martes, 30 de marzo de 2010

Febrero 27



Entonces, infinitos consensos de siglos estelares se conjugaron para ilustrar preguntas sin respuestas capitales. Espacios raros pululan en esos bosquejos de bipedismos alucinantes, Febrero 27. Esas respuestas que le encantan a los comentaristas, periodistas y a los políticos. Benditas preguntas que componen los hilos de mi atormentada ansiedad por enamórame de la realidad, milagros inesperados.

¿Qué hacer con las palabras después de Febrero 27? ¿Febrero 27 fue el instante fecundo para interpretar los encadenamientos mentales de las ideologías políticas? ¿No sabemos vivir?¿quiénes somos en esta realidad que despertamos, Febrero 27? ¿Es el libre albedrio sufre de sus silenciosos veraniegos?¿Inti Illimani y “la exiliada del sur “ayudan a confrontarnos con nuestros fantasmas identitarios?¿ Incapacitados para curar las heridas de la gran ciudad?¿ entendemos lo simbólico de ser hombres anclados en este planeta Tierra, y de sobrevivir con dignidad?¿ nuestro Universo habrá soñado que escuchaba a nuestro planeta Tierra mientras vivía sus propias estridencias geológicas?¿ los “rotos” son narradores de este carácter alucinatorio de Febrero 27? ¿Sabemos cómo actuar sin enredos emocionales, y estar a la altura de las circunstancias? ¿Si nada es para siempre porque la gente actúa como si fuera a vivir eternamente? ¿Hubo sexo con orgasmo esperanzador durante el día de Febrero 27? ¿Necesitamos de un terremoto para apropiarnos mediocremente de la condición humana?¿Existen conflictos de interés entre Febrero 27 y dolor humano?¿ Sufrir implica vestirse con ropajes de gregarismos vivenciales? ¿La sociedad del espectáculo preserva su estatus de predicción ante el terremoto llamado 9? ¿Mintieron nuestras mujeres chilenas en lo que cabe a su dios atormentado, el orgasmo? ¿Habrá habido humor surrealista tras el terremoto? ¿La miseria humana sobreabunda en los coloquios de voluntariados maquiavélicos? ¿Porqué hacer de Chile un aborto sublime? ¿La bohemia santiaguina perdió su elocuencia vocacional? ¿El “Zafrada” leyó a Nietzsche? ¿Podemos hablar de nueva genealogía de la moral, a la chilena, después del terremoto? ¿Todos mienten, incluso con el dolor humano? ¿El amor es un hielo abrasador que muta en estas situaciones límites? ¿Jugar con el Tiempo de Febrero 27 es poner en cuestión los rituales de Occidente? ¿Estamos preparados, los chilenos, para patentar indisolublemente héroes anónimos sin resguardos monetarios? ¿Por qué la telefonía móvil se dedico a dormir una interminable siesta geográfica? ¿La vida merece ser vivida? ¿La Concertación es el epilogo de incestuosas alianzas con los juegos de la historia? ¿Significa algo ser, o ser de Derecha o de Izquierda, en tiempos genéticos en donde nadie escucha a nadie? ¿Por qué las grandes empresas vociferan sus exiguas ayudas monetarias, y, colocan a la ética de Occidente como bien suntuario difícil de poetizar en la mierda misma del dolor “chileno”? ¿Hasta cuándo viviremos en función de los demás? ¿Febrero posee un recordatorio de lo que vulnerables que somos al no ser dignos de nuestro propio sufrimiento? ¿La música es el susurro de Dios observando?¿El Tiempo y el amor juegan siniestramente sus propios espejismos engañosos?¿somos animales extraños en constante mutación aleatoria o seres en perpetua sorpresa de existir?¿Dostoievski enmudeció ante el desmadre de la razón geológica?¿ cómo se logra entender la opacidad latente del entendimiento humano para penetrar los secretos del corazón?¿el terremoto es el epilogo de un proceso de nunca acabar, irreductible y mutilado?¿de qué se trata vivir con sentido?¿la psiquiatría tras el terremoto es un ritual bien mediatizado?¿qué hacer con las palabras cuando se sufre?¿la vida merece ser vivida sin sentido del humor?

Febrero 27



Una mescolanza de recuerdos, historias, conversaciones, de religiones políticas, de diálogos televisivos, de teletones discretas, de complacencias republicanas, de insumisas decadencias tercermundistas y de pensamientos dispersos en todo aquello que enamoraba mi realidad, hicieron de este cataclismo mi oportunidad hacia una física de las posibilidades con algo de súbita autorrealización rusa.

Preguntas que satirizan, cuestionan y alimentan esos momentos planetarios, cósmicos y ecológicos de Febrero 27. Una constante cósmica señalada como tal por miles de años de aprendizaje forzado, curiosidad insaciable, activa observación, progresivo descreimiento sobre el más allá, optimismo irónico sobre la condición humana y por una extrañeza reflexiva acerca del patrimonio cultural de la humanidad.

Chile pertenece a este encantamiento insano, pertenecer a algo está sobrevalorado, pero Febrero 27 le susurro desde su salvajismo inocente que tributó.

No se trata de cambiar Febrero 27 sino cambiar la manera de ser libres dentro, de lo ofrecido por la mutilada unidad de los equilibrios bioeticos de mí amado país, de las alternativas que entrega el planeta Tierra al cumplir sus escasos 4500 millones de edad geológica. Cambiar la mirada. Ser libres significa un caótico estado de gratuidad psíquica. Sus soledades contextuales dudan.

Un deslumbramiento de lo bello, sublime y éxtasis sobre una indagación humana en los entresijos del sufrimiento Chileno. La secreta elocuencia de hacerse preguntas sin respuestas pertinentes. Diseminando voces que escuchan al Febrero 27 intérprete de vivencias tutelares.
Vi, observe y trabaje con el vivir veraniego. Un tal viernes nos golpeo apasionadamente. Estaba obcecado por encontrar nuevas formas idílicas de entender el transcurrir sinuoso de nuestra narrativa vivencial. Ovulando realidades interplanetarias con su soporte empírico, Febrero 27.
Sobreviviendo durante Febrero 27, y el peligro de estar vivos sin ser lucidos espectadores y aprendices de la miseria humana y sus involuntarios actos de adicciones emocionales, derivaciones estivales hacia un cambio de mirada.

Febrero 27




Impúdicos surrealismos generacionales al observar el problema mismo del saber gobernar. Fervor en Chile por este suceso de hilarante ascensión trágica de los silenciosos votantes de la serie “los 80”. Sin duda, remotas divagaciones del academicismo progresista por situaciones de irracional contenido bibliográfico.

Los pobres no pueden esperar, sí sus engaños interpretadores. Una palabra como esta, si es que se entiende su significado, se adapta a toda beatería revolucionaria y a sus evoluciones históricas. Cuando la alegría ya venía el uniforme ya se había legitimado, paradojas mordaces del poder. Una constelación de variables pueden explicar ese cambio de mirada, más que ideológica, pragmática.

Todos los políticos alardean, con sus ínfulas de descaro discursivo, sobre conocer la totalidad del Chile profundo. Es un arte sublime dar malas noticias con un sentido republicano. Imputan sus propios errores no forzados al malévolo, ruin, descarado y platónico sistema económico prevaleciente impuesto por “el innombrable”.

Muestran una intransigente actitud reveladora en cuanto a la real capacidad de ir más allá de sus egos demócratas. Ni “concilios vaticanos” ni introspecciones psíquicas sino, a lo más, componendas discursivas en teatros municipales de patente candor factico.

Se masturban fenomenológicamente con la indecisión musical llamada “pueblo”, cambiar la mirada. Tentativas revolucionarias, políticos infundidos de inveteradas inseguridades ciudadanas, que carecen de principios hegemónicos. La responsabilidad social de las declaraciones de prensa para repensar al país siniestramente.

Perpetran infinitos emocionales, y se encargan se tener sentimiento de culpa por no haber sido capaces de revestir con una mayor audacia los tiempos históricos cuando le toco gobernar. Se creían los gobernadores del Tiempo. Eso siempre me ha parecido sospechoso; que bien nos han hecho los humoristas para desocultar el decadente velo de ignorancia de los ciudadanos de este “extranjero” llamado Chile.

Algunas preguntas fueron golpeando mis ficciones psíquicas, tras algunos días de tensa calma producto de la locuacidad avasalladora de Febrero 27. Eso sí, creo, que las respuestas son impertinentes. Comprenderlo resulta estremecedor. Sabía que era la oportunidad de decirlas, ya que después el olvido de lo pensado se diluye como el orinar humano en el océano.

domingo, 28 de marzo de 2010

Febrero 27



Este 27 de Febrero dejo entrever también ciertas situaciones de desmadre político y de insania societal en lo tocante al ámbito de las políticas públicas. Ni la estupidez con énfasis y su hermano, la frivolidad contracultural, salvaron a la Concertación de sus mediocridades históricas. Juegan a inmolarse, con sentido fabulador, en las cartas al director. Nicanor Parra suspendió el juicio.

Un lenguaje veraniego hastiado, atiborrado y simplista sobre el análisis descarnado sobre lo que le toco vivir a la clase política junto a sus vanguardias culturales en pleno proceso de sumisión fáctica.

La aletargada “Concertación” no ha podido ni siquiera invocar a los dioses paganos de la autocritica, tolerancia y reflexiones sin piedad de saberse obsecuentes con su desorientada visión de supremacía histórica. No pueden dormir porque despiertan con el terror de haberlo desperdiciado todo. No existen las supuestas invitaciones hacia un destruirse intelectualmente con las consecuencias de quebrarlo todo. Desprecian astutamente a “Juan 23”

Evocan implicancias históricas para aducir sus derrotismos vanguardistas, y lo más grave para ellos, es que la Derecha solo evito balcanizar sus relaciones de poder al mismo tiempo promovió un sentido misional para lograr el poder, la influencia, la mordacidad gestual y la conspiración “en horario valle” de la presidencia de la república. Porque la Derecha, de alguna manera, fuma conscientemente de su cáliz formador de rigores electorales, el jesuitismo UDI y algo más.
Si hay conclaves, se quiebra la Concertación. Existen inquinas acumuladas entre los compañeros socialistas en sus distintos grados de feudos ideológicos, los progresistas liberales y los democratacristianos. Su razón de vivir está en entredicho, se impone como un mero sucedáneo de extrañezas electorales. Es una metáfora fosilizada. Su supuesto oráculo, el “pueblo” les abandono, silenciosamente.

Cuesta, de sobremanera, verse sin piedad, sin jamás dejarse engañar. Humanamente “rotos”, jamás los legitimaron, para atribuirle un sentido misional al quehacer político que entregaron al país durante 20 años.

Nada de conciertos de impiedades ideológicas ni algo de autorrealización por medio del ensimismamiento histórico de los hablantes libertarios. Una Izquierda enfrascada en sumisos discursos sobre la clientela mordaz del ignoto “pueblo”, los dejó por un personaje controversial y dado a los clichés bíblicos, Sebastián Piñera.

Si bien Piñera no gano en los sectores pobres o de extrema pobreza (Maipú, Puente Alto, La Florida, Peñalolén, Renca, Conchalí, Huechuraba, Concepción, Talca), las diferencias electorales se estrecharon de manera significativa. Los ciudadanos del Chile profundo han asimilado la exigencia de ser destinatarios de cambios culturales que golpean directamente a sus respectivas historias personales.

Su voto, fue de pragmatismo y no de adhesión a Piñera. Complicidades entre los Tiempos históricos, las ideologías fragmentarias y los cinismos viscerales. Lleno de alocuciones ceremoniales en lo tocante a confabulaciones en “off”. Es el Chile de los deseos insatisfechos, y de un permanente acto de constricción societal. Piñera quería ser mayor, y la Izquierda fenecía ardorosamente.

Febrero 27



Sensación de debilidad humana cuando te ofrecen ayuda estatal. La teta fiscal no puede ser “una mierda buena onda”. Necesitamos amar la vida más allá de los 16 millones de chilenos que habitan esta falla geológica. Un día en Chile el pueblo sus populismos “en off”. Su lógica convoca al principio de incertidumbre.
Asumir riesgos con las oportunidades indecisas del fluir temporal de la historia en tanto motor de conflicto garantizado. Promover la sanguinaria transversalidad que tanto abjura de nuestro país.

Ni los privados ni los burócratas estatales consideraban la matriz cultural del desmadre geológico. Todos opinan, medios masivos de comunicación, para perpetrar utopías mutiladas por la condición humana. Mienten como cuando los hablantes afectos a querer humanamente dicen”siempre te amare”.

Cualquier acontecer humano dado a efusiones maquiavélicas de clamor educativo implicaba subsidiar al Hoy con instantes. Cansado de pensar, si es que lo hacía, en esta realidad que lo devora todo con sus silenciosos experimentos humanos. Me interesaba la democracia pero no sus conversaciones.

No van engañando con secuenciales argumentaciones empíricas, emocionales, teológicas, religiosas, culturales, religiosas, sociológicas, históricas, pélvicas, eróticas, tribales, gregarias, bioéticas, ecológicas, ideológicas, republicanas, democráticas y económicas impregnadas de obviedades bien enfatizadas, emocionadas, cínicas y convenientes en un país en donde se es hipócrita, incluso, con su propia hipocresía.

Empiezan las ofrendas discursivas a los caídos en tan patente demostración de pobreza, desigualdad y de intuición femenina. Solidaridad colectiva y las federaciones universitarias legitiman sus egos circulares así como sus ansias de poder psíquico al hacerlo con influencias virtuales. Destilan confianzas en sí mismos cuando aplican sus recursos retóricos respecto a la aventura de ser héroes anónimos.

Se daba inicio a una concertación de opiniones expertas, adicionalmente, a la opinión melosa de los fecundos periodistas de ignota observación acerca de las calamidades estatales demostradas durante el fenómeno mismo del terremoto, más aun, haciendo uso de todo lazo social concentrados en errantes juegos de lenguaje. Imágenes simbólicas sujetas a la incompetencia del mercado.

Absurdos esperanzadores del Pueblo. La política como tal asume su embustera omnipresencia discursiva. Terremoto, moral y política los 3 mosqueteros de la residencia psíquica del lenguaje humano. Cansadas palabras que confunden ¿ qué hacen las palabras tras Febrero 27?

Febrero 27

Histéricas razones mancomunadas alimentadas por el estremecedor peso de esos días de realismo geológico, al mismo tiempo, respuestas impertinentes se atesoran en las profundidades perplejas del Chile anónimo, y los héroes anónimos se formulan solo preguntas. Este hechizo ocurre una sola vez en la vida.

Después hubo que asimilar la inquina placentera de los medios masivos de comunicación con su delirante efusión estética para describir la miseria humana arraigada en la profundidad del Chile del vinero Maule y del Industrial Bio-bio. Si, es cierto lo interpretado por sus regocijados periodistas, le interesaban los dolores humanas pero no sus conversaciones.

Cada canal nacional, con o sin línea editorial maquiavélica, buscaba incentivar los derroteros emocionales del Chile sísmico, profundo, de por si vulnerables a este calamitoso hoy. Desastres adosados a idiotismos burocráticos en Febrero 27 encarnado indómitamente a las 3:34.

Alguien tiene que ceder. Un día como ese implora de situaciones límites. No pueden pensar, porque tienen que cuidarse más. Burdas excusas con lo que el sentido común de nuestra casta política posee un evidente estado de anorexia encefálica.

De TVN a Canal 13 una aurora de dogmatismos teleológicos. Ellos implacablemente asumen la “verdad” de la realidad chilena, incluyendo a la “radio que piensa”, la Universidad de Chile. Falsean profesionalmente la realidad misma del dolor humano en pos de un propósito terapéutico, informar. Te seducen con sus alardes de alta definición icónica.

Nadie asumiría la responsabilidad de vivir en la fastuosa negligencia de una política desarraigada del dolor humano. Negligentes y deshonestos, incluso, en confesar lo que sentimos ante situaciones límites. Inmunidades otoñales que dudan de su propósito ético.
No sabemos vivir con el trato cotidiano del “año nuevo” silencioso que pasa confusamente. Somos egoístas incluso en nuestro propio egoísmo. Ofrecimientos estremecedores de la caridad divulgada como el motor de las franquicias afectivas.

Don Francisco no sabe de miserias tributarias. Don Francisco no quiere vivir sumido en el raquitismo cultural de la tragedia griega de no discutir, a saber, una reforma tributaria proporcional, igualitaria y justa para los tiempos históricos que le toco vivir a Febrero 27 y al Chile profundo. Ovulando contenidos discursivos para evitar reformas.

sábado, 27 de marzo de 2010

Febrero 27




Fue un día raro. Una remilgada ceremonia de escapismos vivenciales, y la comunicación masiva desapareció. Volvimos aparentemente al estado de naturaleza forzado por las disonancias históricas. Acá, en estas circunstancias, todos los perros de la calle asumieron el más caótico silencio alternándolo con precisos quejidos hacia la autoridad límpida que acusaba la luna evocando una inmaculada aversión al laberinto.

Mi mama quería hablar con mi abuela, durante ese día de cataclismo telúrico, luego, quería revisar, yo, tanto el patio como el antejardín de nuestra casa. No estaba asolado por la voz de la conciencia. Su voz nos tuvo en una situación de amena tensión familiar.

La casa, no le pedía a la vida misma sino algo de autorrealización, buscaba darse un aire de mutismo ético a medida que pasaban las horas crepusculares. Seguía el despreciativo silencio de vivezas posmodernas.

Pero nada es para siempre. No quería volverme tan loco tras esta experiencia de bipedismos múltiples hecha realidad con un terremoto grado 8,8. Un día en el terremoto sucedió como un suspirar subyugado y palpitar desarraigado.

Seguía mi mama con la intención de llamar. Pero los caminos del azar votaron por el “No”.
Hubo una razón de vivir con las adormecidas instancias de costumbrismos familiares que, ahora, estaban en boga por los inescrutables desiertos culturales de alta definición.

Febrero 27



Se inician las ayudas humanas. Poco a poco los tiempos históricos hacia el viaje sin retorno de la solidaridad chilena, eso sí, dada a los automatismo éticos de la autista desigualdad social. Significaciones intermitentes de la fuerza del corazón. Una odisea al espacio exterior de la estructura ética-social del Chile post-algo.

Son respuestas impertinentes del Chile profundo, e influjos engañosos del 27 de Febrero. Un mes cargado de alienaciones consumistas y de sequitos aletargados por el holocausto del modelo a seguir.

Ser algo de humanidad. Habrá que ver percibir el eterno fluir de reconstrucciones y de marcos legislativos.
Algunos, bípedos de vociferar anti-sistémico, acusaran el golpe dado por su amigo imaginario, el Pueblo, y se dedicaran a criticar la legitimación del circo neoliberal de matriz republicana. Eso, los hará unos ilustres conscientes de purgatorios identitarias.

Gestos y acciones a la miseria humana vestido con la oportunidad desquiciante del pueblo. Todos somos rotos al invocar argumentaciones ad-hoc al espíritu del ambiente psíquico del país que ofrecía esas abominables imágenes de fruición callejera. Más acción y menos declaraciones de prensa.

Surgen, con el pasar de los minutos, como lo fue en mi casa de inspiración antisísmica, el temor el asombro paranoico, el miedo evidente al morir son honores veraniegos, la incapacidad inveterada de la institucionalidad vigente para movilizar eficiencia en cuanto a miseria humana y la posterior narración “en off” de la democracia representativa.

Febrero 27



Aquellas personas tienen claro el parecer simbólico de lo destruido. Acusan un diáfano proceder protocolar para perpetrar realidades humanas. Complejidades con el poder factual de las políticas públicas y los cinismos culturales de la sociedad civil agasajada como un todo integral.
Días y días de encuentros abismales con el dolor humana, y de no confesar lo que la gente siente.
Es el gran origen del dolor humano, no confesar lo que se siente. Mendigando convenciones afectivas, y negociando afectos familiares influenciados por la historia cultural de Occidente.

Los canales de televisión convertían sus líneas editoriales en promesas inconclusas. No tenían nada que hacer con la moral establecida por los patrones de fundo mimetizados en sociedades anónimas de filantropías cambiantes.
Vicios negociados con la psiquis humana del Chile emprendedor. Es mirada teorética, interpretativa, arbitraria, mendaz, fabuladora, los amigos del periodismo chileno no quieren querer morir

Del Maule al Bio-bio hubo que considerar la sensación de perderlo todo. Sin embargo, las credenciales universitarias de cada periodista expuesto a las regalías competentes de la naturaleza, implacablemente, fue enredando en las duras cadenas en las que nos ata el destino.

No hay nada que hacer cuando estamos viviendo de lo irrecuperable y de lo azaroso, un clara expresión de la mortalidad nauseabunda de los bípedos. Libera a los silenciosos prisioneros telúricos.

Los periodistas tienen que hacer su trabajo conforme a sus idiotismos valoricos y sus miedos culturales. Antes de partir, el ángel de la nostalgia del sollozar humano discutiéndose en la mutilada verdad de la república democrática. Un purgatorio de psiquismos históricos.

Febrero 27



Hay tanto por decir que, en verdad, se olvida la esencia misma de lo digno de ser expresado en límpidas palabras periodísticas. No obstante Amaro Gómez-Pablo hizo de la tragedia humana una “belleza silenciosa” en términos discursivos. Un tipo dado a las fruiciones verbales.
Siempre busca esa indecible estación de calma momentánea a través de su conversar fluido, estridente y apasionado.

Buscaba que esas pequeñas cosas estuvieran acorde a las circunstancias, y una apropiada asunción de lo digno de ser velado. Identidades apagadas por la opinión de los demás. Describía fácilmente lo vivido en la ciudad de Concepción. Una ciudad con tradición industrial, papelera y forestal.

A pesar de todo lo acontecido, hacia vivir a la gente entre muchos muertos. Aligeraba el duro peso de los días protagonizados. Consideraba su tenue sonrisa de piedad infinita mientras acompaña a sus propios muertos.
Un destello de humanidad insobornable pervivía en sus alocuciones generacionales. Amaba la vida por encima de todo.

Observaba, apasionadamente, su labor periodística, y ponía su sangre en la tierra de los desorientados sureños. Resucitaban esos muertos de dudosa protección social. Gracias Amaro por tu profesionalismo y por amar la vida por encima de todo.

Febrero 27



No se trata de cambiar lo vivido sino de cambiar nuestra manera de interpretar esa realidad encarnada en un mundo humano de difícil proceder habilitado. Están en juego las emociones, el amor y sus hechizos indiscretos, y la sobrevivencia de los equilibrios planetarios. Dios no entiende de elusion cosmica.
Volver a los instantes fecundos de buscarlo en cualquier cosa que se precie de tal. Una razón de vivir, incluso, en este 27 de Febrero. Un número de neutralidad ética pero, para nosotros, de tremenda importancia trágica.

Por lo visto, la globalización, es este experimento llamado planeta Tierra, hizo de las suyas identitarias. Había que estar a la altura de las circunstancias. Jamás los ideales de un pueblo “civilizado” han respondido a las vanguardias geológicas de cada fenómeno telúrico. Hay que verse con la vida cara a cara. Es la única manera de servir al Pueblo con codicia disminuida.

Ambiciones sobresaltadas por locuras nutridas por el olvido de los años autoflagelantes. Un lenguaje fosilizado. Un Estado inerme con las formas discursivas del lenguaje en la obviedad genuina del dar es dar. Tuvimos que luchar con nuestra libertad cada segundo que pasaba. Confuso, delirante y extraño.

Un diluvio de alcance generacional que cuestiona la evolución humana atesorada en una constelación de resentimientos, negligencias, deshonestidades, eufemismos, empirismos profanos, decisiones inconclusas, miedos concesionados, diplomacias mal digeridas, corrupción conforme a la ley, orden confundido con memoria histórica, salvajismos tribales estéticamente amnésicos, sumisión circense para dogmatizar la palabra “pueblo” y de ignorancias altisonantes con los vanguardismos pretéritos de la libertad humana en un contexto de vida política en sociedad.

Un país dado a las muestras ubicuas de arrogancia providencial. Creemos estar a salvo del saldo progresivo de lagunas sísmicas. No lo fue ni lo será. Nada es para siempre. Nuestro optimismo irónico fue destruido por el despertar histriónico de las placas. Es un 27 de Febrero difícil de olvidar.

Iba a comenzar la gesta épica de las excusas y de los eufemismos diplomáticos. Un Estado de muerda conforme a rituales y costumbrismos atávicos. Un uso oxidado del lenguaje humano para inmunizar responsabilidades políticas. La democracia representativa ha olvidado la filosofía de la experiencia.

Aprovechamos la sociedad del espectáculo y sus plataformas de narración masiva, porque, ahora, cada ciudadano chileno, sobre todo, de las regiones del centro-sur adquiría una autoridad implícita de que las instituciones no funcionaron.

Febrero 27



Un hoy atiborrado de momentos laberinticos. Ansias de dominación planetaria en cuanto a cómo lograr un cierto control en nuestras vidas. Creemos tenerlo. Sin duda, no es así como lo vivimos a diario. Sugerencias catastróficas del indulgente lenguaje humano.

Lo patético del poder popular verbalizando momentos geológicos. El pueblo, en este sentido, carecía de las básicas condiciones de interconexión comunicativa. La telefonía móvil se comporto de una manera burda. Quejidos en lo insondable de la mente colectiva, si es que se puede hablar de mente, de los chilenos.
No se trata de construir míticas reminiscencias ideológicas sino que de confrontar el instante fecundo del sentido de realidad.

Ni reforma ni revolución pudo permear nuestro nativo terremoto. Sumidos en alucinantes estrategias de supervivencia axiológica. Un sentido protegido por la sociedad del espectáculo y de la globalización de bipedismos tribales. Tonterías y alevosías dudan de mis encarnados instantes de lucidez aristocráticas.

No hay Dios ni ley que pueda comprender las bondades deshonrosas de la condición humana cuando sufre de los efectos telúricos de un Terremoto. Incluso hubo segunda vuelta. Propuestas éticas dadas a equivocarse.

Un viernes digno de ser tratado como un problema narrativo. Después del Viernes de esa semana, el diluvio. Algo de reminiscencia rusa nos viene bien para nuestra destruida autoestima colectiva. Chile quería ser mayor. Uno debe aligerar esa sensación que se tiene de perderlo todo.

Febrero 27


. Simples sucesos de fértil curiosidad mística. De súbito, el infierno hecho verbo se vivió en el Chile de la sobreestimación colectiva. Un fenómeno de la naturaleza cuyo bostezo enérgico fue un concluyente cataclismo urbano y, con ello, provocó una sugestiva congregación de cinismos urbanos. Finalmente, el plan regulador quedo sumido en una profunda indefinición emocional.

Esta catástrofe de colosales magnitudes abarcando desde Valparaíso hasta la región de la Araucanía, configuro un espectáculo de inclaudicable propósito estético, ético y fantasmagórico. Bastante bien utilizado por la sociedad de la información dada a la farandulera solidaridad empresarial y a los mensajes radiales de pedantesca intención anarquista.

De Bachelet a Piñera nada personal. Mundos distintos con invocaciones entumecidas por el espíritu de los tiempos biológicos. Una nomenclatura de pragmatismos forzados y de hambrientas utopías de exilios teutones. Instituciones republicanos sobrepasadas por los tiempos geológicos del cataclismo telúrico. A lo más, melosas palabras de buena crianza generacional.

Fueron, en el diminuto acontecer hogareño, 90 segundos de histeria colectiva subsidiada por rezos al Dios ausente, sugerente y paganizado, emociones resignadas a los desmadres geológicos del planeta Tierra, acusaciones furtivas a la felicidad humana y la tensa calma de una beata ventosidad.

La obviedad posterior de un tsunami sería la más absoluta sumisión a la poética del poder marítimo, en eso, los otros, los poderes establecidos por el Pueblo, una ironía de la historia, acusaron un evidente estado de cansancio encefálico, administrativo y de opulencia periodística.
Ya no sé lo que significa vivir con sentido. Esa palabra de evidente carga genealógica, no obstante su sesgo humano, fue una constelación de rituales olvidados por el lenguaje humano de las emociones. Eso sentí ese día.

Volverse tan irónico como una gota de agua en el océano. Aquel día viernes significo un algo que llego a su fin. Un fin poco seguro de sus verdades históricas, en esto, Febrero ha sido la furia del poderoso. Ese personaje vestido con la inocencia salvaje del tiempo.

Encarnado en grotescas aspiraciones cotidianas a su vez penetrando remotos paisajes geológicos. Palabras carente de significaciones mundanas pero de irónicas intuiciones históricas. Acá estaba en juego la omnipresencia del silencioso actuar lirico del terremoto. Tenía miedo.

Febrero 27



Volvía y retrocedía en mi quehacer cotidiano a esas horas de la noche, dormir con cierto placer inquisidor. No podía hacerlo producto de la congregación de bipedismos etílicos en la casa de al lado. Mis vecinos tenían sed de vivir. Alcohol, obviedades sensuales y lujuria por saber cualquier cosa atesoraban esas personas.
Lo atesoraba como mera rutina el escucharlos. Pero, eso, desaparecio radicalmente con el paso de los minutos.

Mucho ruido e inicuas tonterías percibían en la oscuridad diluida de nuestro dormitorio. Tembló algo de oscura comprensión para el entendimiento humano, poner orden en nuestra vida. Eso se hizo carne, prontamente, con la consabida seguridad de la caída de los relatos familiares. Y tembló apasionadamente.
Precoces engaños del tiempo cronológico cuando empezó a temblar. Miedos, tensiones y psicologías de dudosa reputación bibliográficas.

Incluso, ese tiempo, se diluía en interminables cruzadas éticas, a medida que la dinámica de mis cuidadas sabanas hacía patria en todo el sugerente espacio abdominal de mi progresista cuerpo humano. Estaba superado por las alocuciones silenciosas de mis fragancias de bohemia veraniega.

Repentinamente, mi familia empezó a gritar con las ansias de no perderlo todo. Veía un veraz sufrimiento de perderlo todo. Existía, ahí, una absoluta resignación a lo que se iba. No sabía cómo iniciar ese retorno sin vuelta.

Ciertas alucinaciones dadas por el corruptor Tiempo, no es dramático que suceda, esa ilusión que siempre se va. Salvo, para los vecinos de la casa esquina, estos, disfrutaban de los pecados capitales, y jugaban a las emociones no confesadas de una silenciosa entrevista con las palabras.

Pero, insisto, ellos, eran un complemento a la tormentosa guerra instituida como tal con las profundidades de mi jadeante alma. Un día que se va. Adiós a los espasmos ideológicos del frugal febrero. Andando en los mentideros insobornables del instante vivido.

Febrero 27

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Mi dormitorio y yo confluíamos en el instante mismo de las cadenas del destino, y considerar que es más barato y más divertido. Febrero dijo “presente” en este ritual olvidado. Ni el más claro devenir podía establecer una genealogía de la moral desde la ilusoria realidad en que vivía.

Tonterías riquísimas en idiotismos epidérmicos que giraban en un mismo lugar e intuiciones demócratas que estremecían mis juergas vocacionales mientras me acostaba con la sensación de saberme un siniestro aprendiz de ficciones bohemias. Olor a pueblo difundía ese lugar de los espacios raros alternándolo con suaves melodías de clamor onírico.

Todo se mantenía con cierta tranquilidad, que en cualquier momento rompía con lo hecho recuperable por las precedentes generaciones ciudadanas, hasta que el roncar decidido de mi hermano convoco a una nueva forma de hacer política, política con las sabanas de mi cama.

Seres, esos bípedos de demencias múltiples, cuyos espejismos engañosos para construir mundos en penumbras son un agasajo difícil de olvidar con la consecuente lógica implacable de Occidente.
Tentativas de revolución lúdica al interpretar “realidades” humanas, por eso mismo, la lógica implacable de Occidente para sesgar nuestro incierto destino conforma una obra de arte en movimiento.

Algo indescifrable iba a ocurrir, defecar en la madrugada del sábado 27 de febrero con la huida de los capitalismos del inodoro. Fui bastante ansioso en limpiar los retrocesos culturales de ese atávico sector del cuerpo humano.

Con todas estas cavilaciones de “picunche” contenido existencial renuncie a mis miedos bulliciosos, y apunte a los otros. Esos miedos no bulliciosos que protagonizaron una interesante confrontación narrativa con el Terror del terremoto que nos sacudió ese 27 de Febrero del presente año.

Nadie esperaba esas estridencias éticas de la laguna sísmica situada en aquellas vastas regiones de un país llamado Chile.

Febrero 27



Cómo aligerar el peso emocional de cada experiencia humana muda cuando no pensamos. No sabía el porqué de esa decisión pero quería manifestarla lo más pronto posible. Para no perder la distancia con lo que atormentaba a mis propósitos éticos, arraigarme en la indiferencia sumisa de mi habitual dormitorio de subversión histórica era un objetivo que debía conseguir.

No voy a escapar de mi destino, son verdaderas alertas de lo que ocurre en los momentos respetables del permanente fluir emocional, que son influencias de inevitable arbitrariedad mundana, y algo más. Como lo cambia todo el momento.
Mis 27 años convertían todo lo vivido en silenciosas sombras de sueños ilusorios. Inducciones sagradas al estar al lado de la música de los ilustres siniestros, un reloj que mentía sobre la edad del Universo.

Esa casa, tratada como tal desde la vereda emergente de la comuna de la Granja, era el prologo de mis menesterosas ganas de jugar con las horas de la existencia veraniega dada a confidenciarse con mi dormitorio. Majestuosas condiciones de sobrevalorada humanidad cuando sufrimos sin dignidad de serlos. Estaba feneciendo minuto a minuto con el hogar de los sugerentes domésticos. Soprole ofrecía sus recursos retóricos, y algo de primitivismo afectuoso, la leche.

Llovía constantemente en los recuerdos nostálgicos de una noche de verano invocándola con mis años de adolescencia influenciada por la culpa. Creía, yo, estar pensando pero eso es demasiado riesgoso para lo mundano de vivir.

De súbito, entonces, me dieron unas ganas de ir a comer, a esa hora. Era un poco estético hacerlo pero finalmente, opte por el capitalismo humanizado de la “soprole”. Un amigo de sigiloso conversar siempre ha estado conmigo, el refrigerador de insumiso clamor culinario. Antes de partir, fui a acostarme a mi cama descanse enigmáticamente por haberme lanzado patentado la gula lechera. Eran las 3 de la mañana.

Algo de proféticas mentiras, engaños y disfraces que pululan entre los mamíferos de mediana magnitud encefálica, seguía tomando leche, y susurran instantes. Un enfurecido silencio nos pidió la palabra, saber oír la palabra inicial encarnada en ese lugar, hacer de esa realidad una epifanía. Quedo demostrado después. Enamorados de sus propias opulencias cínicas.

Subsidian al estar con una visión rentista de la existencia. Quieren ser mayor haciendo uso del poder e influencia de todo espacio gregario tributario de pecado y de domesticado vicio.

jueves, 25 de marzo de 2010

Febrero 27




Pero queda vulnerable, cara a cara, con los gritos geológicos de una tal placa de Nazca. Sereno, complaciente y equilibrado es un sitio para los decesos conceptuales de Febrero siendo 27. Ambos carecen, acá radica lo interesante, de una visión integral de la sociedad que va surgiendo conforme el paso de los tiempos históricos, planetarios y biopoliticos.

Son los hallazgos de las nubes del tiempo en cuestiones geológico-políticas. Algo de eternidad revestida de filosofía de la experiencia y de relatos en off. El arco de las constelaciones republicanas encadenaba nuestros aburridos destinos icónico asimismo queremos responder a esa percepción de ir perdiéndolo todo.

Ocurrió en un Chile de espejismos soberanos. Y la política como tal se sintió vulnerable. Sus representantes del poder soberano injuriaban a la geología del cinismo humano.
Automatismos psíquicos no comprenden los estados de narcisismo soberano endilgados a estos personajes. Pero el tiempo y su física de las posibilidades los ponen en su lugar. Sus propias vidas van hacia un viaje sin retorno.

Hubo que decidir sobre que opción asumir entre tantos muertos en medio de tantas perversiones históricas. Eso sucedió aquel viernes de propósito 27. Como cualquier día, en este caso, hubo ciertas ficciones humanas dignas de ser adaptadas a la historia demencial de Occidente.

Divagaba irresponsablemente por el semblante de mi propia sombra traslucida por el claro de luna hecho pecado capital con la sensación de perderlo todo que dejaba entrever el patio de mi casa. Mi casa era el hogar del existencialismo mismo, y la televisión por cable, sus asertivas narraciones literarias con sus inmoderadas convicciones familiares.

Bendita ignorancia de la filosofía de la experiencia. Antes de partir, el diluvio cotidiano. Muchos apellidos de hegemonías demócratas caminaron por estos desiertos estrellados durante ese 27 de supuesto anochecer cotidiano. Nos llovería sobre mojado.

Febrero 27


.Nosotros los sublimes, los crédulos, los ingenuos, los solidarios, los irreflexivos en cuestiones de sensualismos ambulantes, los lúdicos ambulantes, los abominables pulsionales, los pies plano, los envidiosos que creen perderlo todo, los avaros de mandato religioso, los codiciosos que balbucean de sus propias convicciones históricas, los generosos sin fronteras ideológicas, los vociferantes decimonónicos, los engendros costumbristas divulgados durante esos tediosos días domingos, los eróticos junto a su decir coitocentista, los violadores de vanguardias culturales, los negligentes con vocación de servicio público, los deshonestos que objetan todo aquello que sea producto del libre albedrio, los ingeniosos dignos de ser oídos, los autoritarios de bipedismos dictatoriales y de llamadas telefónicas, los xenófobos en sus actos de habla, los supersticiosos tanto en la secularización como la religiosidad, los resilientes con su sobrecogedora ascensión a los panes terrenales y algo de autorrealización histórica, destinatarios del “poder soberano” embaucados por afirmaciones de conspiración discursiva, induce a engaños de prominentes estados de conciencia.

A quién creerle mientras, sin duda, sucede en cada uno de los poderes de promoción popular patentan, acceden e imponen una determinada realidad preestablecida y sobornada por individuos de intencional adecuación ideológica. No quieren hacer creer que nos veremos con la vida cara a cara.

Todos mienten. Una bella palabra con cierto hedor a tinieblas desiertas. Antídotos contra la insidia del aburrimiento. Sean de Derechas e Izquierdas. Construcciones sociales durante la confusa Revolución Francesa. Del amanecer a la decadencia de la modernidad en nuestros pensamientos vividos.

Mis ansias de totalización veraniega que desembarcan en estos aciagos momentos de confusión psíquica alternándolo con éticas enrarecidas en sus propios idiotismos hegemónicos. Las necesitamos para sentirnos parte de un ritual humanista, olvidado y guiar nuestras endemoniadas contradicciones internas.

De alguna manera, intentando asumir la elocuencia insumisa de la injusticia histórica de un fenómeno sísmico de difícil decisión predictiva. Fuimos castigados ante la más absoluta subyugación de lo acontecido. Una sublime indagación de un Febrero 27 sobre la naturaleza del hombre. Un ensordecedor alegato del lenguaje, que se hace al andar, incapacitado para verbalizar la secreta audacia del dolor humano.

Así, controlan nuestras inefables vidas, supuestamente, se convierte en el hallazgo más difícil de lograr, teniendo a la política como un asertivo exponente de alocuciones históricas. Un engañoso encantamiento de la política cuando se aleja de su pasado.

Febrero 27



Otra situación de hecho vivida en los minutos previos del desmadre de la Razón emergente, irrevocablemente, era lo que ignoraba el claroscuro de pensamientos ciudadanos, pronto a cumplirse, al teatral cambio de mando pronto a ironizarse en Marzo próximo. Ese país del No indeciso, extenuado, escéptico y fastidiado con los idiotismos vanguardistas del pensar temerario de los bipedismos múltiples, sobreviviendo con la política.

Incluyendo al consumidor Allende y al compañero Pinochet. Jugaron a imponer sus peculiares concepciones sobre la sociedad que querían masificar. Recuerdos de muchos estragos anidan los sentimientos de caótica calma. Pero la condición humana jamás se dejo convencer por esos pretextos siniestros. Un vía crucis a los incautos vivenciales, porqué no corrieron riesgos. Dignos exponentes del lenguaje humano ante la insumisión de los tiempos históricos del cambio como tal.

Aludo a la tensa calma de estos hombres, con un sagrado terror hacia el futuro de los consensos contraculturales, adicionalmente, esto impone algo de mordacidad a la condición humana, en lo tocante a las palabras y sus propias significaciones, existe un permanente desarraigado.

Te das cuenta, respecto a lo anterior, cuando escuchas, lees y oyes a los medios masivos de comunicación, la prensa escrita, los espacios radiales, las plataformas virtuales, los estudiantes universitarios en su velada asunción analítica y los momentos caricaturescos de las encuestas de opinión pública, congregan una confusión de herramientas comunicacionales. Mienten groseramente para hegemonizar necesidades emocionales adictivas, sus destinatarios son las personas de distinta índole encefálica.

Todos quieren asumir la hegemonía farandulera del psiquismo humano respecto al discurso prevaleciente, catástrofe nacional producto del Terremoto acontecido desde Febrero 27 a la más absoluta indefinición geológica; controlar nuestro libre albedrio a partir de generalizaciones empíricas inoculándolo con sesgadas interpretaciones melosas.

Toda interpretación de la realidad es un falseamiento de la misma. Se miente con sentido, y se conspira con intuiciones demócratas. Majestuosos hechizos artísticos, se constata la realidad del inefable Febrero mientras sucede, sugeridos, insinuados, silenciados, observados, balbuceados por los Instantes.

Febrero 27




Tratando de responder a los absurdos competentes del tiempo que fluían implacablemente en el concierto de pensamientos considerados durante un día en Febrero. A la distancia somos raros espectadores de optimismos irónicos. Su majestuosidad humana radica en que aconteció, momentáneamente.
Mágico, imperecedero y laberintico estando en la unidad siniestra qué corrompe bipedismos estivales. Me causa regocijo esa identidad desconocida, ese soy yo, se hacen indómitos esfuerzos emocionales, una tempestad sísmica apareció con sus traslúcidos sacrificios estatales, con las capitulaciones estéticas, valoricas, culturales, éticas, afectivas y cínicas del caso.

Mí Febrero y yo estuvieron al borde de la loca aventura de la fe qué apreciada sensación de irrealidad cuando observo cualquier cosa. Todavía Tamara me llama al móvil.

Decidido a entender porque nada es para siempre. Su duración, en la vida misma de los seres humanos, era lo que se demoraba una ventosidad en explicarse. Hay días dignos de ser vividos como abismos pensantes. Mi identidad velada. Ese 27 de Febrero lo fue ardorosamente.

Un deslumbramiento de amar la vida, sin lógica, sin razón. A lo que los rituales de Occidente no entienden las alegóricas manifestaciones de poder místico que nos obsequia el Universo enumerando la infinita secuencia de construcciones humanas, en esto, en simples signos de exilios racionalistas.

Penetró con todo su colorido valorico. Algo de trascendencia en cada heterodoxa hora asumida en la cosmovisión mental de Occidente. La historia cultural de Occidente perpetrando realidades alegóricas. Silenciosas violencias en cada peso emocional que vertía en la animalidad de mis pensamientos vividos. Una voz entumecida pronuncia una advertencia de infinita inocencia sísmica.

Algunos poseen la inmanencia mística de ser dignos de su propio sufrimiento. Mis ficciones domesticas, nutriéndose de esos dignos días de ser vividos, atormentadas por no ser exultantes alegorías de milagros inesperados, y su objetivo es entrevistarse sobre la existencia súbita que aparece en cada experiencia muda mientras vivo.

Ayudo este día a su aleccionador viaje por los mudos paisajes de la conciencia. Es estar en el peligro de estar vivo. El ultimo eslabón de una sobrevalorada humanidad en caída. Cuestionables engaños del Tiempo en cuanto a su inclinación a corromper estados de ánimo. Ese suplicio de cuestionarse todo aquello que va envejeciendo. Ese secreto de Febrero 27.

Febrero 27



La puta necesidad de sentirnos vanagloriados por los rituales de Occidente, y del Ocde. Son meretrices ansiosas por fama, honor y divertimiento. Ni la Derecha ni la Izquierda quieren volverse tan locos en cuanto a la necesidad de sentirse partes de un ritual no ensayado. No es grato no negociar directamente con los distintos ropajes de aprendizaje significativo de la realidad humana.

Es la parte más pesada pensar con el suficiente riesgo respecto a los estados de ánimo cuando estamos navegando por situaciones límites. Y sí que lo fue ese Febrero 27, basto su aparición cargada de automatismos libertarios.

Dimensione, ese estado de cosas, con milagros inesperados acontecidos esa noche. Tiene que ver con las emociones que no están a la altura del conflicto. Un día de oscura obediencia sensualista. Cagando en la república de las ideas asesinas, el Hoy, obtuve un pasaporte al paraíso de los consensos libertarios.

Mis ficciones narrativas, en todo aquello que había vivido semanas atrás, en un país de los absurdos bioeticos y anónimos, con sus propias tratativas de farsa costumbrista cuando invocan al abstruso “Pueblo”, me ofrecían algo de autorrealización.

Decidí oír su voz. La de la naturaleza salvaje cuando habla. Mi Voz interior. Dios ha tenido extraños coincidentes conmigo, y la razón humana no sabe jugar ese juego de opulencias reflexivas. Muchos rumbos inciertos cuando hay que empezar a mirarse impiadosamente. Un terror sagrado a los pecados capitales de Febrero.

Descubriendo lo temerario de saberse un especulativo personaje del mundo como motor de conflicto planetario. Demencias veraniegas cuando divagamos. Por lo menos, estoy vivo en y por Febrero 27, y susurro realidades. Esa experiencia de oscura asunción psíquica, si es que puedo denominarlo así.

Febrero 27




Había un reputado aprendiz de anónimos épicos, los alegatos del perro labrador en contra de lo que observaba indulgentemente los desequilibrios planetarios que ofrecían nuestras calles un viernes en la noche. Las personas son unas estúpidas cómplices de un contrato social mudo.

Ese bello perro se llama “Pablo”, un pertinaz guerrillero de percepciones intramundanas. Trashumancias vividas al fragor de bipedismos revolucionarias, la ley de la selva.

Halagos a su atesorable capacidad de dialogo diferenciado, tanto con los peros de distinta riqueza vellosa, como con los extraños seres de los bipedismos múltiples. Un hipócrita observador de realidades urbanas mudas.

Le gustaba el rock “Glam” del maestro David Bowie al vecino, y teniendo como mascota a su perro podía combinar sus propias vilezas antropogenicas con sus necesidades emocionales adictivas. Es una buena persona don Alberto. Le interesa el dolor humano pero no sus conversaciones.
Eso, mientras tanto, su acompañante de momentos callejeros, Pablo, decía a través de su taciturna cola de reluciente candor gregario todo aquello que el lenguaje humano no puede decodificar. La movía con un alegría extrema y se mantenía quieto mientras duraba la canción junto a su amo de mandato progresista, don Ricardo.

Su afán de verosimilitud significaba confiar al mundo humano sus boatos del poder minimalista. Ese perro es un resumen de creacionismos pulsionales. Un auténtico aprendiz de opulencias lingüísticas. Quería a ese labrador. Acudía a los felices momentos de crianza irracional.

Sus amigos del barrio lo pueden hacer desaparecer, porque no faltaban los imbéciles de salarios neoliberales que despreciaban los equilibrios callejeros-melódicos dados en cualquier noche de verano tardío, Febrero 27. Cómica percepción de realidad. Quería entender las sinrazones salomónicas del vivir con sentido.

En esto, nuestro labrador, sabía lo que tenía que hacer, sentido práctico y enamorarse de la realidad. Hacía muy bien su trabajo. Me parecía que Dios está resignado a su propia omnipresencia vocacional. Intuiciones invertidas para construir momentos.
Asumí la clara decisión, si se puede decir eso, que Pablo era un malvado espectador abstracto de lo que acontecía alrededor del barrio y, más aun, era un continuador de la obra caótica, verosímil y descriptiva del Universo. Lo admire por esa indulgente paciencia para tolerar el lenguaje privado humano.

Febrero 27 con sus valiosas tonterias

Decir algo es ser esclavo de tus nativos silenciosos. Amigos y enemigos íntimos intimidan con la ciudad sin límites. Ganadores y derrotados asumen sus estrategias afectivas. Negocian con la realidad psíquica en concreto, es decir, con aquello de compleja aceptación clásica pero de infatigable condicionamiento cultural.

Todo lo anterior dicho, lo trabajé con la realidad mientras defecaba silenciosamente en aquel baño de señorial aspecto higiénico. Algo de autocomplacencia cuando el olor mismo se diluía hacia el sur.

Terremotos y oxidados sismos juegan este juego inmerso en ese experimento llamado vida. Inexorablemente, aparecen y desaparecen, las horas del tratar acéfalo, cuyos efectos generacionales reorientan el sentido mismo de las decadencias y las retaguardias históricas. Amaneceres dudosos de su infabilidad vocacional y atardeceres tratados insumisamente como seres felices llenos de dolor.

Acá, las horas, minutos, segundos, años, décadas, siglos acuden al lugar de los hechos consumados arraigados en las profundidades de mis inconfesadas sensibilidades socializantes, envejecer. Decretando decesos vivenciales. Dificultades para poder verbalizar lo visto por alguien dado a los eufemismos culturales.

Pero, continuamente, esperaba que la fuerza indecorosa del corazón me ayudara a construir realidades de distinta matriz cósmica. Lo logre. Sin embargo, llegaba el momento de las decisiones finales.
Es solo una cuestión de actitud hacerlo junto a Febrero 27, tanto reírse de su fracaso, como burlarse de su propósito.

Barajar opciones para confesar lo que uno siente. Con esos delirios de no poder describirlo todo, ese día estuvo embargado por largos pasajes de un anochecer que se hacía adulto, lo experimente con cierto desdén lúdico, por nuestras anchos pero cautivos pasajes de la villa a la cual pertenezco, villa Santa Claudia, un pequeño paréntesis de lo que se tejía en los otros mundos del más ahí.

domingo, 14 de marzo de 2010

27 de Febrero

Estaba molesto con los hombres. Era un 27 de Febrero. Viviéndonos en las postrimerías de nuestros desvaríos veraniegos. Un día que busca su destino y, ante todo, su libre albedrio. Fue un día en que la noche misma y sus vanidades cósmicas precedían a lo que iba a lograr, envejecer. Una noche acompañada del infértil instante de nativo aburrimiento. Hacía calor.

Mienten lo que dicen que Febrero está dispuesto a no correr riesgos atmosféricos. Creí revelar algo de autorrealización al mirar todo aquello que se dibujaba, a esa hora, en el cielo. Aquí, la razón y el deseo, eran unos héroes anónimos de la historia cultural de Occidente.

Comenzaba un sábado de indescriptible clamor ético. Nuevos horizontes se abrían para penetrar avenidas de realidad. De repente, aparecieron situaciones de difícil trato con la realidad domestica que compete a un día sábado que se precia como tal.

Cuando observaba, antes de ir acostarme a mi cama, estaba cansado después de haber visto perder a Fernando González en las semifinales del torneo de tenis de Acapulco, ese claro de luna perteneciente a los equilibrios cósmicos del Universo veía que mi propia vida se agotaba en ese único instante de amanecer estival. Quise llorar, no pude hacerlo sin mis borgoñinas ficciones liceanas.

Era esa noche de subsidiada pertenencia chilena, y de rarezas psíquicas. Un Febrero 27, el día sábado y la noche estrellada era un trío de alucinaciones vocacionales. Mis interpretaciones ironizaban con mis finitas miserias circulares.
Jugaba a los encantos siniestros del lenguaje cuando observaba inefablemente las psicodélicas constelaciones de cuerpos celestes que caían a lo más extraño de mi ser, extraordinarias narraciones con el patio de mi casa. No quiero volverme un predecible espectador de eventualidades domesticas. Una intuición de mi destino.

Adicionalmente, un comentario aparte merece lo sucedido en los espacios físicos de mí alrededor urbano. Se llama la comuna de la Granja, el lugar de encuentro con los juegos de la existencia y con los juegos de Febrero, derivando ciegamente hacia un capitalismo confuso, ambiguo y callejero, en el caso de cómo las personas viven en dicha comuna sus miedos. Estas consideraciones sirven para aligerar la tensión de decirlo solo.

viernes, 5 de marzo de 2010

Bellas Artes



Para no tener la sensacion de no perderlo todo asumi observar al Bellas Artes. Fui, feliz, por eso, mi vida. Hubo una razon de vivir, y comprendi que habia llegado el momento de confrontarme con mi pasado.
Gentes que venden sus preciados talentos al destinatario que siempre va apurado, miradas de imperceptible clamor histórico, historias dadas por seres pero ansiosos por legitimar los pecados capitales, estudiantes universitarios buscando la “idea” que los haga menos miserables, cierto despertar de aquellos maniaco-depresivos en asiento del parque Forestal, poetas aletargados por la vorágine del tiempo, una caótica sensación de irrealidad cuando muchos caminantes hacen surcos al azar mientras asumen sus procesos de enjuiciamiento, mujeres dispuestas a cambiar de mirada al andar en sus estéticas bicicletas de absorción existencial, perros buscando un “quizá” dialógico con los hombres de buena voluntad, constelación de indigentes que abusan de la incompetencia del Mercado, bellas expresiones de evocar mundano relatados por el viajar mágico de un perro “labrador” junto a su amo, súbita intuición de la existencia al pensar sin sentido patriarcal, mujeres cuya riqueza etaria las convierte en una obra de arte en movimiento, la tragedia griega de esos momentos en que las parejas creen que todo es para siempre, vanguardias costumbristas del Chile anónimo en cada esquina del Bellas Artes, sueños de libertad del vendedor de helados, complicidades de los pastos del Forestal y las profundidades del alma, hipócritas lectores haciendo uso de su nativo aburrimiento en las inmediaciones del rio Mapocho, mujeres confrontadas con sus propios dioses generacionales, silencios iníciales para seducir a mujeres de distinto rango vivencial, milagros inesperados en cada caminar errático por la selva amazónica de aquello que llamamos existencia cuando somos dignos de nuestro propio dolor, savia generacional de los pastos republicanos del parque Forestal cuando los chilenos deciden mirarse sin piedad, otros lectores de espíritu crítico ríen, ficciones urbanas cuando las personas democratizan sus actos de habla, eróticas instancias de hedor humano, ritualizacion de la sensualidad como un mero sucedáneo de frustraciones tercermundistas, creciente progresismo alternativo con su prolija ambigüedad pélvica, mujeres jugadas en su adopción de seducciones persónales, expresiones corporales cuyo evidente miedo por hacerse notar durante la gesta épica del “horario valle” y la insinuación de revoluciones lúdicas al compartir un pedantesco café de IPC oneroso siendo cómplice el barrio Lastarrea, son algunas de la tantas reminiscencias culturales que acontecen en esos espacios urbanos con la inveterada capacidad narcótica de su propio Universo callejero.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Cuando troto





Iniciando caótica actividad deportiva de inspiración terapéutica, trotar por la pista atlética del estadio Usach desde hace unos meses atrás durante el año pasado académico. Cómo agradezco haber adoptado este propósito terapéutico. Es una terapia mental para mis dispersos juicios históricos cuando evocan fragmentarias vacilaciones de un proceso irrecuperable.

En verdad, significa un salto cualitativo, cultural y existencial el simple hecho de trotar durante interminables minutos de experiencia vivida. Observo la fiel infinitud del Tiempo que transcurre entre mis advenedizos mensajes corporales.

Albergo, en la miseria misma del envejecer analítico, una odisea por confrontarme con mis demonios idiosincráticos.

Minutos envueltos en un haz de insinuaciones deportivas a su vez ese omnipresente cielo, que cada día acogía mis ensoñaciones mentales, invocando el principio de incertidumbre, mientras corría inspirado. Algo, de eso hay.

Troto con la realidad concreta del movimiento “en off”. Una jerarquización de mediaciones mundanas confluye en un saber ético alucinante, patente e irrecuperable: oír la mística descarnada de mis palpitaciones al superar la barrera psicológica de las 20 vueltas por la pista atlética Usach. Río convulsivamente y callo repentinamente.

Hacer esta actividad deportiva significa buscarme en estado límpido de mis rarezas reflexivas. Una exaltación de la vida. Le atribuyo un sentido misional a lo hecho durante semanas.
Afronto, tras, esto, un estado saludable de ensimismamiento espiritual con respecto a las problemáticas inherentes cuando se vive en sociedad.

Es menester, cuando troto, decir que ha sido un tero al destino asumir esta especie de terapia mental y consolidar una acotada miseria humana sabiéndome un ínfimo artificio multicelular en correspondencia a la expansiva adolescencia del Universo.

Entiendo el manojo de condicionamientos culturales que sujetan a un discurso de legitimación sedentaria, en esto, estoy jugando a romper los estadios mentales, éticos y mundanos con lo que emerge alrededor mío.

Siento una clara sensación de irrealidad cuando aspiro a vencer mis propias marcas de movimiento atlético, trotar. Un prudente trotar en la Usach es construir un embaucador pero heterodoxo futuro.

Naciendo Bellas Artes



Es un lugar en donde los mamíferos construyen su Ahora. No importa el lenguaje ni las palabras. Existe una riqueza etaria que permite ironizar sobre las bondades del capitalismo. Ante lo cual las personas germinan a Tú alrededor. Este antiguo barrio santiaguino ofrece incertidumbre, aventura y absurdo humor entre las personas que giran en sus extranjeros espacios vividos.

Acompaña también, con su habitual hermetismo urbano, una estación de metro etiquetada como la Línea 5 en dirección hacia el poniente perteneciente al Chile profundo pero perplejo con la consecuente vocación de miseria publica envuelto en una magna propuesta de disolución valorica, el Parque Forestal.

Hay mucho de que escribir, leer, observar y considerar de los pesados días de valiosas tonterías cuando las tribus urbanas verbalizan sus inescrutables ansias de dominación gregaria.

Un torrente de vivencias personales basadas en la activa observación de sus propias aventuras cotidianas en la soledad perdida del Bellas Artes, pues, así, no tengo la sensación de perderlo todo.

He sido un narrador infatigable al vivir propiamente conversaciones en el parque Forestal con sus absortos arboles de piedad infinita. Me sirven mucho estar ahí. Tengo encuentros cercanos con mujeres de mandato progresista. Emerge una multifacética actitud para dialogar sobre lo humano y sobre lo divino y algo más.

De repente, años atrás, cuando la década transcurría en la medianía cronológica, vientos de cambios intuidos por mí. En ese entonces era un empedernido cobarde estremeciendo a mis confesiones. Sin embargo, nada es para siempre ni siquiera para el Bellas Artes.

Evito, en este caso, las descripciones arquitectónicas, urbanas e ingenieriles, puesto que me declaro incompetente. No obstante quiero tratar de asumir una actitud contranatural con lo vivido en este lugar de la nueva novela chilena y de la poesía encarnada en esos barrios bebedores de la santa verdad.

Con Bellas Artes se anuncia algo digno de ser sufrido que tenga vida y muerte en esta vida personal velada por mí. El ángel del misterio mismo que evoca Bellas Artes ha sido un producto espiritual de difícil decisión en estos años de enfrentamiento confuso con mis minutos vividos y, aimismo, corren las distancias urbanas, y pienso en cualquier cosa, que haya vida, dispuesta a criticarse sin piedad en mis caminatas por Bellas Artes.

Leyendo



Estoy leyendo. Me aliviara. Estas 2 últimas semanas de Febrero he ido leyendo 5 horas diarias en el acogedor dormitorio al cual pertenezco, todavía. La humanidad está sobrevalorada. Amaneciendo y todo cambia el la creación de una belleza nueva cuando leo. Esos dilemas éticos encantan a las determinaciones inquisitivas del tiempo.

Convencido de las virtudes terapéuticas de leer para vivir asumí ciertas temáticas relacionadas con la experiencia humana desde sus diferentes perspectivas reflexivas.

Algunos instantes de efímero silencio preceden al hábito de simplemente leer, su íntimo oyente, la fragancia estival del dormitorio admirado por mis significaciones epidérmicas.

Cierta predilección por aquellos autores penetradores de laberintos, asertivos narradores de su propia filosofía de la experiencia, por las difusas relaciones de la política y la religión durante la revolución Francesa y la Gran Guerra, y entrevistas a poetas híbridos mediante sus adictas biografías.

De Borges, pasando por Voltaire, Diego Maquieria, Juan Emar a Jorge Edwards significa superar etapas de déficit atencional tras tantas tentativas de mediocridad mental en los surrealismos veraniegos de un baño que está al lado de tu dormitorio.

Me lavo los dientes después de 90 minutos de haber almorzado, y, luego, me dedico a leer capítulos ordenados por el “gran editor” dados a explicitar situaciones humanas en relatos inesperados. Leyendo construyo lentamente un antídoto contra el Tiempo.

Un día cualquiera leyendo acompaña al sequito de profanos aburrimientos. Menos miserable soy. Carcomiendo momento de letanía estival. En ocasiones, debo decirlo, me molesta el apocalíptico ruido de las llamadas telefónicas. A pesar de todo sigo leyendo a los maestros Borges, Voltaire y algunos más.

Estoy leyendo mientras percibo cierto hastío menesteroso cuya finalidad es rememorar algo de autorrealización, al mismo tiempo, divagar sobre la interpretación simbólica de la Parábola de los Talentos

Avanzo intermitentemente por páginas que silencian mis tentativas de sobrevalorado entendimiento humano. Rio sobre la implacable astucia del tiempo. Quiero seguir estableciendo una constelación de hipócritas lectores imaginarios, mi pensamiento vivido.

Condenso esas lecturas con el secreto de confesión de mi vacilante dormitorio en correspondencia con ese libre albedrio de nunca acabar. Estoy leyendo a la ética de los desorientados, mis ventosidades. Agradezco, al fin y al cabo, a lo absurdo de saciarse sin libertad de espíritu.

Para considerar que los libros asombran, y este Febrero calla. Dispuesto a seguir leyendo a pesar que el mundo humano apesta. Conversiones leídas con el mágico proceder azaroso del instante entendido.