Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.
El mes de Diciembre del 2011 siguió la vida histórica de los jugadores
azules, entre experimentaciones libertarias impuestas por la defensa de la “U”
pasando por una atildad experiencia táctica del mediocampo cuyo énfasis contemporáneo
fue tratar a la ofensiva azul como la revolución sin adjetivos, que instauraron
su nombre en la psiquis ciudadana del hincha azul.
Este mes que duda sobre las certezas absolutas de que siempre
acontezca esta trama deportiva durante un periodo de militancia estival, ahora
la “U” consigue sus propósitos anónimos. Dulcificó al presente humano haciendo
de las suyas familiares, interpreta al soberano Chile Profundo, infinitas
valiosas tonterías por regalar, se vivían intensamente como si se fuera a
acabar todo.
Incluso a medida que se acercaba el término del segundo tiempo, solo
era cuestión de hacer jugar al balón por medio de toques cortos y precisos, la dimensión
callejera de la “U” a través de las redes sociales apuntó a masificar la
libertaria expresión de ofensiva icónica que demostró el Estadio Nacional.
Para él era una alegría descarnada que miles de hinchas hablaran a través
de la incertidumbre. La incertidumbre deportiva transcurrida no solo demostró que
la “U” resulto ser mejor equipo que LDU sino que aportó enseñanzas deportivas
infrecuentes, dedicarse al caos generacional de insistir en totalizarlo todo alterándolo
con la prudencia de jamás tomarse demasiado en serio.
A medida que la “U” jugaba las demostraciones de poder popular con sus
correspondientes verificaciones empíricas, esto es, buscar en el juego asociado
y ofensivo una forma de ser, poner en cuestión las patéticas opciones de vida
entregadas por Diciembre 14, alguien tenía que ceder.
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