y sus efectos volitivos.

Con volitivo aludo al énfasis humano, en cuanto al modo de vérselas con sucesos cotidianos y pulsiones prevalecientes en lo que se hace tras hablar con alguien a tu alrededor,existente en aquel mes e impreso como recuerdos intrínsecos del mes en cuestión.

Resiliencia





Sueños de libertad, si es que existe decirlo, en la existencia urbana del cambio de Anden, apareciéndose durante este joven mes de Abril, mediante la duda radical de jamás irse sentado. No es necesario hacerlo.

Se busca el remedio contra el paso del tiempo, observar a la distancia significa dulcificar la perspectiva del tiempo mientras transcurre el trayecto del vagón del Metro.

Al fulgor de sus años de juventud, los primeros días de Abril, la procesión de su viaje intimo, en buscarse a si mismo, que coincidía con los cambios repentinos de los estados emocionales de los pasajeros así mismo sumergía a los mismos pasajeros en un estado de resignación despreciativa. Pasan cosas. Estallidos de negociaciones humanas, ofrecer un asiento a una persona de tercera edad o a una mujer embarazada.

El lenguaje refleja lo que emerge en el mundo. En este mundo humano caracterizado por costos valóricos y majaderías semánticas. Día a día, minuto tras minuto, hora después de la hora, convergen las miserias humanas que proceden a mimetizarse bajo la excusa del “horario punta” y bajo el ocaso de sus ídolos “horario valle”.

Ante lo cual, los millones de pasajeros que hacen uso del Metro de Santiago aspiran a olvidarse de su historia colectiva de inefables miedos.

La existencia empírica de los significados humanos estandarizados en consensos básicos de vivir represivo, el Contrato Social. En cada estación de Metro existe un breve resumen de lo que expresa ese Contrato Social.

Desde la constante antropológica de subir las escaleras pasando por el hablar siniestro de los mensajes de texto hasta la curiosidad subdesarrollada de esas miradas que acontecen, la vida humana sobre ese túnel subterráneo, en ocasiones, no. Sugiere sucesos de interminable asunción interpretativa. El recurso otoñal como aderezo sirve al mes de Abril como instancia de conversión dialógica.

De la mañana a la noche. Fenómenos de la vida. La rica geografía del devenir soberano del mes de Abril. Lo sigue siendo al estrépito continuado de una jornada laboral del Metro de Santiago, a saber, un espectáculo de fisonomías expectantes de algo que llego a su fin. Y no hay caso de verbalizarlo, solo se sabe interpretar ese circular iniciar inacabado.

Un mes de Abril, sus hojas de otoño y un día en una estación de Metro. Encuentran en esta vida un tratado de pasiones humanas. Hay buscarlo. Surgen problemas. Aluden al problema mismo de esclarecer cuales son sus criterios reales. Hacemos como que entendemos. Nunca existe suficiente información disponible para lograr entender aquello de lo cual aparece repentinamente. Teniendo la suficiente sencillez para explicar las fuerzas inescrutables del devenir humano.

Inusitadamente Abril 2011entretejía estas consideraciones de vida contingente con su percepción critica de los asuntos humanos sobre los cuales hablar de la dimensión cotidiana de los viajes en el Metro permite ampliar la perspectiva respecto a las regiones oscuras de la subjetividad humana.

domingo, 10 de abril de 2011

Resiliencia




Un cambio de Andén es un cambio de mirada. Sus turbulencias valóricas exponen ante todo el mundo humano una fuerte dosis de polución emocional. Muchos madrugan. Ni siquiera Metro te ayuda. Una resignada fuente de mutismos inducidos.

Temores otoñales bajoun amanecer pulsional, bocas humanas que intentan pronunciar ese silencio. Fragancias rebuscadas para vanidades humanas mutiladas. Ventosidades van y vienen.

Continúa esa cosa cómica, subir la escalera como si fuera un infierno de relatos burocráticos.

Dudan de que la vida sea un hallazgo del “horario punta”, a veces consideran que todo esta permitido. Deseos cotidianos de las personas caminantes hacia eso, eso no tiene nombre. Es un cambio que insinúa silencios humanos.

Humanamente insumisos. Un silencio que aletarga realidades. Es un silencio carente de la locura de la fe, solo resulta ser una defensa contra la decadencia

Después de subir la escalera, todos somos demócratas. Esos instantes generadores de diálogos fugaces, vivir la ingesta del café o engullir toda clase de alimentos irónicamente rotulados, durante unos pocos minutos de tensas calmas, siempre hay algo que decir.

Intensa efervescencia otoñal, de algún modo, ese manojo de actos humanos evoca el nativo aburrimiento del cual somos parte. Millones de personas deambulan a través de este medio de transporte cotidiano. Esta situación de hecho, no es la excepción para este cambio de Andén.

Ejercicios de salud mental cuando usamos la escalera tradicional, no así la escalera mecánica, lo que te permite emancipar toda tradición de caminar predecible.

Resiliencia

Inesperadamente buscaba, cuando se acercaba al lugar de llegada, el cómodo abandono, el vacío valórico, el sinsentido vocacional, su desgano ideológico, el temor infundamentado, la ventosidad descreída, la subvaloración consumada del ahora y la plena insuficiencia de ser algo realizado.

De ser mero divertimento ante el mosaico humano de imágenes paganas a divulgar el modelo a seguir, en esto, nuestro mes de Abril 2011 compartía esa complicidad mística con las hojas de otoño de la misma.

Ese ahora subsidiado por la soledad sempiterna del siniestro navegar por sucesivas divagaciones cotidianas durante este año 2011 que se entrevistó con el mes de Abril que atisbo esas tensas calmas.

Esa tensa calma para mantener acotado el caos surgido producto de reiteradas conversaciones del universo con el planeta tierra.

Siempre existen novedades en el espectáculo avasallante de la vida. Nada esto resulta infrecuente para nosotros.

Era una nueva manera de cambiar la mirada. Un mes expuesto a las inestables consideraciones humanas y a los asombros valóricos.

Siempre estamos negociando con esas cosas humanas. Un incentivo para entender la existencia orgánica del mes de Abril junto a sus otoñales complejidades conforme a su socialización consciente.

Socializamos instantes otoñales al mismo tiempo vivimos enclaustrados en la tiranía de las costumbres dadas en cada una de las estaciones de Metro provistas de anónimas historias y de heroísmos indecorosos, observar esas alevosías inconcluyentes del cambio de Andén.

Resiliencia

Nosotros somos el mundo, intentos por hacernos creer eso, cuando hacemos de la vida misma, una dedicación exclusiva al caos, un arte que depura las sinuosidades del dia a día conforme a las circunstancias cotidianas de nuestro mes.

Tal vez habría que seguir siendo tan frágiles como un segundo. Ocultamos nuestra verdadera esencia, la tensa calma del cambio de Andén durante un “año nuevo”.

Nunca más vuelven esas estaciones de Metro, a lo más, sus representaciones simbólicas.

Tiene que ver, por cierto, su perspicaz lenguaje para perpetrar situaciones humanas de concreta confusión gregaria. Disensiones con el lenguaje conceptual de las confundidas gentes que caminan interminablemente hacia un viaje sin rumbo, estamos muriendo. Pero la vida humana ofrece sus instancias de conversión dialógica, pensar y creer.

Además, fluye el principio de incertidumbre para percibir momentos, un dialogo fugaz pero perenne con este mes de Abril 2011 ¿somos mutaciones aleatorias estando viviendo cada día con lo inescrutable de sus hojas de otoño?

Una respuesta de impertinentes consensos humanos cuyo afán por escuchar los susurros de la vida misma durante sus peregrinaciones hacia el cambio de Anden, cambio la constante dinámica de su propio caminar desmedido, su mirar.

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No era más que un joven dispuesto a rebelarse ante el silencio ramplón camuflado en toda hora cronológica durante el transcurso vital de los trayectos a diario de Metro. De repente las voces decadentes en “off” automatizadas hasta otro previo aviso.

Con un mes de Abril que seguía creciendo progresivamente hacia otros caminos de la vida, se acerca un fin declarado.

Cree en ti mismo y cambiara radicalmente tu vida. Funciona como voz interior. Por esto mismo, cuando evocó la importancia extraordinaria de esas hojas de otoño que caen al vacío ético del mes de Abril, espero contar con vida y muerte en mi vida.

Del mismo modo, una iracunda sensación de frustración al viajar al espacio sagrado de mí haber cotidiano ¿Cómo encontrar esa verdad con la cual se nutren nuestras hojas de otoño para así lograr develar la realidad caótica de cualquier día en mi vida? ¿Y si no la hay? ¿Observar el fenómeno de la vida dentro de una estación de Metro significa un universo paralelo de verdades mutiladas por el lenguaje significativo de los hablantes anónimos?

Tantas preguntas nacen cuando estamos ubicados en uno de los extremos del carro de Metro para mirar perdidamente hacia la lejanía de los otros.

Inspirador momento de observación. Hubo de estar a la distancia de los otros, para insinuar el latente estado de asombro con su evolución otoñal, escaso espacio para decir valiosas tonterías, y sus hojas que construían afectos.

La vorágine humana que procede a cuestionar eso que llamamos “mes de Abril”.

Durante estos dinámicos, revolucionarios y impredecibles días existían grados de realidad para supuestamente satisfacer los impulsos otoñales de cuantos segundos acontecidos.

Siguen pasando los minutos. Estallan existencias humanas enmudecidas por el temor, miedo y pereza a interpretar ese “contrato social” que se asume en el “Metro, te ayuda”.

Algo de goce ético prevalece al estallar en magnas formas de resplandeciente humanidad esa vida que es. La flexibilidad interpretativa del mes de Abril para crear relaciones simultaneas.