martes, 26 de agosto de 2008

Derribemos muros.


En esta ocasión, un recuerdo a este extraordinario grupo musical que dejó una huella insondable e imperecedera en términos de la experimentación creadora y, a su vez, poética con sus canciones que reflejaban el aparecer radical de mundos paralelos partiendo del enigma cadencioso de lo que es el universo.

Puede que una constelación de psiquismo psicodélico, de algún modo, afloró cuando uno fluye en la vorágine del tiempo cuando simplemente se vive, sobre todo, interprendo música para derribar algo.

Había que cambiar el mundo en virtud del cual se amanecía instante tras instante. Se creía obtener cierta certeza en las valoraciones morales en aquellos tiempos de disolución racional, hace unas décadas atrás.

En realidad, la obra creadora de Pink Floyd genuinamente jugaba a medida que su lenguaje construía realidades de difícil precisión escolarizada. Por lo que la degradación que somos al supuestamente pensar, agrégale a eso una dosis de locura. Nadie puede aprenderlo en los muros de la educación formal. Pink Floyd destiló una vasta interpretación de ficciones estelares.

Un cierto relajo al oír la loca aventura de la fe cuando esos ideales de mundana psicodelia permitían cuestionar aquellas verdades que, en ocasiones, provocan nuestro propio fracaso.

No tengo idea, en verdad, si tendrá relación con lo que mencionó pero la agudeza inconmensurable de Pink  Floyd me recuerda, por cierto, la bestial hambre de conocerse a partir de la radical libertad en relación a los placeres, sufrimientos, honores, perversiones, manipulaciones y honores, que sus oyentes anhelan interpretar.

Ante esto, la figura intrigante y enigmática de Dostoievski en donde, él, ama la vida, sin razón, sin lógica pues la única manera de entender su sentido; quiere embelesarse ante tanto abismo vivencial. Incluso las personas no cambian.

Mientras cuento, estos días en esta pintoresca universidad pública y estatal,  para salir de este nativo aburrimiento de experiencias emocionales inconexas y perdidas, de la misma manera, en esa alucinante afirmación que expresa unos de los Karamasov, en esa magna obra respecto a la radical libertad que construimos, día tras día, cuando un mundo aparece en mi mente.

En verdad, esa penetración psicológica para captar las sinuosidades éticas que emergen en las relaciones humanas, tanto en horario valle como horario punta, tras la caída de las grandes narrativas, ayudó a vincular al grupo musical británico y al legendario escritor ruso.

Un gran pintor de almas humanas, incluso, creo que lo sigue siendo. Esa fascinación por el bajo mundo que emerge en el hombre cuando debe comportarse socialmente en el eterno retorno de nuestras dudas circulares, sin derecho a réplica alguien dijo. Fue el ciclo sin fin de la vida.

Olor a vida cuando Fedor nos insta a devorarnos y a alcanzar un éxtasis ético en la medida que seamos protagonistas contumaces del efímero narrar de la vana existencia humana.

Con ello, la necesidad de buscarse a si mismo e instar a construir desde el abismo de nuestras miserias circulares se manifestó en Pink Floyd junto a su holocausto de su propio tiempo musical.

Y eso es decir mucho. Por lo que sigo manteniendo en esta experimentación andante, lucida y demencial, porque cree en los caminos del azar y en la política como espacio sagrado de las maquinaciones mundanas, y algo más.

Tengo dudas que Fedor Dostoievski y Pink Floyd fueran adherentes, en la actualidad, de las pequeñas narrativas.


sábado, 23 de agosto de 2008

Significaciones




De repente estaba ensimismado por los sucesos que aparecieron, como pompas de jabón en mi anodina divinidad, a medida que seguía siendo Agosto. Lo único que quería era estudiar durante ese dia, pues mi objetivo era aprobar todos los ramos de la carrera igual o superior a nota 60.

Jamás le tome consciencia a obtener dicha nota. No sé si aprendí algo, pero la cuestión era cumplir con los rituales de Occidente durante ese año con el convencimiento de acceder al modelo de realidad prevaleciente al cual pertenecía. En ese entonces, mi espacio público era el Liceo Manuel Barros Borgoño.

Uno cree muchas cosas cuando esta amaneciendo la adolescencia junto a sus balbuceos vocacionales, el fenómeno de la vida argumenta de manera personal, luego mucho y más peculiaridades gestuales cuando tuve que afrontar responsabilidades.

Esa época entraña para mí, un pasaporte al juego lúdico de la enigmática y escolarizada identidad personal. Hace poco tiempo atrás junto a mi familia llegamos a la comuna de Puente Alto. En verdad, un acontecimiento fundador de aventura e intriga significó vivir a través de cada recuerdo contraído.

Empecé a cimentar un camino a través de la educación formal. Ahora bien, logré acceder a una enseñanza escolar gratuita, esto evocaba mi primer día de clases en los patios estatales de aquellas calles interceptadas con mis derroteros repentinos ¡caminito sonoro liceo a conquista mayor por ti vamos!

Durante 7 años de experiencias domésticas así como de aventuras cotidianas despertaron muchas preguntas respecto a la historia personal de los recuerdos. Con o sin signos de exclamación. De súbito, momentos valóricos a otros momentos personales, entonces iba creciendo y asimilando lo que acontecía alrededor de cierta democracia en ciernes.

Por lo menos, tuve la clarividencia para ejercer un rol activo a partir de los recuerdos que definían mi biología de la vida. Gracias al liceo por el favor concedido.

En otras ocasiones íntimas, buscaba intensamente diversas fuentes dispensadoras de sentido. A veces podía ser la moral, la curiosidad ambivalente por la religión y la secreta elocuencia de la sexualidad, lo que derivó a cuestionarme la capacidad creadora de la educación formal para insinuar lecciones de vida.

Sentía una necesidad de devorarme en mi vida en “off”. Para ello, estallaba un estado de deliberada irritabilidad y melosa diversión acerca de los asuntos humanos que cada día legó. Sin embargo, la familia abrió un par de ventanas para saber que nada es para siempre.

De ahí, se la ilusión lúdica entroncado con un fuego de rarezas emocionales, más allá de del país al cual pertencia, habitar ducha comuna fue un prologo de narraciones extraordinarias. Por algo, ahora lo creo así, estudiar en la educación pública significó que las significaciones trascendían el carácter familiar de  lo establecido durante esos años de cambios de milenio.

Las significaciones volverían a dejar huellas unas décadas después, quién sabe. 

viernes, 22 de agosto de 2008

No más Concertacion


"nadie esta libre de decir estupideces, lo grave esta decirlas con énfasis".


Después de 20 años de la mantención, gestión idílica a favor de los 7 pecados capitales, consolidación y preservación del poder en off, para la coalición política de curanto posdictadura, se convierte en algo que el destino nadie lo talla.

Han perpetuado bastante estos jóvenes adultos, hijos biológicos de Augusto Pinochet, del perpetrar una genealogía de la moral en lograr la consecución de un Estado de Bienestar Histórico. Después cualquier pregunta puede formularse, a la hora del día.

A propósito, acaso se es ciudadano siendo un pobre diablo elevado a la notoriedad por los azares de la fama y la publicidad  ¿la alegría ya viene a medida que su génesis narrativa reside en un monosílabo o en el azar visto como el gran novelista?

En la Concertación abundan estos bípedos, bueno, en la Coalición por el Cambio también abundan muchos seres de esa prosapia, pues, son fácilmente elevados o ensalzados debido a su escaso peso, casi flotan y se elevan por sí mismo con el apoyo explicito de ciudadanos provenientes de una historia personal. Puede que sean monosílabos adictos a la miseria humana full HD.

Sin duda, los usos del lenguaje del poder del Chile posdictadura mediante las negociaciones con la realidad política en permanente movimiento, implica que la astucia de mentir se convierta en un ceremonial milenario de pronta entrega, que las personas  no cambian.

Entonces, la galopante imbecilidad y a su vez nobleza del alma al sufragar alguien evoca, claro esta, momentos simbólicamente interesantes. Es lo que hay, de repente habrá que seguir envejeciendo.  

Esa la manera cómo aducen ser los destinatarios de una visión de país consolidada Aun cuando, la Derecha tampoco ha hecho meritos suficientes para lograr aquel objetivo. Es una guerra balcánica su sector político.

Por lo tanto, no más Concertación es solo una glamorosa excusa para seguir perpetuando augustos análisis y lúdicos comentarios sobre la sociedad civil, a saber, como un deliberado aborto sublime, a gran escala.

Junto a políticas de bipedismo ciudadano que conlleva a considerar a la democracia como algo razonable. Pero ésta a corto plazo es el mejor de los regímenes políticos en forma de gobierno, no obstante, a largo plazo muere por sus propias taras congénitas.

La Concertación argumenta su país propio, pero al ciclo sin fin no le parece estético.

jueves, 21 de agosto de 2008

Un fuego que corroe consciencias


“porque influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música del otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para el. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible, para eso estamos aquí. En la actualidad de las personas se tienen miedo. Han olvidado el mayor de todos los deberes, lo que cada uno se debe de sí mismo. "

Oscar Wilde



Aparece un provocador jesuita del Chile de la primera mitad del Siglo XX, en donde su lucha contra las horrendas desigualdades sociales fue su ideología revolucionaria, día a día, palabras tras palabras, dialogo tras dialogo a favor de los marginados contra el acomodaticio e hipócrita “catolicismo de horario valle” y las élites endogámicas que acomodaban su propia fe a cuanta fragancia a honor, fama, gloria y divertimento.

La suya no era esa fe tan frecuente hoy en día, que se instala en sí misma, que se siente a sus anchas con el consumo conspicuo y el confort. Que se usa como símbolo de distinción, de ascenso y de certeza. Como un signo de refinamiento espiritual. La suya no era esa fe exenta de la locura de la cruz y embelesado por el sufrimiento del mesías.

Así patentó esa pasión incorregible por estar en el abismo de lo adecuadamente “correcto”. No quería ser mayor de edad para lograr confort espiritual. Obviamente, era de esperar, se le acusó de confundir el misterio de lo sobrenatural con este valle de lágrimas. Y la belleza quieta de la revelación, con la lucha de clases.

Un mundo que le aparecía, cuando amanecía un día para diseminar un amor desde la mundanidad concreta del conocerse. La fe de Alberto estaba llena de la locura de la cruz y de genuinas vivencias épicas. De desafíos. Era una exigencia casi heroica. Pero ahora, lamentablemente, se le convertiría como un mero ideólogo a gran escala. En un icono de la filantropía y de las cenas magras donde tu mano izquierda sabe perfectamente lo que hace tu derecha.

Un escultor de valoraciones morales en ciernes. Un hombre práctico y adicto a la observación para beneficiarse de las tecnologías y adelantos culturales en esos tiempos históricos de frenéticos cambios ideológicos. Sabia adecuarse al espíritu de los tiempos históricos para luego convertirlo en paradigma andante de épico.

De una disciplina, diligencia y rigor intelectual ignaciano. Sabía llegar a la gente a través de la empatía y mirada acogedora, hacía sentir a los demás que, si bien el mundo apesta y es el peor lugar para vivir, se cumplía el dogma surrealista ¡muero porque no muero!

Gracias Alberto por lograr que tu fe fuera un permanente estado de éxtasis moral tanto del bajo mundo de la  ruin degradación en que vivían muchos ciudadanos y, a su vez, de la  pasión inconmensurable de vivirse en la fugacidad de la renovación del instante presente.

viernes, 1 de agosto de 2008

Más allá de lo que aparece




"la puntualidad es el ladrón del Tiempo.”
Oscar Wilde

 Por lo visto, nos suele suceder que nos comportamos como si fuéramos a vivir eternamente. Es curioso constatar este fenómeno vital de adaptación con el mundo humano que construimos conforme a los mecanismos de razonamiento en ciernes tanto especulativo como volitivo, es lo que hay. De este modo, comprender la secuencia incontable pero finita de sucesos abisales que acontecen en el universo, luego esto significa un darse cuenta de lo somos.

Para aptar la magia imperecedera del devenir planetario que, inexorablemente, fluye en el cosmos sin cesar, es un milagro de las fuerzas inescrutables de la naturaleza, que muchos acá en la Tierra, no intuyen.

Hay tanto por descubrir en el mundo exterior a la biosfera, que se refleja ante nuestros ojos esa majestuosidad galopante de sucesos cósmicos, con la sensación de irrealidad para el joven que quiere enamorarse de la realidad planetaria en desarrollo.

Incluso resulta angustiante vislumbrar como mera sombra  inmersa en la loca aventura de una bella melodía que juega a ser guionista de su propia narración escolarizada.

Por algo, hace unos 14 mil millones de años se elaboró un reto al destino para el hombre. A lo más, siendo mutaciones aleatorias con ramificaciones de incertidumbre prevaleciente y una rareza pensante, alguien suspende el juicio ante la constelación de caminos paralelos que a diario hemos observado.

Hemos sido penetradores de laberintos, por muchos años de evolución humana y algo más,  la grandiosa aventura de escrutar los secretos del universo implica jamás tomarse en serio a la educación formal que hemos recibido de manera gregaria y forzada por las circunstancias históricas. Pero siempre subyace el misterio de los misterios de los genes a medida que alguien habla, dialoga y escudriña sobre la Vía Láctea o Andrómeda.

Por lo que es fascinante e indescriptible expresar, la conmoción en una emoción, al contemplar el espectáculo de nostálgica vulnerabilidad que viví al narrar esa experiencia doméstica de simplemente pensar, en los enredos que me obsequió ese momento de fugaz epifanía, después un breve diluvio matrimonial

Tras instantes de una belleza nueva seguí, de manera conmovedora, en el ocio espiritual de mis obligaciones cotidianas. Obtuve un pasaporte repentino para tener un baño de agua caliente y toallas más allá de lo que aparece. 



Caminito sonoro Liceo



“He descubierto las tierras vírgenes en el alma humana como este hombre arrebatado, desmedido, para quien, según su propia confesión, lo inconmensurable y lo infinito era tan vital como el aire que respiramos”
F. Dostoievski


Esas entrañables imágenes paganas de aquella inocente y optimista generación 2000 del 4 año H respecto al estado de ánimo y concepciones repentinas que iban creándose, ubicada en las calles San Diego con Pedro Lagos. Se interceptaban para crear algo.

Había harta conmoción por lo que había que elegir en carreras universitarias, ilusiones cercenadas, esperanzas frustradas, alegrías matrimoniales, pequeñas narrativas y tonterías valiosas. De este modo, sin darnos cuenta de lo asimilado durante 4 años, fuimos tejedores escolarizados por nuestros propios prejuicios.

Tenía que ser así. Lo patético de darnos cuenta del manantial de inseguridades, frustraciones, narrativas viscerales, dulces condenas, evoluciones hormonales en ciernes, que afloró cuando el uniforme generó frenesí y luego acceder a la educación universitaria, eso dicen con cierto glamour pesimista, era un psicofármaco, a lo asfixiante de un mundo humano diversificado hacia vidas paralelas sobre las cuales la educación formal vive sumida en una crisis de creencias.

En aquellos tiempos escolares de segregaciones lúdicas y aceptadas, mis compañeros enarbolaban la conducta de gozar inexorablemente ante lo que se les ofrecía, esto es, a partir del proyecto de modernización capitalista lo adecuaban a sus propias experiencias individuales innovadoras junto a eso que se llamó Manuel Barros Borgoño.

 No falto aquel compañero atribuyéndose sin el glamour de una sonata para piano, en día feriado, el discurso hegemónico de horario valle y de rostros dúctiles para justificar cierta miseria humana de corte mesocrático, otros hacían del beber profuso y del ingerir otro tipo de sangre, un canto a la vida aunque fueran tan frágiles como un segundo. De repente, atentos a los resultados de la inefable, inexorable, mesocrática y persuasiva PAA.

Con ello, varios de esos compañeros con los cuales conviví durante años jugaban su vida con su sanción social prevaleciente a través de la sociedad, mercado, Estado y las calles del país que los descubrió, porque entre estos jóvenes de la generación " The Clinic" e hijos incipientes de la Concertación, viajaron a las tácticas y estrategias tercermundistas de juegos de seducción con las niñas de los colegios colindantes. De belleza, respecto a esto, no sé cómo podemos estandarizar cierta estética, pero lo importante es que había que experimentar esos deseos viajeros de buscarse para intentar ser Apolo o Afrodita.

Había un curanto de sensibilidades políticas, estéticas, históricas, tribales, pélvicas, torácicas, demenciales, religiosas, culturales, cerebrales y con el énfasis de anarquistas místicos, sin saberlo ellos, indicaba un proyecto de pensamiento planetario a medida que envejecían para rendir la P.A.A.

Ahora bien, en otros días de aquellos lejanos, el término ¡compañero! era de uso declarativo y denotativo, en ese liceo del más acá con todas sus dimensiones republicanas, se le atribuía una significación profética y alucinatoria.

Era bizarro darse cuenta de estas ramificaciones políticas sobre el bipedismo en ciernes que acudía al llamado durante esos 4 años.

Bastante cómico y, por cierto, enternecedor darse cuenta de la secreta elocuencia de algo que llegó a su fin. Lo que sé, es que muchos compañeros del ¡caminito sonoro Liceo!, bebían, fumaban o aspiraban  cualquier asunto humano y fornicaban de acuerdo a la posición pélvica de moda o a través de algún cliché gestual con efectos genéticos.

En fin, en otros días nublados o soleados, escribiré sobre estos momentos escolares de liceo público emblemático, que sucedieron tras el cambio de milenio, para luego mitigar la crisis de creencias por la cual la educación formal es su protagonista teatral.

Hay una sonrisa que redime en la disposición de ánimo del observador anónimo.