Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.
Después seria tarde haber entendido
a la vida, eso percibí en ese momento. Creí estar divagando, pero no. Pude encontrar
un lugar, para mi ego, de jamás tomarme en serio, así, podía mantener la tensa
calma de un juego temerario. Lo temerario era vincular al fenómeno de la vida
con la final de la Copa Sudamericana que protagonizaba el romántico viajero.
Pero seguí con esa idea de
superarme, entender lo que sucedía en esta final, impuse brevemente una razón de
ser, busque una libertad que me era desconocida. Me rasque la nariz.
Entenderla ese día con su sencillez
siniestra, nada podía impedir el arranque repentino de la misma para disponer
de cierta libertad. Por la cual, muchos años y décadas de frustraciones, la “U”
no supo de triunfos reales, en cambio, ahora mismo, tras algunos segundos, todo
volvía a la realidad concreta que decía ¡2 a 0 vamos ganando!.
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