viernes, 28 de noviembre de 2008

The Animals

“El universo como una Biblioteca de libros caóticos que sus bibliotecarios no pueden penetrar, pero que interpretan incesantemente”
Jorge Luis Borges


Puede experimentar plenamente lo vivido mientras oía tanto a The Beatles, sus “Grandes Éxitos” como Pink Floyd con su álbum musical “The Animals”, en mi MP3, durante un día sábado que era noviembre, apareció el ángel de la soledad para brindar por todo aquello que debía vencer. Es el néctar de lo narrado.

Me ayudo bastante a olvidar la progresista agenda de adicciones personales que asumí desde mi lecho materno. De este modo, a refrendar convicciones por las cuales voy a seguir luchando hasta romper las cadenas educativas de la burocracia escolar, cuando obtenga un pasaporte hacia algo que permita reír mucho. Patentar y usar esas vanas ilusione, o reír o llorar.

Esta anocheciendo, indefectiblemente, en este día de imprevistos emocionales en ciernes. Cuando estoy en ese precipicio cotidiano de mis estremecimientos morales, que emancipan cuando camino en conexión con el otro, genera una mágica alegría sin breves comentarios.

Todo lo dicho cabe dentro de lo posible de ser expresado. Sin embargo, los límites del lenguaje son los límites del mundo humano.

Quiero vivir para ordenar algo. He ido ordenando mis supuestas prioridades conforme a mis necesidades afectivas y vivenciales. Por lo menos, fluye el mensaje ensoñador que voy asimilando día tras día a través de la música, pero sobre todo durante este año de vertiginoso esclarecimiento existencial.

Más allá de los dramas, equívocos, problemas, conflictos, confrontaciones repentinas, frustraciones y resignaciones por observar personas durante este mes, extirpo el cáncer silencioso de la tonta solemnidad ciudadana.

Lo estoy superando envejeciendo. Si hay inconvenientes, en el día a día de mis ficciones crepusculares, no me importa comprenderlo. Asumo y asumiré riegos y lo seguir haciendo.

Ignoro la razón de ser de la vida, como una lactante existencia rentista en divertimentos y honores, cuyo sentido erógeno reside en vigorizar nuestras vivencias personales para perpetuar nuestra entrevista con los grupos musicales londinenses.

Se debe percibir que soy un sutil controlador. Eso lo hace más cómico y tan interesante para mis oídos. Así, uno mismo con énfasis, hace del conocimiento de lo que aparece mediante la música un guion mucho más minimalista. Lo intuía. Tampoco haré alarde sobre eso. Porque sigo escuchando el desgarrador sonido “The Animals”, cuando percibo que mis palabras crean irrealidades sublimes y familiares, en un espacio reducido del comedor que alberga  un hospedaje para alguien.

También es menester aludir a su sensualidad acallada, gracias a los ritmos endemoniados e inescrutables de los músicos británicos, buscan su origen en el cosmos tocando donde ninguna educación formal lo ha hecho, para lograr la tensa calma constatando que sigue siendo día sábado.

Pero, ante todo, es la primera vez que me siento vulnerable y, más aún, que la quiero bastante en relación al tiempo cronológico que llevamos juntos conociéndonos, si una mujer. Nunca lo supe.  

En verdad, este correlato existencial entre la música de rock psicodélico-clásico y el lenguaje simbólico que proyectó aquel joven universitario, entre lo que me ofrecía con beneplácito el ciclo sin fin de la vida, lo estoy descubriendo.

Del desasosiego de un mundo humano que asombra y los afectos que la definen, todo esta permitido para oír voces, si bien puede ser todo una vana ilusión, enriquece escuchar el sonido ecuménico de unas letras prohibidas.


Vivirse en el dolor de una conmoción



“El arte es la expresión intelectual de la emoción, a diferencia de la vida, que es la expresión volitiva de la emoción "
Fernando Pessoa


El mundo es el peor lugar para vivir pero no quiero morir .Prefiero optar por que la vida es una intimidante propuesta educativa, a pesar de la galopante tempestad que padecemos siendo que estamos a desacostumbrados a afrontar el dolor humano.

Un cerebro quiere pronunciar el silencio. Con esa claridad que buscamos, según creo, le da beneplácito los momentos de dicho mundo que resulta un gran chiste.

Teniendo más problemas reales y menos imaginarios aniquilas la patética frivolidad de saberse dueño de acontecimientos históricos. Lo viviste con altura de miras, ya que, sabes que cumplir con el mandato de producir dichos acontecimientos no es sino una insinuación hacia noviembre.

Recuerda que somos esclavos del cambio, y con ello, ese cerebro tendrá que tallar sus propias lágrimas que fluyen como cristalinos ríos, que nacen en la Cordillera de los Andes, ésta refleja la capacidad de darse cuenta que somos sutiles ecos creando acontecimientos.

Debes saber esto que te digo: El alma humana puede ser un buen argumento humano para justificar una estadía entretenida en el Planeta Tierra.

Saberlo y vivirlo es, por lo menos, un paso inevitable hacia dejar que nuestro espejo  genere reflejos viajeros que nadan sin cesar. Hay que recordar que todo fluye y nada permanece, incluso algo más. Por ejemplo, el estudiante inexperto pero irreverente, el tiempo cronológico, es un exigente adversario con respecto a su hábitat humano.

Con esto, haces con la conmovedora epifanía un desarrollo orgánico de las experiencias personales, después habrá mucho que agradecer y justificar la conmoción.  

Es diligente pero indispensable tratar de buscar una vida sin las ataduras ideológicas de noviembre, puesto que, es la única manera de percibir y observar que cuando sufrimos, parece que el dolor humano es finito pero ilimitado.

Pero dolor humano es indecible,  porque ni nuestro dolor tiene otro valor que el de ser un dolor que nosotros sentimos para narrar.


En fin, sin nada más que decir, vivir en ese dolor es interesante. 

Ruin degradación y sublime conmoción


El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima en menos de lo que vale".
J.W.Goethe

Sigo apasionadamente expresando a mis anónimos e hipócritas lectores esos espejos viajeros durante ese primaveral noviembre. Mientras tanto, el sonido encantador y embelesador de nuestros sentidos corporales, a decir verdad,  para alcanzar a disfrutar de la alucinación póstuma de Pink Floyd que suscita en mí, la totalidad del DVD de “The Animals”, vastas e intrigantes celebraciones acerca del sufrimiento humano.

Escucho y opto que mi boca pueda pronunciar el silencio. Ante evidente muestra de experimentación psíquica a través del éxtasis melódico de lo que construye dicho cuarteto musical, desde el galopante claroscuro que reflejamos ser cuando divagamos, decirlo es una fabulación novelesca que tare consigo valiosas tonterías.

Nosotros somos el mundo humano, eso dicen, mientras penetramos los laberintos de la memoria y los laberintos antojadizos de la identidad personal.  De la misma manera, gracias a la creación musical de Pink Floyd pero simultáneamente al hecho de haber ido a comprar 1 Kg de pan caminando, vigoriza mis ansias de pensar sin apuros sobre cualquier asunto humano con fragancia a vida. En esto, también oír su vez a The Beatles significa hacer de lo cotidiano una epifanía.

De este modo, apareció, en mi inefable cerebro, un día como cualquier otro y sus dudas circulares, luego supe saberme un anónimo maquinador de un cumulo de circunstancias que satiririzan el lugar que ocupo en el cosmos.

Una imponente entrevista con la existencia del bajo mundo de mis divagaciones tercermundistas, por decirlo de alguna manera. En el país del más acá, estoy muy agradecido y exultante de poder difundir el cáliz de escribir para vivir con énfasis.

Increíblemente, mientras caminaba en dirección hacia la Panadería, estoy recapitulando algunas horas atrás, se acercó a mi lado un perro cuya única misión en la vida era jamás tomarse en serio. Incluso, desinteresadamente su cola se movió al fragor de su inescrutable estado de ánimo. Lo observé, sonreí y agradecí a la naturaleza salvaje del ciclo sin fin de la vida por su don de regalar momentos.

Tras este mosaico de sucesos inesperados, iba adquiriendo una paz interior con mis miserias personales. Por lo que, tanto la música como la escritura estaban siendo, qué duda cabe, los dioses del Olimpo en mis espacios raros de conversión espiritual.

Pensaba y reía, convulsivamente, respecto a algunos pintorescos momentos que he tenido en mi vida universitaria. Siendo, donde estoy, las postrimerías de una nueva semana que acontece, intuyo cierta actitud prevaleciente para dar un giro radical en mi estética vida.

Sugerí beber en los bares siniestros de las ficciones que giran en un mismo lugar callejero, en Jaime, un estallido de optimismo desenfrenado. En principio, era así, pero, al fin y al cabo, lo importante es que iba soñando con algo que me permitía ser un fino escultor de miserias humanas Full HD.


Un sábado que era Noviembre



“Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar”
Arthur Schopenhauer

 Busco, de momento, oír el encantamiento psicodélico de la música de Pink Floyd, en esta primaveral tarde de día sábado, cuando noviembre nuevamente se hace presente. En verdad, cierto algo de tranquilidad que va fluyendo melódicamente a través de una música que convierte el sufrimiento humano en algo sagrado. Por ejemplo, hace calor cuando escribo de lo humano y lo divino, y algo más.

He ido aprendiendo, si bien con bastante dificultad debido a que soy hijo de la Imprenta, a cultivarme en el silencio. Por lo menos, intento mantener instancias que preservan, mantengan y consoliden una actitud de temeraria armonía con lo que ofrece el ciclo sin fin.

Mientras este mes continua afanosamente haciendo su trabajo, opto descubrirme en la mundanidad del conocerse a la vez es un relato embellecedor de lo que significa asumir riesgos, por los encadenamientos lingüísticos del lenguaje ordinario se nos juzgará, aunque sigo escuchando música.

A cada momento, mis vanas especulaciones reflexivas se diluyen en una secuencia de épicas imágenes paganas en ciernes, no obstante, aspiro a construir mis propias narraciones a partir de lo que oyen mis oídos.

Después, mucha sed de vivir para evocar experiencias liceanas que envuelven siniestros instantes primaverales, en busca de la quimérica identidad individual mediante una canción “Time” se expresa la incorregible tendencia de los humanos ante el universo, no hay verdades de acrílico que ayuden al respecto.

Así pues, los jóvenes milenarios de Pink Floyd y la vorágine secuencial del tiempo cronológico incentivan mis ansias de perseverar, más de alguna semana de aletargada locura vivencial, no será de noviembre, ojala puede vivir para verlo

Nadie puede olvidar a la música, cuando eso observa ese mes.




martes, 4 de noviembre de 2008

Nadie es para siempre



¿Cómo podemos decir que hemos vivido completamente cada día al experimentar simplemente las mismas emociones a las que somos adictos todos los días?



Nada es para siempre. Algunas veces, repentinamente, los caminos inescrutables de la vida ofrecen una senda inacabada, esa es la gracia de vivir. Porque expones a lo que tiene que vivenciar el otro. Lo cual se aplica a que nunca nos damos el tiempo cronológico de conocer a las personas.

Puede que existan muchas causas al respecto, pero lo interesante radica en que estamos dispuestos a evitar el riesgo de dedicarnos al caos dispuesto en cada uno de los ciudadanos.

Somos individuos sumidos en la infatigable fatalidad en la libertad. Es la única manera de esconder nuestros demonios. A propósito, ignoro si alguien sabe si la educación formal comprende el lenguaje del cambio, por lo menos, habrá que generar mucha risa.

Si se envejece al respecto, no importa. Cualquier detalle, gesto, actitud, guiño, comentario, palabra o la disposición de ánimo con que se observa a los demás, respecto a si las personas no cambian, puede derivar en un endemoniado sueño de libertad.

Ocurre cierta etapa del enamoramiento y el conocimiento relativo del otro, ahora bien, saberse protagonista no es sino una clara demostración de jugar con la ironías del destino. A éste nadie lo talla.

Lo importante reside en que la melódica renovación del instante presente, que significó improntas de nacimiento. Para tejer instancias fecundas con sueños de fuga en ciernes.

Toda experiencia humana se reduce a eso. A incurrir en riesgos para descubrir la patética actitud humana, de creer que somos dioses pequeños.

Eso he ido aprendiendo mientras vivo, de cuando en cuando, la difícil misión de escudriñar las regiones oscuras de la subjetividad humana. Con ello, poder construir un viaje hacia bocas bien modeladas.

Por ello, la cuestión radica en jamás tomarse en serio y contemplar en acción lo aventurero del fenómeno de la vida. Por lo mismo, la amante sensatez del cambio refleja actitud, decisión y convicción para seguir creando.

Si uno si mirase desde afuera sin piedad, sin jamás, dejarse engañar por la moral y la religión, entonces habría más olor a paciencia. Y está bien. Lo hace más romántico en tiempos donde nadie escucha a nadie.


Comprender que nada es para siempre. Solo obtuve una respuesta anónima de la vida.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Ese sábado junto a ellos


Y, ella estaba ahí. Siempre regalando una sonrisa a cuanta persona, de cierta cercanía, con la cual compartía afanosamente su primer año en la Universidad.

Día tras día obsequiaba algo de humanidad a lo que decían sus más profundos sentimientos de su verdad que vivía. Era una enigmática tarde de noviembre y las miradas humanas seguían su curso primaveral. Además, todavía percibí un color rubio matizado en mi pelo, por cierto, bastante sedoso, cuidado e incluso dúctil a medida que envejecía.

Su acogedor semblante permitía espontáneamente regresar al desfile de danzas vivenciales que le cabía exponer. Era cierto. Rompía el tempano de hielo cuando salía con una frase de suya impronta para decir que la situación estaba controlada, cuando lo entendí, opté por respetar sagradamente al fenómeno de la vida.

La observaba sabiamente mientras hablábamos de cualquier asunto humano. Incluso, desde nuestras palabras salían misterio sin resolver para nuestros respectivos pasados.

Cada día junto a su habitación construían una constelación de vivencias personales, que íbamos asimilando mientras conocíamos esas luces y sombras siendo tutores del goce embellecedor de hablarnos, después buscarnos en esas verdades que nos eludían, de cuando en cuando, convulsivamente.

Su proverbial dulzura, en tardes de sábado que no escuchan a nadie, cuando perpetraban un beso y una flor, y su absoluta inocencia hablaban del salvajismo de una duda primaveral.

Sutiles miedos e incertidumbres expuestas por el arcángel música, que a propósito lo recibía a través del rock psicodélico de Pink Floyd, captando mis propias posibilidades paganas. Lo que era una clara demostración de que quería y quiero genuinamente bailar en el lago de cautivantes pretensiones cósmicas. Ojala respirar música.
Uno se redime ante el lenguaje simbólico que observa a granel, aparecen crean mundos humanos paralelos. Son franjas potenciales de estar disfrutando los ritmos cadenciosos de unos jóvenes provenientes de Londres. Su entrañable búsqueda por enamorarse la vida sin piedad.

Así fue como ese día sábado, con su consecuente carga de embelesamiento psicodélico,  significó umbrales de esclarecimiento existencial mientras escribía. Por lo que, tras narrar algo de tarde familiar, acá junto a la música de origen entrópico, invité a recitar junto a ellos, a dispersas palabras con olor a noviembre.


Brisas del alérgico mar
Junto  errantes días estelares
Cuyo horizonte embaucado acontece

Quejidos del indubitable suceso musical.