Esa hipocresía asumida por los
hablantes ciudadanos diseminados por todo el Estadio Nacional, existía esa
tensa calma, y, a su vez, la vida misma se jugaba sus cartas cósmicas, en esto,
la “U” podía ser mayor, como si estuviéramos preparando para la conmemoración
de algo sublime
Lo
sublime de gritar un gol es darse cuenta de la demencia colectiva para narrar
lo insondable de nuestra efusión de pasión descarnada. Sin embargo, eso habría
de finalizar pronto. Tan pronto como un segundo aparece en el Planeta Tierra.
De súbito, irrumpe aquello de lo cual desoriento nuestra sencillez republicana.
Así fue, de cuando en cuando mi
Papa y yo jugábamos con nuestras uñas siendo mutiladas en dirección hacia al
sur, llegó ese segundo gol convertido por Gustavo Lorenzeti tras una vistosa
jugada iniciada por Charles Aranguiz que precisamente coloca un pase ofensivo a
Eduardo Vargas que remata al arco, y, surgió ese estallido en que la razón
occidental queda cesante.
Hubo un silencio desgarrador que
duro segundos. Esos mismos segundos configuraron una previa narrativa que
derivó en ese épico 2 a 0 que favorecía a la “U”. En cambio, la respuesta
emocional de LDU era de total fragilidad visceral y de victimización estética.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada