jueves 22 de diciembre de 2011

Romántico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Cuando 45 mil personas compartían la tensa calma, pero al universo eso le parecía extraño, el televisor  LCD de sujeción full HD de mi hogar se mantenía incólume y propenso a silenciarse, como riéndose de que estuviéramos encadenados a los imprevistos inmanentes de una jugada cualquiera. Somos la masa soberana de alguien.   

De la misma manera seguían aconteciendo segundos dentro del espacio intimo del querer humano, el Estadio Nacional era a su vez actor y espectador de este cualquier segundo no visto por los ojos de los hinchas seria una perdida de tiempo y seria poco estético interpretarlo, pero siempre tuve la duda que aletargó mi existencia.  

A la medida de las circunstancias, esta final de la Copa Sudamericana estaba teñida de impresiones fuertes, evocaciones milenarias, humores repentinos, negociaciones con la realidad, absurdos libertarios, decesos conceptuales durante este día, escaso sentido lúdico para sufrir, mitos fundacionales, arrendadas verdades mutiladas y un intento revolucionario por comprender su propia experiencia deportiva.