lunes, 30 de marzo de 2009

Miseria humana aconteciendo

Mientras acontece mi emprendedora miseria humana siento, decididamente, en la conciencia misma de mi contemplar inmannete cosas que embargan enigmas de antaño.

Tejedor de espacios siderales que insinúan la senda epistolar de la vocación ansiada. El patetismo radical de pontificar sobre la moral social conforme a cánones cínicamente consensuados tanto por las esperanzas radicales como por el capitalismo liberal. Un buscador de realidades politica que connota un precario conocimiento moral. Vuelvo al destino errante del retorno pusilánime a la democracia. La estúpida actitud de considerar que sufrir es un mérito que va mas alla de las convenciones sociales.

Vivir es dialogar azarosamente con nuestra vana condición humana para creer que podemos desentrañara el conocimiento del universo. Un misterio que culmina en alucinación póstuma de los instantes precedidos de holocaustos sociales. Las sandeces embellecidas por el arcángel prejuicio que anida en Chile.


En efecto, debe haber siempre una actitud de anarquía intelectual respecto a lo pensamos, esto es, un análisis critico de lo que se nos presenta súbitamente tanto de la percepción sensible de las intrigantes apariencias como del proceso consiente y, al parecer, deliberado del uso especulativo de la razon para develar la naturaleza subyacente de la realidad, en este caso, volver la mirada hacia el enigma petrificador que denota la politica que, en principio, alude a una vocación intencionada de servicio publico.

Lo importante es amar la aventura despótica por conocer. Las demostraciones cansan a la verdad. Aprender a pensar en la insidia condescendiente de esta dinámica social de la democracia liberal nos insta a elaborar estrategias de aprendizaje educacional para permitir una dimensión real de las problematicas que prevalecen en las impudicias del Ahora. Este Ahora resulta ser el pais del joven Alberto. Por lo mismo, que no es algo que favorezca a quienes se dedican a la trepanación cotidiana de los cerebros y las almas con fines exactamente opuestos.


Esos subyugadores asi como ampulosos atardeceres que poetizaban con la ansiedad autodestructiva de Alberto. Este era, que duda cabe, un rasgo psicológico intrinseco a su estar ahí respecto a los asuntos domésticos que le toco desempeñar.


Para amenizar, por momentos, este sinuoso ensayo de indeterminada finalidad vitalista, en esta ocasión, aludo, por ejemplo, a aquel año, miserable en tragedias embellecidas por el estudio y la meditacion, en la escuela, que sus esforzados padres eligieron, ante la escasez de la igualdad de oportunidades en su pais divulgador del snobismo historico, de la entronización de la estupidez con énfasis sumido en propósitos socializantes y alegoría perturbadora de destilar mierda con ventilador a todo atisbo de lucidez intelectual en lo relacionado a conceptualizar el legado autoritario del pais de los desorientados.

cuando la Universidad era existencia?

Cuando pasa, eso, opto por clarificar mi lactante existencia. Lo cual mi pintoresca Usach ha servido como un agente catalizador de incertidumbres vocacionales. Es bastante esclarecedor, perspicaz y adictivo relatar los hechos narrados del experimento llamado Universidad. Existe un discurso de dominación social.

En esto, esta Universidad busca afanosamente atribuirse un efímero dogma de excelencia moral para tranquilizar a los ilusos conscientes evocadores de sus respectivas miserias culturales. Lamentablemente, este estado de cosas ha permitido hacer durante democracia un holocausto de digresiones ideológicas.

Todo tiende a la fragmentación cuando insisto por darle un orden a mi vida. Tengo unos siniestros deseos de mantener la idea que me permita luchar por lo que creo. No es mucho pero ayuda a depurar mis ansias de dudar.

Por lo menos, se ha ido asimilando un paisaje de místicos ensueños urbanos que confrontan nuestro universo psíquico. A la loca idea de creerse un ilustre controlador de lo que sucede en el ensordecedor desasosiego del inescrutable mundo exterior. Estamos viviendo en la perenne mediocridad de un modelo cultural dispuesto a hacer del riesgo y la incertidumbre un estremecimiento moral de lo que no se sabe.

Algo hay de interesante, potente y embellecedor cuando busco, incesantemente, en la política preguntas y respuestas para comprender la evolución humana que se manifiesta en la delectación de los asuntos públicos conforme a su naturaleza social de subsistencia vital.

delirios veraniegos

Al parecer contemplar desde la vereda del frente aquel espacio sagrado de excrecencias socializantes bajo el abismo purificador del eterno retorno del poder en su dimensión dialectico-historica no es sino una instancia reflexiva que nuestro pais como incipiente República ha sabido acrisolar ante el pragmatismo descarnado que le ha ofrecido el holocausto del tiempo.


Un saber etico que emerger desde el existencialismo sanguinario cuya mundanidad del conocerse emancipa aquel mundo de los desorientados que , en realidad, no hemos sabido comprehender a cabalidad.


Mirando desde la insobornable vereda del frente, en un Marzo que acontece, creo estar navegando por muros que que seducen a la nada con sus arrebatos de galopante temporalidad narrativa. Lo considero, incluso benévolo para construir , en esta sinrazon de occidente, realidades politicas provistas hipócritamente de intencionalidad vivencial , ante esto, las cuestiones fácticas y sus posibilidades que denota, en cambio, desde otra perspectiva este aparecer radical de igualitarismo universal supuestamente esclarezcan lo atinente a la soberanía popular, en este caso, suscita una diversidad de instancias civilizadoras, aun cuando, el contexto de acción historico nos sea interprete cabal de lo insinuado por los laberintos del pasado.


Ciertamente hay, que duda cabe, una esperanza radical en que este pasado reticente a creer en los paraísos soñados que garbosos, en su ufanidad visceral, aparentemente, cuyas peculiaridades retóricas infesto a las formas fácticas del acontecer politico.


Había una necesidad por conocer el universo desde el aspecto secuencial del nativo coexistir con el estado de desvarío vocacional a medida que albergaba una omnimoda discusión con sus padres. Se veía inmerso en la comunidad lingüística de los desorientados por esta desafección radical de los sueños erigidos como los caminos de la memoria de su pais. La condición humana se refleja en su máximo divertimento, es decir, miente como acto subversivo respecto a las normas que satirizan concerniente a su absoluta futilidad para conocer.


Durante esos años de hipócrita transición intencionada, una manera de humanizar esas vacilaciones afectivas que eran una empedernida duda a traves del dialogo que fluía con sus compañeros de estudio en esa progresista enseñanza media que le toco vivir. Las formas analíticas del lenguaje ordinario que le perturbaba como el sin sentido de usar el lenguaje como instancia de confrontación dialogica.

En ello, cabe señalar, una incipiente pero permanente sensación de renuncia
sostenida, intensa y estereotipada a pensar que la teoría como evidencia universal e indubitable nos hará develar la cuestión moral de la política. Enamorarse de la realidad supone un acto de locura. Evocar mundos paralelos para construir senderos que relaten una epifania del peso d e la noche. Pues bien,, en este caso, por hacer del lenguaje una comunidad universal de formas esteticas en función de las necesidades holisticas de la politica.

lunes, 23 de marzo de 2009

incomodidad de un Marzo que se va

Es lo que hay. Esto pasa cuando tomamos la actitud de sabernos los paladines de la indubitable verdad de las libertades individuales ofrecidas a diestra y siniestra por la sociedad del espectaculo que ese inefable Marzo ofrecia en sus balcuceos vocacionales. Confusa desorientacion y abyecta ominision tematica.Para lo cual, espero manifestar la silenciosa transformacion vocacional que anido, en mi, mientras evocaba ciertos momentos de especificidad afectiva. Indefinidamente aspiro a sanar mis delirantes sujeciones familiares con relación al camino que voy construyendo cuando evoco, nítidamente, esos momentos que entrañan un amasijo de dudas creenciales. Hay tanto por hacer en mi vida que va muriendo, sigilosamente, junto a los días que vuelan como esa suave brisa de otoño que permea los lugares mas recónditos del jardín de vivencias que se intuyen caprichosamente.

Enfurecido y absorto en confusas estaciones del año, opte por incentivar a mí fluir inmanente que degrada mis obviedades crepusculares, desde entonces, sujetas por la crueldad desconsiderada de los embellecidos eventos de ruindad verbal protagonizados por mi familia. Necesito saber porque mi modo de ser ante el mundo exterior y sus contrariedades filosóficas constata una suerte de tendencia prevaleciente hacia el fallecimiento de todo cambio que adquiere sus vanas especulaciones narrativas.

Arrepentido por evitar el riesgo en las relaciones humanas conducentes a la expresa emancipación del libre albedrío que ese dios de los desorientados nos regalo generosamente. He estado, día tras día, examinando la manera de responder a la voz interior de mi inmanencia psicológica respecto a lo que ha sido mi individualidad existente en este complejo mundo de los ropajes afectivos.

Al parecer, dependiendo del cinismo que uno agrega a sus intenciones gregarias, abjuro de poseer un criterio claro y distinto para ir descubriendo cual es el sentido misional en este ocurrir vital llamdo vida. Por lo menos tengo la sutil complicidad del pétreo silencio del dios ausente en lo atinente al fluir alucinatorio de las circunstancias a la hora del camino. Vive años de vanas esperanzas cotidianas buscando un sentido dispensador de situaciones límites mientras seguía con la loca idea de cultivarme en la educación formal de los feudos vocacionales.

Años que me regalaron vida

Su sorpresa tuvo lugar tanto el 2004 como el 2005. Necesitaba una guía para confrontar al destino que los intersticios urbanos de esa vereda que siempre estaba al lado del camino, fuera una respuesta a lo que pedía enfermizamente. Sufría, dudaba, lloraba, reía, temía, esperaba, investigaba, ignoraba y predicaba todo aquello que con fragancia vida. Estaba corroído, poseído y mortificado por la galopante mediocridad en donde el fantasmagórico brindis de la copa de las asunciones familiares creía estar en el paraíso de las miserias siderales.


Ignoraba el deceso conductual de los ilustres puntajes de corte. Poco a poco, estando en una etapa de mustios ecos veraniegos, fui creciendo con mis fabulas de disensión amatoria. Recordaba, tímidamente, que al único que le debía algo era a un joven llamado Jaime.

Curiosamente, era yo pero en un formato menos transgresor, más candido y algo embelesado por diluir esas patéticas fascinaciones de moralidad patriarcal cuando surgían esas conversaciones, esas conversaciones a la deriva de espejismos culinarios.

Su director de orquesta era el día Domingo. Intuía, inconscientemente, que ese estado de cosas, vivido por mi, no era sino una clara demostración de que debía extirpar, navegar y difundir mi libre albedrío. Sabia de lo que era capaz cuando me propia un determinado puposito de insuficiencia mundana.

Este déficit de introspección mística aconteció en esos plausibles años espacios urbanos de Puente Alto y la Granja. Incluso seduje a mi lado aleccionador de ocio espiritual y afiance una elegante espera conmovedora en relación a lo que quería en mi futuro próximo. Era entrar a la Universidad. Tenia claro que me lo debía personalmente.

Además, mis papas se comportaron a la alturas de las circunstancias y, a la sazón, siempre adoptaron, independiente de sus miserias personales, un actuar valorico correspondiente con sus ganas de ver a su hijo feliz. Si bien feliz es de una desorientación estremecedora, yo, en ese sentido, entendía la angustia de mis papas respecto a ese estado de inactividad académica.

Veían que sus pupositos halagüeños para, ellos mismos, mitigar su infelicidad de sus presentes pasados estaba Siendo corrompido por el carácter alucinatorio del destino. Claro, intimidante y aclaratorio


No obstante el mosaico de vivencias psíquicas ocultas por el velo de ignorancia patriarcal fui adquiriendo una fuerza interior, haciéndome incólume a los dramas así como a la infelicidad garantizada acontecida en los pasillos gélidos de mi hogar. Iba aprendiendo a jamás tomarme en serio, aun cuando, en ocasiones, los eventos lo ameritaban. Con mucho humo e inopinados estallidos de asertividad discursiva vivía esos anónimos días de revolución silenciosa que anidaba en mi fuero interno.


La idea corroía los estratos más profundos de mi conciencia misma. Callaba lo que había que callar en esos inviernos de triste sujeción familiar pero obtenía, para mi, un entrañable deseo de aventurarme por los espacios raros de los mundos ordinarios en que vivía.

Riendome con algo que decir

Riendome en estos años de inconecia estremecida por los caminos inescrutables de la vida en sociedad. Por lo que, esta ir conociendo toda interpretacion que se hace de la vida, en tanto, esclareciemnto personal de opiniones motivadas por el caliz del omnipresente egoismo proyectado. Hay tanto por hacer. Mas aun, en mi Usach divagando ,necesariamente, por aguas turbulentas. Lo turbulento impele a desgustar, digerir y satisfacer mis miserias culturales.

Riendome de lo que significa compartir en una comunidad linguistica. Cuando pasa, eso, opto por clarificar mi lactante existencia. Lo cual mi pintoresca Usach ha servido como un agente catalizador de incertidumbres vocacionales. Es bastante esclarecedor, perspicaz y adictivo relatar los hechos narrados del experimento llamado Universidad. Existe un discurso de dominación social.

En esto, esta Universidad busca afanosamente atribuirse un efímero dogma de excelencia moral para tranquilizar a los ilusos conscientes evocadores de sus respectivas miserias culturales. Lamentablemente, este estado de cosas ha permitido hacer durante democracia un holocausto de digresiones ideológicas.

Todo tiende a la fragmentación cuando insisto por darle un orden a mi vida. Tengo unos siniestros deseos de mantener la idea que me permita luchar por lo que creo. No es mucho pero ayuda a depurar mis ansias de dudar.

Por lo menos, se ha ido asimilando un paisaje de místicos ensueños urbanos que confrontan nuestro universo psíquico. A la loca idea de creerse un ilustre controlador de lo que sucede en el ensordecedor desasosiego del inescrutable mundo exterior. Estamos viviendo en la perenne mediocridad de un modelo cultural dispuesto a hacer del riesgo y la incertidumbre un estremecimiento moral de lo que no se sabe.

Algo hay de interesante, potente y embellecedor cuando busco, incesantemente, en la política preguntas y respuestas para comprender la evolución humana que se manifiesta en la delectación de los asuntos públicos conforme a su naturaleza social de subsistencia vital.

Pensando sinsentido

Pensando en como la realidad se me escapa, facilmente, de las manos cuando tengo que interpretar secuencias incontables de hechos consumados por la corriente del tiempo y por el trabajo bien intencionado de ese experimento llamado vida. Cuando, sobre todo, estamos , constantemente, en busca de situaciones limites que embellezcan esos viajes ensoñadores hacia la construccion de un mundo. Eso creo, en definitiva, si creemos captar el arraigo pensantede lo mental cuando miro descuidadamente.

. Cuesta creer, en verdad, que, los que se dicen ser revolucionarios con el tono profético, pedante y proverbial que les caracteriza, tengan clara certeza de que estamos viviendo en una sociedad de la incertidumbre que cada día nos pide satirizar en aquellas verdades en que vivimos.

Estamos buscando protagonizar eventualidades cotidianas. Susurrando al oído, mientras paseo por las distraídas conversaciones de pasillo, en la inefable Usach de los espacios raros, un pasado que no me olvida. Bastante abstraído por saber el sinsentido de lo que hacemos.

Persisten los cuestionamientos acerca de lo que he hecho de mi vida. Escasos 26 años generan un frenesí de sinsentidos viscerales y una horda de desechos existenciales cuando lo indecible acontece silenciosamente.

Marzo fluye incesantemente, mientras disfruto la sofocante pedantería de los minutos que oxidan mi autodisciplina académica, por lo que, son tantas las situaciones, percepciones, deseos, abjuraciones y dudas que aparecen al fragor de lo que significa estar en la burbuja especulativa de la decadencia progresista cuando de piensa en algo mas allá de lo que ofrecen las quijotescas apariencias universitarias. Hay tanto por hacer. Sintomáticamente, que duda cabe, resulta bastante conveniente alegorizar esa constelación de vacíos vivénciales.

Por lo demás, estando presente que, de momento, Marzo, fluye se puede entender, conforme a lo que procura la decadencia progresista cuando piensa, por cierto, que desde su perspectiva teórica para consumir realidades junto a su estelar discurso de pedigrí mundano en lo tocante a entender y comprender una determinada visión de depuración axiológica y, a su vez, su correlato visceral y patriarcal con jóvenes adictos a la estupidez con énfasis, inexorablemente, ofrece la paz universal en decesos posmodernos. Ni siquiera se sabe.

Vaya uno a saber, posiblemente, si no estamos al borde de la histeria colectiva en idiotismos urbanos. En esto, mi amigo Marzo, solamente, se dedica a cumplir su vocación de un ansioso pasajero usando, en esta ocasión, ese Bus llamado año. Cuando se piensa se busca, inequívocamente, develar los intrincados secretos que fluyen en la realidad que construye el observador.

De momento, Marzo fluye

De momento, va aconteciendo Marzo con sus ecos veraniegos en constante disolución mundana. Escarbando con la idea de procurarme por naturaleza la lección que me da este advenedizo Marzo. Es un mes que permite, nuevamente, afrontar un año que juega a los caminos de la vida. Ante todo, un mes dispuesto a confraternizar con todo aquello que signifique cuestionarse las novelescas relaciones humanas. Bello, sencillo y profundo. Eso siento cuando pienso difusamente acerca de un inexistente futuro próximo. Esperando decididamente un amasijo de sucesos inesperados. Un futuro próximo que se vive previamente estudiando en la Usach cuyo ultimo año de vida universitaria no es sino una clara demostración de pasión, de absorción y de fascinación por peregrinar ese sueño llamado vida. Lo de último año de vida universitaria es una ficción antropológica. Simplemente, algo se tiene que hacer con ciertas tradiciones que castigan a nuestro hipotético gen del declamar inmanente del vivir sumido en la revolución.

Cualquier revolución que se precie como tal, para ellos, es hacer lo que su entrejido gregario- generacional les conmina a competir por lograr la hegemonía en el espacio público a través del discurso. Son pintorescas y remasterizadas tribus urbanas sedientas de activar las vanguardias culturales desde el inocuo estremecimiento senil de vanas asambleas universitarias atiborradas de egos en pura perdida histórica. Nadie tiene plena claridad de lo que se debe hacer pero, eso no importa, porque la cuestión es indicar, convulsivamente, carente de penetración analítica y de genio diagnosticador, al que encarna las culpas de este salvaje, impersonal y ruin sistema social de barbarismo valorico.


El problema se inicia cuando el entretejido sociocultural de las circunstancias históricas en que nos toca vivir significa estar, en presencia, de un entramado de intereses supuestos, de intrincadas hebras interrelacionadas entre civilizaciones contrastantes y de la disolución racional de ideologías convertidas en instrumentos de mutilación social derivan a una estado de permanente cambio de paradigma.