miércoles, 31 de diciembre de 2008

¡ Levántate, pregunta!



¿Cuál es el precio de la experiencia?, ¿Estamos ávidos por devorarse en nuestras situaciones límites mientras hemos sido patéticos espectadores en relación al cultivo del silencio?, ¿De qué hablamos cuando hablamos de nuestra agenda de adicciones personales?, ¿El pesimista es el optimista bien informado?

Amando el hielo abrasador de la fugacidad del instante presente, es lo que hay, cuando aspiramos a generar preguntas. Y seré un protagonista en ciernes, porque las personas seguirán habitando mediante ciertas preguntas.

He sido feliz, por supuesto, cuando expreso, estas divagaciones envueltas en un halo de revolución silenciosa.

Por supuesto que la realidad vehemente del título expresa que, en ocasiones, funciona ese grito que depura respuestas humanas, a cualquier hora del día, de todas maneras.

Me enorgullece saberlo. Miro, veo y respiro junto a esos psicodélicos ademanes que emergen para quedarse.

Esto exige un sentido misional de desasosiego, con ello, disfruto de las cosas simples de la vida haciéndome dichas preguntas.

Corroen y continúan algunas preguntas vinculadas con diciembre. Él sabrá qué hacer ante lo que hemos perpetrado.


Después, nadie deja de hacer preguntas.

Preguntas remotas


Algunas preguntas para describir y señalar que el ciclo sin fin, a partir de este año, tendrá su propio relato. Por lo que alguien optó por divagarse algunas afirmaciones, tales como:

¿O la sabiduría por un baile en la calle?, ¿Somos dóciles observadores del mundo exterior, que aparece en diciembre, que nos guía ficticiamente hacia la ruin degradación de vivirnos?, ¿El vivir a diario es cabal expresión de las pequeñas narrativas que afectan al bipedismo vociferante posdictadura?, ¿Estamos abiertos a cuestionarnos aquellas verdades en que vivimos cuando el frenesí de nuestras miserias circulares nos acompaña como moscas en la mierda?,¿Y quien dijo que sufrir es victimizarse por la lactante existencia cuando estamos envejeciendo en ciernes?


Un cierto verbo a través de preguntas para los ilusos conscientes, dijo alguien que caminaba. 

Gracias, vida



Buscando el candor de la siniestra bondad humana, cuando diciembre era embellecerse con la copa de la gula vivida, buena, no sola eso. De tanta necesidad de vivir estando al borde de mis perplejidades cerebrales, soportando cada expresión de vivida hipocresía, en los abismales rostros de emprendedores homínidos, todavía estamos en un mes que acontece.

En tiempos históricos que entrañan instancias de participación ciudadana. Por ejemplo, muerto el dictador, todos son empiristas. Harto ruido respecto hacia dónde vamos, las consideraciones ideológicas se mutan conforme a la disposición de ánimo de los hablantes ciudadanos, aún seguimos encadenados al querer humano.

Por supuesto, tallando supuestos discursivos y fundacionales para envejecer al hablante ciudadano porque las personas no cambian. En esto, es cuestión es convencer de que algunos se atribuyen excelencia moral conforme a su vocación de poder, luego hubo humedad relativa.

Incluso, ciertos individuos de dúctil decir ¡pre-golpe!, condimentan las banderas del vivir idílico junto a condensaciones veraniegas que acontecen.

Hay una alquimia de la estupidez con énfasis a través de una historia de un amor, y en democracia, ésta se entronca con la sociedad del espectáculo con sus supuestos narrativos. Hace muy bien su trabajo.

Para también esperar múltiples y fecundas experiencias humanas alucinatoria, ya que la  política implica asumir riesgos. Además, hay alguien que continua escribiendo para intentar comprender el fenómeno de la vida.





Maestros de la sospecha



Cabe expresar la constante preocupación de Wittgenstein por ofrecer un claro y explicativo escepticismo acerca de las verdades oficiales acerca de lo que se dice. Esto, indefectiblemente, deriva a un cultivo permanente por el saber. Más allá de fetichismos científicos.

Pero hubo un protagonista de esta historia personal, Wittgenstein y su haber filosófico para problematizar el problema del silencio como psicoterapia, fue el asunto que hubo de tener la máxima importancia. Interesante elucubrar de ambos pensadores, él y Freud, considerados como un torrente de vasta discusión teorética.

No obstante, considero que la apreciación psicoterapéutica de su pensamiento no era tan absurda como cabría esperar a tenor de sus propias aseveraciones: el tratamiento filosófico de una cuestión es como el tratamiento de una enfermedad. Y el hecho es que el austriaco entendía toda suerte de problema metafísico -y entre ellos los psicológicos- como una suerte de extrañamiento intelectual que exigía de una cura destinada a persuadir a las personas para que cesaran en sus ataques contra el sentido común.

En todo caso, y a pesar de que la relación de Wittgenstein con la psicología -en la medida que supuesta "mecánica del alma"- era sumamente difícil, siempre opinó que Freud tenía algo que decir incluso cuando, a su parecer, pudiera estar equivocado De todas formas, tampoco cabe dudar que la lectura en clave psicolingüística de textos emblemáticos del psicoanálisis freudiano, muy especialmente La interpretación de los sueños, le parecía fascinante.

Aquel tipo de pensamiento que Wittgenstein quería "combatir" -en este caso concreto- tenía que ver precisamente con el uso psicológico del lenguaje consustancial, e inevitable por otra parte, a lo que preconizaba Freud: cuando estudiamos psicología podemos sentir que hay en ella algo de insatisfactorio, alguna dificultad con respecto al sujeto entero de estudio: la causa es que tomamos a la física como nuestro ideal de ciencia. Pensamos en formular leyes en la física.

Desde este punto de vista, procedió a una eliminación de los presupuestos freudianos que entendía como propiamente especulativos en cuanto pretendían establecer regulaciones dudosas de lo psíquico: la teoría de los sueños, la libre asociación, la noción de lo inconsciente, etc.

Los problemas de las explicaciones de Freud, al igual que las del resto de personas interesadas en la psicología e incluso en la metafísica se presentaban, sencillamente, en la medida que otorgaba a los conceptos un valor del que carecían realmente. Por ello se perdían en especulaciones.

No es que Wittgenstein considerase al psicoanálisis, la psicología o la metafísica como prácticas triviales sino, en todo caso, que sus conceptos no debían interpretarse en su valor nominal.

A pesar de que el modo de escribir de Freud era para Wittgenstein tan cautivador como interesante, no podía considerarle un genio o un gran hombre en la medida que su obra carecía de las salvaguardas intelectuales que tienen las grandes aportaciones.

En opinión de Wittgenstein una obra grande lo era en la medida que su seriedad y honradez impidiesen todo tráfico banal con ella. Y, a su parecer, Freud había construido un extravagante castillo de naipes que "ha prestado un mal servicio por medio de sus fantásticas pseudo explicaciones.

Por esto fundamentalmente había que luchar contra este modo de pensar: el psicoanálisis freudiano se constituía como una mitología dolosa, plagada de prejuicios, en tanto en cuanto ofrecía el tipo de explicación de los fenómenos psíquicos que cualquiera estaría dispuesto a creer y, peor todavía, a emplear.

Una mitología sugestiva, poderosa y terriblemente perjudicial. Wittgenstein sostuvo que la enorme influencia del psicoanálisis tanto en Europa como en América, que en aquellos momentos se encontraba por lo demás en su punto álgido, sería perniciosa en la medida que, como teoría cerrada, impedía todo atisbo de crítica. Freud, y no es algo de escaso mérito, había propuesto un juego frente al que había de adoptarse una decisión crucial: la de jugar o no.

Ahora bien, visto el talante con el que afrontaba la teoría freudiana, ¿por qué razón insistía Wittgenstein en la lectura de Freud? ¿Por qué persistía en llamarse a sí mismo "freudiano"? ¿Por qué pensaba que Freud era un hombre con "algo que decir"?

Básicamente porque el método interpretativo que Freud había ideado para los sueños se cimentaba en la construcción de un simbolismo onírico que funcionaba de forma muy parecida a un lenguaje, y esto resultaba muy interesante para un pensador como Wittgenstein que, constreñido por la mala experiencia del Tractatus, solía poner más énfasis en los métodos del pensamiento que en las ideas como tales:

Cuando Freud habla de ciertas imágenes […] como símbolos […] está hablando de interpretación; y de los que puede hacerse que el soñador acepte como interpretación. […] Los sueños parecen encerrar algo enigmático y especialmente interesante en sí mismos, de manera que sentimos la necesidad de interpretarlos. Parece haber algo en las imágenes oníricas que tiene cierta semejanza con los signos de un lenguaje[1]

En efecto, los sueños se presentan de tal manera que parecen indicar o significar alguna otra cosa. Wittgenstein comparaba este sentimiento frente a los sueños con el que experimentamos al situarnos frente a una obra de arte: cada una de las formas que el artista plasma en ella tiene su propia idiosincrasia, una serie de singularidades que la hacen única y que nos dan pie a suponer que no están ahí por casualidad y que, desde luego, debían poseer un significado para el creador. Un significado que nosotros, en calidad de espectadores, sentimos la necesidad de desvelar.

Para alguien más escéptico como Wittgenstein, sin embargo, la sorpresa es relativa en la medida que entiende que el juego freudiano se apoya precisamente en una ilusión (mítica) de significado: la constitución de los sueños se asemeja a la del lenguaje y da pie, por ello, a pensar en los sueños como lenguaje propiamente dicho

Freud propondría como respuesta a esta argumentación que nada en la vida mental puede producirse si no ha sido causado por alguna razón y que, en la misma medida que fenómeno psíquico individualizado (cada sujeto presenta su propia simbología onírica), los sueños han de aparecer por uno u otro motivo.

En realidad, el fondo del argumento, durante este ensayo, es lo referido a cualquier circunstancia de la vida psíquica, que tanto como Freud como Wittgenstein intentaron dilucidar a través de la terapia.

Para el primero, usando la palabra para curar ciertos padecimientos psíquicos. En cambio para el segundo, desconfiaba de la palabra. En la que decir tonterías adquiere un mayor status de verdad vivida.

No obstante lo cuál, eso no significaba que las discrepancias que, en estricto rigor, las hubo, fueran, necesariamente, abocadas al psicoanálisis freudiano y sería extensible a la propia psicología desde sus mismos orígenes.

El hecho es que Freud quiso ir más lejos: necesitaba explicar en qué consistía esencialmente soñar y, en consecuencia, precisaba de una argumentación completa y cerrada en sí misma, en la que no hubiera lagunas que ofrecieran una imagen parcial de verdad. La pauta para ello fue precisamente la idea de que todo sueño era la realización de un deseo.

No obstante, y pese a no dudar en absoluto de la elegancia expositiva de Freud, Wittgenstein plantea una duda más que razonable a la piedra angular de la teoría de los sueños: la asociación libre, probablemente está condicionado por una multitud de circunstancias.

No parece haber razón para decir que tiene que estar condicionada solamente por el tipo de deseo en el que está interesado el analista. Cabe la posibilidad, a pesar de todo, de salvar a Freud de esta demoledora crítica ya que su trabajo fue lo suficientemente objetivo como para entender que no existe un tipo de deseo en el que el analista deba interesarse específicamente.

Es cierto que él mismo pareció obcecarse con las pulsiones sexuales pero también reconocía motivos no sexuales como la necesidad de dominar el miedo y el ansia de poder.

Sea como fuere, Wittgenstein, insisto en este punto, nunca entendió que se tratara de cuestiones baladíes y tampoco puso en entredicho la eficacia terapéutica del modelo freudiano. Tan sólo, como en su juventud, seguía pensando que existen cosas de las que no se puede hablar.

Con esto, siempre expuso, inequívocamente, que la filosofía contra el embrujo de la inteligencia por medio de nuestro lenguaje es el reto al destino a seguir.

Veo ahora que estas expresiones sin sentido [como las oraciones morales y religiosas] carecían de significado no porque yo no hubiera encontrado todavía las expresiones correctas sino porque su falta de sentido es su verdadera esencia. Pues todo lo que yo quería lograr con ellas era nada más que ir más allá del mundo y esto es lo mismo que decir más allá del lenguaje significativo. Toda mi tendencia y creo que la tendencia de todos los hombres que alguna vez han tratado de escribir o hablar de ética o de religión, era chocar contra los límites del lenguaje. Tal estrellarse contra los muros de nuestra jaula es absolutamente desesperado. La ética, en cuanto se origina a partir del deseo de decir algo sobre el significado último de la vida, el bien absoluto “absolutamente valioso, no puede ser una ciencia. Lo que dice no agrega nada, ningún respecto, a nuestro conocimiento. Pero deja constancia de una tendencia de la mente humana que yo no puedo dejar de respetar profundamente y que yo no ridiculizaría por nada del mundo[2]

En otras palabras, la filosofía no solamente debe clarificar el significado de las proposiciones que explican una visión de mundo sino que también servir de agente catalizador de todo aquello que acontece.

Pues bien, una fiel demostración de esta situación es su consideración de que la filosofía sea una terapia. Límpida en su estilo para construir criterios de discermiento desde el ámbito de decible. En esto, qué duda cabe, los límites de lo indecible es el verdadero sentido para Wittgenstein, puesto que, debe ser una fuente inagotable de esclarecimiento filosófico del pensamiento.

Por eso, una reflexión filosófica acerca de la mente humana sirve como expresa actitud pensante en virtud de la cual desde el aflorar de la terapia en ambos pensadores sea suficiente y necesaria despojar al lenguaje de su entramado de ancestral adopción teorética.

Escudriñamos todo lo que acontece en la mente como el genuino vehículo que permita captar el alcance y sentido de lo que significa pensar.




[1] Rees, R. (1996). Conversaciones sobre Freud. En: Ludwig Wittgenstein, Lecciones y conversaciones sobre estética, psicología y creencia religiosa. Barcelona, Paidós
[2] Cordua, Carla “Wittgenstein y los límites del sentido”. Centro de Estudios Públicos 70(otoño 1998). PP257

Una persona que piensa


Estas preguntas fecundan, lo que él reflexionaba al respecto, el contenido de lo que aflora del discurrir terapéutico que nos puede ofrecer el lenguaje. De este modo, acerca de la terapia de Wittgenstein y su relación con el psicoanálisis será el tema del que versara este ensayo.

Un radical cambio de mirada acerca de cómo afrontamos la realidad. En esto, Wittgenstein hace una punzante y lucida declamación acerca de poner en cuestión esas verdades inalterables que ni siquiera se discuten, porque “así es la vida”.  

Quizás si una de las capacidades más importantes en tiempos en que los modos de vivir están generando mucha incertidumbre, confusión y vanas ilusiones respecto a construir realidades provistas de emergencia humana desde la mera racionalidad de una persona que piensa, sea la de tener la visión y la valentía para poner en duda las verdades en que vivimos, y encarnar en uno mismo, otras posibilidades de vivir la vida humana.

Wittgenstein fue un crítico del pensamiento dogmático así como cuestionó permanentemente la entronización, por parte, de la ciencia moderna de la teoría como el modelo de realidad prevaleciente que explica, describe y predice.

Él era reticente a la verdad de una teoría, porque debemos zambullirnos en las aguas de la duda. Hay que conquistarse a sí mismo. Así, inequívocamente, una clara demostración de pensamiento vivido nos permitirá develar el intrincado carácter alucinatorio del mundo.

No cabe duda, conforme al estado de cosas en relación con el tema en cuestión que  Wittgenstein era un individuo atormentado por los encadenamientos conceptúales del lenguaje ordinario. Más aún, algo bastante interesante ocurre con él, concibió al lenguaje en tanto instrumento de delectación terapéutica sea en la promoción insoslayable del sentido y sinsentido de lo que expresamos.

Surgen preguntas tales como: ¿Cómo logra Wittgenstein responder al poder engañador del lenguaje? ¿De qué hablamos, cuando hablamos de saberse conocedor de lo que se dice en relación al conocimiento del mundo exterior? ¿Los límites de lo decible son los límites de lo indecible? ¿Qué supuesto filosófico subyace al propósito terapéutico de Wittgenstein del uno mismo en una comunidad lingüística?

De momento, hay que señalar como cabal interpretación de lo que se cuestiona que tanto Freud como Wittgenstein estaban interesados fundamentalmente en la ilusión y el daño que ella ocasiona. Por lo cual, el ser prisionero por ciertas formas de pensar y hablar profusamente arraigadas en nuestra propias actividades domesticas no ayuda a responder con claridad y determinación los artificios discursivos de la ilusión.

La enfermedad de una época se cura en virtud de una alteración del modo de vida de los seres humanos, y solo fue posible curar la enfermedad de los problemas filosóficos a través de un cambio en la modalidad de pensamiento y de vida, no por medio de una mediación inventada por el individuo.

Ahora bien, esto involucra un veraz reconocimiento de aquellas verdades que cimentan nuestra propia senda hacia el engaño, ilusión y trivialidades irreflexivas acerca de lo indecible.

Explicar, describir y predecir inhibe el acto emancipador de lo terapéutico en tanto expresión fidedigna de lo místico, pues resultó un acto de subversión contra lo oficialmente señalado como verdad, según la modernidad.

En verdad, somos prisiones del poder letárgico del lenguaje para petrificar realidades susceptibles de ser inteligida. También puede imitar tan bien las cosas reales que su afán discriminador no alcanza para permitirnos distinguir la verdad de la falsedad.
Las confusiones que le preocupaban eran motivadas por el hechizo, la fascinación y la ilusión. Por lo mismo, debemos tener una actitud pensante en la que prevalezca un criterio de discernimiento para lograr una actitud pensante.

El filósofo se esfuerza por encontrar la palabra liberadora, es decir, la palabra que finalmente nos permitirá aprehender aquello que hasta ahora, intangiblemente, ha constituido un lastre para nuestra conciencia. 

El propósito de la filosofía es la claridad, la comprensión clara de lo que, por el contrario, quedaría sumido para el filósofo en la confusión y la oscuridad... La genuina especificidad de la filosofía a la cual nos convoca Wittgenstein es a la clarificación de los significados que forman parte de nuestras actividades lingüísticas y de nuestra vida.

Resulta didáctico, pues, ahora, hacer mención a lo que Freud ofreció a su entorno significante. Freud pensó para las personas. Les confería un saber acerca del contenido de sus mentes, sin cuestionarse nunca la naturaleza de ese saber. No obstante, una constante que se repetía era la creencia del inconsciente.

Para Wittgenstein la terapia consiste en un pensamiento compartido por dos, más aun, expresa algo controversial, que atreverse a ser ignorantes y tontos es más importante que ser inteligente. Su única constante es la lucha con el lenguaje.

Esta actitud pensante de Wittgenstein tiene directa consonancia con el concepto de asociación libre. La asociación libre es la regla fundamental del Psicoanálisis. Lo cual, en este caso, existen afinidades entre nuestro autor y Freud.

Por un lado, de acuerdo a esto, Freud consideraba que la asociación libre era un medio para alcanzar el medio de hallar las causas en el inconsciente. En cambio, Wittgenstein, no proponía crear teorías o hallar sus causas, sino solucionar la falta de claridad. De lo que se sigue, sujeto a lo expresado, que lo importante aquí son el sentido y el sinsentido, y no la verdad de una teoría.

Estamos constreñidos por los modos de hablar y los modos de pensar, luego, esto, se erige como un derrotero de confusiones y contradicciones que distorsionan la manera de llegar a comprender y entender el rol que le cabe al lenguaje. Hay que centrarse en la actividad del hablar. Esta terapia propugnada por Wittgenstein radica en el uso que hacemos de las palabras, pues, así, nos enseña su significado.

Es cierto. Su énfasis temático estaba en buscar la claridad. Por lo mismo, afirmaba que somos como moscas que hemos quedado atrapadas en una botella y que vamos de un lado a otro zumbado sin sentido. En consecuencia, la compulsión obsesiva a teorizar nos mantiene dentro de la botella.

Por ello, una Filosofía de la Psicología, para Wittgenstein, en este caso, es un entramado de estudio filosófico acerca de la psicología. Incluso, un estudio, más bien, acabado en lo tocante a la naturaleza de la mente.


De este modo, Wittgenstein nos aleccionó y enseñó desde el haber lingüístico de su terapia, a depurar al lenguaje de sus vericuetos y confusiones. 

martes, 30 de diciembre de 2008

Lentamente Diciembre



Lentamente acaba otro día de Diciembre cuando era verano. Como para estar lo bastante motivado. Debo reconocer que las temperaturas relativas se tornan soportables pero no tolerables. Pero, bueno, hemos seguido estudiando. Debido a que las personas no cambian.

Condimentando las confusiones conceptuales y las vivencias personales, alguien quiere ser mayor y estar habilitado, de adicciones personales que suscitan conmovedoras historias universitarias.

Interesante, las personas que no cambian,  con las cuales convivo a diario, pero sus conversaciones son aburridas e incluso tediosas. Porque no van abismo de existir.

De un instante a otro, una constelación de momentos tutelares, desde miradas aletargadas por el peso de la noche del pasado que nos persigue hasta incorregibles hábitos conductuales, siendo que cuesta bastante expresarlo a través de palabras.

Incluso, en ocasiones, emergían miedos mimetizados por el hambre bestial de estar sujeto a una moral anodina de rebaño, lo cual eran bizarras ideas románticas sobre las personas cuando hablan, solo que estuve en diciembre.

De cuando en cuando, en algunas horas amigas, era ciudadano vitalicio de la línea 4 A, cuando tras cualquier día con olor transporte público me perseguía. Persigo y quiero respirar el aire azul de la libertad, de todas maneras.
De súbito, quiero simplemente vivir y escribir eternamente. Para ello, tengo unos pintorescos versos que embargan mi estar en el silencio.


Cada día sábado, en diciembre, anocheciendo hace de las suyas familiares porque buscó algo que llegó a su fin. No hay caso culpar a noviembre, joven universitario. 


lunes, 29 de diciembre de 2008

Acerca de lo decible y lo indecible


Fue un arduo pero embellecedor trabajo durante las postrimerías de fin de año. Trata acerca de los encadenamientos conceptuales del lenguaje ordinario y su poder engañador para reflejar el mundo. Por lo que, ahora, ofrezco, parte del contenido para deleitarlos con esta belleza nueva de palabras gastadas y silencios místicos.

El propósito de la Filosofía es la claridad, la comprensión clara de lo que, por el contrario, quedaría sumido para el filósofo en la confusión y la oscuridad. La genuina especificidad de la Filosofía a la cual nos convoca Wittgenstein es a la clarificación de los significados que forman parte de nuestras actividades lingüísticas y de nuestra vida. Esa es la cuestión cuando decimos algo. 

Ahora bien, la Filosofía, en ocasiones, se inicia en la ilusión, en el error y la confusión como consecuencia de dominar el lenguaje sin conocerlo. Lo tenemos tan cerca que no lo vemos. Para Wittgenstein la Filosofía es una actividad que cambia al filósofo, a su pensamiento y su vida, pero no al lenguaje ordinario ni tampoco al mundo de las existencias espacio-temporales.

La Filosofía no tiene otra función que esclarecer lógicamente los modos regulares como nos representamos las cosas, modos que se hacen patentes en el lenguaje 

Por lo que, espero cumplir denodadamente con el propósito tanto de aprender como de entender una de las tantas temáticas que afloran del mundo Wittgensteniano. No es menos cierto, que ante la vastedad filosófica del autor para explicar las formas analíticas del lenguaje ordinario acotar la especificidad del problema en cuestión es una empresa razonablemente didáctica. Lo cual se agradece.

De este modo, opté por trabajar el aspecto de lo “decible y lo indecible”. Aun cuando, también mencionaré algunos términos claves tales como el silencio, lo místico y la Filosofía.

Este proyecto de elucidación filosófica creado por Wittgenstein, en este caso, abocado a la descripción ontológica del mundo implica la idea de la representación lingüística o pictórica de lo que voy a desarrollar posteriormente. De algún modo, esta propuesta reflexiva acerca de la posibilidad cierta de adentrarme en la aleccionadora dimensión del tema a explicar

Cabe señalar la adopción que tuvo Wittgenstein durante su primera etapa de esclarecimiento filosófico en la cual desarrollo el germen de lo que llego a conocerse como la teoría pictórica del significado, cuyos principios centrales es que una proposición puede expresar un hecho en virtud de que comparte con este una estructura común o forma lógica.

En consecuencia, basándose en el influjo analítico-develador del Tractatus la cuestión de lo decible y lo indecible será un permanente estado de elucidación filosófica entre lo que nos ofrece el lenguaje como un instrumento de discurrir lógico y el mundo como aquello en la cual todo acontece.

Para esto, obviamente, es necesario aludir a lo que nos ofreció Wittgenstein, esto es, con su atomismo lógico (Tractatus). La forma de numeración de los parágrafos del Tractatus expresa la importancia lógica que el autor daba a cada uno de sus afirmaciones en relación con los demás. Son 7 aserciones principales contenidas en el.

Wittgenstein nos dice que la lógica es la imagen del mundo en un espejo (6.13).Por ello, trata de la estructura del mundo, vale decir, empieza por la metafísica para luego desarrollar la teoría del lenguaje y acaba con la teoría de la lógica que es fundamentalmente una teoría de funciones veritativas. 

La lógica es el fundamento de la Metafísica por ser la forma del mundo y el lenguaje, ella es el paradigma del rigor y toda verdadera necesidad es lógica.

Por lo tanto, la filosofía es la clarificación de las posibilidades lógicas de las operaciones afectivas del lenguaje cotidiano. De lo que se sigue, es que la filosofía no tiene otra función que esclarecer lógicamente los modos regulares como nos representamos las cosas, modos que se hacen patentes en el lenguaje.

Pues bien, resulta esclarecedor apuntar como la idea matriz del ensayo que expongo en directa relación a lo que dice Wittgenstein, en estricto rigor, al tema de lo decible y lo indecible. Por lo que, esto tiene vastas implicancias en lo tocante tanto en la explicación como la interpretación con los límites del silencio y, a su vez, el rol que le cabe al lenguaje ordinario para describir pictóricamente el mundo.

Es necesario, para lograr mayor comprensión de lo que s quiere entender, apropiarse de ciertos conceptos claves – realidad, mundo, estado de cosas, hecho y objetos- en virtud de la cual exista tanto una problematización como respuestas a las condiciones de posibilidad necesaria y suficiente del lenguaje propiamente tal.

En verdad, la carga reflexiva del autor para, luego, ir elucidando desde su metafísica atomista descriptiva la indesmentible importancia del discurrir lógico como la clara demostración del describir ontologico del mundo. 

No es menos cierto, que el tema en cuestión, vale decir, “lo decible y lo indecible” permite elucubrar justificadamente de que una consideración filosófica del pensamiento puede lograrse por medio de una consideración filosófica del lenguaje.

No es infrecuente enfatizar que tras la apariencia de neutralidad del discurrir intelectual se esconde la experiencia del ocurrir vital. 

El ocurrir vital de Wittgenstein esta provisto, en esta época de su vida, de una idea básica y rectora: es que la lógica conecta con la metafísica a través del análisis formal del lenguaje. Por lo mismo, si se considera esto último como una simple aplicación de la lógica, puede afirmarse que la filosofía se compone de lógica y la metafísica.

Por lo demás, este implica una activa relación entre conocimiento y lenguaje. Más aun, para ir esclarecimiento los límites del pensar e incluso a la expresión de los pensamientos.

Con ello, lo decible y lo indecible significa, de algún modo, como el sujeto pertenece a una comunidad lingüística en un contexto de acción histórico.

Por supuesto, la importancia lógica que expresa lo problematizado, esto es, lo decible y lo indecible apunta, inequívocamente, a la intrínseca reciprocidad que existe entre el pensamiento con el lenguaje y el mundo. El pensamiento es representación, es decir, una proposición con sentido. El lenguaje es una representación. Así pues, comprender una proposición es conocer el estado de cosas que representa 

Por consiguiente, quien entiende, por cierto, lo que dice una proposición sabe que de hecho describe esa proposición, en caso de ser verdadero, pues su sentido consiste en el estado de cosas que las proposiciones dibujan.

Cabe recordar que Wittgenstein expresa que el método de la Filosofía tenía que consistir en no decir nada más que aquello que se puede decir a saber las proposiciones de la ciencia natural. De acuerdo a esto, cuando se expresa en su aserción “todas las proposiciones valen lo mismo” , esto es, como descripciones de hechos posibles, todos los cuales son igualmente contingentes y entre los cuales no existe preeminencia alguna, no hay jerarquías ni diferencias de valor entre las proposiciones.

En el mundo todo es como es y ocurre como ocurre, por ende, no hay en el ningún valor, porque si lo hubiera, solo por esto no tendría valor (6.41)

Esto quiere decir que considerar el valor como parte del mundo equivale a convertirlo en hecho y despojarlo de su condición de valor. El mundo es simplemente cuando acontece y todos los hechos han de medirse por el mismo patrón. El mundo no es sino la totalidad de los hechos posibles.

El lenguaje pertenece al mundo. La lógica es la disciplina que traza los límites del pensamiento humano, haciendo que este sea posible. En este sentido, la lógica es trascendental (6.13).Es decir, la lógica define los límites del pensamiento del cual es imposible escapar. Traspasar los límites significa traspasar lo lógico, poder pensar lo ilógico, lo indecible.

Esto, por supuesto, no puede hacerse. Es cierto, pensar es hacerse figuras de la realidad o, dicho de otro modo, pensar es hacerse representaciones de los estados de cosas,  justamente, de acuerdo a esto, los pensamientos no son proposiciones sino con sentido (4).

Por lo que, si quisiéramos ir más allá de los límites del pensamiento nos encontraríamos fuera de los márgenes del lenguaje. Si el lenguaje es la totalidad de las proposiciones, el ámbito del sentido, los límites del lenguaje son los límites de mi mundo

Salirse de la lógica es salirse del propio lenguaje. El lenguaje define el espacio de todas las situaciones susceptibles de ser descritas mediante el, es decir, el espacio lógico. 
Todo lo que uno diga desde esa espuria posición carecerá de sentido. De ahí que Wittgenstein afirma que si preguntase como un mundo ilógico, no podríamos decirlo. Seria indecible.

Lo decible y lo indecible se juega en los encadenamientos lingüísticos del lenguaje ordinario, pues, lo que constituye a la lógica como tal, lo que la fundamenta, es su propio juego como tal: el hecho místico de que existe. La lógica juega. Existe la razón como existe el mundo. Ambos son hechos místicos. La autocrítica de la razón planteándose cuestiones limites donde se pierde, muestra la realidad  de la sin razón, la autodisolución del lenguaje, la realidad del silencio. De la Lógica lo místico.

“Mis proposiciones aclaran algo, en cuanto el que me entienda, los reconozca absurdas al final cuando haya trepado por ellas mas allá de ellas “(6.54)

Esta misma tensión lo constituye la lógica. En estricto rigor, no puede representarse. A la sazón las proposiciones de la lógica no representan situación alguna. La lógica es anterior al mundo. Insisto, los límites del mundo son los límites de la lógica. 

La lógica es trascendental. No hay más necesidad en el mundo que la lógica.

Lo consigna en el Tractatus, a saber, con aseveraciones tales como: “la totalidad de las proposiciones verdaderas es la totalidad de las ciencias de la naturaleza” (4.11), “la filosofía no es una de las ciencias de la naturaleza(4.111)  “.

En esto, la filosofía no es una ciencia natural. Su propósito no es representar lo que acontece. La verdad filosófica como tal, aspira a estar más allá de la experiencia. Por lo mismo, la mayor parte de las proposiciones de los filósofos son sinsentidos. Las cuestiones filosóficas no son cuestiones que se pueda intentar responder, lo único que puede hacerse es establecer que son sinsentidos originados por nuestro pésimo entendimiento de la lógica del lenguaje.

De ahí, que la filosofía se convierta en una actividad de clarificación de nuestros pensamientos. La filosofía consiste en la aclaración de proposiciones. Obviamente, esto se hace poniendo limites a lo que se puede pensar y, a su vez, a lo que no se puede pensar. 

Se trata de pensar lo que puede ser pensado. Representando claramente lo que puede decirse, la filosofía se refiere, negativamente, de alguna manera, a lo indecible.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Observando momentos


Veo, miro y observo. Una delicada brisa toca ese imberbe y efebo rostro embellecido gracias a la alimentación de mi madre. También hace calor a medida que los días que acontecían en la inefable ciudad simbolizada, era Valparaíso y sus cerros flemáticos, cuando nadie se hacía cargo de sus razones desconocidas.

Creía necesario alcanzar un evidente estado de paroxismo para empatizar con el jolgorio de persistir, en la estremecedora contemplación de la misantropía urbana, que envolvía esa indecibles noches de veranos inexpresables y algo más que huele a perros callejeros. 

Buscarse a sí mismo era perpetúa libertad del joven oyente. Como un errante oír que reivindicaba los límites del silencio. Lo percibía como un  sublime caos vinculado a la insaciable sed de infinito, cuando recordaba que el mejor invento de la vida es la muerte.

Había una extraña sensación de irrealidad cuando caminaba por las laberínticas calles y sus acallados silencios tras cada prueba solemne que rendía, hace 6 años atrás mi vida era un breve anexo.  

Iba aprendiendo a escuchar mi voz interior con todas las dificultades que eso conlleva. Tanto la carga valórica como el peso emocional de mis elecciones significaba un reto al destino. Más aún, seguía actuando con mis delirantes optimismos, dejando ante que la vida me invitara a brindar.

Cierto sigilo tras protagonizar un año en esta ciudad, simbolizó la actitud decidida de ser editor de mis situaciones porteñas, cuya pulsión visceral por viajar al mar de contrariedades hizo dócil la angustia de morir, después seguí envejeciendo.

De cuando en cuando, el deceso simbólico de los días que troca en la atemporalidad de un ánimo humano, solo hubo que continuar observando.

Esta niebla cabizbaja y ungida como algo diseminado en una ciudad en ciernes son manifestaciones familiares que condimentaron a sus psiquis en desarrollo.

Debo reconocer que lo vivido en Valparaíso logro despertar, en mí, descubrir como conocedor de la sugestiva angustia por la difusa muerte de alguien como una secuencia interminable que evoca la sutil muerte de miles de neuronas.

Después de una muerte como corresponde, se le ocurrió observar momentos. No hay vuelta atrás. 



lunes, 22 de diciembre de 2008

Un día como cualquier otro

" el mundo imaginado como un proceso esencialmente fútil, como un reflejo lateral y perdido de viejos episodios celestes”
Jorge Luis Borges


Y sigo narrando esos relatos viajeros que reflejan un intento por buscarme con énfasis, lo que aconteció en esos años de ingenuidad vivencial será pronto noticia, ojala de aquí al 2012.

Un Valparaíso, una ciudad que acompaña a alguien, apetecido por la loca aventura e incluso épica repentina de sentido visceral. Ha sido un labrar mi vida reencarnada, en la diversificación de fines transmutados hacia lo que observé alguna vez, en el dulce nativo aburrimiento de saberse conocedor de esas caóticas realidades que deben ser narradas.

Una gradual vejez que protagonizan, angustiosamente, las diatribas del eufemismo posdictadura, la niña bonita como democracia con sus propias taras congénitas, como la póstuma expresión de que las personas no cambian.

Con vastos paisajes convulsionados y deseos arraigados en el jolgorio crepuscular de escribir observando a su vez la maravillosa creación de mundos humanos inconexos que hacen genuino su mirada personal.

Un más allá de dimensión porteña, de vez en cuando, iba a evocar al mes de diciembre para vivir, pero junto a sus familiares instantes intimistas y generacionales. Porque ese país mencionado juega a sus propio juego porteño

Al fragor de ilustres energúmenos, cuando adolescente, del vociferar con énfasis junto a sus vetas narrativas, hicieron deleznables la certeza histórica de conmemorar recuerdos, sino que irán como esa brisa de la calle enamorada que se envuelve como un desasosiego asesino.

Cabe decir que las relaciones de poder anónimo, que redimen los imprevistos efímeros del acontecer estival son una veraz demostración de los límites del mundo, que construyó mientras jugó con sus ficciones en la rota pluricelular de una inefable USACH.

Alguien escribirá ese deber de afrontar ante el devenir humano una día como cualquier otro.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Queria estar habilitado



Necesito maldecir mis propias debilidades. Porque escribir es vivir mientras envejezco. Para oír el ruido alegórico del declamador mundo exterior. Cuesta comprender la dimensión real, si es que existe, de lo que nos rodea. 

Lo único decididamente claro es que quería estar habilitado. De cualquier hecho que estimulará mis ansias de finitos artificios personales.

De esto, recuerdo en aquellos años de letargo vivencial e inocencia ininterrumpida, cuando estudiaba en el entrañable Liceo Manuel Barros Borgoño, que algo acontecía inexorablemente.

Ignoraba si eso era de extrema importancia para determinar supuestamente el esclarecimiento existencial de mis caóticas aventuras cotidianas o dar solución a lo ofrecía el cambio.

Para ello, años después de aquel encuentro cercano con liceo público se inicio un relato gradual de delirante verdad con la secreta elocuencia de sucesos personales que hicieron permeable mis valoraciones personales.

Ayudo bastante haber vivido en el puerto principal de inefables consideraciones laberínticas, Valparaíso, cuando estudiaba derecho y luego vivir durante siete años en la emergente comuna de evolución urbanística, Puente Alto era su nombre.

Quería estar habilitado. Una actitud de sustentar una vida distinta y diferente, agradeciendo a ciertas comunas y lecciones emblemáticas, para lograr los desvaríos repentinos del preclaro porvenir.

Más bien, como comprender la ruin elucidación de un fugaz adulto menor divulgando, aleatoriamente, sobre el caos vivencial que determina apuesta por cierta deidad. Ésta abdicando de escolásticas interpretaciones teleológicas que hacen subyugar al oyente joven.

Si hay Dios, seguro entiende de absurdo esperanzador. De pronto, encontrarme con el " ¡recuerda que has de morir! " significó preservar un manantial dialógico de absorta conciencia de sí, después agradecí a estar habilitado.

Quería estar habilitado. Con lo difícil que significa actuar definitivamente en la comunidad lingüística de los desorientados. Me atormentaba la rota vital de valiosas tonterías.

Lo asimilé posteriormente siendo mayor. Gracias a alguien

el presente es lo unico que hay

“Lo que única época considera como malo suele ser residuo anacrónico de lo que en otro tiempo pasaba por bueno: la herencia de un ideal anterior"


Cansado de cuestionarme opto, continuamente, por narrar cualquier asunto que favorezca a contribuir a crear ficciones, en la renovación del instante presente que embellece mi apasionante y misional existencia individual, después había una ética.

Alterna con la autenticidad de la moral sedienta de perpetrar mitos vigorizadores de cuestionable esencia globalizadora, durante años atrás la vida continuaba, con un presente que aparece.

Ignoro si lo mencionado sea plausible para conciliar atavismos llenos de sabiduría práctica y tormentos de apreciable cuantía.

Este acto de desprendimiento visceral canalizada, en el ocio espiritual de tenue manifestación de residual inmortalidad, para incurrir en ficciones que incentivan sus momentos personales, delirando en los desvaríos de esa ignota ciudad apetecida por anónimos ciudadanos que envejecen.

Carezco de la precisión y orfebrería sofistica para verbalizar la aventura de adentrarme en lo caótico de presenciar un presente, pero opto por mi galopante gula, mi prominente charquicán vocacional acompañado fielmente desde la génesis de un pecado capital hasta la osadía de vivir que corroe las certezas otoñales del mes de diciembre, continuamos envejeciendo.

Con la exultante percepción de irrealidad proveniente de ufanas palabras diluidas en algún lugar público, para estar a la vanguardia de lo que observo, sin la complicidad de un verano.


Esto favorece aparentemente la sempiterna intensidad de fomentar esa difusa navegación de barcos que se impregnan en un presente que fluye rítmicamente. 

jueves, 18 de diciembre de 2008

Creando situaciones límites


Hay una ávida necesidad de escribir cualquier situación o hecho que exprese, cabalmente, la constante expansión caótica del mundo al cual todavía pertenezco.

Imposible lograr ese propósito vital de corrosivos relatos identitarios, eso esta por verse. Pero algo haré mientras fluye el espectáculo alucinador de lo que se dice.

De repente, el abismo pavoroso de una realidad reticente a huir por los confines protocolares de un decir, esperando la diluida sensación de diseminar un sentido visceral a mi existencia que invoca la esa empedernida duda de supuesta certeza histórica, y estamos en diciembre.

Esperando, cándidamente, un silencio que devore la vastedad del tiempo cronológico, éste es un perpetrador enigmático en las sinuosidades domésticas del lenguaje ordinario.

Hemos visto como vivimos inmersos en un lúdico paisaje de otoñales bondades que claudican ante el ciclo sin fin de la vida.

Hará dócil las oscilaciones vivenciales, a la edad de 25 años, que implica el místico devenir temporal atiborrado de silencioso vivir escolarizado. Lo genuino de vivir hará maravillosa la obviedad de ignorancia.

En la tranquilidad, en este momento, obsoleta de un día sofocante, tiene que ver el calor que se nos ofrece amistosamente este mes, que evoca el paisaje interior de un espíritu libre en aquella opción de vida.

De pronto, evocó, esa pensión de los desorientados, cuando los delirios porteños de ese entrañable 2002 lograron hacer muy bien su trabajo, que hizo crear mundos afectivos en la mundanidad del conocerse para construir situaciones límites de dudosa reputación silenciosa.


Esta intrincada como vociferante adicción a la vida, permite colegir la bella absorción de residuos vivenciales que trocan al emisor su regocijo por asir sueños divulgadores de incólume pasión, y doy gracias a Valparaíso. 

Gracias Ray



“creía en una serie de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de los tiempos; en algunos existe Ud; y no yo; en otros, yo y no Ud; en otros los dos..."
Jorge Luis Borges


Esta entrada, entre otras cosas, se la dedico al genial creador de laberintos musicales, desde el insondable rincón de su espera por ir más allá de sí mismo: Ray Charles. Hizo de su precoz ceguera un pertinaz reto al destino. Una misión que nadie la talla.

Jamás se victimizó ni mendigó en relación a su problema de salud visual. De este modo, perpetró un siniestro destello de genialidad rítmica, momento tras momento junto a los juegos psicodélicos de sus drogas, que invadieron algunas etapas gregarias de juventud y adultez.

Ante todo, se buscaba en la construcción de sucesos embellecedores de bohemia creación afroamericana. Era un pistolazo al corazón, lo intuía de a poco.

Esos ecos que volvían, frenéticamente, a Ray Charles cuando creía en sí mismo y cambiaba su visión sobre los asuntos humanos. Luego, surgían valiosas tonterías.

Bebió apasionadamente en los bares santos de la verdad. Convirtió su bohemia biográfica junto a su voz en un errante caminar hacia ironías que el destino observó, respiró y envejeció con cierto glamour.

Intimidante, admirable y temerario. Porque, durante algunos minutos, destruyendo las barreras puritanas de la libertad EEUU se atrevió a romper, con cierta gradualidad, las barreras de la segregación racial que prevalecía, activamente, en aquellos años en la segregacionistas de los estados del sur.

Solamente le interesaba tocar y vibrar con los desvaríos musicales que inventaba junto a sus colaboradores, pero la política federal sobre los derechos civiles fue algo que despertó su “voz anterior”,

Tuvo la clara convicción de lograr a través de la música una paz interior así como la necesaria y suficiente disciplina espiritual de cultivarse desde dentro de permanente desasosiego existencial.

Así pues, para cambiar de tema, embelesado por la luz resplandeciente del universo femenino con sus lúdicos juegos de seducción iba cabalgando, a una dubitativa infidelidad en directa relación a único gran amor de su vida, con quien se caso y tuvo 2 hijos.

Es cierto era un reputado seductor de sensuales gestos proféticos. Toda mujer, para el bípedo, por supuesto, era selectivo por medio de ciertas tocaciones en las suaves manos de cada virgen María que caía rendida a sus sensuales encantos tras el término de su catarsis mística.

Era bastante audaz e intrépido en lograr adentrarse en las aventuras amazónicas de cada elfa elegida. Vivió intensamente las opciones misteriosas que le otorgo su reticente destino, en las que hubo instancias de fecundo desasosiego psíquico pero, aun así, la voz inveterada de su madre siempre estuvo ahí.

Exigiéndole y exhortándole que nunca se diera por vencido. Vibrante reflejo de sus sugestivas convicciones. Extirpar la patética conducta de evitar los conflictos.

Entonces, Ray, mientras era un inesperado guionista de su historia personal que vivir es sufrir. Amo convulsivamente la vida sin razón, sin lógica lo que significo un encantamiento visceral con sus propios demonios.


Gracias a ese bajo mundo  que creó momentos musicales, rítmicos y religiosos. Porque nos enseñaste que la vida merece ser vivida a pesar de todas las aflicciones, padecimientos, tribulaciones y con el actuar perspicaz del nativo aburrimiento que destila murmuraciones metafísicas de más diversa índole progresista, compartiste un ritual olvidado. 


miércoles, 17 de diciembre de 2008

Sed insaciable de infinito

Sigue expandiéndose 

"Dentro de la fatalidad de nuestras circunstancias somos libres"

Hace harto tiempo que divago en dar un giro radical a mi vida, pues, es el único modo de esculpir en el uno mismo ese sueño de alguien que observa ¿será posible tamaña melodía repentina?

Lo interesante radica en cómo soy capaz de expresar lo que envuelve mis palabras en cada afirmación y, con ello, agitar lo que amanece día tras día en un mundo que aparece y fecundarlo con los hechos narrados de mi lenguaje ordinario.

Para ello, cuando era un consumado joven autodidacta respecto al país del más allá, a saber, mi futuro académico alternaba junto a esto dispersos escritos para emancipar esas tormentas magallánicas que afloraban sin piedad.

Era una epifanía anónima tras el término de lo que escribía. De este modo, algunos instantes de ocio espiritual significaron un genuino acto de gratuidad para descubrir mi sed insaciable de infinito.


La incoherencia posmoderna de vivir
Señalando la huida devorándome
Para saber un fin de algo
El enigma que promueve con énfasis
Diciembre nos ayuda a pensar sin límites.

Sigiloso testimonio de adecuar
La apología de satirizar momentos
Aquellos que lubrican mi ser anónimo
Profanadores y perdidos en el verano
Pero algo emerge en el horizonte sempiterno del hoy.

Afinidades que embriagan un dolor
Esa puta que envuelve la critica patriarcal
La historia humana juega con su inexperiencia
En los confines del ateísmo purificador
Son infinitos insatisfechos con la realidad en ciernes.

Entrañable ocaso de violentar
Las miserias estivales de exorcizar
Esta exaltación de comulgar
Con las decadencias narrativas de hablantes ciudadanos
Estamos condenados a vivir con sentido.


martes, 16 de diciembre de 2008

Recuerdos de fin de año

Esto lo escribí hace 3 años atrás cuando era un anónimo observador y joven dispuesto nuevamente a rendir la PSU, en donde se definía, mi supuesta certeza vocacional acerca de lo que era habitar en este experimento llamado vida.

Aparecía como una fugaz ilusión en ciernes y un potencial labrador de mis propias ficciones vocacionales. Incluso, tengo gratos recuerdos del año 2005.

Era la cuarta ocasión que rendía la prueba. Tenía cierto miedo y temor de los resultados que podía obtener respecto a los rituales de Occidente que albergaba. Porque uno expone todo su universo de incertidumbre afectiva respecto a lo que acontece en el supuesto mundo exterior al cual se es adicto, después a reírse un buen rato.

Eran las reglas del juego. Pero estaba consciente que algo había cambiado en mí. No lo sabía con exactitud pero ese enigmático ruido de ignorar lo que me deparaba el destino, a fin de cuentas, significó una oportunidad para colorear mis propias experiencias con la narración escolarizada de lo que ese día propuso.

Es la risa de la existencia enamorada, de cierto día, inmaculada que duda como un absurdo convenientemente instaurado, no sé por qué pero alguien miraba, solo opté por seguir  ese supuesto absurdo que asesina nuestras convicciones embriagadas de intencionalidad vivencial y de olores pluricelulares, solo aprendí a levantarme y a confrontar a la vida misma.

Hay una confianza inusitada en el caos que preserva el tiempo escolar, por decirlo de alguna manera, como una atrayente búsqueda de un origen dispuesto a determinar una realidad autónoma, que precisa un proceso desacralizador en la naturaleza supuestamente humana, durante aquel día miles de jóvenes no comprenden el sentido de una canción de bolero o tango.

Aspiramos a saber algo que permita aludir a un frecuente camino hacia el absurdo que nos impone alguien educativo, en tanto, esa intrépida dosis de intrincada obviedad que viví durante ese año lo recordaré siempre.

No puedo explicar el tormentoso enamoramiento del pasado que reticente a huir, aniquila el espacio sagrado de mí abdicado yo, que alcanza niveles apoteósicos de introspección tardía, mientras tanto, ya había estallado en estados de comicidad cuando me doy cuenta de lo vulnerable que soy. Después, gracias al 2005.

Para ensalzar ese nacimiento cuando me conecto con el otro, de esta manera, que pretende ocultar vínculos humanos por la abyecta vitalidad que perpetra la educación, en su errante expresión de irreductible verdad cuestionada, alguien tendrá que hacerse cargo de esto.

Un destello de genuina pretensión vocacional hará permeable las verdades en que viví ese año junto a la PSU, universo y ciertas calles del país del No.