despues de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.
Este televisor aparecía como un
fiel espectador de impresiones fuertes. Atrofia visual a la creencia popular de
que lo que ves es lo que existe. Mucha visceralidad, ingenuidad, ignorancia
inducida y divertimentos pasajeros ofrecía ese televisor. Unas cuantas pulgadas
pueden cambiar la mirada sobre el mundo humano y su visión inacabada sobre el
futbol.
Manifestaba algo de justo
equilibrio con la disposición emocional que trascendía a partir del que mira. Miramos
para cambiar nuestra subdesarrollada conciencia.
Este objeto tecnológico suscitó imposiciones
históricas. Su complejo cultural era del siglo anterior. Nos encadenaba a su ideología.
Su legado ideológico se convertía en un infinito veraniego, no había palabra
alguna que pudiera verbalizarlo, a lo más, teníamos el uso del lenguaje.
Tanto el lenguaje que usamos como
el televisor juegan a jugar dentro de este experimento llamado vida. Además, la
sacralización de lo visto era evidente para nosotros.
Nosotros somos el pueblo, eso creo.
Algunos sacralizan esa palabra. A mi, nada personal, solo absurdos glamorosos. Lo
glamoroso de verlo a través del televisor LCD.
Jamás dejaron de existir sus
lugares sagrados, el control de remoto sumado a la mirada obsecuente del
televidente, y, la “U” que ganaba 3 a 0. Su rival de turno era LDU.
Y nadie sabia como encontrar una respuesta
precisa al momento exultante que coincidió con Diciembre 14, aterrado estaba,
eso si, porque a pesar de todo la vida seguía siendo una encerrona.
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