Para mi, que la vida tiene sus
propios juegos del lenguaje en lo relativo al futbol, o creemos creer que
existe eso, inexorablemente, hubo que tomar decisiones. Son esas decisiones que
influencian al alma humana. Ella no comprende las razones cronológicas del árbitro.
No hubo problema alguno en
describir ese esa sagrada enfermedad que era ser parte del romántico viajero. Estar
militando en la fugaz expresión de enamoramiento a una pasión indecible. Ponía en
cuestión los supuestos fundacionales que definían a un ser enigmático, el
futbol. Ese sujeto popular imponía sus lugares comunes y juicios dispersos.
Luego del 2 a 0 de la “U” sobre
LDU, la vida humana se congregó en esos miles de miles de hinchas azules
enarbolando una camiseta de color azul, ese azul que respiraba por la herida
abierta, lograríamos un torneo de corte continental. Por fin.
Todo nacía para morir en cada uno
de los pases creados por los jugadores de la Universidad de Chile, la cancha de
futbol seria una excusa bien hecha para mantener la incorregible magia del hoy,
con Eduardo Vargas jugando a media maquina pero haciendo de las suyas
explosivas, nadie podría entender su lenguaje explosivo.
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