Enamorado de la vida

Enamorado de la vida
Acontece

sábado, 31 de enero de 2009

Alucinaciones cotidianas



Cuando quiero interpretar y explicar cualquier suceso humano que delimita la latente infelicidad que esculpimos al conectarnos con el otro, si es que nos escucha. Pero oír su voz implica jamás tomarse demasiado en serio.

 Tras haber disfrutado de una amena velada veraniega junto a los amigos de mi hermano pensé estar en otra dimensión de la realidad. Si es que podemos denominar realidad a lo que nos insta a intrigar al lenguaje, que los bípedos descubrieron.

Porque estaba evocando aquellos años de complejos éticos, así se jugaba  a negociar con la realidad, en donde pude protagonizar vastas expresiones de gestos profanos como miradas extrañas, es increíble lo que se puede lograr dialogando, sólo que esos jóvenes no vivían como si el universo estuviera expandiéndose.

Por si no lo saben, estudié 3 carreras distintas a lo que intento aprender ahora, a saber, la pedagogía. Lo cual ha sido un enriquecedor viaje a cuanta vida personal obtuve en mis locuaces y delirantes conversaciones ante los bares porteños, barrios universitarios repentinos y pedestres calles cerca de una estación de Metro, nunca supe de aburrimientos académicos.

Perduró una especial fijación sociológica por compartir, distendidamente, con los compañeros de contrastantes y progresivas miradas acerca de la miseria humana, porque la secuencia intrigante de palabras hechas a andar por esos jóvenes universitarios, coincidía con el ocaso de las grandes utopías.

La estupidez con énfasis y el bipedismo posdictadura tenuemente hacían aparición para enseñarnos, cultivarnos, cooptarnos y reírse de lo demencial, ya había sido implementando un plan global de políticas públicas en aquel país.

Es cierto que se diluye el aparecer radical de sus referentes discursivos, de cualquiera palabra creada esos muchachos podían estar al borde del abismo, todos tenían la secreta esperanza de construir algo que llegará a su fin.

Su esclarecimiento existencial, seguían siendo amigos de mi hermano, mientras vivían afanosamente los placeres mundanos de aquellas gregarias aglomeraciones ante la carne asado. Era interesante vivirlo y verbalizarlo.

Ante todo, había que cambiar la mirada acerca de lo que se era. En el caso particular, de mis arrebatos vivenciales, esperaba devorarme al fragor del cultivo sistemático del saber repentino que obsequiaba el ciclo sin fin como la evolución descarada de compañeros y personas desconocidas que atenuaban un ritual olvidado.


Aquellas conversaciones con ciertas personas fueron meras alucinaciones, según creo, cotidianas. Eso esta por verse. 

viernes, 30 de enero de 2009

Asuntos veraniegos



Posiblemente, espero pronto descubrirlo, el año pasado fue un evento de repentinos experimentaciones vivenciales. Para esto, no hay aula magna que explique el carácter alucinatorio del mundo.

Camino, respiro y percibo mientras divago por el patio de mi casa, habría tenido esa paz interior cuando iba a descansar, de momento, algunos minutos junto a lo que sucedió meses después.

Insisto en esa fantasmagórica actitud prevaleciente de las personas para conmemorar supuestos eventos masivos, éstos perpetúan el falso dilema de la catarsis colectiva de energúmenos vociferantes en constante emergencia. En realidad, un año nuevo es como cualquier día.

El destilar convulsivo, para aquello, de momentos personales que roban todo ropaje posible respecto a cuestionamientos veraniegos inacabados, sólo la vida se encarga de él.  

El aparecer radical de nuestras reminiscencias tercermundistas seduce a cuanto bípedo emprendedor, de lo que emerge desde la tribuna de una comunidad lingüística. Y lo somos envejeciendo.

Ante todo, tengo una sed insaciable de infinito. Harta nostalgia por lo que ya fue. Pero haré de esos inefables instantes de nativo aburrimiento psicodélico una belleza nueva, y con ello, seguiremos aportando desde el patio de mi hogar.

Todo aquello que ocurre alrededor del entorno significante del cual soy parte. En donde escribir es vivir en el abismo pavoroso de los límites del lenguaje que obsequia ciertos problemas veraniegos. Es devorarse cuando vives en una casa con estrictas dimensiones humanas.

No tengo necesidad de andar galopando por los espacios raros de mundanidad pública a bajo precio de mercado, porque es una cuestión de dignidad nadar a través de preguntas sin respuestas asignadas, en ocasiones, es interesante beber en los bares sagrados de la verdad estival. Por lo tanto, mostrarse y jamás darse por vencido. Para promover la disciplina espiritual en tiempos donde nadie observa a nadie.

Uno mismo se apresura a llenar vacíos existenciales cuando no se conoce constante flotación silenciosa de ser un breve comentario a medida que las respuestas se diluyen en la Vía Láctea.

Aquí insisto en el siguiente punto: esta bien saberse profanador de las plañideras sujeciones familiares de las cuales emanan insalvables discursos veraniegos que buscan su presencia concreta en aquel patio.


Voy a luchar denodadamente por encontrar algún juicio disperso, donde sea puente de enigmático acontecer humano, para comprender ciertos asuntos que nunca volverán. 

Cuestiones humanas y el año 2009

Somos jóvenes cautivos de la caótica rutina por el cáliz del envejecimiento expansivo durante este año. Puede que haya que enfrentarse con leyes laberínticas del destino, es atribuir una dimensión religiosa a la existencia humana. Hay tanto por narrar acerca de lo que acontece a medida que observamos. Puede que sean vastas mentiras como ficciones alegóricas sobre hacia dónde vamos, porque se inició un año.  

Es una epifanía sentirme un incauto sabedor en el pavor místico de un universo, en permanente absolución moral, sin darse cuenta de lo que te sucede, porque las personas no cambian.

Llorar, llorar y llorar en un té para tres. Como una intimidad poética cuando veo la simplicidad de mi espejo. En constante nitidez y autenticidad siendo acto de gratuidad simbólica, cuando lo descubro. Reconozco que esto lo aprendí de mis padres y de la abisal vida de las calles del bajo mundo del gran Fiodor Dostoievski.

Para cuestionarse lo que uno hace es una epifanía, todavía sentía algo de calor, aún cuando, era ya de noche, ese silencio omnipresente para danzar errantes obviedades era desorientador, durante un año nuevo que pasó.

Confieso que he vivido a la sombra de los rituales familiares que corroen la incertidumbre de hacer locuras. Para esto mismo, estuve caminando a través de las veredas públicas que ofreció una universidad pública. Hay alguien, según esto, que quiere respirar el azul de la libertad.

Somos adictos a mandatos que producen acontecimientos. Hasta cierto límite no hay vuelta atrás, ante esto, hay que asumir riesgos en busca de la verdad perdida. Por lo que la vida misma comienza a hablar.

Durante este mes de enero del año 2009 las personas no cambian, solo aparentan no estar en un telón de fondo.


jueves, 29 de enero de 2009

El No y sus juegos democráticos



En el país del No acontecen ciertos juegos tras el ocaso histórico de un modelo cultural explicativo-callejero de decesos cronológicos. Ahora, con el advenimiento de los juegos democráticos que les ofrecía con beneplácito el lenguaje ordinario junto a sus siniestras negociaciones con la realidad, iba a modificar el modo de acceder a la realidad democrática del ciudadano de carne y hueso.  

Persisten ciertas evocaciones melodramáticas respecto al instante en cierto día se nombró como plebiscito, cabe señalar que dicho país sigue existiendo ante el ciclo sin fin de la vida. Por esto mismo, el slogan declarativo ¡Chile, la alegría ya viene! sirvió para expresar necesariamente las condiciones de posibilidad que tuvieron los partidos políticos para condimentar, más en gourmet, a la naciente democracia.

Este país logró imponer una visionaria democracia y estable régimen político, gracias a la dictadura constitucional de 1980, debido a la agudeza de ser cómplices favorecidos en “off” de bastaste sosiego burocrático-procedimental.  En realidad, esta dictadura puede ser vista como virtud suprema de la “cosa pública”, donde en la antigua pero visionaria Roma se concebía como una magistratura de estirpe y estampa republicana.

Ahora bien, es necesario y urgente imponer o implementar otros juegos democráticos que abarquen cuantitativamente a más ciudadanos, así es como se gobierna siendo supersticioso, para comprender con augusta presencia los matices. Éstos son la esencia del arte de gobernar.

Es bastante esclarecedor y conmovedor lo mencionado en el párrafo anterior, como la voz de la mayoría silenciosa del Chile profundo, en todas sus vetas psicosociales e indicios gregarios, derivaron a una terapia generacional aún inacabada, no sabemos quiénes somos.

Digo, esto, por la sencilla razón de que conforme a los intereses que tengan los países pudientes y de vasta negociación milenaria, éstos, respecto a los países de otra dimensión milenaria, menos años para negociar a través de la experiencia de ensayo y error, respecto a los otros países, pronto irrumpirá la inteligencia artificial cotidiana.

Harto cinismo y bastante miopía ideológica se deja entrever entre las personas que están desacostumbradas al uso permanente de los monosílabos.

Pues bien, se legitima y se afianza el modelo de realidad prevaleciente impuesto por Pinochet, según la semántica R.A.E, es un revolucionario. Por esto mismo, hay que dejar en claro que la Concertación con su grandilocuente estallido de eficiencia ética acerca de lo que vivió, protagonizó, cooptó, manipuló, pactó, humanizó, envejeció, administró y experimentó, apreció el valor de la historia en “off“ y con adicción a las redes digitales sin vuelta atrás.

Toda interpretación de la realidad es un falseamiento de la misma. Más aun, con lo significa atribuir tradiciones, rituales, sujeciones histéricas, clichés antojadizos de utopías colectivas, conductas de condicionamiento social y supremacía moral a aquellos que se dicen, supuestamente, ser los únicos depositarios de las verdades sagradas, en otras palabras, todos mienten.


Pasan silenciosamente los años en este país de los juegos democráticos para mantener, consolidar y preservar el poder del No, tal vez.

El país del No


Son los juegos del lenguaje que giran en un mismo lugar, éstos nos sujetan, nos esclavizan, condicionan, esquematizan a un sistema de reglas en cualquier comunidad humana, en donde los hablantes construyan sucesos significadores y dispensadores de sentido, por lo que voy a hablar de una épica revolucionaria que significó filtrar nuestras miserias históricas.

Desde un país se permitió justificar todo lo anterior, también muchos sueldos, sufrimientos diversos, burocracias escolares, negociaciones suscritas con sus élites endogámicas y comprender que los “pie de página” generar una renta singular.

Es la historia de un amor, entre evolución y gradualidad, de un país en ciernes tras el ocaso de una dictadura militar que cumplió un momento, tanto de sangre que afloró como de risas inexpresables. Dicho de otra manera estamos en el país del No.

Nosotros somos ese mundo, pero con las miserias de fina selección y sus depuraciones cínicas, luego se vio constreñido al juego de hampones democráticos del que todos fueron cómplices. En la cual no es fácil construir un monosílabo.

Todo acontece en la batalla histórica de una simple palabra. Por lo menos, esa palabra cuya semántica ante el ocaso de las utopías colectivas de las élites burocráticas de la URSS con algunos países más y el advenimiento de verdades de pequeñas narrativas, que las reglas surrealistas impuestas por Pinochet condicionaron un estado de cosas en desarrollo.

Cuando Pinochet entrego la banda presidencial a Gabriel Valdés, él, luego la entregó al personaje Patricio Alywin, para legitimar la comedia humana, después se inició un entramado delirante de negociaciones, negaciones, hipócritas y transiciones ante la realidad humana en perpetua natalidad, como corolario, significó un acto de gratuidad simbólica y de obtención de una inescrutable minoría silenciosa.  Ésta se aproxima a la suma de tres millones de ciudadanos, ellos legitimaron glamorosamente a ese monosílabo, porque si bien no son los ganadores en las urnas pueden argumentar que el uso del lenguaje puede ser estéticamente callejero

Ahora bien, esas negociaciones al fragor de tensas manifestaciones ante el conflicto existente revolución y reforma, siendo que ninguno de los conglomerados o coaliciones políticas destacaban por tener ilustres profesores de gramática o filología, solo había que tener en cuenta la escasa experiencia histórica con respecto al sistema de equilibrio de poder, realismo político o razón de estado, ya que tenemos escasos 200 años de vida política.

Para esto, considero importante señalar, la fiesta de la democracia que instauró el país del No, con razonable aceptación, implicó una mayor penetración analítica y genio diagnosticador  para inventar cierto ritmo literario entre él y el Sí, lo que dicen en los círculos palaciegos y versallescos, es que Jaime Guzmán aparentaba no tener oído absoluto.

Este reputado guionista de fabulaciones filosóficas, jurídicas y políticas le tocó trabajar afanosamente para lograr su propósito literario y metafórico. Pero el país del No pudo reponerse, en parte, al Match Point milenario, diseñado e implementado por dicho personaje.

Porque dicho país construyó alianzas estratégicas con la libertad de expresión, con el proyecto de modernización capitalista impuesto por la dictadura militar, vigorizó la bancarización y democratización del consumo, inventó nuevas burocracias escolares, legisló para promover tipos de comportamiento moral en “off”, sedujo al lucro distanciándolo de la usura, adecuo a sus propios intereses religiosos la constitución política de 1980, perpetró cierto bipedismo pluricelular de derechas e izquierdas que legitimará las “segundas vueltas” y aprendió que el léxico revolucionario francés estaba todavía influenciado al sistema de partidos políticos que se aprobó en comentados plebiscitos vinculantes.

Un simple pero carismático monosílabo. Bastante emprendedor y escasamente dado a imponer semánticas milenarias, ni al fascismo de cualquier color político y tampoco asume la verdad revelada que el otro país sea un perdedor.

Hay mucha ingenuidad e imbecilidad de horario valle respecto a palabras y sus significados, muchos de los cuales creen creer que lo son: el pueblo, movimientos ciudadanos, movimientos sociales, sociedad civil, educación de calidad, centro político, la izquierda, la derecha, democracia, dictadura, igualdad, equidad, lucro, educación formal y los monosílabos que participan.


Alguien, olvidé su nombre, después de ver la película “El Rey León” entendió esto.

martes, 27 de enero de 2009

Sigue Alberto



Los caminos paralelos de una persona como cualquier otra, implica tener ciertas atenciones para poder desarrollar una clara aproximación al fenómeno de la vida humana, por un lado, a la necesidad de confianza de contraer ciertas responsabilidades personales ante el ciclo sin fin, por otro lado, los entrañables vericuetos que nacen de las aventuras del joven Alberto en su haber tanto existencial como vivencial con respecto a la naturaleza política del relato en tanto tal.

Ahora bien, estos exultantes caminos paralelos generan en el inexpresable rostro garboso, en pura pérdida de Alberto, un aspecto digno de ser narrado. Por ejemplo, cuando descansa en el movimiento ondulatorio del asiento que usa en el flemático viaje a Valparaíso, le seduce. Su estadía en dicha ciudad para entrevistarse estrepitosamente con la existencia lactante y política de su relato, hace de su vida una rémora de ferviente inclinación por lo minimalista.

Él considera que la política a través de los humanos vive un ocaso de incorregible creación soberana, porque no disimula su fascinación por las contradicciones enarboladas y, por cierto, acontecidas por la inminencia y posterior implementación  despótica de una civilización que sigue expandiéndose, a diario vislumbra que dicho viaje durante cierta historia lo acercara más a ella.

Para lubricar su realidad política en concreto, desde que sale a la calle hasta la manera cómo fornica con sus amigas, es la crudeza epistolar que invadió a millones de recuerdos atesorados por él.

Durante algunas semanas Alberto estuvo disfrutando de unas paradisíacas vacaciones, por decirlo de alguna manera, tras el término de cierto año académico, dejó ciertas huellas de nacimiento, entonces una curiosidad insaciable traspasó su enigmática silueta en medio de una ciudad.


Hace unos segundos hubo cambio de milenio, otros hablarían de cambio de siglo, él intuía la cínica verdad de ser demócrata, desde aquella mención a un calendario que vio, solo Alberto pensó en la posibilidad cierta enamorarse de la política como el espacio sagrado de los paraísos soñados, nuestra ciudad observa. 

Un relato necesario



Era un relato necesario hacerlo. De allí, aflora ciertos hechos narrados de una breve ficción que me acompaña en este experimento llamado vida. Por lo que, me propuse contar valiosas tonterías que pertenecían a este mundo.

Mi mundo de las disoluciones racionales. Donde el caos juega a desviarnos de lo queremos como individuos insertos en este universo expandiéndose. Para ello, todo sirve con tal de posibilitarnos como conectados a la loca belleza de existir.

Por lo mismo, volvemos al joven Alberto,  que quería hacer algo glamoroso por su país, ignoraba el modo más apropiado de lograrlo, eso sí, era su espacio sagrado, el relatarse como el protagonista de algo simbólico y cuestionarse todo suceso de verdad histórica en “on”, de todas maneras.

De esto, simultáneamente emerge intensamente como un rito de iniciación de inmanencia vivencial, en esos años de escasa sucesión democrática tras la caída de las grandes narrativas, más bien, de modo señorial obtuvo alguna ganancia vivencial porque aspiraba a envejecer con énfasis.

Ante esto, resulta inverosímil la capacidad de costumbre  del hombre para adecuar sus convicciones o referentes conforme a las circunstancias históricas, hay bastante poesía y prosa al respecto, para Alberto, ya existía una desafección radical respecto a despotricar inexorablemente ese relato.

Un cable a tierra para considerar, si es que lo hay, tanto el sustento epistemológico como teleológico de las dictaduras pluricelulares, sea de derecha o de izquierda, no obstante, éstas son tributarias del léxico revolucionario francés.

Por de pronto, navegando por barcos que se estrellan con la nada, era la visión escolar que lograba el joven Alberto sobre ese relato, se insinúa después del termino de clases, luego de haber vuelto al mundo real de lo existente, al fragor de su vasta inclinación al ocio espiritual, incluso lo hizo vislumbrar la tempestad colérica de las imágenes que ayer y mañana elucubró, en su lenguaje simbólico, significaba que el hombre no es, pues, sino disfraz, mentira e hipocresía tanto en sí mismo como respecto de los demás.

Concentraba la mirada en sí mismo, contemplando fervorosamente su destino acogedor, con los ojos abiertos y fijos durante esa época histórica folletinesca, llena o de sabiduría o de locura, que irradiaran amor o profunda maldad, daba lo mismo pensarlo cuando buscas hablar.

No había posibilidad de elección o deseo. Sólo existía la posibilidad de desearse a sí mismo, de desear el propio destino. Eso pensó que era lo que le podía ofrecer la política, su política, esa política, como la amante empedernida reticente a dejar seducirse, pero contra el destino nadie lo talla.

Había, sin lugar a duda, esos requerimientos éticos para adecuar a tantos amigos o que creen serlo, lo que no hizo olvidar aquel instigador balbuceo lucido de Alberto, cuando este dormía siesta de un país en ciernes, durante el día domingo, mencionó “¡el mejor invento de la vida es la muerte!”, entonces creía firmemente que muchos momentos jamás iban a desaparecer.


Emergía, entonces un relato necesario para calmar la punzante angustia de esclarecimiento existencial que aparecía, ahora bien,  cuando miro, veo y observo junto a Alberto mis endemoniados deseos místicos cuando se esculpe en el tiempo que gobierna mi mundo, solo tiendo a reírme sin piedad. 

viernes, 16 de enero de 2009

No lo sé



Bienvenidos al mundo humano de las disoluciones racionales y risas interminables. Les informo que dicho mundo es algo inescrutable pero justifica incentivos en nuestra cultura planetaria, por lo menos hemos depurado el lenguaje cotidiano. Sin embargo, ayer me avisaron, no podemos controlar al gobernante del universo: El tiempo. Aunque seguimos burdamente cual referente discursivo, de propia nuestra, pueda comprender esos idiotismos consensuados cuando el hombre empieza a pensar y a habitar la biosfera.

A cada momento, uno, cree, estar controlando la situación que nos obsequia, el azar y su adversario sofisticado, el destino. Para aniquilarse en los bares aciagos de la advenediza verdad de aula magna, desde ese país intentaron controlar al cosmos, después de lo publicado amigos míos, las personas no cambian.

Si nos enteráramos de la naturaleza del lenguaje ordinario, si es que exista esa existencia bizarra, tanto para captar como dimensionar la eclosión de prácticas lingüísticas diseminadas, tanto en los humanos que duermen y despiertan como en las consecuencias que subyacen al asunto bizarro.  

El uso de dicho lenguaje reside en jamás dejarse avasallar por alguna galaxia en especial, en verdad, si bien no hay claridad para eso, por lo menos, existen reglas que regula el aspecto lingüístico de la comunidad humana, siendo ciudadanos y consumidores a la vez, luego habrá bastante material narrativo que se comente.

Un bello misterio y enigmático negocio es escrutar en los encadenamientos conceptuales del lenguaje ordinario, porque es nuestra manera de expresarnos con la duda radical, en principio, de entendernos y comprendernos lo que decimos.

Un pasmoso acontecer de dudas e incertidumbres, desde el origen del homo sapiens y su realidad callejera. Para ello, está la competencia inexplicable e interesante de hablantes para construir una teoría del significado, a cualquier época le resulto necesario, por medio de un método efectivo. Por ejemplo, a nuestro favor tenemos la capacidad innata de pensar recursivamente.

Estaba en otra, pero sirve generar sinapsis en enero y hablar sobre el lenguaje humano porque es de absoluta importancia tener un nombre propio. Además, ayuda reírse a cualquier hora del mes captando la sempiterna fragilidad del cuerpo, pero como jóvenes que aún somos, nos cuesta entender eso.

Todo fluye y nada permanece. Por ahora, tener una agenda de adicciones personales como la tragedia griega que el otro debe limpiar rápidamente, solo servirá si usamos al silencio como una gran narrativa.


Eso se logra simplemente descubriendo, cultivando y observando los límites del lenguaje a través de la experiencia humana. Solo existe un problema capital ¿no lo sé?

miércoles, 14 de enero de 2009

El lenguaje de Año Nuevo



Toda realidad tiende a la fragmentación, suele ser humana, pero, en ocasiones, necesitamos de la fecunda incertidumbre que nos otorga la filosofía con todas sus vastas interpretaciones histórico-callejeras.. Para eso estudio, creo.

Desde la perspectiva teórica de alguien que genera sinapsis, algo que sigo estudiando a través de la pedagogía, es asumir un reto al destino contra de la letargo vivencial del bipedismo posdictadura, y no se reduce a lo político. Para cuestionarse respecto a lo que ocurre en el mundo adoptando una actitud de sospecha ante el ciclo sin fin, entre el pensamiento y la vida en sociedad, y con ello, construir momentos impregnados de valiosas tonterías.

Toda dominación social, en este estado de cosas efectivos, radica en el discurso de los hablantes ciudadanos. No obstante, el permanente estado de gradualidad cínica para albergar modelos culturales dominantes del imperialismo discursivo de los civilizatorios de Occidente, se expresa como una comedia de divagaciones entroncadas al lenguaje humano. Por lo menos, hay que personificar, cultivar y promover una ética de la responsabilidad, siendo que estamos en enero podemos aludir al año nuevo, según creo.

También, persistente día tras día, el arraigo visceral del año nuevo, durante un segundo transcurrido, al fragor de la galopante gula y el aleccionador de alcohol de pronta entrega.

Somos cómplices de jugar ese juego enigmático pero delirante de las relaciones humanas, éstas no pueden estar sujetas a realidades en “on”, que se escapan frenéticamente cuando nosotros y ellos usamos cierto lenguaje. Puede  reflexionarse lo siguiente: ¿el sinsentido de la vida puede ser obra del relato de un idiota con énfasis?


Aquella pregunta conduce a espejismos viajeros de cuantía mayor, tanto en “off” como en “on”, porque el lenguaje humano puede significar cualquier asunto cuya fragancia no sea necesariamente perpetrar un discurso hegemónico sobre un segundo, a saber, el año nuevo

lunes, 12 de enero de 2009

Imagen



 Me fascina esta foto. Es un torrente psicodélico de colores siderales. Lo que provoca, en mí, un caleidoscopio de juegos inefables con la conciencia humana, donde esta imagen que permanece ensimismada es una expresión de quietud demencial hacia lo que aconteció en ese año que se ha ido, respecto al joven que habla.

A partir de una imagen pagana, eso es interesante, percibo estar en nueva etapa de experimentación vivencial, lo intuyo a medida que camino por la senda insondable del pensar vivido, porque las personas no cambian.  

Juego a jugar, sin aspavientos democráticos ni tutelares, a ciertos desmadres de la razón iluminista y no tanto, y la imagen creadora sirve de consuelo como de excusa, para obsequiar una crítica sardónica a un mes que comienza, para sentir el influjo emancipador del buscar psicodélico.

Fue una bofetada a la patética adopción de discursos letárgicos y vehemencia folletinesca, en los últimos siglos así fue el actuar público y privado de la educación formal, por lo que dicho juego cumple con el mandato de producir acontecimientos, lo maravilloso que siga hablando esta imagen.

Es un algo que conocía la profundidad para dar un desasosiego de la fugacidad del instante presente, en un año más separarse de la especie por algo trascendental, servirá para nuestros intereses personales, juzgarse a través de colores muy familiarizados con la vorágine del tiempo cronológico.

Ignoro las condiciones biológicas, familiares, estéticas, callejeras y políticas de los comportamientos, actos, hábitos, tropismos o móviles extraños buscar para buscar aquello de lo cual sugiere el ciclo sin fin.

Y son nuestras propias debilidades vivenciales, todavía no lo reconocen los bípedos, aún no hay tesis doctoral que pueda ayudarnos al respecto, solo ver el carácter rítmico de unos colores entrelazados y superpuestos por la subjetividad mutilada del observador.

Hay decadentes adicciones que aleccionan este experimento llamado vida, solo que esta foto puede cumplir una edad distinta a la educación formal y “años de circo” respecto a su mapa genético por considerar.

Mientras escribo estas palabras concerniente a una imagen que ya observa a los humanos, todo fluye y nada permanece, siendo un caos que ordena las inveteradas verdades mutiladas, que se relatan durante nuestra insondable historia a través del planeta tierra que habitamos, solo nos superó la edad del universo.

Buscamos respuestas a las preguntas que nos hacemos como adictos a la observación y a la miseria humana LED y FULL HD, por ejemplo, ¿Y quien dice que somos mamíferos conforme a los mecanismos biológicos y genéticos que usamos para interpretar la realidad y, a su vez, el paso expansivo de la historia hace su trabajo? ¿Qué es actuar racionalmente, si hemos sido reputados exponentes del peso de la historia  como la incansable búsqueda de acceder a verdades reveladas en función de nuestras necesidades humanas? ¿Estamos solos y sonrientes en el universo? ¿De qué hablamos, cuando hablamos de amor? ¿Podemos, nosotros, determinar nuestro destino en tiempos donde nadie escucha a nadie? ¿Somos mutaciones aleatorias conforme a los encadenamientos evolutivos, vivenciales y callejeros del hombre en este planeta tierra? ¿La ciencia es un saber apodíctico o canónico que explica, describe y predice la realidad cabalmente?, ¿la educación es una simple construcción social de índole instruccional? o ¿estamos sujetos a los avatares conceptuales del lenguaje para penetrar los ríos laberínticos del mundo que amanece día tras día cuando se despierta? ¿La verdad se encuentra o se construye?


En fin, muchas preguntas nos permiten humanizar el lugar sagrado de nuestro ocurrir vital, esto es, como sujetos pensantes, o algún observador que vio nuestra imagen, con tal de zambullirnos por la incertidumbre, la duda, la incertezas y la ignorancia que pulula pomposamente.

sábado, 10 de enero de 2009

El silencio de una persona


Gracias a esta lumbrera del silenciar sinsentidos respecto al mundo que le tocó vivir en la que asumió la temeraria empresa ética de esclarecer filósofamente los problemas del significado que entraña el lenguaje.

Gracias que, dentro de mi pasmosa ignorancia acerca de su cuerpo filosófico, puedo considerar posible saberme protagonista de callar ante el permanente estado de perplejidad debido al mal uso del lenguaje. De la misma manera, su afinidad por el inefable silencio, que esta más allá de los límites del lenguaje, me seduce bastante.

Gracias por hacer de la filosofía una forma de vida conducente a la claridad y precisión de proposiciones. Y gracias por estar buscando esa insondable ignorancia del cual somos competidores los seres humanos. 

Ahora bien, también se da este estado de cosas con otras proposiciones, vale decir, “la ética y la estética son lo mismo” (6.421), así mismo, en este caso, de nada de lo que da sentido a la vida puede tratar el lenguaje. Lo religioso es lo místico. Lo indecible subyace como lo esta ahí, a su vez, es lo que esta más allá de los límites del lenguaje. 

Nos dice el autor al respecto “hay ciertamente lo inexpresable. Esto se muestra a sí mismo, es lo místico” (6.522). Acerca de lo dicho no puede hablarse. No es que ciertos problemas no puedan resolverse o contestarse determinadas preguntas. Ni tampoco el problema de la pregunta tiene sentido en cuanto expresada lingüísticamente, porque “si puede en general hacerse una pregunta, también es posible responderla “(6.5).

Lo interesante estriba cuando la duda puede existir cuando existe una pregunta, y esta cuando hay una respuesta, y esta a su vez, cuando se puede decir algo. Por lo tanto, no hay más preguntas con sentido que las preguntas científicas.

En resumen, las proposiciones no pueden expresar nada que se halle por encima de los hechos de mundo. Por consiguiente, la ética queda reducida en el silencio. En el espacio lingüístico de lo indecible.
No obstante lo cual, es necesario ahondar en las expresiones de valor y su carácter de sin sentido que he ido explicando anteriormente. 

No son sinsentido porque no tengan nada que decir como sucede con las tautologías, o porque no puedan decir nada, como sucede con las contradicciones. Tampoco son sinsentidos al modo de las proposiciones de las matemáticas y la lógica, que muestran la estructura posible del mundo pero no dicen absolutamente nada de el. Se parecen a las proposiciones de la filosofía. No representan figurativamente ni reflejan el mundo y sus hechos de modo alguno. Sus signos carecen de significado. Nos ayuda a tener la justa visión del mundo. Pero al tratar de hacerlo, tratan de ir más allá de los límites del lenguaje. Ahí reside su sinsentido

La razón de ser de esta distinción de lo decible y lo indecible radica en que en el no decir reside lo místico, esto es, ir más allá de los límites del lenguaje lo cual significa que el sinsentido de lo expresan dichas proposiciones están constreñidas a los avatares lingüísticos-analíticos de lo que dice el individuo. 

Las expresiones de valor absoluto, de lo milagroso y de lo místico, son sinsentidos porque aun no se ha encontrado una manera de expresarlas satisfactoriamente. Ninguna expresión pueda expresarlas, puesto que decir de una experiencia que es mística o que es un milagro es tratar de ir más allá de los límites del lenguaje, de decir lo indecible. Por su misma esencia, un lenguaje así carece de sentido.

Decir lo indecible implica saberse conocedor de lo que esta más allá de los límites del lenguaje. Y no es así, puesto que, somos hijos de las circunstancias lingüísticas. Nos modelamos al mundo humano como consecuencia de lo que expresamos.

En verdad, hablar de Wittgenstein es hablar de la inagotable capacidad filosófica para problematizar así como conceptualizar su visión de mundo, en lo tocante al poder engañador del lenguaje, para perpetrar el espacio lingüístico de lo indecible. Opté por dar cierta explicación acerca de esta temática, esto es, de lo decible y lo indecible. 

Ciertamente, esta interpretación de lo que propone el autor esta abocada, en este sentido, a hacer la distinción entre estas 2 nociones y como afecta la manera de hacer filosofía.
Con la desconfianza evidente hacia la teoría como fiel expresión de dogmatismo reflexivo,  de manera tal, para erigirse como un dogma consagrado a la labor filosófica.

Dimensionar y develar el alcance y sentido de la naturaleza del lenguaje para responder al cúmulo de preguntas a lo largo de la historia de la Filosofía, es algo que hemos intentado constatar y comprender, no es sino una clara demostración de coherencia interna que Wittgenstein adoptó mientras elaboraba en el Tractatus su visión ontológica acerca del mundo. En esto, cabe señalar que la Lógica es sublime en lo tocante a la primera etapa de haber filosófico de Wittgenstein (Tractatus- atomismo lógico) de la cual enfoque el tema en cuestión. 

Ahora bien, el sentido y significación de lo expresado en este tema alberga una clara necesidad de clarificación sobre lo que dice cuando hay cierta interpretación respecto al mundo. 

En realidad, me intereso saber que dentro de lo indecible existe una constante interacción tanto con lo místico como con el silencio. Lo digo de esta manera, pues, así considero esencial la inconmensurable capacidad de Wittgenstein de ejercer activamente un indesmentible revisionismo filosófico.


Los límites del silencio son los límites del mundo que acontece. No es menos cierto, que esta bifurcación temática acerca de lo que se expuse es, básicamente, un modo de adentrarse en los encadenamientos lingüísticos del mundo. Somos individuos que pertenecemos a una comunidad lingüística.

jueves, 8 de enero de 2009

Negociando con la realidad


Hace una semana atrás vi una película. Pero estaba cansado debido a mi actitud sempiterna de estudiar a última hora, pero a su vez estaba con cierta tranquilidad por la obra intelectual realizada, porque aprobé satisfactoriamente el ramo de Filosofía del Lenguaje.

Ahora bien, jamás pude ver complemente toda la película en circunstancias anteriores, sin embargo durante 2 horas y algo, contemplé en acción esta película.

Trata sobre cómo la muerte se personaliza y singulariza en un cuerpo humano, recientemente, fallecido y va en busca de un magnate (Hopkins). Éste vive sumido en el opulento y frio mundos de los negocios, esto es lo interesante, tendrá un intrigante proceso de socialización con los asuntos domésticos, familiares y afectivos del empresario televisivo, la muerte se mimetizará durante una semana en dicho personaje.

Fue cultivador observar cómo negociamos con la vida, muerte y los momentos subyacentes a las mismas. Pues bien, evoca dicha película los tenaces delirios que fluyen inexorablemente entre una vida humana y los vínculos que la sazonan.

Muchas preguntas planteaba la muerte (Brad Pitt) cuyo propósito era poner en cuestión, a él, desde  sus propias flagelaciones existenciales comprender que la vida humana es un frenesí de comentarios breves pero hilarantes, con percepciones y sensaciones relacionadas entre sí, pero versátiles ante el experimento de proporcionar afectos.

Esa calma imperecedera por nadar a los confines del errante ¿recuerda que morirás para seguir experimentando? Se alternó entre variadas muestras de recuerdos del pasado y observaciones sobre sus hijas, en cambio, el caminar infinito que la muerte acudía a realizar el anecdotario de hechos personales del magnate televisivo

Destellos de acogedora libertad individual, tan frágil como enigmática,  en virtud de la cual se preserva frenéticamente el ciclo sin fin, sin embargo a los protagonistas en la película, hubo cándidas instancias de conversión espiritual que divulgan cierta nostalgia
ante el holocausto del tiempo. Porque ellos y ellas estaban transformándose en interesantes respuestas para la muerte.
En fin, la película que significó un nuevo pensar acerca del ciclo sin fin junto a los afectos humanos que nos obsequiaron, incluso, su silencio omnipresente  a ese Dios que juega lúdicamente con el universo a las escondidas, supo encarnarlo de manera elocuente la muerte a través de sus derroteros de enigmas e incertidumbres valóricas.


La película describió a alguien como un juego de hechos contingentes y de fuerzas inescrutables. Buscarse y arriesgarse. Enamorarse de la realidad para lograr el negocio, que este título sugiere. 

La vida tiene sentido

¿Cómo estás? Envejeciendo


No había posibilidad de elección o deseo. Sólo existía la posibilidad de desearse a sí mismo, de desear el propio destino. Eso pensó que era lo que le podía ofrecer la política, su política, esa política, como la amante empedernida reticente a dejar seducirse, disciplinándose en penetrar laberintos personales y algo más.

Entonces una necesidad de asumir la brevedad beligerante de la disolución racional de las grandes narrativas, hecha por humanos, hizo sentir al menesteroso Alberto un impávido narrador de relatos tutelares.

Alberto estaba constantemente agobiado por el aparecer radical de su pasado, por ello, hacia coincidir sus valoraciones incipientes sobre la vida política en la biosfera, éste ignorante en captar el ¿para qué? del sufrimiento humano a partir de las situaciones concretas que ofrecía la sociedad de la incertidumbre, respecto a cualquier contingencia que vislumbre la gravedad señorial de un país en ciernes.

Por eso, hacia extensos comentarios en la soledad sempiterna que le ofrecía un día sábado, a saber, con tal de plantearse en formato pregunta ¿La revolución de la tecnología de la información precisa de una élite que tenga mucho humor?, de esa misma manera, insinuaba perdidamente una idea que aparecía ¿ Todo fluye para desentrañar temporalidad?, en un futuro dominado por una lógica enigmática, que existe, que liga investigación científica, aplicaciones tecnológicas,  desarrollo económico y bienestar social.

El inefable Alberto absorto, en sus ecuménicas cogitaciones estaba decidido a todo, o sea, para buscar al intimidante silencio que conmovía pero inducia a narrar otras dimensiones espacio-temporales.  

Un silencio que le ofrece quietud de espíritu. Incansablemente la certidumbre de estar al lado del abismo significante de la ausencia. Con la ávida ausencia en Alberto, se refleja en arrastrar por medio del ejemplo un imperceptible ideal de cambiar el enfoque, del país, en que vivía azarosamente con énfasis.

Para condimentar a partir de lo que hemos relatado, según creo, era un joven adicto a pensar de lo vislumbra observando y, esto lo hacía, captando que lo único permanente es el cambio, incluso esta inscrito en los registros electorales de cierta república federal, donde el valor esencial de ser ciudadanos es problematizar el significado de ser el pueblo, en suma esencia, su ilusoria sensación de ser demócratas conforme al peso de la noche lo mantenía despierto.

Siguió viajando distendidamente pero consciente de sus límites vivenciales, lo que constató fue la incertidumbre respecto a la falta de unidad sobre proyectos comunes, que la arquitectura histórica de aquella moral social, de ese legado autoritario nos insinúo glamorosamente, nunca él mencionó el lugar de origen.

Estos exultantes caminos paralelos, desde el joven observando hasta crear a lo sumo locuras incipientes, a través del rostro garboso e irreverente de Alberto, convenció a su motivador asiento para comprender la importancia, por ejemplo, de llamarse Valparaíso.


Su estadía en esa ciudad fáustica y anónima para entrevistarse estrepitosamente con la existencia lactante de mamíferos en ciernes, hace de su vida algo interesante. 

Buscandome



Después de haber comprendido lo indescifrable del destino, inmerso en la constante del imperativo critico de la biología de la vida, probablemente, lo intuía como la sujeción embaucadora de sucesos que jamás pueden responderse.

A ello, le agregó una dosis incandescente de amor, opto por dispersar sus ansias de ser un descerebrado funcional a medida que estudiaba durante muchos años de educación formal, sin duda alguna, revitalizó la huida mística hacia cierto espejo retrovisor del inadvertido bus que, súbitamente, apareció en su percepción.

Este intrigante medio de transporte urbano circulaba frecuentemente por la avenida principal de su comuna, buscaba aleccionar al joven Alberto ante contrariados recuerdos de consensual infancia, adonde se dirigía la difusa diversión de disfrutar con sus vigorosos amigos.  

Eran personajes fabuladores de estúpidas y agudas contorsiones dialécticas respecto a los placeres sensibles que ofrecía, con profuso beneplácito, la sociedad del espectáculo.

Cuando Alberto quería querer hacer algo por su país, ignoraba el modo más apropiado de lograrlo. Solo que a través de los sucesos domésticos que comprendió buscándose, mientras considera abominable estar sumidos en sucesos tutelares, tanto los medios masivos de comunicación estandarizados y digitales como el candor descarnado de nuestros padres para conjeturar sobre el paraíso celestial del advenimiento de la bizarra democracia, supuso la idea de él sobre otros comentarios históricos.  

De esto, simultáneamente, emerge como un rito de inmanencia vivencial, durante esos años de juegos democráticos, que de manera bastante señorial con fines multifuncionales, evocaba sin piedad los gestos del padre biológico.

Resulta inverosímil la capacidad de acostumbramiento del hombre para adecuar sus convicciones o referentes conforme a las circunstancias incidentales, entonces esto, para Alberto, lo insto a tener una desafección radical respecto a despotricar contra la menesterosa realidad que genera momentos.

Por de pronto, navegando por barcos que se estrellan con la nada, el joven Alberto insinúa después del término de clases, cabe recodar que no he dicho en la edad que cumple el protagonista, se inclinaba por una evidente inclinación al ocio espiritual que lo dejaba sin lenguaje alguno.

Un destino circular para el incansable tiempo como categoría estética, por lo menos, para la suya al fragor de momentos veraniegos junto a recuerdos intimistas. Sin duda, había que crear la manera de hacer hablar a la realidad.

A cualquier costo, por lo tanto, para el joven Alberto era importante ser padre de su fugaz pasado para así provocar una constelación de cuestionamientos sobre las huellas que dejó el ciclo sin fin de la vida.

 Concentraba la mirada en sí mismo, contemplando fervorosamente su destino acogedor en los ojos abiertos y fijos ante la actual época folletinesca de horario valle, que estuvieran llenos de sabiduría o de locura, que irradiarán amor o profunda maldad, daba lo mismo pensarlo. Porque él sigue envejeciendo.




Los juegos mundanos de Alberto



Había en Alberto una capacidad para dialogar sobre cuestiones políticas. Y eso, a pesar, que su entorno significativo de amigos enarbolaba las sensibilidades del progresismo  con todos sus complejos vivenciales.

Ante todo, no era más que un joven dispuesto a rebelarse ante el oprobio de la ignorancia camuflada que denotan los ilusos conscientes de la clase política.

Viajó inexorablemente al epicentro de sus consideraciones discursivas para vencerse a sí mismo.

Cree en ti mismo y cambiara radicalmente tu vida. Por eso, una iracunda sensación de frustración al viajar al espacio sagrado de mí apesadumbrado sentido de responsabilidad en lo relacionado a ¿cómo tener disciplina académica en esta fluyente sociedad del conocimiento cuando lo único permanente es el cambio? fue el acto desmodernizador para mirar perdidamente hacia el firmamento del emergente condominio en que vivía.

Cierta distancia al seguir recordando desde su hogar para insinuar el latente estado de asombro con su heroísmo anónimo en perpetrar afectos; y mientras tanto, la vorágine del tiempo cronológico para satisfacer los impulsos místicos del perro que vivía con él; lo insto a caminar por los contornos y el contenido de su apacible condominio; apreciando el otoñal paisaje de un cielo al borde de estallar en magnas formas de resplandeciente bondad.

Nosotros somos el mundo, lo reflexionaba a diario en cualquier calle que encontraba,  cuando hacemos de la política el arte de depurar las sinuosidades del día a día, conforme a las circunstancias que le ofrece aquél día en su vida.

Además, hay que decirlo con total claridad, fluía en su incertidumbre vivencial para percibir momentos, un dialogo fugaz pero perenne con Augusto ¿Quien era este enigmático personaje? Era un perro labrador cuyo afán por escuchar a su amo durante sus peregrinaciones hacia lo misterioso, que inesperadamente buscaba, cuando lo acechaba de manera sigilosa la impotencia, el abandono, el vacío y la plena insuficiencia de ser mero divertimento ante el mosaico delirante de imágenes proclives a divulgar el modelo ideal del vivir, en esto, el pintoresco animal manifestaba sus ansias por forjar valiosas tonterías.

Jamás hizo ver la temeraria afinidad de su extravagante amo respecto a su disposición de ánimo para sacarlo a pasear porque sus propias pulsaciones instintivas eran una nueva manera de cambiar el ladrido, siendo su pasear un incentivo para entender el mundo de Alberto, de acuerdo conforme a su miseria emergente.

Su cola lentamente se movía mientras su amigo dialogaba al unísono con el silencio sepulcral de sus ventosidades, ante esta situación, el animal buscaba un instante de ensimismamiento en la caminata que a diario Alberto acudía a realizar.