sábado 24 de diciembre de 2011

Romántico Viajero

Después de la lluvia todos son empiristas y todos somos rotos.



Esa hipocresía asumida por los hablantes ciudadanos diseminados por todo el Estadio Nacional, existía esa tensa calma, y, a su vez, la vida misma se jugaba sus cartas cósmicas, en esto, la “U” podía ser mayor, como si estuviéramos preparando para la conmemoración de algo sublime

Lo sublime de gritar un gol es darse cuenta de la demencia colectiva para narrar lo insondable de nuestra efusión de pasión descarnada. Sin embargo, eso habría de finalizar pronto. Tan pronto como un segundo aparece en el Planeta Tierra. De súbito, irrumpe aquello de lo cual desoriento nuestra sencillez republicana.

Así fue, de cuando en cuando mi Papa y yo jugábamos con nuestras uñas siendo mutiladas en dirección hacia al sur, llegó ese segundo gol convertido por Gustavo Lorenzeti tras una vistosa jugada iniciada por Charles Aranguiz que precisamente coloca un pase ofensivo a Eduardo Vargas que remata al arco, y, surgió ese estallido en que la razón occidental queda cesante.

Hubo un silencio desgarrador que duro segundos. Esos mismos segundos configuraron una previa narrativa que derivó en ese épico 2 a 0 que favorecía a la “U”. En cambio, la respuesta emocional de LDU era de total fragilidad visceral y de victimización estética.