Cuando 45 mil personas compartían
la tensa calma, pero al universo eso le parecía extraño, el televisor LCD
de sujeción full HD de mi hogar se mantenía incólume y propenso a silenciarse,
como riéndose de que estuviéramos encadenados a los imprevistos inmanentes de
una jugada cualquiera. Somos la masa soberana de alguien.
De la misma manera seguían
aconteciendo segundos dentro del espacio intimo del querer humano, el Estadio
Nacional era a su vez actor y espectador de este cualquier segundo no visto por
los ojos de los hinchas seria una perdida de tiempo y seria poco estético
interpretarlo, pero siempre tuve la duda que aletargó mi existencia.
A la
medida de las circunstancias, esta final de la Copa Sudamericana estaba teñida
de impresiones fuertes, evocaciones milenarias, humores repentinos, negociaciones
con la realidad, absurdos libertarios, decesos conceptuales durante este día,
escaso sentido lúdico para sufrir, mitos fundacionales, arrendadas verdades
mutiladas y un intento revolucionario por comprender su propia experiencia
deportiva.
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